miércoles, 18 de abril de 2018

Cuando Todo Sale Bien.





Quiero darle gracias a la vida por regalarme días como el del viernes y el sábado. 

El viernes la presentación de la Jornadas fue todo un éxito y la gente se fue encantada de escuchar las ponencias.

Y en sábado, la visita guiada a la bodega y la comida que realizamos resultó ser perfecta.

Sentarse a la mesa en un marco incomparable viendo por los enormes ventanales los viñedos, el pueblo y al fondo los molinos era simplemente precioso.

Comimos juntos familia, amigos y compañeros, además de otras personas que decidieron acompañarnos.

Saborear el placer del éxito, no es otra cosa que darte cuenta de que las cosas las hemos hecho bien. Ver disfrutar a los demás con algo en lo que hemos trabajado tanto es primordial.

Y si a cambio de nuestro trabajo y esfuerzo recibes amor, abrazos, besos, sonrisas y algunas lágrimas, entonces flotas en el cielo.

Pense escribir un texto para leerlo después de comer. Después llamé a mi amigo José Luis para pedirle que me acompañara con la guitarra. Cuando escribi el texto estaba convencida de que podría leerlo sin emocionarme, pero a la hora de la verdad, no puede empezar.

Os pido perdón, porque sé que a más de uno le removí por dentro, trayendo recuerdos que tantas veces hemos deseado olvidar.

Pero lo importante es que estamos juntos y que podemos apoyarnos unos en otros.

Y la vida me trajo otra sorpresa cuando un gran músico como Miguel Mayorga nos canta una canción preciosa que ha compuesto y confiesa que se ha inspirado en mis textos. Mil gracias Miguel, porque me hiciste rozar el cielo.

Atrás quedó el miedo escénico de cómo saldría, de si lo que habíamos preparado le gustaría a los demás.

El éxito no es otra cosa que esa sensación dulce que sentimos cuando las cosas nos salen bien. Atrás quedan el tiempo y el trabajo invertidos, el esfuerzo y los nervios. 

No esperéis a que la vida os traiga todo aquello que deseáis sentados en el sofá. Sin duda, algo vendrá.

Pero lo importante, seguirá ahí afuera esperando que vayáis a buscarlo. Sé, que es mucho más fácil dejarse llevar y que las cosas nos las den preparadas, pero no hay mejor sensación que la que uno siente cuando pone el alma en algo y ese algo sale bien.

Dejad de lado vuestra área de confort y salid a la calle. No pongáis como excusa el tiempo, los dolores, los prejuicios, las circunstancias. Porque todos estamos en la misma situación.

Salid a vivir la vida, es lo único que tenemos.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.



sábado, 14 de abril de 2018

Código de Barras.





Una mañana cualquiera te miras al espejo y notas que algo ha cambiado.

Escudriñas tu rostro para averiguar qué ha sucedido y entonces lo ves.

Sobre tu frente aparece tatuado un código de barras que indica tu fecha de caducidad.

Cierras los ojos e intentas eliminarlo con la toalla, pero sigue ahí porque ha venido para quedarse.

Entonces recuerdas que ayer te lo dijo el doctor. El tumor está muy extendido y tenemos pocas posibilidades.

Maldito doctor y maldito tumor.

Tengo que pensar cómo trazar un plan para mandar al cuerno al tumor y a las estadísticas del doctor.

Creo que ahora es el momento adecuado para echar mano de mi característica rebeldía, es la única que me puede ayudar.

No pienso abandonar a mi familia tan pronto, mis hijos no pueden quedarse sin madre aún. Los utilizaré como mi gran excusa para salir de ésta situación. 

Dos años han pasado, han sido duros, muy duros y aunque en tres ocasiones creí que no aguantaría tanto dolor, a día de hoy continúo aquí.

Al final he conseguido que se fueran al cuerno las estadísticas y el tumor.

Gracias a todos por acompañarme.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.



                                                                                               

sábado, 7 de abril de 2018

Mil Flores, Mil.


La primavera es la estación del año que más me gusta. La naturaleza despierta y con su despertar nos regala mil colores y olores. Florecen los campos y los árboles y todo se inunda de color y con ellos.


Las flores de almendro, las lilas y las mimosas, son sin duda, mis preferidas.

En compañía de esas las flores espero florecer yo, esperando que su colorido y su aroma impregnen mi interior.

Muchas personas cuando me ven, me dicen que me encuentran muy bien y que estoy muy guapa. Es cierto, mi aspecto exterior es muy bueno, a pesar de todo lo que me ha ocurrido y de todo lo que he tenido que superar. Una maratón lleno de obstáculos, todos de diferentes modelos y tamaños.

He aprendido a dar las gracias por todo lo que soy y todo lo que tengo y sobre todo, por todo lo bien que me he recuperado.

Pero una cosa es el aspecto físico y otra el interior, las secuelas que me han quedado y la gran cantidad de cosas que no puedo hacer y que probablemente nunca podré volver a realizar.

Lejos quedaron los días en los que era una persona independiente.

Que iba y venía, que conducía a mil por hora, que llevaba mil cosas entre manos y hasta me ¡vestía y duchaba sola! ¡Qué barbaridad!.

Pero muy estoy contenta, porque  la  enfermedad se ha llevado muchas cosas, pero me a traído otras. Estoy aprendiendo a hacer muchas cosas nuevas que nunca había pensado  hacer, porque nunca me lo había planteado o sencillamente, porque no lo había necesitado. 

Ahora mi vida es otra, diferente, pero no peor que la anterior y han llegado muchos cambios. Cambios positivos que han traído diversidad, nuevas ideas,  nuevos proyectos y nuevas ilusiones. 

No dejéis pasar la oportunidad de aprender cosas nuevas aunque las circunstancias sean adversas y el mundo parezca venirse abajo.



                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.




martes, 3 de abril de 2018

Una Jaula de Gruillos.

Hay temporadas en las que las energías nos abandonan y los tratamientos nos machacan. 

Temporadas en las que pasamos más tiempo inactivos e inertes en el sofá, que activos por casa.

Temporadas en las que como no somos dueños de nuestro cuerpo, la mente se adueña de todo. Y si no tenemos cuidado puede traicionarnos. Dándole demasiadas vueltas a cualquier tema y no dejándonos descansar.

Es lógico que pensemos en nuestro estado, en cómo será el futuro cercano y lejano o simplemente, cómo o cuando conseguiremos recuperarnos. Pero no es bueno, estar constantemente pensando, porque por mucho que lo hagamos no sabemos a ciencia cierta lo que nos ocurrirá mañana. 

Preocuparse de antemano, no es bueno para nuestra salud, física ni mental.

Por eso, considero importante e imprescindible, que busquemos alguna actividad que nos distraiga y nos haga olvidar esos temas a los que damos tantas vueltas. 

Distraernos es parte fundamental de nuestra terapia. Leer, escuchar música, escribir, hacer manualidades, cocinar, cualquier cosa que nos guste y nos relaje. Y nos haga olvidar.

Se trata de mantener la mente ocupada en otros asuntos que no sean nuestra enfermedad y nuestras limitaciones. Sabemos que este tema siempre va a estar ahí, pero si conseguimos olvidarnos por algún tiempo de él podremos descansar. 

En muchas ocasiones nos liamos a darle vueltas a una cosa, sin darnos cuenta que así no encontraremos la solución. En muchos casos lo único que conseguimos es preocuparnos e incluso aumentar el problema. El futuro es algo que está por llegar y que nadie a ciencia cierta sabe cómo va a ser, probablemente ocurra algo muy distinto a lo que nosotros nos imaginamos y por lo que perdemos el sueño.

Anímate a buscar algo que te haga más llevaderos esos días en los que la cabeza parece una jaula de grillos.

viernes, 23 de marzo de 2018

Decide, decide ya.

Cuando un facultativo te diagnostica una enfermedad grabe, no te está diciendo otra cosa sino: "ponte a tomar decisiones ya".

Esas decisiones comienzan por saber si vas ha ser fuerte y le vas ha plantar cara a la situación, o por  el contrario vas a dejarte arrastrar por la corriente.

Sí quieres tener posibilidades de salir airoso, hay que comenzar por convertirse en una persona de acero. Pero sin caer en la ilusión de pensar que ésto se consigue de un día para otro. Para conseguirlo es necesario trabajar todos los días un ratito en ello. Saltándose los días esos en los que el mundo nos abandona y no somos nadie. 

Convertirte en una persona proactiva, que lleve las riendas de la situación es complicado, porque nadie nos ha enseñado cómo hacerlo. En la escuela te enseñan a memorizar miles de datos inútiles, pero nadie nos explica cómo hacer frente a los problemas.

Por lo tanto, una enfermedad se convierte en una auténtica carrera de obstáculos que debemos saltar de prisa y medio a ciegas. Porque la mayoría de las veces no sabemos a dónde iremos a parar, si será a buen puerto o por el contrario acabaremos a la deriva.

La vida nos obliga a tomar grandes decisiones sin tener tiempo de reflexionar. Hemos de decidir cómo afrontar la enfermedad, cómo encararla, qué podemos hacer para mejorar, aprender a ser positivos y a sobrellevar los malos días de la mejor manera posible. Todo ésto y más, en un pis-pas, sin pensar ni respirar, porque el tiempo corre en nuestra contra.

Así pues, si estás dispuesto a aprender es el momento adecuado. Aprenderás mil cosas sobre tí, sobre los demás y sobre la vida que nunca pensaste aprender. Cosas que nunca te planteaste, te las plantearás ahora. 

Cada día será un reto, hacia allá o hacia acá y con o sin fuerzas, tendrás que seguir a delante.

Porque no hay otra alternativa, o más bien, la otra alternativa no nos sirve.


                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.


martes, 20 de marzo de 2018

Libre Como el Viento.




TODOS LOS SERES HUMANOS NACEMOS LIBRES.

Esta es una ley que todos deberíamos recordar.

Unos seremos hombres o mujeres, unos tendremos más educación que otros, más estudios o más dinero. Unos habremos recorrido más mundo y otros menos, unos tendremos la mentalidad más dispuesta para aprender cosas nuevas, otros serán mucho más reacios. Pero lo importante es que todos somos iguales.

Nadie nunca debería creer que tiene el derecho de someter a los demás, de decirle a otra persona lo que tiene que hacer o de prohibirle ver a las personas que desee ver.

Pero desgraciadamente hay personas que a veces confunden el amor con la posesión, los celos con amar o la posición económica con ser superiores a otros.

Cuando alguien tiene el propósito de doblegarte, de dejarte aun lado aislándote de los demás, de prohibirte hacer las cosas que te gustan o simplemente de impedirte desarrollarte como ser humano, lo mejor es que te alejes.

Con los años he aprendido que para que haya un maltratador, es imprescindible que haya una persona que se deje maltratar. Es primordial que cuando veamos que alguien nos quiere manipular nos neguemos a aceptarlo. Siempre nos lo pintarán muy bien, nos dirán que nos quieren y que no pueden vivir sin nosotros, pero éso es cualquier cosa menos amor. 

Cuando alguien te insulta o te dice que no sirves para nada por el hecho de ser mujer, simplemente está reflejando su yo interno. Si esa persona se siente inferior, para sentirse mejor, intentará por todos los medios atacar a otra persona para así sentirse más fuerte. Cuando en realidad, lo único que refleja es su propia cobardía a enfrentarse a la situación o a otra persona, que tal vez a él le esté haciendo lo mismo.

Si alguien en un momento dado, empieza a sentirse atacado, que no lo deje pasar. El tiempo no cura nada, al contrario, lo empeora todo. Y aunque al principio todo comience despacio, con el tiempo se agrava. Al final, te ves encerrado en una espiral de la que no puedes salir, sólo porque el primer día no supiste decir basta. No te dejes chantajear, que el miedo no te impida tener la vida que desees. En tu interior escondida está toda esa fuerza que necesitas para escapar, sólo necesitas encontrarla y volar.

Por ello, es importante proteger a las víctimas, pero es aún más importante mentalizarnos de que todos somos iguales. Que hay límites en la libertad de las personas en los que nadie tiene derecho a pasar. 

Y si la persona que tienes a tu lado no te gusta como es, en vez de querer cambiarla intenta comprenderla y déjala marchar. 

Que el miedo no gobierne tu vida porque nadie es el propietario de nadie.

El amor es simplemente, LIBERTAD.

                                                            
                                                                         Paula Cruz Gutierrez.


sábado, 17 de marzo de 2018

Un Ciclo Nuevo.



De nuevo me toca ciclo, cada vez pasan más deprisa los veintiún días.

Avanzamos despacio por la M-30. Las cuatro gotas de lluvia que caen arriba, se traducen en atasco aquí abajo.

Llegamos bien al hospital para hacerme la analítica. Después toca el café capuchino de rigor. 

La consulta con el doctor transcurre con normalidad y me da una alegría, en mayo terminamos con el tratamiento actual y ya quedo libre. Los buenos resultados del último TAC así nos lo permiten, no queda rastro de enfermedad.

Por otro lado, me pide ayuda para mejorar el Servicio de Oncología. Soy paciente que vive fuera de Madrid y le interesa conocer mi opinión sobre qué mejoras podrían implantarse sobre todo de carácter telemático.

Subo a la planta de arriba y mientras que el enfermero viene a ponerme la medicación, empiezo a comerme el bocadillo de jamón que traigo para comérmelo antes del tratamiento, porque parece que así me sienta mejor.

Le pido un papel a la auxiliar y me dispongo a pensar qué cosas podrían mejorarse. Aunque a decir verdad, yo no puedo quejarme del trato recibido, más bien, todo lo contrario. El equipo se caracteriza por ser un grupo de personas humanizado, que intenta en todo momento suavizarnos los malos tragos. Tal vez se podrían implantar consultas o dudas por videoconferencia, sigo pensando....

                           
                                                                     Paula Cruz Gutiérrez.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Un mundo Zen.


Pensaremos que vivimos en un mundo zen, dónde todo y todos estamos relacionados.

Donde todos nos apoyamos y ayudamos en lo que sea necesario, sin dedicamos a criticar a los demás por lo que hacen o dejan de hacer. Todos somos diferentes con puntos de vista igual de diferentes. Normalmente todos hacemos lo que creemos más adecuado en cada momento, o simplemente, lo que sabemos hacer.

Pero parece que aún hay muchas personas que no han descubierto que pensar en positivo y bien de los demás, es una cosa factible y que se puede hacer sin que suponga ningún problema, ni cause trauma alguno.

Hace dos semanas, acudí al tribunal de la discapacidad en Cuenca.
Nunca pensé que yo llegaría a ser una persona discapacitada, con lo independiente que siempre he sido, pero ahora, ya me veis. Me he convertido en una persona dependiente de los demás para hacer cosas habitualmente sencillas.

Pues bien, en dicho tribunal, la médico que me atendió me trató de forma áspera, con poco respeto y ninguna empatía. Como queriendo decir que yo estaba allí porque se me había antojado ir aquella mañana. Como resultado de su consulta tan agradable, ha puesto en el informe que los dolores que padezco son imaginarios y que me recomienda acudir al psiquiatra. 

Yo le digo a esta señora que ya le gustaría a ella tener la cabeza igual de amueblada como la tengo yo y que espero que si algún día se ve en una tesitura similar, la traten mejor de lo que ella me trató a mí.

Se escapa a mi intelecto comprender porqué hay personas tan poco sensibles ni solidarias de cara al público, atendiendo a los que como yo, nos encontramos en una situación más vulnerable y en desventaja.

Tal vez estas personas estén ahí solo para que podamos apreciar mejor a las buenas personas que nos encontramos por el camino.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.


domingo, 11 de marzo de 2018

Un Sol Perezoso.


Hoy me he despertado temprano, a pesar, de que anoche me costó mucho dormirme. Mi cabeza amanece igual de aturdida y dolorida que ayer. De nada me sirvió tomarme varias pastillas para intentar mitigar el dolor.
El sol esta mañana anda perezoso, con un tono amarillento raro; parece no querer despertar de su cama de nubes. Nubes que por cierto, ayer descargaron sobre nosotros toda el agua y el granizo que llevaban acumulados y que convirtieron las calles en ríos. 

Ayer fue un buen día de encuentros y reencuentros, de charlas amenas y de conversaciones tranquilas. Los niños disfrutaron jugando con sus amigos, y nosotros, charlando con los mayores.

En el auditorio se celebró el día internacional de la mujer y este año, decidieron hacer un pequeño homenaje a las ciento veinte mujeres empresarias de Mota. Con un pequeño montaje fotográfico fuimos desfilando una a una y después nos dieron una flor. Una preciosa gerbera, una de mis flores favoritas.

Es cierto que hay días que transcurren de forma abrupta, dejando huella a su paso. Pero también los hay que transcurren de forma tranquila, dándonos una tregua y dejándonos tomar aire para seguir respirando. Ayer fue uno de éstos días. 

A pesar de las inclemencias del tiempo, fue un día cálido, amoroso y especial. 

Muchas gracias a todas esas personas que estáis a mi alrededor, puede que no estéis siempre físicamente cerca de mí. Pero sé que estáis presentes, con vuestra amistad, vuestro apoyo y vuestro cariño.

Por fin parece que el sol se decide a salir y si el viento decidiese llevarse mi dolor de cabeza, el día comenzaría de una manera espectacular.

Feliz domingo a todos.


                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.





miércoles, 7 de marzo de 2018

Llorar.



Lágrimas que brotan sin querer. 
Caen despacio, como reconociendo el camino que humectan a su paso.

No son lágrimas abundantes en cantidad, pero sí en dolor acumulado. Como la nieve cuando cubre al campo y lo humedece poco a poco.

Hay un dolor que muchas personas llevan dentro. Un dolor que un buen día atrapó nuestra alma y que nos recuerda su existencia humedeciéndonos el rostro de vez en cuando. Recordándonos así su existencia.

Llorar ayuda a apaciguar ese espíritu atormentado por vidas pasadas y presentes, nos libera de las piedras del camino. No es un acto de débiles ni cobardes porque a veces, es simplemente necesario. Las lágrimas nos alivian el espíritu y nos despejan la mente. Nos sirven de desahogo liberador, da igual que lloremos solos o acompañados, en silencio o a gritos. 

Otra ventaja del llanto es que nos sirve para eliminar toxinas que hemos ido acumulando con la ansiedad y el estrés. A veces vamos cargando nuestra mochila de sentimientos, como queriendo olvidarlos en un rincón, hasta que llega un día en que la mochila lleva demasiado peso y se nos rompe.

No hay un camino fácil ni predeterminado para llegar a la verdad de uno mismo. En el interior de cada uno de nosotros habita una historia, un recuerdo, una herida que nos acecha y nos molesta. Encontrar el camino y el momento más adecuado para liberarnos de él, es tarea individual.

No guardéis ese dolor para luego, pues el tiempo lo agranda y siempre vuelve reforzado. 


                                                                      Paula Cruz Gutiérrez.