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domingo, 1 de octubre de 2017

uN HoMBRe BueNo.


La proximidad del invierno, era la excusa perfecta para juntarnos a comer, eso sí, antes debíamos recoger y colocar el enorme montón de leña que habían dejado en la puerta. Trabajábamos en cadena, una cadena corta eso sí, teniendo en cuenta las cortas dimensiones del patio. Pero nos daba igual, eran momentos de risas y amistad. 

Después de la comida, solíamos salir a dar un paseo por el cauce del río cercano, cogiendo renacuajos en  viejas botellas de plástico abandonadas y avistando pájaros. Durante el paseo cada uno decía lo que se ocurría y los demás lo acompañaban con sus risas.

La casa de Aldea se vendió y decidiste empezar una nueva vida en un apartamento más cerca del trabajo. Aquel apartamento era básicamente del tamaño de un sofá. Un sofá de tamaño xxl en el que nos acurrucábamos seis con facilidad.

Ayer al ir a verte al hospital me vinieron a la mente estos y otros recuerdos más, recuerdos acumulados durante muchos años de amistad. Como aquella mariposa que se posó en la flor que llevabas en la mano de paseo por Ovidos.

En más de una ocasión la vida nos puso a prueba, como ahora, pero siempre hemos sabido encontrar el camino correcto. Y estoy segura de que ahora no va ha ser menos.

En tantos años juntos, hemos reído, llorado y nos hemos ayudado una y mil veces. Ahora me toca ayudarte, yo empecé el pastel y voy primero, pero todos saldremos de ésto. Somos gente positiva y trabajadora. Yo soy fuerte y vosotros también, por el mero hecho de ser mis amigos, porque cada uno busca a sus iguales y se apoya en ellos.

Eres un hombre bueno que pasa un mal bache, en eso se quedará todo y dentro de un año lo estaremos celebrando.

Deseo que mañana entres en el quirófano con una sonrisa de las tuyas, medio pícara. De esas que tienen los ganadores cuando se saben ganadores. 

Estamos juntos, te apoyamos y a partir de ahora, estaremos más "pegaditos" aún, porque la vida nos ha puesto una vez más en el mismo camino. Es normal que tengas miedo, pero que éste sólo te sirva para tomar impulso y mirar hacia delante.

Recuerda que en esta casa te esperamos los cuatros y te queremos de vuelta.


Te queremos Julián, Paula y los niños.

martes, 19 de septiembre de 2017

AhOrA.


Para mí es imposible imaginar cómo puede sentirse el cuerpo de un escalador después de ascender una montaña, aunque esté físicamente preparado para ello, debe ser un desgaste de energía descomunal.

Yo en éste año he tenido que escalar dos Everest, el Cáncer y la Peritonitis. Dos ocho miles, como se llaman en el argot montañero.
Ahora que todo comienza a pasar y yo voy relajándome, mi cuerpo ha decidido entrar en  "modo extenuación". Un cansancio agotador, que me envuelve como si fuera un capullo de seda, que me aisla en el interior y me impide ver el exterior.

Ahora que todo se ve de forma más relativa, mi cuerpo saca todo el cansancio y el estrés acumulado durante tantos meses de duro trabajo y esfuerzo, haciendo frente  la enfermedad. Tan cansada estoy que los ojos se me cierran y las piernas y brazos se niegan a moverse. Tengo la sensación de que una enorme apisonadora a pasado sobre mí y soy incapaz de recomponerme.

Imagino que ésta es otra fase más de todo este proceso, que he de esperar. Que al cansancio se le siguen sumando los efectos de los tratamientos con los que continuaré durante otro año más.

Hasta la próxima amigos me voy a descansar, a ver si me convierto en mariposa.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.