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miércoles, 6 de febrero de 2019

AlmA rOtA.


Hoy me resulta difícil encontrar las palabras adecuadas. Los pensamientos me golpean igual que las fuertes olas chocan contra las rocas. 

Mi día de hoy lo podríamos considerar como un día nefasto.

Dice la canción que "algo se muere en el alma cuando un amigo se va". Pues hoy creo que mi alma y entera ha sucumbido, dos perdidas en un mismo día para mí son sencillamente, demasiado.

Anoche falleció una amiga. Dos meses han sido suficientes para que un cáncer de pulmón la hiciera partir. Aún recuerdo sus palabras diciéndome que qué malo era esto. Que no podía aguantar tanto dolor. Ahora todo ha terminado, a volado cual pájaro libre al cielo.

Y ayer también recibí la noticia de que mi amigo del alma no va ha superar el glioblastoma que se ha apoderado de su cerebro y que le ha sumido en un silencio obligatorio, sin ni siquiera darle la oportunidad de moverse ni de expresar con palabras tanto sufrimiento. Ni la quimio, ni las dos operaciones,  ni la radio ni tampoco el ensayo clínico han hecho efecto, a sí pues, mi amigo del alma ha emprendido su último viaje.

Por mi parte nada más que añadir, no tengo palabras, aunque me muera por dentro.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.


martes, 17 de julio de 2018

Música Por Favor...

Erase una vez una noche de verano a primeros del mes de julio. Madrid ardía como pollo en barbacoa. La ciudad y sus gentes intentaban sofocar el calor lo mejor posible.

Mientras tanto, en el otro extremo de la ciudad algo se prepara.

Por fin ha llegado la hora de salir de casa. Nos subimos al coche camino de nuestro destino.

En quince minutos hemos llegado a ese otro extremo, en la puerta nos colocan la pulsera, !por fin estamos dentro!.

El escenario está preparado y la gente se amontona frente a él. Accedemos a la tribuna de discapacitados, me siento y desde allí, observo un mar de cabezas, todas de colores y tamaños diferentes. 

La música de fondo se para, la gente se vuelve loca y comienza a gritar, silbar y a aplaudir. El sudor se mezcla con la emoción, todo explota cuando el cantante hace su aparición sobre el escenario. La música comienza a sonar, las luces estallan en mil colores y las almas comienzan a vibrar.

Miles de personas vitorean, aplauden; porque saben que la próxima hora y media será muy especial.

Desde la atalaya en la que nos encontramos, mi silla se convierte en un lugar privilegiado. Desde allí puedo contemplarlo todo.

Y una vez más, me siento afortunada porque la vida es una consecución de sueños y hoy, en ésta noche estrellada estoy cumpliendo otro de los míos.

Cuando la música invade tus venas (aunque estén quemadas por la quimio), llega a tu ADN y cada una de tus células vibra al unísono. Simplemente es inevitable no abandonarse al compás. 

Me dejo llevar, siento, vivo, canto, aplaudo.

De repente, ya no soy yo. Un torrente de energía y placer me inunda y allí sentada, con los ojos cerrados soy capaz de transportarme hasta el escenario, sobrevolando a toda aquella multitud con los brazos en alto.

El tiempo se detiene, tan solo existe la música que entra y sale, vuelve a salir y vuelta a comenzar.

¿Que si existe la felicidad?

Yo creo que sí, sólo que nunca nos enseñaron que está formada por una cadena de momentos sublimes, no es un estado perpetuo.


De pequeño me enseñaron
a querer ser mayor,
de mayor voy a aprender
a ser pequeño...

Enrique Bunbury.


                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.


sábado, 14 de abril de 2018

Código de Barras.





Una mañana cualquiera te miras al espejo y notas que algo ha cambiado.

Escudriñas tu rostro para averiguar qué ha sucedido y entonces lo ves.

Sobre tu frente aparece tatuado un código de barras que indica tu fecha de caducidad.

Cierras los ojos e intentas eliminarlo con la toalla, pero sigue ahí porque ha venido para quedarse.

Entonces recuerdas que ayer te lo dijo el doctor. El tumor está muy extendido y tenemos pocas posibilidades.

Maldito doctor y maldito tumor.

Tengo que pensar cómo trazar un plan para mandar al cuerno al tumor y a las estadísticas del doctor.

Creo que ahora es el momento adecuado para echar mano de mi característica rebeldía, es la única que me puede ayudar.

No pienso abandonar a mi familia tan pronto, mis hijos no pueden quedarse sin madre aún. Los utilizaré como mi gran excusa para salir de ésta situación. 

Dos años han pasado, han sido duros, muy duros y aunque en tres ocasiones creí que no aguantaría tanto dolor, a día de hoy continúo aquí.

Al final he conseguido que se fueran al cuerno las estadísticas y el tumor.

Gracias a todos por acompañarme.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.



                                                                                               

domingo, 24 de diciembre de 2017

DeSeo.



Desde éste que es mi escondite, mi hogar, desde ésta mi casa en un lugar de la mancha profunda, bajo el cobijo de los molinos de viento y la memoria de don Quijote. Deseo que tengáis unas felices fiestas. 

Deseo que las disfrutéis allá donde queráis estar y junto a las personas que realmente deseéis estar. 

Deseo que no os sintáis obligados a hacer cosas que no os apetezcan y que no hagáis nada "por el qué dirán".

Deseo que sepáis decir que no cuando alguien os proponga algo que no os guste no no os apetezca.

No es fácil estar a todas horas feliz cómo exigen los cánones sociales en ésta época del año. No todos tenemos el ánimo suficiente para permanecer felices continuamente, por mucho que nos digan que es Navidad.

Parece que si no te gustan estas fechas o si por cualquier motivo no eres capaz de estar feliz todo el día eres un bicho raro. Pues bien, declaro ser un Bicho Raro. 

Deseo dar ánimo a todas aquellas personas que están solas, que están enfermas o que atraviesan alguna situación complicada. Esta época, como cualquier época del año podemos tomárnosla con buen agrado o no. Cada uno a de sentir el día a día tal y como mejor se adapte a su forma de ser y de ver el mundo.

Así pues, vivamos éstos días de navidad tal y como queramos, sin sentirnos obligados a dar más de lo que deseamos.

Felices y tranquilas fiestas. 

Que el próximo año venga cargado de abundancia para todos. 

Que la salud, el amor, la amistad y la familia colmen todas nuestras necesidades.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.


domingo, 26 de noviembre de 2017

Qué eS Lo MáS iMPoRTaNTe?




Alguien dijo una vez: "Intenta que lo más importante en tu vida, sea lo más importante".

Tras leerlo podemos pensar: pues vaya tontería. Pero si nos ponemos a pensar su verdadero significado, veremos que la frase aunque sencilla, tiene mucha más profundidad. 

Porque en ésta vida de locos que llevamos, en la que no nos sentamos ni nos relajamos nunca, en muchas ocasiones perdemos el norte. Perdemos la noción del tiempo y del espacio y olvidamos lo que realmente es importante para cada uno de nosotros.

Olvidamos dedicar tiempo de calidad a aquellas personas que nos importan y queremos. Pasar más tiempo con ellos y hacer cosas agradables, disfrutar de la compañía de nuestra familia y amigos, hacer comidas especiales sin necesidad de tener que celebrar nada, salvo que estamos vivos. Podemos salir a dar un paseo en su compañía o ir al cine. No hace falta hacer grandes cosas, lo esencial es hacerlas juntos.


En otras ocasiones, posponemos la realización de nuestros sueños y de todas aquellas cosas que nos gustan y distraen. Mientras pasan los años y por unas cosas o por otras nunca llegamos a realizarlas. Perdemos nuestro tiempo haciendo otras muchas cosas que no nos gustan por complacer a los demás.

Dejamos para después ese viaje que nos gustaría hacer con nuestra pareja, viaje que en muchas ocasiones nunca llegamos a realizar.

Entonces nos preguntamos: ¿Cómo he llegado hasta aquí?¿Cuando tomé la decisión equivocada para que todo me saliera mal?. En la vida no hay decisiones buenas ni malas, porque lo importante es aprender algo de ellas.

Si fuéramos conscientes de que nuestros familiares y amigos morirán al igual que nosotros mismos, no perderíamos el tiempo en tonterías. Aprovecharíamos el tiempo al máximo.

En la mayoría de los casos, no reaccionamos frente a ésta verdad hasta que nos ocurre algo verdaderamente grave. Algo que nos obliga a abrir los ojos y mirar de otra manera. Algo como una enfermedad grave o el fallecimiento de un ser cercano.

Qué bueno sería olvidar éste ritmo de locos que llamamos vida y aprender a vivirla de verdad.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


         




martes, 21 de noviembre de 2017

ESTOY ENFERMO.



Estoy enfermo, me han diagnosticado un cáncer y ya me han operado. Parece que el diagnóstico es bueno, mejor realmente de lo que esperaba. 

Estoy contento, pero también  estoy asustado, muy asustado. Es un miedo que me atenaza el corazón y me nubla la razón. 

Desde que enfermé siempre estoy acompañado por mi mujer o por otro familiar. Están preocupados por mí.

Delante de los demás permanezco animado, sin dar signos de tristeza. Cada mañana ,me coloco esa máscara para no preocupar a los demás. No quiero que se preocupen más de lo necesario por mí. 

Se que su intención es ayudarme, pero si tuviera un ratito para estar yo solo, lloraría, lloraría como llora un niño por encontrarme en ésta situación. Lloraría sin consuelo por ponerme enfermo ahora, aunque se que en el fondo, tener cáncer nunca le viene bien a nadie.

Toda mi vida pasa ante mis ojos como un fotograma, la observo desde fuera como quien ve una película de la vida de otro. Pero tristemente me doy cuenta de que es mi propia vida la que aparece en la pantalla. 

Necesito huir, escapar de ésta situación, romper ésta máscara y librarme de tanto dolor. Volver a mi vida de antes. Cuando no conocía esta incertidumbre y éste miedo obsesivo que se han apoderado de mí.

Quiero pensar que ésta etapa pasará pronto, deseo levantarme por la mañana siendo más positivo. Pero me cuesta tanto...



                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 14 de noviembre de 2017

Yo No.

La semana pasada mientras realizaba una actividad fuera de casa me sucedió una cosa. Habían colocado varias carpas para hacer dicha actividad y al terminar, los trabajadores del ayuntamiento llegaron para retirarlas. Pues bien, mientras yo hablaba con una amiga, ellos procedieron a retirar la primera de las carpas; en ese momento en el que la quitaban y plegaban, mi mente retrocedió de manera inmediata e inconsciente a la UCI.

Aquella carpa dejó de ser una carpa para convertirse en el ataúd portátil de la UCI. 

Ya han pasado diez meses desde que salí, pero aún hay muchas cosas que mi inconsciente tiene guardadas.

Durante el mes que permanecí allí ingresada  me dio tiempo de ver muchas cosas. Unas buenas y otras no tan buenas, porque vi morir a mucha gente.

Cada vez que veía la bolsa negra y cómo de ella extraían el ataúd plegable de aluminio, sabía que alguien había fallecido.

Hoy he sido consciente de algo de lo que hasta ahora no me había dado cuenta. Allí en aquella sala grande donde todo se veía, cada muerte era una tragedia. Pero hoy me he percatado de lo que realmente supusieron esas muertes para mí. Fueron simple y llanamente una RATIFICACIÓN. Porque cada vez que alguien moría se afianzaba en mí la idea de que yo no iba a morir allí como ellos.

Convenciéndome de que iba a vivir pese a que todo estuviese en mi contra.

Mi objetivo era volver a casa con mis hijos y cada vez que se producía un deceso, en mi mente saltaba un resorte y una voz me decía "yo no voy morir"

Hoy, he entendido por fin su significado. Esas muertes han dejado de ser para mí un hecho desagradable, para convertirse en parte de mi sanación. He comprendido que sólo eran la manera en que la vida me obligaba a mantenerme firme en mi decisión. Que sólo eran una señal de que debía continuar. Que la función de esa voz era mantenerme alerta.

Hoy, me siento agradecida y un poco más ligera de equipaje.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


martes, 7 de noviembre de 2017

Un día en el hospital no es un día cualquiera.


Si uno quiere tiene mil cosas por las que estar feliz. Millones de pequeños momentos que unidos conforman un día especial. Aunque el lugar donde se desarrolle ese día sea el hospital y venga cargado de cosas.

Hoy ha supuesto un madrugón para viajar a Madrid. Tenía programada una analítica, una radiografía, un TAC con dos contrastes, una consulta y el tratamiento correspondiente de cada veintiún días. Después vuelta a casa. 

La analítica y la radiología han salido bien y rápido. La chica que me ha hecho el TAC me ha dicho que me iba a sacar "guapa y limpia" y yo le he contestado con una sonrisa, que me parecía perfecto. Lo que peor llevo del TAC es tener que ir en ayunas, sin tan siquiera poder beber agua.

A la hora de la consulta, he tenido una conversación muy agradable y distendida con mi oncólogo, se ha ofrecido a ayudarme con un proyecto que tengo entre manos. Y con el equipo de enfermería de oncología más de lo mismo. El personal de la UCO es muy agradable y eso se agradece.

Después hemos ido a visitar al equipo de la UCI y se han alegrado mucho de verme, igual que yo a ellos. Les estoy muy agradecida, por haber luchado tanto por mí para sacarme adelante durante el mes que estuve allí ingresada.

Para celebrar el día nos hemos ido a comer al restaurante, yo me he comido una hamburguesa de pollo rica, rica. De regalo especial me he comprado el último cd de Bunbury.

Para terminar, vuelta al coche y vuelta a casa. Con la satisfacción de que todo ha ido bien y la tranquilidad que aporta tener el mejor equipo médico a mi disposición.

Lo mejor del día es volver a casa con una sonrisa en la cara.


                                                                                                               Paula Cruz Gutiérrez.




martes, 31 de octubre de 2017

LuCHo PoR...


Hoy escribo éste texto, al hilo de una conversación mantenida ayer. 


En ella me preguntaban contra qué luchaba yo, queriendo decir qué tipo de tumor había tenido.

Yo rápidamente me apresuré a contestar que no luchaba contra nada. Ese es mi lema desde del primer momento, NO LUCHAR CONTRA NADA NI CONTRA NADIE.

Me llaman valiente, pero yo no lo soy porque no me enfrento a nada. Valientes son los soldados que van a la guerra o el personal que hacen frente a un incendio o a otra catástrofe. 

Yo me limito a luchar por y para, no contra.

Yo lucho por vivir, siempre a mi ritmo. Lucho por guardar experiencias y por cumplir sueños, porque es una manera de que mi alma sea feliz. Lucho cada día por ver crecer a mis hijos y por pasar el mayor tiempo posible con mi familia y mis seres queridos. Tiempo de calidad a su lado. Lucho, porque el día de mañana me recuerden con cariño. Lucho por ayudar a todas aquellas personas que me lo pidan, porque es bueno compartir y dar un poco de tu tiempo a los demás. Lucho, por vivir tal y como yo deseo, sin hacer daño a nadie, pero siguiendo los dictámenes de mi corazón y sin importarme lo que puedan hacer o decir el resto. Lucho, por seguir aprendiendo cosas nuevas, porque un cerebro que estudia y aprende nunca envejece. Lucho por atesorar sonrisas y besos.

Lucho, para que el día en que la muerte venga a buscarme, pueda irme satisfecha y tranquila, sabiendo que he hecho todo aquello que deseaba hacer.

Como veis aunque esté en mi sofá, no me estoy parada. Desde aquí visualizo todo aquello que quiero conseguir.

A día de hoy, me imagino a mi tumor como un ente externo a mí,  se aleja despacio, con un hatillo en un hombro y diciéndome adiós, mientras yo me despido de él enviándole un beso.

Desde el primer día en el que conocí su existencia, le he ido pidiendo que se marchara. Se lo he pedido siempre con calma y con cariño y él poco a poco ha ido retrocediendo, hasta desaparecer.
El próximo lunes tengo TAC de control y sé que éso mismo reflejará, que mi tumor ha desaparecido. Mi convinción en ello, es absoluta, no tengo ni una sola duda.

Yo ya me posicioné.
Ahora es tu turno, decide porqué luchas tú.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

miércoles, 25 de octubre de 2017

He aPReNDiDo.



Hubo un momento en el que la vida me puso en la tesitura de elegir. Elegir luchar contra algo abstracto como es el cáncer o elegir luchar por vivir.

Yo sin pensarlo dos veces, elegí la segunda opción. Para mi manera de pensar era más idónea.

Es cierto que han sido meses en los que ha habido sías muy difíciles de sobrellevar, que el cuerpo te abandona rendido a los fuertes tratamientos, que los dolores son difíciles de soportar y te desmoronas llorando pensando que no serás capaz de soportarlos.
Todas estas cosas son ciertas, junto con otras muchas más.
Pero también es cierto, que ahora, que lo peor de la tormenta ya ha pasado y que el futuro apremia por llegar, el balance de todos y cada uno de éstos días es POSITIVO.

Se que no para todo el mundo es igual, pero en mi caso sí ha sido así. 

He aprendido a quererme mucho más y mejor. Y con ello, también a los demás.

He aprendido a ver la vida de otra manera, más sincera. Una vida plena y de verdad.

He aprendido a dejar atrás todo aquello que ya no me aportaba nada, soltando apegos a cosas y a personas.

He aprendido a decir NO, porque hay que hacer las cosas para complacernos a nosotros mismos y no a los demás.

He aprendido a aceptar los elogios, los regalos y todo lo bueno que la vida ha decidido darme. Simple y llanamente porque yo me lo merezco.

He aprendido a soñar y a que esos sueños se conviertan en realidad.

En definitiva:
He aprendido a VIVIR y a ser FELIZ, no importa que tenga cáncer o un simple catarro.

Aposté por vivir y lo he conseguido.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 26 de septiembre de 2017

Un dIA dE cOlOrinEs.


Afortunadamente hay días muy buenos.


Hoy ha sido uno de ellos.

A primera hora nos hemos ido a Madrid porque me tocaba tratamiento. He de seguir con el medicamento de "mantenimiento" cada veintiundias hasta el mes de Junio. Aunque "mi amigo" el cáncer ya no da señales de vida.

El departamento de Oncología del Hospital de la Zarzuela de Madrid, está ubicado en un chalet independiente. En la planta baja esta el mostrador de recepción con las consultas y en la primera planta, enfermería y los boxer de tratamiento. Son pequeñas habitaciones individuales con un sillón para el paciente y otro para el acompañante, un lavabo y una televisión.

Tras la analítica y la consulta, hoy me ha tocado el boxer 2. Mientras me administranban la medicación he contado las horas que he pasado sentada en éstos sillones en el último año. Han sido exactamente  65 horas. Unas las he pasado revuelta, otras adormilada o durmiendo y otras tan mal que tan sólo he podido ver cómo pasaba el tiempo.

Después de salir, hemos subido a la UCI a saludar al personal, con el verano hace tiempo que no veía a algunos de ellos. Justo cuando hemos llegado estaban de reunión de Humanización los dos turnos. No hemos querido interrumpir y tras saludarlos y darle la bolsa de magdalenas que les llevaba para merendar nos hemos ido. Otro día volveremos más despacio para dar los achuchones correspondientes.

Cuando los he visto allí y he visto a mi "amiga", la enfermera que se portó tan mal conmigo el mes que estuve allí ingresada, he pensado que a ella en vez de un curso de humanización deberían darle dieciocho (qué mala soy). Pero en el fondo le estoy agradecida, porque con su actitud, me hizo apreciar mucho más el cariño de todos los demás enfermeros y enfermeras. Muchas gracias de nuevo a todos.

Bravo por ese esfuerzo por humanizar el servicio.

!Podéis imaginaros cómo han terminado la reunión¡.
!Comiéndose mis magdalenas¡.
Y yo, más feliz que una perdiz.



                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.







lunes, 7 de agosto de 2017

La Piscina.


Esta tarde me he animado a venir a la piscina, no hace demasiado calor y corre un ligero airecillo que refresca al pasar.

Ante la posibilidad de no poder levantarme del suelo si me siento en una toalla, me he sentado en una silla de la terraza del bar. Mi único acompañante es un granizado de limón, aunque si he de ser sincera, debería decir que el hielo del granizado, porque ha venido mi hijo y se lo ha bebido todo.

Hasta aquí me llega el bullicio incesante de los bañistas. Muy cerca se encuentra la zona donde se bañan los niños, incansables en su ajetreo y griterío.

Los niños juegan con otros niños a zambullirse y a ver quién salpica más, mientras los adultos de alrededor intentan que los juegos no les molesten demasiado.

Desde aquí puedo ver también a mi marido mientras vigila a nuestra hija que se tira de cabeza una y otra vez.

Me gustaría que me gustara bañarme, para poder acompañarlos y divertirme con ellos, pero una extraña e irracional fobia a que se me moje la tripa me impide meterme en el agua.

La brisa me trae el olor a cloro.

Desde mi perspectiva la piscina es como un enorme hormiguero multicolor en el que cientos de cabezas se mueven de un lado a otro, mientras las palomas sobrevuelan la piscina para posarse en los árboles cercanos. 

Observo tranquila y sin prisa, como quien no tiene nada importante que hacer como no sea descansar y disfrutar de los suyos.

Mi segundo granizado se ha terminado,  creo que es hora de irse a casa.

                                                                                                     Paula Cruz Gutiérrez.

lunes, 24 de julio de 2017

Las Sonrisas de Pilar.


La visita a una amiga que vive en una provincia lejana, me llevó a conocer a otra amiga. 

De mirada viva, cara sonriente y sonrisa fácil. Pilar es médico y trabaja parte del año visitando a enfermos terminales en sus casas, dentro del programa de cuidados paliativos del Alto Aragón.

Trabaja con agrado, sin perder el ánimo ni tampoco la esperanza, a pesar de la dureza de su trabajo.

Visita las viviendas de los enfermos en compañía de su enfermera, ambas acuden solícitas, sean bien recibidas o no.

Ella conoce bien la crueldad que puede llegar a presentar una enfermedad, y la impotencia y el enfado que suelen presentar los cuidadores. Lo ha vivido en sus carnes.

Pérdidas muy cercanas que la acompañan todos los días, incluso alguno de ésos días la atacan a traición y sin consuelo.

Sabe de la importancia de vivir aquí y ahora, porque a diario, se mueve en esas arenas movedizas que hay entre la vida y la muerte.

Con su voz te traslada a otros lugares donde habitan la serenidad y la reflexión. Esa misma voz pausada te incita a pensar, te invita a vivir. Y su risa fuerte y sincera te dice que estás en el lugar adecuado en el momento adecuado.

Por todo esto, cuando Pilar te abraza, sientes que el mundo se detiene, porque abraza tu cuerpo, pero sobretodo abraza tu alama. Con tal fuerza que todo tu ser se estremece.

lunes, 24 de abril de 2017

Desde aquí arriba…

                                                 

Desde aquí arriba, la mirada se pierde en el horizonte. Puedo ver cómo la naturaleza fluye a mi alrededor, cómo el sol se refleja sobre la superficie salada de la laguna, desprendiendo miles de destellos plateados. Todo es quietud, la naturaleza no sabe de prisas.

Desde aquí arriba, puedo vislumbrar mi vida. Pasado, presente y futuro, éste ayer incierto y hoy mucho más cierto.

Puedo observar mi cuerpo, antes joven y terso. Otrora maduro. Ver todas aquellas huellas que el paso del tiempo ha ido dejando y que conforman mi historia.

Puedo sentir cómo por mis venas corre la quimio, junto con la fiebre, las nauseas, los dolores y los desesperos.

Ahí abajo puedo ver cómo transcurre la vida. Cómo mis hijos juegan felices, sonrientes, completamente ajenos al desasosiego que me inunda. 

Sus risas se confunden con el murmullo del viento, con los cantos de las  aves que sobrevuelan la laguna. Junto con ellos la brisa arrastra hasta aquí, aromas de tierra y pinos. El olor del campo.


Desde aquí arriba la vida se me antoja corta, dura e intensa. Se me presenta de múltiples colores, olores y sabores por descubrir. 

Momentos cortos o largos que conforman nuestra cotidianeidad. Recuerdos que nos alimentan por dentro y nutren nuestra memoria. Instantes que nos traen felicidad y nos ayudan a tomar impulso para conformar nuestros días.

Desde aquí arriba he descubierto un lugar privilegiado, donde el tiempo y el espacio se funden, nada condiciona ya mi posición, estoy tranquila. He aprendido a mantenerme firme y viva.

La enfermedad me colocó aquí arriba y desde aquí continuaré observando.

Desde aquí arriba, la vida se me antoja puro amor, para dar y tomar.

Porque todos somos merecedores de ello.

Como final, os confieso que escribo desde abajo, porque aún, no puedo subir las escaleras.

Un beso.

viernes, 21 de abril de 2017

El viaje.

Hoy es nuestro décimo aniversario de bodas.

Me ha parecido un buen día para contar parte de nuestra historia.


                                             


Un día ya lejano, mi marido y yo decidimos emprender un viaje.

No se trataba de un viaje cualquiera, era un viaje en busca de la maternidad y como único equipaje llevábamos nuestra ilusión. Pero resultó ser un viaje arduo, lleno de impedimentos, de negativas y de desánimo.

Yo siempre fui una de esos millones de mujeres que padecían Endometriosis. Una mujer más a la que nunca le administraron ningún tratamiento y que aguantó año tras año el dolor y las molestias de la enfermedad. Ni tan siquiera después de operarme debido a una obstrucción intestinal provocada por la misma endometriósis. Con el paso de los años llegó la infertilidad.

Nunca quise ser madre estando sola, porque me parecía demasiada responsabilidad tener que educar a otro ser humano. Pero cuando me casé la cosa cambió y para entonces ya era demasiado tarde.

Así con todo, nos pusimos de pruebas, de estimulaciones ováricas para realizar fecundaciones artificiales. Todos nos hablaban de los beneficios del procedimiento, pero nadie nos explicó los posibles efectos secundarios a largo plazo.

Me sometí a estimulaciones para ser madre, después para tratarme las enormes hemorragias mensuales que me provocaban cansancio y anemia. Hormonas y más hormonas que estoy convencida que me han llevado hasta el cáncer. Ya sé que éste no es un dato científico ni está abalado por ningún estudio, pero creo sinceramente que en mi caso ha sido así.

Al mismo tiempo que intentábamos quedarnos embarazados, decidimos solicitar la adopción de un niño nacional. Fuimos a servicios sociales a informarnos y además de la adopción, nos hablaron del programa de acogimiento familiar porque entonces ambos programas eran compatibles. Cuando volvimos entregamos las dos solicitudes para ambos programas.

Así unos meses después nos convertimos en padres de acogida, de una niña de un año, que nos hizo padres de repente. Un año después llegaría el segundo bebe de tan sólo un mes.

Al final llegó nuestro hijo biológico tras un embarazo complicado y a los dos años, nuestra hija adoptiva.

Y cuando me preguntan que si tengo hijos, siempre digo lo mismo, que no deseaba tener, pero al final he acabado siendo madre de todas las formas posibles: biológica, adoptiva y de acogida. 

¡A mí que me daba miedo educar!.

No voy a pediros que renunciéis a vuestro sueño de ser madres, pero si quiero rogaros que tengáis cuidado, que seáis lo precavidas que yo no fui.


                    


                                                                                                                Paula Cruz Gutiérrez

miércoles, 29 de marzo de 2017

Un día especial.



                                            


Hoy por fin ha salido el sol.

Llevo unos días queriendo escribir, pero el jueves pasado tuve sesión de quimio y desde entonces mi mente está adormilada. Casi incapaz de hilar dos pensamientos.

Esta vez antes del tratamiento me hicieron una analítica completa para ver cómo voy evolucionando. En cuanto la vio el doctor me felicitó porque había recuperado gran parte de los niveles que antes tenía más bajos. Quedaron por saber los marcadores tumorales porque tardan varios días en ser analizados.

Pues bien, hoy he hablado con el doctor y me ha dicho que están en niveles normales, lo que significa que la medicación funciona y que estoy mucho más cerca de llegar a la meta.

No sé cómo se habrán sentido otros enfermos al escuchar la noticia, pero yo me he sentido rara, como el día en el que me dijeron que tenía cáncer. Como desorientada, porque no en vano, llevo casi 10 meses enferma. Sé que aún me queda mucho camino por recorrer, pero al menos, veo que todo el trabajo que estoy realizando para sanarme está dando sus frutos. Por supuesto, que estoy contenta, pero es una situación rara, formada por sentimientos contradictorios que impiden disfrutar completamente de la victoria.

Han sido unos meses de catarsis personal, de búsqueda de mi yo interno, de experimentar, de aprender, de intentar dilucidar qué quiero ser y hacer a partir de ahora. Aunque he de reconocer que no he llegado a grandes conclusiones, salvo que esta etapa no la considero como como una etapa de mala suerte, más bien todo lo contrario. He descubierto que uno puede padecer una enfermedad grave y ser feliz.

Estoy aprendiendo a mirar las cosas de otro modo, más pausado e interno. Dejando que el tiempo actúe y deje cada cosa en su lugar. Pero al mismo tiempo, sin parar de mirar y buscar aquello que realmente quiero.

Hoy por fin parece que ha llegado la primavera y con ella se desplega todo un mundo de posibilidades, de cosas por hacer y de aventuras por vivir. Aunque sigan siendo en compañía de revisiones y de pastillitas de colores. Seguiremos a delante, con nuestros médicos, con los enfermeros, con las familias, con los amigos, y con todas aquellas personas que nos quieren y animan.

¡Feliz primavera y que el sol nos ilumine a todos!


Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así.