viernes, 26 de mayo de 2017

Campanillas de Colores.

Estos días me han vuelto algunos recuerdos del hospital.
Quiero dedicar éste texto a todos aquellos padres y madres que están lejos de sus hijos.

                                    


Campanillas de colores tienen mis hijos.

Ríen y juegan.
Con sus juegos las hacen sonar y el viento me trae su sonido hasta aquí, en el hospital espero su tintineo.

Treinta y ocho días llevamos sin vernos, días que están siendo en Blanco y Negro. 

Los últimos días en la UCI se hicieron eternos, mis niños lejos, tan sólo con una foto para calmar mis dolores y reducir mis nervios. Insoportable se me vuelve la espera, llorando cuando no duermo.

Se que están bien, pero los echo de menos. Aún son demasiado pequeños para volar sin mí y yo sin ellos.

Hoy miércoles por fin vamos a volver a vernos, hoy vienen y se disiparán sus dudas de si voy a volver a casa a no. Desaparecerá mi angustia.





Ya vienen, ya podré verlos.
Achuchar sus pequeños cuerpos, oler sus cabellos.
Aquí tumbada no tengo otra cosa que hacer sino pensar en ellos.
Tan frágiles, tan fuertes, tan tristes y tan contentos.

Por fin se ha producido el encuentro, sus caritas han reflejado la sorpresa por verme con la sonda puesta en la nariz, pero rápido ha pasado y han venido corriendo al sillón a besarme y abrazarme. Para mí, cortos han sido los abrazos y pocos los besos. 

Lejos se van los pesares, gracias doy al universo por poder volver a verlos.

Son niños que con su inocencia se acercan a un futuro incierto, un acantilado al que se asoman con miedo, miedo a que las olas vengan y se lleven a su mamá lejos, muy lejos. Lo que no saben es que su mamá nunca se irá, pase lo que pase siembre a su lado estará.


                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.
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