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jueves, 14 de mayo de 2020

Ánimo.



A veces creemos erróneamente que  nosotros "podemos con todo". Pero aunque tengamos la predisposición adecuada, es muy difícil conseguirlo.

Pero si nos apoyamos en alguien, o incluso en varias personas a la vez, el camino suele ser más llevadero.

En estos días la vida de varios amigos  y familiares se ha convertido en una especie de tarta en la que cada una de las porciones es un problema a cual más importante. Porciones bañadas por el virus y adornadas por las guindas del confinamiento.

Estos días en los que no podemos visitarnos y hemos de relacionarnos sólo mediante el teléfono, las cosas se complican y en algunos casos incrementan la incertidumbre.

Todos estamos viviendo una situación  hasta ahora desconocida y difícil de gestionar. Es ahora, cuando nos vemos obligados a utilizar todos nuestros recursos psicológicos para no sucumbir. Y si creemos no tenerlos, buscar a alguien que nos rescate. Estos días hay psicólogos que prestan ayudar de forma desinteresada.

Es importante darse el permiso de estar triste, enfadado, desanimado, cada uno debe gestionar sus tiempos y sus dueños, sin permitir eso sí, que se enquisten y nos impidan avanzar.

Os envió todo mi ánimo.


                                  Paula CRuZ Gutiérrez.






sábado, 26 de mayo de 2018

Llora, Ríe.



Suena el teléfono y veo un número desconocido.

Al descolgar me saluda una voz de mujer, le ha dado mi número telefónico la hermana de una amiga mía. Me dice que se lo dió hace tiempo, pero que hasta hoy pensaba que no necesitaba llamarme.

Me cuenta que está pasando por un cáncer de mama, que hasta ayer que fue la última sesión de quimioterapia creía encontrarse bien. Pero que ayer después de que terminara el ciclo cayó y hoy lleva todo el día llorando. Yo la escucho en silencio mientras me cuenta cómo se encuentra entre sollozos. Intento tranquilizarla, diciéndole que llore todo lo que necesite, que la escucho y que es necesario llorar. 

Cuando se tranquiliza un poco, me dice que hasta ahora creía poder con todo, con la enfermedad, con la casa, con el trabajo, con todo. Pero que acaba de darse cuenta de que no es así. Con hacerse la fuerte lo único que ha conseguido es que los demás hagan como si no ocurriera nada. Cuando que ocurre y mucho.

Hablo con ella tranquila y le digo que no sólo es necesario caer, sino que tiene que darse permiso para hacerlo porque es parte del proceso. Ha de vivir su propio duelo a su manera.

Seguimos hablando un largo rato, le cuento algunas cosas más y ella me cuenta otras. Decide tomar algunas decisiones para aplicar en su día a día, como dejarse de hacer la fuerte para que su marido vea que está enferma y necesita su ayuda.

Al decirme que es argentina me viene a la mente mi amiga Lili y le cuento la "casualidad" de que el mismo día en que ella murió, a mi misma edad y por el mismo tipo de tumor, a mí me dan el alta. Ella es mi gran ángel.

Al final la conversación que comenzó con llanto acaba con risas. Nos despedimos con una sonrisa y un buen sabor de boca. 

Gracias por permitirme entrar y darme el enorme placer de ayudar.


                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

domingo, 1 de octubre de 2017

uN HoMBRe BueNo.


La proximidad del invierno, era la excusa perfecta para juntarnos a comer, eso sí, antes debíamos recoger y colocar el enorme montón de leña que habían dejado en la puerta. Trabajábamos en cadena, una cadena corta eso sí, teniendo en cuenta las cortas dimensiones del patio. Pero nos daba igual, eran momentos de risas y amistad. 

Después de la comida, solíamos salir a dar un paseo por el cauce del río cercano, cogiendo renacuajos en  viejas botellas de plástico abandonadas y avistando pájaros. Durante el paseo cada uno decía lo que se ocurría y los demás lo acompañaban con sus risas.

La casa de Aldea se vendió y decidiste empezar una nueva vida en un apartamento más cerca del trabajo. Aquel apartamento era básicamente del tamaño de un sofá. Un sofá de tamaño xxl en el que nos acurrucábamos seis con facilidad.

Ayer al ir a verte al hospital me vinieron a la mente estos y otros recuerdos más, recuerdos acumulados durante muchos años de amistad. Como aquella mariposa que se posó en la flor que llevabas en la mano de paseo por Ovidos.

En más de una ocasión la vida nos puso a prueba, como ahora, pero siempre hemos sabido encontrar el camino correcto. Y estoy segura de que ahora no va ha ser menos.

En tantos años juntos, hemos reído, llorado y nos hemos ayudado una y mil veces. Ahora me toca ayudarte, yo empecé el pastel y voy primero, pero todos saldremos de ésto. Somos gente positiva y trabajadora. Yo soy fuerte y vosotros también, por el mero hecho de ser mis amigos, porque cada uno busca a sus iguales y se apoya en ellos.

Eres un hombre bueno que pasa un mal bache, en eso se quedará todo y dentro de un año lo estaremos celebrando.

Deseo que mañana entres en el quirófano con una sonrisa de las tuyas, medio pícara. De esas que tienen los ganadores cuando se saben ganadores. 

Estamos juntos, te apoyamos y a partir de ahora, estaremos más "pegaditos" aún, porque la vida nos ha puesto una vez más en el mismo camino. Es normal que tengas miedo, pero que éste sólo te sirva para tomar impulso y mirar hacia delante.

Recuerda que en esta casa te esperamos los cuatros y te queremos de vuelta.


Te queremos Julián, Paula y los niños.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Hasta siempre.

Sirva éste texto como un pequeño homenaje a todas aquellas personas que no consiguieron superar la enfermedad y a sus familias que intentan superar su ausencia.
A mi abuelo Luís, a mi tio Antonio y a mi padre.
Para mi querida Vanesa Pedroche Ortíz.



 Todo ha terminado.

Pero no penséis que todo nuestro esfuerzo fue en vano, al contrario. Mis últimos meses fueron felices a vuestro lado, aunque la enfermedad me pudiera y me fuese deteriorando demasiado rápido.

Se que os hubiese gustado haberme tenido más tiempo a vuestro lado, os confieso que a mí también. Pero igualmente os quiero.

Os he querido por cuidarme, por aguantarme cuando estaba de mal humor y por hacerme sonreír.

No sufráis, estoy tranquilo.

Por fin acabaron los dolores, las lágrimas y el desaliento.

Me voy contento, por haberos tenido a mi lado y por haberos amado. Gracias.

Llorad cuanto necesitéis y después, la mejor manera de honrar mi memoria, es siendo felices. Por favor, procurad serlo.

Hasta siempre. Os quiero.


                                                                  Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 19 de septiembre de 2017

AhOrA.


Para mí es imposible imaginar cómo puede sentirse el cuerpo de un escalador después de ascender una montaña, aunque esté físicamente preparado para ello, debe ser un desgaste de energía descomunal.

Yo en éste año he tenido que escalar dos Everest, el Cáncer y la Peritonitis. Dos ocho miles, como se llaman en el argot montañero.
Ahora que todo comienza a pasar y yo voy relajándome, mi cuerpo ha decidido entrar en  "modo extenuación". Un cansancio agotador, que me envuelve como si fuera un capullo de seda, que me aisla en el interior y me impide ver el exterior.

Ahora que todo se ve de forma más relativa, mi cuerpo saca todo el cansancio y el estrés acumulado durante tantos meses de duro trabajo y esfuerzo, haciendo frente  la enfermedad. Tan cansada estoy que los ojos se me cierran y las piernas y brazos se niegan a moverse. Tengo la sensación de que una enorme apisonadora a pasado sobre mí y soy incapaz de recomponerme.

Imagino que ésta es otra fase más de todo este proceso, que he de esperar. Que al cansancio se le siguen sumando los efectos de los tratamientos con los que continuaré durante otro año más.

Hasta la próxima amigos me voy a descansar, a ver si me convierto en mariposa.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.


sábado, 16 de septiembre de 2017

La Joven Doncella.




Un día una joven doncella que guapa y muy lista era, sin su papá se quedó. El cáncer a Carlos se lo llevó.


Ella tan triste estaba que no se dio cuenta de que con ella para siempre se quedaba.



La triste doncella no conseguía superar su pena, porque a su padre muy unida estaba, más no imaginaba que él la cuidaba y que para que fuese feliz de nuevo, un gran amor le enviaba.



Tras años de vivir triste y sin ilusión, una mañana inesperada un joven apuesto llegó.



Este príncipe encantado hechizó el corazón de Laura, que poco a poco volvió a latir con alegría.



Pero no por llegar el apuesto príncipe Carlos la dejó. El todos los días a su lado seguía, compartiendo su felicidad. Tan pronto le acariciaba la mejilla con la brisa al pasar, que le tiraba los papeles al suelo para que ella se tuviera que agachar. Y como cada noche en la cama ya, le susurraba al oído, que tengas felices sueños mi princesa.



No le eches de menos Laura, no pienses que se fue, porque si miras despacito a tu lado siempre lo podrás ver.



Para la princesa encantada Laura Tinajero Contreras.




                                                             Paula Cruz Gutiérrez.

jueves, 14 de septiembre de 2017

13 MeSeS.



Desde que estoy enferma pocas cosas puedo hacer yo sola, en la mayoría de los casos necesito ayuda o supervisión.

A la falta de fuerza generalizada en todo el cuerpo y los dolores en las articulaciones se une el problema de las lagunas mentales que de vez en cuando aparecen.

Estas lagunas se ponen de manifiesto en las situaciones más dispares y a la vez cotidianas, como ir a pagar la compra y no saber qué billetes debo entregar. Otras veces aparecen cuando mantengo una conversación con alguien y de repente, se lo que quiero expresar pero no sé decirlo. También me ocurre a la hora de escribir, muchas veces no se cómo se escribe la palabra que quiero poner y le tengo que preguntar a mi marido que me diga cómo se escribe.

Es una sensación muy extraña, ésta de tener que depender de otra persona para poder llevar una vida "normal". El "quiero" pero no "puedo". Esta situación hay días que se hace difícil de sobrellevar, máxime cuando has sido una persona tan activa como yo.

Que mi marido se ocupe de realizar casi todas las labores que habitualmente hacía yo, no deja de ser necesario y frustrante a la vez, porque indica claramente, que yo no estoy en condiciones de poder realizar muchas cosas, como vestirme o asearme sola.

El me pregunta y desde mi cuartel instalado en el sofá, yo le voy indicando qué hacer o cómo cocinar.

Así con éste ritmo, van pasando los meses y ya han transcurrido 13.


                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

domingo, 10 de septiembre de 2017

El mAr y Yo.


El libro descansa sobre la mesa. A su lado lo hacen el cuaderno y el lápiz. Los tres esperan en silencio que llegue su turno.

El Libro me nuestra sus historias , están escondidas entre las páginas, acurrucadas, esperando que yo las descubra y las deje salir. Aunque todas sean diferentes son todas igual de emocionantes.

El Cuaderno espera tranquilo, sabe que cuando yo esté dispuesta a contarle mis historias lo haré sin dudar. Historias que se entrelazan unas con otras y que nos hacen soñar. Historias oídas en algún lugar o imaginadas de madrugada cuando la almohada no nos ayuda a dormitar.

Historias de cientos de mundos que nos quedan por descubrir, miles de experiencias por vivir y otros tantos sueños por cumplir. 

Hay cosas fáciles de conseguir, otras más complicadas y otras que llamamos imposibles, pero que tan sólo son un poco más difíciles de lo normal. 

Mi cosa más difícil es tener una casa frente al mar. 

Tener un lugar dónde pueda sentarme en la terraza a escuchar el rumor de las olas  y el griterío de las gaviotas al pasar. Un espacio donde poder refugiarme a contemplar el mar y desde el que poder confundir la línea azul del agua con la linea del horizonte.

Un lugar donde poder descansar tumbada y que la brisa me acaricie el rostro mientras intento aquietar mi mente. Sin pensar, tan sólo respirar y que la brisa me transporte a dónde me quiera llevar. Dejar que mi imaginación vuele y yo viajar con ella.

Poder salir a caminar descalza por la arena, jugando a pisar las huellas que las gaviotas dejaron al pasar. Que mis grandes pies quedan clavados junto a sus diminutas y puntiagudas patitas, el humano frente al animal.

Sentir cómo mi piel se eriza cuando el viento arrastra millones de granitos de arena y me acarician con su sutil aguijoneo. El fuerte viento atrae las pequeñas partículas hasta mí, las sube y las baja a su antojo, dejando un rastro aterciopelado de pequeñas olas de arena cuando pasan acariciando la superficie de la playa. Un mar de agua junto a un mar de arena.

Un mar exterior frente a mi mar interior, dos mundos distintos, pero paralelos y coetáneos a la vez. 

Yo sigo pidiendo lo que deseo, porque he descubierto que el universo me escucha. Le pido cosas importantes para mí y para la gente que tengo a mi alrededor.

Soñemos que nuestros sueños se cumplen.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.