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lunes, 24 de abril de 2017

Desde aquí arriba…

                                                 

Desde aquí arriba, la mirada se pierde en el horizonte. Puedo ver cómo la naturaleza fluye a mi alrededor, cómo el sol se refleja sobre la superficie salada de la laguna, desprendiendo miles de destellos plateados. Todo es quietud, la naturaleza no sabe de prisas.

Desde aquí arriba, puedo vislumbrar mi vida. Pasado, presente y futuro, éste ayer incierto y hoy mucho más cierto.

Puedo observar mi cuerpo, antes joven y terso. Otrora maduro. Ver todas aquellas huellas que el paso del tiempo ha ido dejando y que conforman mi historia.

Puedo sentir cómo por mis venas corre la quimio, junto con la fiebre, las nauseas, los dolores y los desesperos.

Ahí abajo puedo ver cómo transcurre la vida. Cómo mis hijos juegan felices, sonrientes, completamente ajenos al desasosiego que me inunda. 

Sus risas se confunden con el murmullo del viento, con los cantos de las  aves que sobrevuelan la laguna. Junto con ellos la brisa arrastra hasta aquí, aromas de tierra y pinos. El olor del campo.


Desde aquí arriba la vida se me antoja corta, dura e intensa. Se me presenta de múltiples colores, olores y sabores por descubrir. 

Momentos cortos o largos que conforman nuestra cotidianeidad. Recuerdos que nos alimentan por dentro y nutren nuestra memoria. Instantes que nos traen felicidad y nos ayudan a tomar impulso para conformar nuestros días.

Desde aquí arriba he descubierto un lugar privilegiado, donde el tiempo y el espacio se funden, nada condiciona ya mi posición, estoy tranquila. He aprendido a mantenerme firme y viva.

La enfermedad me colocó aquí arriba y desde aquí continuaré observando.

Desde aquí arriba, la vida se me antoja puro amor, para dar y tomar.

Porque todos somos merecedores de ello.

Como final, os confieso que escribo desde abajo, porque aún, no puedo subir las escaleras.

Un beso.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Un día especial.



                                            


Hoy por fin ha salido el sol.

Llevo unos días queriendo escribir, pero el jueves pasado tuve sesión de quimio y desde entonces mi mente está adormilada. Casi incapaz de hilar dos pensamientos.

Esta vez antes del tratamiento me hicieron una analítica completa para ver cómo voy evolucionando. En cuanto la vio el doctor me felicitó porque había recuperado gran parte de los niveles que antes tenía más bajos. Quedaron por saber los marcadores tumorales porque tardan varios días en ser analizados.

Pues bien, hoy he hablado con el doctor y me ha dicho que están en niveles normales, lo que significa que la medicación funciona y que estoy mucho más cerca de llegar a la meta.

No sé cómo se habrán sentido otros enfermos al escuchar la noticia, pero yo me he sentido rara, como el día en el que me dijeron que tenía cáncer. Como desorientada, porque no en vano, llevo casi 10 meses enferma. Sé que aún me queda mucho camino por recorrer, pero al menos, veo que todo el trabajo que estoy realizando para sanarme está dando sus frutos. Por supuesto, que estoy contenta, pero es una situación rara, formada por sentimientos contradictorios que impiden disfrutar completamente de la victoria.

Han sido unos meses de catarsis personal, de búsqueda de mi yo interno, de experimentar, de aprender, de intentar dilucidar qué quiero ser y hacer a partir de ahora. Aunque he de reconocer que no he llegado a grandes conclusiones, salvo que esta etapa no la considero como como una etapa de mala suerte, más bien todo lo contrario. He descubierto que uno puede padecer una enfermedad grave y ser feliz.

Estoy aprendiendo a mirar las cosas de otro modo, más pausado e interno. Dejando que el tiempo actúe y deje cada cosa en su lugar. Pero al mismo tiempo, sin parar de mirar y buscar aquello que realmente quiero.

Hoy por fin parece que ha llegado la primavera y con ella se desplega todo un mundo de posibilidades, de cosas por hacer y de aventuras por vivir. Aunque sigan siendo en compañía de revisiones y de pastillitas de colores. Seguiremos a delante, con nuestros médicos, con los enfermeros, con las familias, con los amigos, y con todas aquellas personas que nos quieren y animan.

¡Feliz primavera y que el sol nos ilumine a todos!


Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así.