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miércoles, 17 de julio de 2019

El PRiMeR SeMeSTRe .

Siempre hay historias por contar, reales o ficticias, verdaderas o falsas pero que nos sirven de distracción.

Historias sanas que nos ayudan o menos sanas que dejan al descubierto nuestros anhelos. Pero siempre creadas a partir de la misma base: una consecución de letras e ideas que desembocan en un texto.


Hoy mi reflexión gira sobre la idea de que el primer semestre del año llega a su fin y mientras estoy en la cocina, voy haciendo balance.

Me encuentro preparando una empanada para la cena escuchando  música. Esperamos a dos amigas que vienen a cenar, cada una traerá algo para picar y sin duda, pasaremos un rato agradable.

Y mientras barnizo la empanada con el huevo batido pienso en lo afortunada que soy, por la familia y los amigos que tengo. Es cierto que vuelvo a tener cáncer, pero eso no me impide ver el resto de mis "activos" y creo que la balanza se decanta hacia el lado de todas las cosas buenas que me rodean.

También es cierto que no ha sido un semestre fácil, comenzó con el deceso de dos amigos muy queridos, continuó con el diagnostico del nuevo tumor y siguió con los nuevos tratamientos de quimioterapia.

Pero entre tanto, organizamos una fiesta preciosa, llena de cariño y de agradecimiento a la vida y a todas las personas que nos rodean. Celebramos nuestra boda y el bautizo de nuestros hijos rodeados de familia y amigos. Esto nos dio la fuerza suficiente para comenzar de nuevo con los tratamientos venideros. Ya sabéis que mi lema es "luchar por la vida" y en ello me hallo. Y así van transcurriendo mis días, unos malos sufriendo los efectos secundarios producidos por los fármacos y otros días más llevaderos que me permiten hacer pequeñas cosas. 

Y aunque la vida me frene de nuevo yo voy buscando la energía positiva que me permita sobrevolar los días con sus diferentes desencuentros.

Ahora toca comenzar semestre nuevo, con la firme esperanza de que sea mucho mejor que el que se marcha.


                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.



lunes, 5 de febrero de 2018

El nuestro no es un duelo cualquiera...



El nuestro no es un duelo cualquiera porque en él intervienen muchos factores.

Se habla mucho sobre el cáncer, sobre la alta incidencia en la población, sobre la tasa de supervivencia o la de mortandad. De que es la enfermedad que más crece en número de casos y de que en pocos años rara será la familia en la que uno de sus miembros no haya padecido un cáncer.

Pero poco se habla de cómo transcurre la vida de un enfermo de cáncer, de a qué se enfrenta diariamente y que cosas va dejando atrás. 

La vida nos cambia, en unos casos más que en otros, pero todos sufrimos cambios.

Hay casos en los que el enfermo no sólo tiene que enfrentarse a su enfermedad sino también a los problemas en el trabajo, incluso hay enfermos que son despedidos por no poder realizar las tareas que llevaban a cabo con anterioridad. Como resultado se enfrentan a la dura enfermedad y han de sumar los problemas económicos.

Los fuertes tratamientos a los que nos sometemos no sólo vienen acompañados de vómitos, dolores de estómago, cambios en la presión arterial y aumento del colesterol o la pérdida del cabello. Además de todo ésto, producen fuertes dolores de cabeza, dañan las encías y la dentadura, hasta el punto de que hay enfermos que se quedan sin dientes ni muelas. O pierden vista a causa de la medicación.

Si el tumor estaba en la garganta hay que extirpar las cuerdas vocales, entonces se pierde la voz. Condenando para siempre al silencio más absoluto al enfermo.

La mente se nos nubla, habiendo períodos de tiempo en los que no discurrimos con normalidad. Los estados de ánimo fluctúan y el psicólogo se convierte en un compañero habitual de ruta.

Por otro lado, sufrimos fuertes dolores físicos, sobretodo en las articulaciones. En otras ocasiones debido a las intervenciones quirúrgicas que sufrimos nos quedan secuelas físicas de por vida. Unas más llevaderas que otras, a veces con largos tratamientos de rehabilitación que no surten efecto.

Algunas mujeres se ven obligadas a renunciar a ser madres porque la medicación les daña los óvulos o los órganos reproductores.

En otros casos es necesario renunciar a conducir, a viajar o a caminar con normalidad. Un simple paseo se convierte en una quimera.

Así podríamos seguir enumerando decenas de efectos secundarios a los que nos enfrentamos. Porque pase lo que nos pase, todo lo que nos ocurre entra dentro de los "parámetros normales" que dictan los prospectos de la medicación.

Yo en éste último año desde que salí del hospital he adelantado en muchas cosas, pero hay otras muchas que se han ido quedando por el camino y ya no las volveré a recuperar. Puede que psicológicamente sea mucho más fuerte, pero físicamente soy mucho más débil.

Durante nuestra vida llevamos a cabo muchos duelos, porque perdemos a un ser querido, porque perdemos un trabajo o una relación. 

Por eso, aunque sigamos vivos, debemos hacer nuestro duelo particular que será diferente en cada persona. Un duelo para dejar atrás la vida que perdimos y que ya no vamos a recuperar, para hacer frente a la vida que tendremos a partir de ahora. Sin duda, según mi criterio éste es uno de los duelos más difíciles de llevar.

Afortunadamente, aunque el camino esté lleno de piedras seguimos caminando.



                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.




miércoles, 4 de octubre de 2017

La Grieta.


El lunes pasado tras administrarme el tratamiento, una grieta en el suelo encontré.

A la misma hora, a mi amigo una resonancia le hacían para encontrar el porqué de su reciente tartamudez. 

El culpable resultó ser, un tumor cerebral demasiado grande para extirpar. 

Yo en la grieta me instalé.

He vivido en el suelo, acurrucada toda la semana, viendo la vida con una perspectiva un tanto rara.

Este ciclo me ha sentado mucho peor que otros, mi cabeza está constantemente mareada, mi estómago vuelve con náuseas, tengo picores por todo el cuerpo y la tristeza me embarga.

Desde mi escondite todo se ve más grande y más alto, pero aún así, aquí estoy bien. De vez en cuando, me asomo a tomar el aire y veo al resto de personas pasar. Caminan y caminan, pero yo necesito desconectar. 

Estos días he llorado mucho por todos los rincones de mi grieta. Tanto cómo hacía tiempo que no recordaba, mientras mis síntomas seguían y mi amigo empeoraba.

 Lloraba por mí, por mi amiga y por mi amigo, inmersos los tres en el mismo destino. Tenía la sensación de que una epidemia de cáncer a todos mis seres más cercanos atacaba.

Hoy por fin el sol ha salido y parece que los tres brillaremos de nuevo con él. 

Salgo de mi grieta  y me siento sobre la hierba.

 Hoy el Universo me ha escuchado otra vez.


                                                                  Paula Cruz Gutiérrez.






domingo, 1 de octubre de 2017

uN HoMBRe BueNo.


La proximidad del invierno, era la excusa perfecta para juntarnos a comer, eso sí, antes debíamos recoger y colocar el enorme montón de leña que habían dejado en la puerta. Trabajábamos en cadena, una cadena corta eso sí, teniendo en cuenta las cortas dimensiones del patio. Pero nos daba igual, eran momentos de risas y amistad. 

Después de la comida, solíamos salir a dar un paseo por el cauce del río cercano, cogiendo renacuajos en  viejas botellas de plástico abandonadas y avistando pájaros. Durante el paseo cada uno decía lo que se ocurría y los demás lo acompañaban con sus risas.

La casa de Aldea se vendió y decidiste empezar una nueva vida en un apartamento más cerca del trabajo. Aquel apartamento era básicamente del tamaño de un sofá. Un sofá de tamaño xxl en el que nos acurrucábamos seis con facilidad.

Ayer al ir a verte al hospital me vinieron a la mente estos y otros recuerdos más, recuerdos acumulados durante muchos años de amistad. Como aquella mariposa que se posó en la flor que llevabas en la mano de paseo por Ovidos.

En más de una ocasión la vida nos puso a prueba, como ahora, pero siempre hemos sabido encontrar el camino correcto. Y estoy segura de que ahora no va ha ser menos.

En tantos años juntos, hemos reído, llorado y nos hemos ayudado una y mil veces. Ahora me toca ayudarte, yo empecé el pastel y voy primero, pero todos saldremos de ésto. Somos gente positiva y trabajadora. Yo soy fuerte y vosotros también, por el mero hecho de ser mis amigos, porque cada uno busca a sus iguales y se apoya en ellos.

Eres un hombre bueno que pasa un mal bache, en eso se quedará todo y dentro de un año lo estaremos celebrando.

Deseo que mañana entres en el quirófano con una sonrisa de las tuyas, medio pícara. De esas que tienen los ganadores cuando se saben ganadores. 

Estamos juntos, te apoyamos y a partir de ahora, estaremos más "pegaditos" aún, porque la vida nos ha puesto una vez más en el mismo camino. Es normal que tengas miedo, pero que éste sólo te sirva para tomar impulso y mirar hacia delante.

Recuerda que en esta casa te esperamos los cuatros y te queremos de vuelta.


Te queremos Julián, Paula y los niños.

martes, 20 de junio de 2017

Nuestro Tsunami Particular.

Hallazgos arqueológicos recientes, han descubierto que el cáncer ya existía en la prehistoria. No es una enfermedad propia de la era actual. Aunque sí es cierto, que en los últimos años los casos de cáncer han aumentado considerablemente.


En algún momento de la historia, a alguien se le ocurrió la brillante idea de inventar un medicamento para curar el cáncer. Este personaje probablemente cercano a alguna farmacéutica, encontró para ésta el chollo de la historia.

Se inventó la Quimioterapia.

Los médicos nos la venden como la única alternativa válida para combatir nuestro cáncer, aún a sabiendas de que no es ni de lejos, una panacea.

Cuando aún estamos en estado de shock, nos explican con toda tranquilidad, todos los beneficios del tratamiento, junto con los miles de millones de efectos secundarios que podemos sufrir. Son tantos, que cualquier cosa que nos ocurra siempre entra dentro de la categoría de "normal". 

Si estábamos nerviosos por recibir la noticia de que tenemos cáncer, aún nos ponemos más al conocer todas las "lindezas" que están por llegar y que sí o sí debemos pasar si deseamos curarnos.

Nos programan un número determinado de sesiones, que al final en muchos casos, suele convertirse en indeterminado. Después, nos someten a tratamientos inhumanos, durante horas interminables y nos mandan a casa a esperar resultados.

Desde el primer minuto en el que la quimio empieza a entrar en nuestro organismo, comenzamos a notar su efecto destructor. 

No deja de ser incongruente que lo que supuestamente nos cura, sea en realidad, lo que nos mata.

Nos mata con su aplicación, con sus efectos secundarios que arrasan nuestro organismo como si de un tsunami se tratara. Llevándose por delante todo aquello que encuentran a su paso, comenzando con las venas y acabando por las células, sean cancerígenas o no.

Y algún  receloso me dirá: Sí pero tú te has curado.

Cierto, a mí me ha funcionado, pero ¿a cuanta gente no y después de pasar por el calvario de la quimio a muerto igual?. ¿No se les habría podido ahorrar tanto sufrimiento?.

Soy consciente de que éste es un debate conflictivo, pero en mi opinión, en algún lugar del mundo hay personas que han encontrado otras soluciones menos agresivas y a nadie le interesa conocerlas.

Estos medicamentos que nos administran, cuestan auténticas fortunas y parece que tan sólo a unos pocos investigadores parece interesar su retirada. Estos "Quijotes" de la investigación intentan buscar otras soluciones solos, luchando contra los molinos de la financiación. Porque todo el mundo les cierra las puertas y desgraciadamente, para investigar es necesario apoyo y dinero.

A día de hoy, es lo que hay.

Y nosotros los enfermos, contra todo ello, lo único que tenemos son nuestras ganas de vivir y nuestra fortaleza para hacer frente al tsnami.



                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


domingo, 11 de junio de 2017

Necesitamos Tanto...


Necesitamos Amor...
Para Querernos.
Para aceptar la enfermedad y aprovechar sus enseñanzas.
Para amar la vida y nuestro camino.
Para utilizar nuestro aprendizaje en ayudar a otros semejantes.


Necesitamos Fuerza...
Para Creer.
Para hacer frente a la enfermedad y a todo el proceso.
Para sacar energía de cualquier sitio, aunque sea de un lugar recóndito y hasta ahora impensable.
Para plantar cara a los malos momentos e intentar reconvertirlos en buenos.


Necesitamos Esperanza...
Para Soñar.
Para levantarnos cada mañana pensando que el día de hoy será mejor que el de ayer.
Para pensar cada día que ya hemos superado nuestro proceso, sabiendo que somos capaces de llegar a buen puerto. Tal vez no lleguemos en las mejores condiciones, pero llegaremos.

Necesitamos Valor...
Para Volar.
Para mirar de frente a la enfermedad.
Para superar los dolores, los efectos secundarios de la medicación y las secuelas.
Para pensar que día a día, pasito a pasito se puede sanar.
Para gritar, llorar o reir cuando sea necesario.
Para animar a los que tenemos cerca cuando tienen días malos.

Necesitamos Amor, Fuerza, Esperanza y Valor para Vivir.

  

                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Visualicemos Globos y más Globos





En medio del atasco de la M-30, recién salida de la sesión de siete horas y media de quimio, me encuentro que no sé si vivo o si muero. Decido relajarme para controlar las náuseas que siento.

Cierro los ojos y respiro, llevo toda mi atención a mi corazón y comienzo.

Visualizo un globo azul y lo lleno con todas las náuseas y las molestias que me produce la químio. Con mucho amor lo suelto y miro cómo asciende.

Tomo otro globo azul y lo lleno con todos los malos sabores que me produce la quimio. Con todo mi amor lo mando al cielo.

En otro globo meto todos los dolores de las articulaciones y de mi cuerpo. Lo envío con un beso al firmamento.

Esta vez, inflo un globo de color verde el color de la sanación. Ahí meto toda la radiación junto con todos los desechos que la quimio produce. Muy despacio lo suelto y lo envío arriba, muy arriba a buscar y acompañar a los que ascendieron primero.

Por último, inflo un globo enorme, de color rojo, con forma de corazón y lo lleno con todo el amor que puedo. Lo envío a buscar a sus compañeros, para que se introduzcan dentro de él y se repartan todo ese amor.

Poco a poco vuelvo a la realidad y sigo el viaje de vuelta a casa, esperando que mis visualizaciones surtan efecto.

Todos podemos imaginarnos aquello que deseamos conseguir.

Un beso.

                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.