viernes, 21 de abril de 2017

El viaje.

Hoy es nuestro décimo aniversario de bodas.

Me ha parecido un buen día para contar parte de nuestra historia.


                                             


Un día ya lejano, mi marido y yo decidimos emprender un viaje.

No se trataba de un viaje cualquiera, era un viaje en busca de la maternidad y como único equipaje llevábamos nuestra ilusión. Pero resultó ser un viaje arduo, lleno de impedimentos, de negativas y de desánimo.

Yo siempre fui una de esos millones de mujeres que padecían Endometriosis. Una mujer más a la que nunca le administraron ningún tratamiento y que aguantó año tras año el dolor y las molestias de la enfermedad. Ni tan siquiera después de operarme debido a una obstrucción intestinal provocada por la misma endometriósis. Con el paso de los años llegó la infertilidad.

Nunca quise ser madre estando sola, porque me parecía demasiada responsabilidad tener que educar a otro ser humano. Pero cuando me casé la cosa cambió y para entonces ya era demasiado tarde.

Así con todo, nos pusimos de pruebas, de estimulaciones ováricas para realizar fecundaciones artificiales. Todos nos hablaban de los beneficios del procedimiento, pero nadie nos explicó los posibles efectos secundarios a largo plazo.

Me sometí a estimulaciones para ser madre, después para tratarme las enormes hemorragias mensuales que me provocaban cansancio y anemia. Hormonas y más hormonas que estoy convencida que me han llevado hasta el cáncer. Ya sé que éste no es un dato científico ni está abalado por ningún estudio, pero creo sinceramente que en mi caso ha sido así.

Al mismo tiempo que intentábamos quedarnos embarazados, decidimos solicitar la adopción de un niño nacional. Fuimos a servicios sociales a informarnos y además de la adopción, nos hablaron del programa de acogimiento familiar porque entonces ambos programas eran compatibles. Cuando volvimos entregamos las dos solicitudes para ambos programas.

Así unos meses después nos convertimos en padres de acogida, de una niña de un año, que nos hizo padres de repente. Un año después llegaría el segundo bebe de tan sólo un mes.

Al final llegó nuestro hijo biológico tras un embarazo complicado y a los dos años, nuestra hija adoptiva.

Y cuando me preguntan que si tengo hijos, siempre digo lo mismo, que no deseaba tener, pero al final he acabado siendo madre de todas las formas posibles: biológica, adoptiva y de acogida. 

¡A mí que me daba miedo educar!.

No voy a pediros que renunciéis a vuestro sueño de ser madres, pero si quiero rogaros que tengáis cuidado, que seáis lo precavidas que yo no fui.


                    


                                                                                                                Paula Cruz Gutiérrez
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