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miércoles, 29 de diciembre de 2021

cArTa DeSdE eL pOrTaL

En estas fechas te dicen que te tienes que animar, que seguro que son muy difíciles... porque son las primeras navidades sin alguien que era Luz y Paz. 


Te dicen, y se ponen con cara mustia, puesto que se imaginan cómo lo estás viviendo; cómo los niños pueden sentirse, y en eso tienen razón, nos sentimos con un gran hueco en nuestra mesa, en nuestras celebraciones, y en nuestros corazones; porque somos de carne y hueso y todavía "es muy reciente"... como si el tiempo fuera una pomada que cura la cicatriz que nos ha rasgado el corazón. 

Como dice mi maestro, el tiempo no lo cura todo, sino más bien cómo vivamos ese tiempo; cómo decidamos ponernos en el camino, si queremos sentarnos al borde del camino a verlas pasar, o si queremos hacer caso a los que creen que se preocupan por nosotros y que lo saben todo de cómo lo estamos pasando, o bien si decidimos ponernos al lado de “alguien que sabe de qué va esto” y nos dejamos acompañar pasando de demagogias y arremangándonos la camisa puesto el trabajo es duro, pero es sólo trabajo.

Puedo decir que lo que me dicen es cierto, pero me he dado cuenta que Paula no ha dejado de ser esa Luz y es Paz en nuestras vidas, a pesar de que las nubes o las lágrimas a veces no me dejan ver, sé que ella está con nosotros, está bien y nos sigue bien de cerca. Seguro que no soy yo sólo es que lo está notando. Paula era una gran luz que no ha acabado de hacer su función de iluminar muchos caminos.

Pues en mi caminar me han unido a un grupo de gente que estamos en una misma situación y que me hacen pensar (aunque esto también cueste alguna que otra lágrima, pero que estoy muy contento de compartir con quien tiene el corazón rasgado como el nuestro). Es lo que necesito, personas mas o menos cercanas, que aporten paz, luz y comprensión; y el resto, por favor que ni lo intente, que se aleje, o bien lo tendré que hacer yo, mientras no esté lo suficientemente fuerte o tranquilo.

Pues en la última sesión fue para mí un ponerme en grupo delante del portal de Belén a la espera de un nacimiento y ahí mismo contesté unas preguntas al aire que tenía y que aquí comparto con todo aquel que quiera seguir leyendo: 

¿QUÉ HAGO YO AQUÍ? 

Aquí estoy sentado a mis anchas, bien podrías decir que es así como quería estar; pero te puedo asegurar que no te deseo estar en mi puesto, en habiéndote quedado sola. Estoy avanzando, buscando un poco de paz, un futuro y un sendero por donde caminar, entre baches y charcos; con errores y voces, eso que menos te gustaban. Con nervios y a veces más tranquilo, porque sé que estás bien. Que no era lo que ninguno de los dos queríamos, pero que ha sido y ya no podemos hacer nada, o mejor yo sí quiero hacer, y sé que tú me estás guiando desde donde te encuentres... 


¿DÓNDE ESTÁ LA PAZ? 

La Paz está donde estoy, ahora mismo hay paz compartiendo lo que cada uno lleva dentro. Hay paz cuando se me escapa una lágrima abrazado a mis hijos. Paz es ver cómo van madurando a base de golpes que nos da la vida. Paz está donde estas tú, donde yo estoy, no está alrededor, está en mi interior y quiero ir quitando capas de mí, como sacarlas de una cebolla, que me haga llorar para encontrarme contigo, MI PAZ. Esa paz que me hace sonreír ante la oportunidad que nos sigue dando la vida de seguir avanzando. Mi paz está en seguir haciendo el camino que juntos comenzamos hace ya unos quince años, o quizás eran más, somos los dos igual de despistados, desorganizados, pero ahí está nuestro orden. 

LA PAZ ERES TÚ, SOY YO Y ESTÁ DONDE YO ESTOY. 


¿PORQUÉ? 

Desde hace muchos años nos hemos visto enfrentados a situaciones incomprensibles, que en el momento mismo que sucedieron no podíamos ver el porqué, y es que hay respuestas que se ocultan para mostrarse cuando podamos comprenderlo. Por eso quizás aprendimos desde bien pronto a no entrar en ningún bucle de respuestas sin final. ¿Todo tiene una respuesta?, no lo sé, seguro que sí, pero no creo que sea necesario que todo lo sepamos ahora; todo se desvelará cuando seamos capaces de entenderlo. Y por muchas respuestas que queramos ponerle, siempre hay algo más escondido, algo más sin sentido, o con él, pero todo a su tiempo. Abiertos a descubrir el verdadero significado de nuestra vida. No puede estar muy lejos de ser plenos, plenamente felices, o intentarlo. Por mucho que a algunos les moleste, y qué más da lo que otros digan o piensen; ¿no es mucho más importante lo que nosotros pensamos o queremos? Yo me quiero, y tú me enseñaste a quererme, y así aprendimos a querernos, respetándonos, apoyándonos; y así quiero enseñar a tus hijos a quererse... 


¿CÓMO SERÁ EL FUTURO? 

El futuro será cómo vayamos caminando en el ahora, será lo que ahora vamos construyendo sobre los cimientos que juntos trabajamos. No sé cómo será, pero sí sé que quiero seguir soñando en nuevos proyectos... Abierto a no dejar que las lágrimas, el miedo, la inacción dejen pasar cualquier otro tren que me pase por delante. El futuro formarás parte de él como esa ESTRELLA QUE MÁS BRILLA, que no estás tan lejos, pues tu luz me ilumina. 


¿POR QUÉ ME HAS DEJADO? 

La enfermedad es imparable, y esto no era lo que ninguno de los dos queríamos, pero sabíamos que podía llegar. Te echamos mucho de menos, y nos haces falta. Tu ya te fuiste una vez, hace cinco años cuando me dijeron que tus órganos colapsaron; hiciste lo que tenías pendiente por ahí arriba y volviste a seguir tu trabajo por aquí abajo, siempre recordaré tu amabilidad, tu sonrisa con cualquiera que se cruzaba en tu camino, el regalo de tu mirada llena de luz amabilidad y PAZ. Te has marchado y nos has dejado un buen testigo, a seguir con ese agradecimiento que te caracterizaba, ya sabes que a mí me cuesta, pero estoy aprendiendo, recordando cómo tu lo hacías para ver todo lo bueno incluso de los menos bueno. Todavía necesitaba que siguieras enseñándonos, diciéndote todo lo que te quería, ese baile en la habitación del hospital, todo lo que tú eras. Pero eso se acabó y estoy perdido a veces buscándote en el rincón de casa donde era tu reposo cada vez que entro en la habitación, o espero que te acerques al parque cuando estoy con Coco dando un paseo, o que vengas a ver un partido de Alex, o que veas a Maite en Judo. Te espero, aunque sé que no vas a llegar, pero sigo esperando...  

Pero no quiero terminar así, a lágrima viva, quiero que sepáis que ahora procuro tener siempre que estoy en casa una vela encendida, puesto que esa luz ese calor, son lo que me ayuda a ver que sigues ahí conmigo 

AVANZO de El Chojín.

  


jueves, 18 de junio de 2020

eSCRiBiR.

El acto de escribir siempre conlleva otro acto: el de concentración y de introspección interior. No siempre uno escribe lo que tenía pensado, porque hay veces en las que la pluma y la mente se confabulan y las palabras toman su propio camino. 

Expresar y trasladar al papel lo que uno desea en ocasiones se torna complicado, mientras que en otras las palabras brotan por doquier.

Anoche escuché en una serie como un doctor le decía a su paciente, que tenía mucha suerte porque le habían detectado un cáncer de estómago en fase inicial. En ese momento pensé con ironía y tristeza, que sí que es una fortuna que te digan que tienes cáncer. ¿Qué pedazo de insensato ha escrito ese guión? ¡Qué se lo diagnostiquen a él y después veremos si escribe lo mismo y no cambia la historia!

Hoy estoy de nuevo en el hospital, a primera hora he tenido el TAC de control, antes he pasado por oncología para que me pincharon el viper (la aguja para el contraste es mucho más gruesa). Después he acudido a la consulta de Neurología. Los cuatro tratamiento que me han prescrito para el dolor de cabeza no han funcionado y los efectos secundarios han sido devastadores, incluyendo fatiga, amnesia y ciática.

La doctora ha decidido infiltrarme anestesia en el cráneo, me ha pinchado doce veces. ¿Cuantas burradas debemos aguantar?

Intento hacer un cálculo a groso modo, de cuantos pinchazos llevo desde que la diversión del cáncer empezó y no soy capaz de calcularlos. ¿Tal vez doscientos? Se me hacen pocos. Y no siento todo lo que llevo, sino lo que aún me queda.

En la cafetería he coincidido con la doctora que me diagnóstico el tumor y aunque estaba muerta de sueño porque salía de guardia, hemos tenido una conversación muy animada. Según ella mi historia es igual de bonita como de dura. El cariño siempre nos suma a todos.

Ahora tengo el ciclo de quimio y extasiada de tanta diversión volveré a casa.

Y vuelta a empezar. Los enfermos oncológicos somos como un hámster dando vueltas en la rueda. Seguimos vivos aunque estemos muy mareados y a pesar de todo sin perder el humor.



                                  Paula CRuZ Gutierrez. 






viernes, 29 de mayo de 2020

eL BoSQue DeL TieMPo.




Hoy hemos viajado al bosque que componen los edificios de Madrid porque me tocaba recibir de nuevo, el tratamiento oncológico, los veintiún días se pasan volando, estemos libres o confinados. 

Siempre suelo darle un abrazo o dos besos a mi oncólogo, pero ahora esa costumbre la hemos tenido que cambiar por una sonrisa medio escondida detrás de la mascarilla y que sube hasta el rabillo del ojo. Solemos bromear entre nosotros, si ve que algún día llego más decaída me pincha, diciéndome que no estoy ya ni para echarme al contenedor de reciclaje. Pero esta mañana ha sido mi turno, y le he dicho bromeando, que de perfil comenzaba a parecerse a mí, que la tripa le iba creciendo. Se ha reído, y me ha contestado que su mujer opinaba lo mismo que yo. 


Después de cinco operaciones en la misma zona, la pared interna de toda mi zona abdominal ha disminuido mucho su grosor, debilitando también su musculatura y al no poder sujetar adecuadamente mis órganos internos, tengo una barriga considerable. Son gajes del oficio de estar viva, mejor tener barriga que no tener nada, como supuestamente iba a ocurrir. 


Pero bueno, ya sabemos que la lógica y las estadísticas, conmigo tienen poco trabajo.

Después de la consulta he subido a la zona de boxes para recibir mi tratamiento. 


Sentada en mi sillón, mientras la enfermera colocaba la medicación en la bomba, escucho en el pasillo cómo otro enfermo le pregunta a otra enfermera cuanto tiempo de tratamiento tendrá hoy, a lo que ella le responde que han calculado que unas tres horas y media aproximadamente. El le responde sorprendido: ah, ¿sólo? Qué bien. 


Entonces sonrío y me acuerdo de cuando yo estaba en su lugar, paseando entre los troncos de las horas que componían mis días, y me doy cuenta de lo relativo que es el tiempo, que lo que a unos les parece un simple paseo, para otros es  toda una eternidad. Porque claro, habiendo pasado ocho horas sentada en un sillón recibiendo el chute de "agua bendita", esas tres horas y media nos parecen una nimiedad.


Y sonrío también porque los enfermos oncológicos, nos conformamos con que nos disminuyan nuestros tratamientos de quimioterapia, y aunque sólo sean cinco minutos, para nosotros eso es todo un triunfo. Así, algunos paseos se nos hagan más cortos que otros.


Cuando uno es enfermo crónico hay muchos pequeños triunfos que celebrar, porque el camino es muy largo y sinuoso.

Feliz día a todos. 



                                                                      Paula CRuZ Gutiérrez. 

martes, 24 de marzo de 2020

QueRiDo SaNCHo.


--¿Mi querido Sancho, válgame Dios, quiere vuestra merced hacerme el favor de permanecer en el interior del palacio?

--Pero señoría, he de ir junto a mi esposa e hijos. Saben que ya hemos vuelto de nuestra última aventura y esperan ansiosos mi retorno. 

--Cómo dices eso? ¿No oyes el relinchar de sus caballos? Ahí fuera hay un enemigo difícil de derrotar, todo un ejército malvado. Hemos de diseñar un plan para poder encantarlos y así poder derrotarlos. Para ello tenemos que permanecer aquí, pensando cual será nuestro proceder al respecto. 

--Venga vuestra meced, sabe que pensar no es lo mio, para eso está usted. Yo solo quiero volver a mi casa. Y no oigo otra cosa que el rechinar de mis tripas.

--Ahora nuestra casa es esta Sancho. Debemos impedir que el enemigo nos encuentre y por ende, nos alcance. Eso sería extremadamente peligro, porque se han confabulado en contra nuestra. 

--Como guste mi señor, usted es el destinatario de toda mi confianza y, si usted dice que no hemos de salir de aquí, pues nos quedaremos. ¿Pero dígame, qué haremos aquí dentro?. 

--Pues encontraremos la manera de derrotar a ese virus que nos acecha. Además, podemos leer libros de caballerías, comer ricos manjares, pensar un plan para rescatar a mi amada Dulcinea de ese bellaco que tiene como señor o incluso tumbarnos en el patio a ver las estrellas.

--Pues así sea su señoría y, si mientras pensamos nos comemos unos chorizos, seguro que nuestra mente se muestra más lúcida después.

--Gracias amigo. Intentaremos hacerle llegar un mensaje a esa fermosa dama que tenéis por esposa. Le daremos explicaciones de la aventura en la que nos hayamos.



                                                                        Paula CRuZ Gutiérrez.


viernes, 7 de febrero de 2020

El Perito.



Hace un par de semanas mi hija enfermó con un virus estomacal, unos días después lo hizo mi hijo y a continuación me tocó a mí. Al virus le siguió el ciclo de quimio y como tenía ya resentido el estómago, la cosa no hizo sino empeorar. 

En uno de esos momentos en los que me encontraba mal, me acordé de un perito forense que me representó hace un par de años en un juicio. En mi defensa alegó que debían darme lo que solicitaba porque con mi enfermedad, a lo sumo podría vivir cuatro o cinco años más. Peregrina defensa pensé cuando lo leí y después, cuando vi su declaración en el vídeo ante el juez, me inundó una profunda indignación.  Con aquello se me revolvieron las tripas al igual que con el virus. 

Afortunadamente voy vadeando los baches que el camino me va poniendo, han pasado ya casi los cuatro años desde que me diagnosticaron el cáncer de ovario. Y confío en que el pronóstico del susodicho perito no se cumpla. Se que se fundó en las estadísticas para basar su informe, pero creo que sus argumentos deberían haber ido por otros derroteros y como profesional debería saberlo. A veces hay que tener cuidado y un poco de mano izquierda para no herir los sentimientos de los demás. 


                                                                      Paula CRuZ Gutiérrez. 


sábado, 28 de diciembre de 2019

eL aÑo Que Se Va.




La luz del sol entra a raudales por los ventanales del corredor. Sentada en el sillón, mi única compañia es el árbol de navidad.

Fijo mi vista tras los enormes vidrios y me entretengo observando el patio, que aún sigue vestido con su traje de otoño-invierno. Este año con la enfermedad, no ha dado tiempo de podar los rosales, ni de eliminar las hierbas marchitas. La parra muestra sus ramas desnudas y casi fantasmales, sus sarmientos parecen bracitos enclenques que intentan llegar al cielo. Y para contrarrestarlos a todos, los dos frutales han decidido inchar sus yemas, como si en vez de diciembre estuviéramos en abril.

Así acaba este año, con los cuerpos arrebatados y las mentes poco claras, con la esperanza de que el año que próximamente comienza será mucho mejor para todos nosotros.

Aunque ha sido un año muy duro, lo cierto es que ya ha pasado. Ahora toca reponer y actualizar nuestra lista de sueños y volver al ataque. Eso sí, sin olvidarnos de dar las gracias al año que se marcha por permitirnos llegar vivos al siguiente y poder continuar nuestro camino.

Feliz y Próspero Año Nuevo a todos.


                                  Paula CRuZ Gutiérrez.

martes, 30 de julio de 2019

EL MaR.




Podría pasarme media vida sentada frente al mar o incluso haciendo un pequeño esfuerzo, la vida entera.

Sentir cómo la brisa me acaricia el rostro y me trae su olor salado que tanto me gusta. Ese olor que caracteriza la vida marina y que nosotros, los humanos, ni siquiera alcanzamos a intuir cómo podría ser vivir bajo el agua.

Sentada en la orilla siento como la espuma nívea de las olas choca contra mi cuerpo. Un mar incansable e irreverente que muestra su bravura a todo aquel que desee contemplarla. 

Con los ojos cerrados me centro en aspirar su olor, a sal, a vida. Es entonces cuando el agua demuestra todo su ímpetu contra mí y una ola me lanza hacia atrás cual muñeca de trapo. Intento resistirme, pero me lanzan una ola tras otra. Opto por dejarme llevar, cual juego de niños.

El mar que estos días está picado sigue con sus embistes, lo comparo entonces con nuestra mente. Y a esas olas incesantes, con los pensamientos que a veces nos atormentan sin que seamos capaces de librarnos de ellos.

Esta tarde, los peces parecen estar juguetones saltando por encima del agua, lo hacen sin timidez saliendo y entrando a su antojo. Es como si tras la retirada de los humanos, hayan decidido reconquistar el líquido elemento. Un hogar invadido.

La tarde va cayendo y el sol está en retirada, escondiéndose tras las casas para irse a descansar, sabiendo que mañana volverá a brillar en todo su esplendor y con la misma intensidad.

Buenas noches a todos.


                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.

miércoles, 17 de julio de 2019

eL ReiNo CaíDo.


Esta es la historia de un reino muy cercano, dónde gobernaba un emperador tirano. Sometía a sus súbditos con sus temibles marcadores tumorales. Un buen día, esos marcadores decidieron irse de fiesta. Subieron y subieron más allá del cielo y allí los médicos los encontraron jugando entre las nubes. Aquella subida tan alarmante indicaba claramente que el emperador había conquistado aquél imperio. Durante un período de tiempo fue el único rey, haciendo y deshaciendo a su antojo. Pero un buen día su reinado acabó y no tuvo más remedio que exiliarse.

El emperador que se sabía fuerte y era muy avaricioso, intentó en silencio recuperar su reino perdido y así comenzó a crecer de nuevo. Pero esta segunda vez, aunque envío a sus soldados, los marcadores rápidamente delataron su presencia y no pudieron subir ni una triste montaña. Antes de ser descubiertos, escaparon deprisa, agazapados entre las ramas de los árboles y las piedras del camino, rodeando valles y caminando en la oscuridad. Pero una simple analítica los detectó, y ahí comenzó su retroceso.

El temible emperador ya no pudo seguir adelante, se quedó sin ninguna posibilidad de conquistar de nuevo aquel reino. Al ser descubierto, nos pusimos manos a la obra y entre todos construimos una gran pared, tan alta como pudimos para truncar sus planes. Así seguimos, colocando ladrillos y amasando cemento. El cáncer se siente acorralado, sabe que no tiene otra opción que desaparecer de nuevo, sabe que en este cuerpo nunca podrá reinar. Pero como es poderoso y concienzudo, sigue intentando crecer y me pone trabas en el camino, en represalia de las que yo le pongo a él. Y de este modo, lo nuestro se ha convertido en un te doy y te quito, en un deseo que te vayas y en un yo quiero quedarme.

Ahora, hay que esperar al resultado del TAC para ver quién sale más guapo, si él o yo. Aunque no tengo ninguna duda de que él saldrá mucho más desfavorecido.

Aquí la reina soy yo.


                                                                                                    Paula CRuZ Gutiérrez.

viernes, 12 de julio de 2019

Quimiocerebro.


Son innumerables las lindezas que nos ofrece la quimioterapia en forma de efectos secundarios. El día que acudes a la administración del primer ciclo y el personal médico te ofrece el folleto informativo de la medicación, más te vale que te abstengas de leértelo. Dicen que la curiosidad mató al gato y en este caso el que morirás del susto serás tú mismo, cuando leas todo lo que puede ocurrirte. Te mostrarán un informe detallado con tantos efectos secundarios como puedas imaginar que te inquietaran pensado cuáles te afectarán a tí.

Y aunque son muy conocidos los problemas digestivos, la caída del cabello, la falta de apetito, el sabor continúo a metal, hay otros muchos más, como el fuerte dolor en las articulaciones,  las llagas en la boca, el daño provocado en la dentadura o los fuertes dolores de cabeza, por mencionar algunos.

Pero existen otros efectos secundarios menos visibles y menos conocidos que los científicos han bautizado con el nombre de quimiocerebro. Por la sencilla razón, de que afectan de manera silenciosa a nuestro sistema neuronal.

Es habitual que suframos pérdidas de memoria, que de repente se nos olvide cómo se llama cualquier conocido u objeto cotidiano, que tengamos pérdida de concentración, pesadillas o que nuestra mente se ralentice y por momentos seamos incapaces de hilar dos pensamiento coherentes, lo que nos impide muchas veces expresar como nos sentimos tras la administración de los fármacos de quimioterapia.

Estos efectos nos producen problemas físicos como el cansancio o la visión borrosa, pero también psicológicos porque nos cuesta comprender por qué nos ocurren estás cosas.

En mi caso os contaré que he tardado tres años en poder leerme un libro entero, porque no era capaz de concentrarme en la lectura, mi cerebro se perdía con increíble rapidez.

He de reconocer que todos estos efectos me agobiaban mucho. Por eso me refugié en la escritura, para obligarme a pensar de manera ordenada. Y esta terapia me resultó muy útil, aunque tan sólo escribiera texto cortos, porque era mucho más de lo que podía verbalizar.


                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.







jueves, 14 de febrero de 2019

TaN SoLo aCoMPáÑaMe.


Acompáñame en silencio, dame la mano, lloremos juntos o riámonos si es necesario. Cuéntame cuentos, historias que me lleven lejos.

Dame un beso, acaríciame el alma con un abrazo. Unicamente necesito sentir tu apoyo. 

Espera a que yo hable y si no me apetece contarte nada, respeta mi silencio. Cuando esté preparado lo haré y te contaré historia de risa y de miedo.

Tal vez no me apetezca verte, todos necesitamos tiempo para aceptar nuestra situación, si es así respeta mi decisión. Recuérdame siempre como era, medio loco o medio cuerdo.

Y cuando nos veamos, evita decirme que sea fuerte, que tenga ánimo, que he de luchar o que voy a tener suerte. Estas palabras me hieren profundamente. Nadie mejor que yo sabe lo que tengo que hacer, otra cosa es que pueda o sepa hacerlo. 

Aunque lo intentes nunca sabrás cuál es mi situación, qué siente mi cuerpo, cuáles son mis miedos, ni qué atormenta mi corazón. Para saberlo has de estar en mi lugar. No me digas que te imaginas cuanto sufro.

Piensa antes de hablar lo que vas a contarme, no parlotees tan sólo por romper el silencio. A veces, el silencio dice mucho más que las palabras.



                                                                                                               Paula Cruz Gutiérrez.

sábado, 29 de septiembre de 2018

La SeMiLLa.

Yo era una semilla pequeña y enclenque, pero el viento me arrastró hasta un lugar lleno de nutrientes y me convertí en una flor maravillosa, mi belleza sobresalía del resto de flores que habitaban el valle. !Al mentos, eso pensaba yo¡

Estaba tan contenta, que decidí lanzar mi polen cuanto más lejos mejor, para que ese rico valle se poblase de cientos de flores tan bellas como yo. Y lo conseguí. ¡Vaya si lo conseguí!. En un corto período de tiempo, todo el valle estaba cubierto de minis yo.

Mi felicidad era inmensa, me encontraba eufórica, porque vivía en el lugar más maravilloso del mundo rodeada de belleza. 

Pero un día algo terrible ocurrió. El cielo se abrió y unas manos enguantadas irrumpieron en nuestro hogar con utensilios metálicos que me arrancaron de mi sitio, y junto a mí, a la mayoría de mis compañeras.

Quedamos así, fuera de nuestro paraíso, desoladas, sin saber que hacer ni qué sucedería a continuación. 

Los extraños invasores hablaban en un idioma que no entendíamos, pero intuíamos que no era nada bueno. Así, fueron procediendo a destruir a mis compañeras y después, me cortaron a mí en pedacitos. Todo mi mundo desapareció en un momento. Por mucho que grité nadie me escuchó.

Ellos decían que éramos demasiafas, feas y que debían erradicar nos a todas.

Algunas de mis compañeras de menor tamaño consiguieron asirse y no pudieron arrancarlas. Yo me preguntaba porqué nos destruían solo a nosotras, que eramos las flores más bellas y las que más rápido nos habíamos reproducido. ¡No era capaz de entenderlo!.

Los extraños repetían una y otra vez la misma palabra: esto es cáncer, cáncer, cáncer.

Desconozco el significado de esa palabra, tan sólo puedo deciros que consiguieron acabar con todas nosotras.


                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.




martes, 22 de mayo de 2018

Conformate.

Últimamente he leído un par de comentarios que me han encantado y me han hecho pensar.




Me parecen dos textos maravillosos y completamente cargados de razón. 

Uno dice que si una persona no es capaz de sostener un sueño, tampoco será capaz de sostener su vida.

Trabajar para conseguir nuestros sueños puede que nos lleve por caminos a priori intransitables y que nuestros pasos algunos días, sean más cortos de lo habitual. Pero si estamos convencidos de lo que queremos conseguir, sin dejamos avasallar por todas aquellas personas que aparecerán para ponernos trabas, entonces conseguiremos vivir la vida, nuestra propia vida.

Y el segundo habla de la costumbre que tenemos los humanos de sentirnos insatisfechos. Parece que si no estamos insatisfecho por todo y nos quejamos, no seremos capaces de actuar. Cuando es precisamente lo contrario.

Nos dice, que conformarse quiere decir buscar, que conformarse quiere decir, adaptarse a la realidad de lo que hay y cambiar, aprendiendo a sostener lo que no se pueda cambiar.

Conformarse, a veces, significa despojarse de todo aquello que no nos sirve: como las creencias, los pensamientos e incluso, objetos que almacenamos desde hace tiempo y nunca usamos. Dejando espacio libre, daremos oportunidad de que lleguen cosas nuevas que nos enriquecerán mucho más que las cosas que había en su lugar. De esta manera seremos capaces de crear una vida nueva. 

Aunque después "de hacer limpieza" lo único que nos haya quedado sean ruinas, siempre podremos volver a edificar sobre los viejos cimientos. Porque éstos serán tan antiguos y sólidos como nosotros.

Sobre ellos seremos capaces de crear  Nuestra Propia Vida.





                                                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.

lunes, 30 de abril de 2018

El Camino Correcto.







Todos y cada uno de nosotros en un momento dado de nuestra vida, deberíamos sentarnos y pensar si vamos por el camino adecuado. Si somos felices, sin duda alguna nuestro camino será el correcto.

Pero si no lo somos, tendríamos que buscar en nuestro interior ese poder escondido que todos tenemos y ser capaces de buscar otro camino que sí nos lleve a la felicidad. Es cierto, que no es fácil ni rápido, pero al final merece la pena arriesgarse.

Existen otras ocasiones en las que como no somos capaces de tomar una decisión, porque muchas veces ni somos conscientes de que debemos tomarla, es el cuerpo el que decide por nosotros.

Entonces llega la catástrofe en forma de enfermedad y ya no hay escapatoria. Decidir cambiar entonces, se convierte en una cuestión de vida o muerte.

Ahora que todo ha pasado, que he conseguido que la enfermedad desaparezca, no quiero parecer presuntuosa. 

Pero para mí, el cáncer ha sido una experiencia tan brutal en todos los aspectos, a nivel físico, emocional y espiritual, que ha supuesto la mayor enseñanza de vida que he tenido.

Una lección a marchas forzadas, sin pausa, con miedo al principio, pero con convicción desde el principio de cual quería que fuese el final. 

Ahora que todo ha pasado, que he conseguido curarme, y aunque os pueda sonar pretencioso, os diré, que si volviera a nacer elegiría volver a pasar por la misma experiencia, por todo lo que me ha aportado y me ha enseñado.

He resurgido de mis propias cenizas y eso es algo que muy pocas personas han conseguido.

Estoy orgullosa de mí misma y de todos los que me habéis ayudado a conseguirlo.

Agradecida al cáncer y a la vida.

Os envío todo mi amor.




                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.