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martes, 22 de junio de 2021

CUESTIÓNATE LA VIDA.



Hace mucho que no me enfrento a una hoja en blanco. En los últimos meses no he sido capaz de que las palabras vinieran a mí y mucho menos de tener la habilidad de plasmarlas en el papel. Las palabras y las frases, son como entes con vida propia, que un buen día deciden acompañarte o por el contrario, alejarse de ti. Pero cercanas o esquivas siempre nos acompañan.

Nací curiosa, buscando, aprendiendo y siempre intentando mejorar. El crecimiento personal y mi propio autoconocimiento han sido temas que me han atraído y en los que he profundizado más a raíz de la enfermedad. Sin duda alguna, esos conocimientos adquiridos me  son de gran ayuda en el día a día, aunque la paradoja resida, en que cuanto más aprendo más consciente soy de todo lo que me queda por aprender.

Es cierto que hay veces en los que la vida me puede, entonces desciendo a los infiernos y me cuesta mantener el tipo. Pero pasado un tiempo prudencial, consigo reunir las fuerzas suficientes para poder comenzar a ascender de nuevo por las paredes del pozo. Todos tenemos días buenos y otros menos buenos.

Es entonces, cuando vuelvo a cuestionarme las cosas y a buscar respuestas para todos mis interrogantes. En ocasiones las encuentro, en otras no, a veces incluso, encuentro respuestas inesperadas que me desconciertan. Pero no es motivo para dejar de hacerme preguntas.

Mi alma eligió recorrer un camino sinuoso, de búsqueda constante fuera y dentro de mí. A mi modo de entender, ésta es la única forma de seguir aprendiendo y seguir en la búsqueda de mi verdadero yo. Ese yo que todos tenemos escondido, un yo puro, sin ego, sin las limitaciones que nos ponemos o que nos imponen a diario. Un ser divino abundante y amoroso que cuida de nosotros mismos y nos ayuda a cuidar a los demás.

Buscad a vuestro verdadero yo, está escondido en algún rinconcito de vuestro interior. Plantearos qué es lo que deseáis hacer de verdad, qué sueños teníais de niños, cuales habéis cumplido y cuales se perdieron por el camino. Ser adulto y responsable no implica renunciar a todo lo que somos y queremos. No pospongáis para mañana el comenzar a ser felices, porque tan solo existe el aquí y ahora.

Vale la alegría encontrarlo.



                                                                        Paula CRuZ Gutierrez.


 

lunes, 4 de enero de 2021

ViViR.




Comenzamos año nuevo, y con él renovamos las ilustraciones  con la esperanza de que nuestras vidas mejoren. 

Estos días inevitablemente, vuelven a mí los mismos recuerdos, los de aquellos días en los que mi vida dio un vuelvo inesperado. 

Por estas fechas hace cuatro años me encontraba en un limbo desconocido, sedada y enganchada a un respirador. Me durmieron un 24 de diciembre y desperté un 6 de enero, sin saber dónde estaba ni qué había ocurrido. Mucho menos imaginaba la que se me avecinaba. 

Desde entonces ha habido muchos avances y otros tantos retrocesos. Aprendí a escribir y leer de nuevo, a caminar, a hablar, porque después de cuarenta y cinco días paradas, mis cuerdas vocales se habían oxidado. Comencé a hacer ganchillo y a coser muñecos de fieltro para mejorar la psicomotricidad de mis manos. Y tardé un año en volver a utilizar un cuchillo. Aún recuerdo la tarde en la que conseguí darle la vuelta a  una tortilla de patatas, salté de alegría porque no podía creermelo. 

Mientras por el camino, perdí memoria, fuerza física, mi preciada habilidad con las manos, mi trabajo, muchos de los conocimientos de años de estudio y muchísimos días. 

El cáncer no se quedó conforme y volvió dos veces, entonces tuve que volver de nuevo a la casilla de salida. A día de hoy convivo con él, esperando que se aburra y decida irse para siempre. 

Han sido muchos los viajes, los médicos, los tratamientos y los malos ratos. A cambio de todo esto encontré verdaderos amigos y mucho mucho cariño. 

Hubo momentos de agotamiento en los que tiré la toalla, pero con ayuda, conseguí sacar fuerzas de donde no había para continuar. Aún me sorprende cuanto puede aguantar el cuerpo humano. Mi cuerpo en este caso. 

Pienso que cada día es como un año nuevo, porque no sabemos lo que nos depara la vida, hacer planes a largo plazo, se ha vuelto un ejercicio poco útil.  

Superar todo lo bueno y lo malo es lo que tiene estar vivo. 


                                                                         Paula CRuZ Gutiérrez. 

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Su Mejor Regalo.


Se levantó alegre, porque por fin, sabía el regalo que le pediría a Papá Noel. 

Llevaba unos días pensando y no conseguía llegar a ninguna conclusión. Buscaba algo especial, porque ya estaba cansada de que todos los años le trajera regalos materiales. No necesitaba nada en especial, al contrario, en casa tenía acumuladas demasiadas cosas innecesarias. 

¡Este año le pediría un frasquito de polvos mágicos de la aurora boreal! 

Esas auroras que embellecen las noches de invierno en Laponia. Deseaba los mismos polvitos que Santa Claus le echaba a su trineo, para que pudiera volar y poder repartir en una sola noche todos los regalos. 

Se imaginaba depositando una pequeña cantidad de aquel polvo iridiscente sobre su mano, cómo la luz del sol se reflejaba en él y brillaba con infinitos colores brillantes, irradiando su luz por toda la estancia. Y después, tenía pensado soplarlos al viento desde su venta, esperaba que volando, volando se repartieran por toda la ciudad y llevaran consigo felicidad y alegría a todos sus habitantes. 

Una vez tuviera en su poder aquel frasquito maravilloso, lo guardaría como un tesoro en un pequeño bolsillo dentro de su bolso preferido. Irían con ella allí dónde ella fuera y así, poder ir repartiéndolos sobre la mayor cantidad posible de personas y de hogares. 

Feliz Año Nuevo a todos y que la autora boreal ilumine vuestras vidas y la de vuestros seres queridos. 


                                

                                      Paula CRuZ Gutiérrez. 

lunes, 28 de diciembre de 2020

Los Culpables.

 Sabíamos que el asunto era complicado, pero no imaginábamos cuanto. A priori podríamos sospechar que hubiera un culpable ¿pero dos?
Hace casi dos meses me hicieron un estudio genético, el doctor me dijo que intentaría conseguir la mayor cantidad de información posible. Así ha sido. 

El estudio ha revelado que tengo dos mutaciones en dos cromosomas. Estas mutaciones son las responsables de que mi organismo sea incapaz de hacer frente a las células tumorales. En especial son las responsables del cáncer de mama, de ovario y de próstata, lo que no quita, que podamos desarrollar cualquier tipo de cáncer.

Pero no queda ahí la cosa, porque además, es una cuestión hereditaria. Mis ancestros me lo transmitieron con todo su amor y yo he tenido la "gran fortuna" de heredarlas y que además, el cáncer se me haya desarrollado de pleno. 

Indagando, indagando he rastreado la enfermedad hasta una bisabuela paterna, la que fuera madre de mi abuelo Luis. El apellido Jiménez es el transmisor.

¿Y qué solución hay?. Ninguna.

Una persona puede heredar las mutaciones y se por tanto portadora, pero no desarrollar la enfermedad, pero sí transmitirla a sus descendientes y que sean ellos los que enfermen. Si tienes un progenitor con estos genes "defectuosos" las posibilidades de heredarlos son del cincuenta por ciento. Una vez en tu ADN, tienes el mismo porcentaje de desarrollar un cáncer. 

Una mujer que es portadora de esta mutación, tiene siete veces más posibilidades de padecer un cáncer, que otra que no es portadora.

La semana pasada el doctor, un señor amabilísimo y muy educado, me ha ido contando de manera pormenorizada todos los detalles del estudio y de sus resultados.

Lo único positivo de esta historia, es que la nueva medicación que me están administrando ahora, funciona mucho mejor si existen las dichosas mutaciones. 

Antes de salir de la consulta el doctor me ha dado las gracias por mi ánimo. Me ha comentado que con mi actitud le he aportado un poco de ánimo, cosa que habitualmente no le ocurre en la consulta. Me ha dicho que llevaba una mañana de locos. Hay días en los que sin buscarlo, nos convertimos en la luz de alguien, otros días sucede precisamente al contrario. Le he dado las gracias junto con una sonrisa y mis mejores deseos para el año próximo. Se ha emocionado y solo le ha faltado darme dos besos. 

Me vuelvo a casa feliz, porque siempre hay gente buena que te ayuda cuando más lo necesitas. 


                                                                     Paula CRuZ Gutiérrez. 

lunes, 21 de septiembre de 2020

VoLVeMoS a La CaRReTeRa.




Me había propuesto  no escribir sobre la enfermedad, porque me parecía que ya me estaba poniendo pesada, y en ningún momento he querido serlo. Mis textos iban destinados a mi autoayuda por un lado, y por otro, a animar a quien lo pudiera necesitar . 

Pero hoy estoy de vuelta, al igual que mi amigo el cáncer. Esta mañana me han comunicado por tercera vez que vuelvo a tener varias manchas sospechosas. Cambia el continente, pero no el contenido. 

¿Porqué? Pues nadie lo sabe. Lo que está claro es que tendré que seguir de por vida con la medicación, a la espera de que los repuntes que vayan apareciendo sean fáciles de controlar.

Nuestra vida es así, vamos subidos en una montaña rusa y tan pronto estamos arriba, como corremos cuesta abajo y sin frenos. Hemos de acostumbrarnos a que el vértigo sea nuestro compañero de camino.

Y os preguntareis cómo se mantiene la paz interior en este momento, y la verdad es que no sé qué decir. Pero lo cierto es que estoy tranquila, aunque tenga la sensación de caer al vacío. Espero tener abajo una red que me sujete.  No voy a mentir, a raros me pongo nerviosa, pero seguidamente vuelvo a tranquilizarme porque sé que preocuparse no sirve de nada.

No me queda otra que aceptar y confiar.

Aunque haya sido un verano atípico, para nosotros ha sido un buen verano, lo hemos disfrutado plenamente. Y volvíamos a la carga con pequeños planes. Ahora la enfermedad me obliga a volver a aplazarlos, aunque ellos sean los que mantienen a diario mi cabeza ocupada. 

Sigo estando en las mejores manos y sé, que mis médicos no me dejarán caer el precipicio. De nuevo buscan el tratamiento que me pueda ir mejor y que me ayude a ganar tiempo.

Vuelvo a la carretera esperando que el viaje me permita contemplar el paisaje. 


                                                                        Paula CRuZ Gutiérrez. 






sábado, 20 de junio de 2020

Tu FueRZa iNTeRioR.



En un país no muy lejano del mundo civilizado, nació Catalina. Fue la segunda de tres hermanos, que junto a sus padres componían una familia de esas que se llaman tradicionales.

En casa las normas estaban claras, se obedecía a pies juntillas lo que dictaba su madre, como buena dictadora, déspota y cruel que era. Las cosas que podían hacer los niños y las que podían llevar a cabo las niñas, estaban bien separadas por una barrera ran infranqueable como invisible. 

Nuestra niña nació algo distinta, no le gustaban el color rosa, ni los pompones ni las muñecas, pero sí el fútbol. Todo esto le ocasionó desde muy pequeña problemas con sus progenitores, que no le permitían salirse ni un ápice del guión. 

Un día cuando llegó la adolescencia y su cuerpo comenzó a desarrollarse la mente de nuestra protagonista entró en barrena. No admitía ese cuerpo femenino, pero tampoco podía escapar de él. Lo mejor era aceptar que era suyo y que gracias al rechazo que le producía había sido capaz de tomar aquella solución.

Decidió volver a decirle a sus padres lo que ya sabían, pero que no querían admitir: detrás de aquel cuerpo femenino se ocultaba una mente masculina que empuja para salir.

La reacción paterna fue mucho peor de la esperada, los castigos y los insultos llegaron por doquier para intentar doblegar aquel deseo antinatural. Tuvo que ceder y la puerta se cerró de nuevo. Sin ayuda ni apoyo pensó que lo mejor sería desaparecer.

Fue entonces cuando la vida le puso de frente a gente desconocida que le hizo sacar de su interior la fuerza que desconocía tener.

Aunque las cosas no salieron como estaban previstas, todo había cambiado. Ahora sabía que tenía una ventana abierta, mucha gente que sí le apoyaba fuera de casa y que sabía que volverían a ayudarle cuando llegase la ocasión adecuada. Ahora, la fuerza se había instalado en su interior y eso nadie podría arrebatárselo. Quedaba esperar a que esa oportunidad llegara.

Pasó a de ser víctima a ser el maestro de sus propios maestros.

Y a su corta edad, dió a todos una importante lección de inteligencia, valentía y honestidad.

Moraleja: nunca dejes de ser tú ni renuncies a tus sueños, aunque algunos días parezcan inalcanzables.

Posdata: mi deseo de hoy es poder conocerlo y darle un abrazo infinito.


                                  Paula CRuZ Gutierrez. 

jueves, 18 de junio de 2020

eSCRiBiR.

El acto de escribir siempre conlleva otro acto: el de concentración y de introspección interior. No siempre uno escribe lo que tenía pensado, porque hay veces en las que la pluma y la mente se confabulan y las palabras toman su propio camino. 

Expresar y trasladar al papel lo que uno desea en ocasiones se torna complicado, mientras que en otras las palabras brotan por doquier.

Anoche escuché en una serie como un doctor le decía a su paciente, que tenía mucha suerte porque le habían detectado un cáncer de estómago en fase inicial. En ese momento pensé con ironía y tristeza, que sí que es una fortuna que te digan que tienes cáncer. ¿Qué pedazo de insensato ha escrito ese guión? ¡Qué se lo diagnostiquen a él y después veremos si escribe lo mismo y no cambia la historia!

Hoy estoy de nuevo en el hospital, a primera hora he tenido el TAC de control, antes he pasado por oncología para que me pincharon el viper (la aguja para el contraste es mucho más gruesa). Después he acudido a la consulta de Neurología. Los cuatro tratamiento que me han prescrito para el dolor de cabeza no han funcionado y los efectos secundarios han sido devastadores, incluyendo fatiga, amnesia y ciática.

La doctora ha decidido infiltrarme anestesia en el cráneo, me ha pinchado doce veces. ¿Cuantas burradas debemos aguantar?

Intento hacer un cálculo a groso modo, de cuantos pinchazos llevo desde que la diversión del cáncer empezó y no soy capaz de calcularlos. ¿Tal vez doscientos? Se me hacen pocos. Y no siento todo lo que llevo, sino lo que aún me queda.

En la cafetería he coincidido con la doctora que me diagnóstico el tumor y aunque estaba muerta de sueño porque salía de guardia, hemos tenido una conversación muy animada. Según ella mi historia es igual de bonita como de dura. El cariño siempre nos suma a todos.

Ahora tengo el ciclo de quimio y extasiada de tanta diversión volveré a casa.

Y vuelta a empezar. Los enfermos oncológicos somos como un hámster dando vueltas en la rueda. Seguimos vivos aunque estemos muy mareados y a pesar de todo sin perder el humor.



                                  Paula CRuZ Gutierrez. 






martes, 2 de junio de 2020

Adolfo.

    Hoy os deseo que paséis un buen rato con una lectura diferente.

Faltaba poco para la llegada del alba cuando la alarma comenzó a emitir sonidos. Él estiró su brazo fuera del calor de las sabanas y detuvo aquella música pausada que usaba como despertador. 

Sobre la banqueta de su dormitorio, descansaban las prendas de ropa que pulcramente, había colocado allí la noche anterior. Ropa gastada, pero muy cómoda para ir al campo. 

Intentó no darle opción a la pereza, no fuera a ser que lo atrapara, por lo que saltó de la cama medio dormido. Aún en pijama, desayunó café solo acompañado de una tostada medio quemada y un tanto triste; asearse y vestirse lo dejaba siempre para el final. 

Salió de casa en el preciso instante en el que se avistaban en el horizonte los primeros rayos de sol, encaminándose en su coche hacia el monte. Exactamente en dirección opuesta a la luz, como queriendo huir del día que estaba por llegar. 

Cada domingo desde hacía diez años seguía el mismo ritual. A su espalda cargaba una mochila con algo de ropa, agua y un poco de comida. En su mano, el viejo bastón de madera de castaño que le acompañaba siempre.  Fiel compañero de paseos y caminatas, de pensamientos y pesadumbres. 

Aquella mañana decidió tomar un camino diferente, uno que tras el río giraba hacia el norte.

Según indicaban las agujas de su viejo reloj, llevaba algo más de una hora caminando, cuando decidió parar para beber y comerse uno de los dos bocadillos que tenía. Se sentó sobre una enorme piedra de granito porque comenzaba a hacer calor, y sobre ella, un viejo roble desplegaba su sombra. Comió despacio, en silencio, observando el paisaje. Fue entonces cuando la copa de un árbol más puntiaguda que las demás le llamó la atención. Terminó rápido su comida y se puso en marcha de nuevo, decidido a encontrar aquel ciprés que contrastaba con el resto de los árboles vecinos. ¿Habría llegado solo hasta allí, o lo habría llevado alguien? Sin saber porqué, le intrigaba aquella cuestión.

Varios días atrás, había caído una gran tormenta, por lo que aún se podían apreciar charcos pequeños que brillaban al reflejar la luz solar. Si te fijabas bien, podías observar a su alrededor huellas de corzos, lobos e incluso pájaros que sin duda alguna se habían acercado a beber el agua de lluvia.

Continuó caminando durante lo que le parecido una eternidad, pensando en aquel árbol escurridizo que a veces perdía de vista, para encontrarlo de nuevo poco después.

Cada vez ascendía más y el terreno se iba haciendo más abrupto. Sus piernas estaba ya cansadas y su respiración acelerada, cuando levantó la vista y lo vio, frente a él. Allí estaba el ciprés, luciendo todo su esplendor y junto a él, curiosamente, se encontraba un rosal repleto de rosas rojas. Aquello, no hizo otra cosa que aumentar su curiosidad. Se acercó despacio y pudo ver, que tras el rosal que trepaba por la roca, había un orificio a modo de hueco. Daba la impresión de ser la entrada a una cavidad natural.

Buscó a tientas la linterna dentro de su mochila y apartando un poco las ramas traspasó aquél pequeño hueco. El interior estaba oscuro y aparentemente era solo el comienzo de una galería muy larga. Continuó caminando hacia dentro, intrigado. En un pequeño descuido, tropezó con una piedra y la linterna salió disparada hacia delante, quedó sobre el suelo iluminando lo que parecía una gran bóveda. Adolfo se quedó tan impresionado que durante unos minutos fue incapaz de levantarse del suelo.

Abrumado por lo que veía recuperó su linterna y comenzó a observar las paredes. Sin lugar a dudas, él no era el primer visitantes de aquel lugar, ya le habían precedido muchos otros, que habían ido dejando su impronta en aquellas paredes rocosas. El tiempo se detuvo y cuando Adolfo decidió salir ya no pudo, afuera la noche lo cubría todo, y una fuerte tormenta azotaba el monte agitando los árboles como si fueran fantasmas endemoniados.

Decidió que lo mejor que podía hacer era volver al interior y quedarse allí para siempre.



                                                                     Paula CRuZ Gutiérrez.



viernes, 19 de julio de 2019

La Música y LaS FieRaS.

La semana pasada estuve muy nerviosa sin saber muy bien el motivo.
En un principio, creía que era porque estaba pendiente del resultado de las pruebas para ver cómo evoluciona el tumor con el tratamiento, pero en el fondo sabía que no era eso.
En este aspecto sigo pensando que todo va bien y de hecho, he recibido buenas noticias: hemos conquistado ya medio reino.
Mi malestar venía por otro lado, pero no era capaz de identificarlo.
Hasta que caí en la cuenta de que lo que en realidad me ocurría es que he aceptado el cáncer, pero no los cambios que produce la quimioterapia en mi cuerpo. Sufro fuertes dolores de cabeza que aún no he conseguido controlar a pesar de que cada vez tengo una medicación más fuerte. El fármaco nuevo me produce pesadillas, por lo que muchas noches no descanso y durante el día estoy tan cansada, que parezco "un alma en pena".
Con esta quimio el cabello y las uñas siguen en su lugar aunque hay días que me duelen. Pero las yemas de los dedos de las manos, se han alisado y arrugado en diferentes zonas. Como resultado, mis huellas dactilares se han deformado.
Por otro lado, mi cuerpo se ha ido hinchando cada vez más, lo que me hace sentirme incómoda por un lado y deforme por otro. Me cuesta horrores ponerme el bañador del año pasado y no puedo ponerme las sandalias que compré a principios de verano, porque van abrochadas al tobillo y como están tan hinchandos no me alcanzan.
En fin, parece que he de seguir aceptando cosas además de superar algunos complejos.
El viernes por la noche mientras cenábamos en un chiringuito había música en directo y creo que era lo que necesitaba.
Un intérprete con su guitarra acústica y con una voz suave pero firme, fue interpretado clásico del pop en inglés. Era un chico joven, pero un maestro de tantos como hay por ahí anónimos. Con su guitarra y su sonrisa nos encandiló a todos. Después de un descanso comenzó con la guitarra española a tocar clásicos.
Escuchando el Concierto de Aranjuez me fui tranquilizando y la melodía me ayudó a reflexionar. Disfruté de la música y de la compañía de mi familia mientras observaba las olas incansables, chocarse una y otra vez contra la orilla.
Volví a caer en la cuenta de que cuando nos convertimos en un mar embravecido e incesante, es mejor parar y cambiar de perspectiva, para poder identificar cual es nuestro problema y así poder encontrar una solución.
Dicen que la música amansa a las fieras y yo tan sólo soy una fiera más.
                                     Paula CRuZ Gutiérrez.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Un mundo Zen.


Pensaremos que vivimos en un mundo zen, dónde todo y todos estamos relacionados.

Donde todos nos apoyamos y ayudamos en lo que sea necesario, sin dedicamos a criticar a los demás por lo que hacen o dejan de hacer. Todos somos diferentes con puntos de vista igual de diferentes. Normalmente todos hacemos lo que creemos más adecuado en cada momento, o simplemente, lo que sabemos hacer.

Pero parece que aún hay muchas personas que no han descubierto que pensar en positivo y bien de los demás, es una cosa factible y que se puede hacer sin que suponga ningún problema, ni cause trauma alguno.

Hace dos semanas, acudí al tribunal de la discapacidad en Cuenca.
Nunca pensé que yo llegaría a ser una persona discapacitada, con lo independiente que siempre he sido, pero ahora, ya me veis. Me he convertido en una persona dependiente de los demás para hacer cosas habitualmente sencillas.

Pues bien, en dicho tribunal, la médico que me atendió me trató de forma áspera, con poco respeto y ninguna empatía. Como queriendo decir que yo estaba allí porque se me había antojado ir aquella mañana. Como resultado de su consulta tan agradable, ha puesto en el informe que los dolores que padezco son imaginarios y que me recomienda acudir al psiquiatra. 

Yo le digo a esta señora que ya le gustaría a ella tener la cabeza igual de amueblada como la tengo yo y que espero que si algún día se ve en una tesitura similar, la traten mejor de lo que ella me trató a mí.

Se escapa a mi intelecto comprender porqué hay personas tan poco sensibles ni solidarias de cara al público, atendiendo a los que como yo, nos encontramos en una situación más vulnerable y en desventaja.

Tal vez estas personas estén ahí solo para que podamos apreciar mejor a las buenas personas que nos encontramos por el camino.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.


martes, 12 de septiembre de 2017

OnCoFeLiCeS.


Una mañana se le ocurrió a M. Jesús Starlich, la psicóloga del centro social de Mota, la brillante idea de juntar a un grupo de enfermos oncológicos que durante los últimos años habíamos ido pasando por su despacho.

Somos un grupo de hombres y mujeres con diferentes tipos de tumores y en diferentes estados de enfermedad, unos ya recuperados y otros en proceso de curación.

De aquella reunión en el mes de abril ha nacido la asociación Oncofelices.

Una asociación de enfermos y para enfermos oncológicos y sus familias, que pretende prestar apoyo social y psicológico directo, de enfermo a enfermo. Porque muchas veces, sólo nosotros sabemos resolver nuestras dudas, al haber pasado ya por el proceso.

Dudas que surgen sobretodo al principio, cuando te dan la noticia y no sabes cómo gestionar las emociones que te golpean duramente.

Queremos dar visibilidad a nuestra enfermedad, porque en muchas ocasiones los enfermos la viven en silencio, en casa y el dolor es mucho mayor que si se comparte con otros iguales. 

Contamos con un numero de teléfono el 645772470 donde todas aquellas personas que lo deseen nos puede llamar.

Si el interlocutor así lo desea, la llamada será totalmente anónima y confidencial. A nosotros nos nos interesan los nombres, sólo ayudar.

Nuestro radio de acción es en Mota y en los pueblos cercanos de la Comarca.

El próximo mes de octubre deseamos hacer una Presentación Oficial la que estáis todos invitados y a la esperamos que nos acompañéis.

Además, tenemos en la agenda un montón de ideas para poner en marcha, esperando que repercutan en toda la población local.

Muchas gracias a todos por ayudarnos a que ésta asociación se haga realidad y podamos ayudar a todo aquel que lo necesite.

Nuestra mayor ilusión es poder ser útiles.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.

domingo, 11 de junio de 2017

Necesitamos Tanto...


Necesitamos Amor...
Para Querernos.
Para aceptar la enfermedad y aprovechar sus enseñanzas.
Para amar la vida y nuestro camino.
Para utilizar nuestro aprendizaje en ayudar a otros semejantes.


Necesitamos Fuerza...
Para Creer.
Para hacer frente a la enfermedad y a todo el proceso.
Para sacar energía de cualquier sitio, aunque sea de un lugar recóndito y hasta ahora impensable.
Para plantar cara a los malos momentos e intentar reconvertirlos en buenos.


Necesitamos Esperanza...
Para Soñar.
Para levantarnos cada mañana pensando que el día de hoy será mejor que el de ayer.
Para pensar cada día que ya hemos superado nuestro proceso, sabiendo que somos capaces de llegar a buen puerto. Tal vez no lleguemos en las mejores condiciones, pero llegaremos.

Necesitamos Valor...
Para Volar.
Para mirar de frente a la enfermedad.
Para superar los dolores, los efectos secundarios de la medicación y las secuelas.
Para pensar que día a día, pasito a pasito se puede sanar.
Para gritar, llorar o reir cuando sea necesario.
Para animar a los que tenemos cerca cuando tienen días malos.

Necesitamos Amor, Fuerza, Esperanza y Valor para Vivir.

  

                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.

jueves, 1 de junio de 2017

La Ventana.




Cada uno de nosotros tenemos una ventana donde mirar. Si los vidrios están limpios podremos ver el paisaje, pero por el contrario, si los vidrios están sucios nuestra mirada no llegará muy lejos.

De ésto se deduce que es importante proceder a su limpieza con cierta regularidad. 

El símil de la ventana lo podemos aplicar a nuestra mente, hacer limpieza de vez en cuando de nuestros pensamientos negativos es útil y muy necesario.

Yo procuro mantener limpios mis vidrios día a día, lo que me permite ver más o menos despejado el paisaje exterior.

A través de mi ventana se aprecia un paisaje  lleno de naturaleza y color, pero está parcialmente oscurecido por una persona que hay en el centro.

Esta persona siempre está triste. Amargada a ratos por lo que no tiene y otros por lo que nunca ha tenido.

Su vida es una queja constante. No se da cuenta de que cuanto más se queje  y más piense en la vida que pudo llevar y no llevó, más se deprimirá. Repite constantemente como una letanía, que todos han tenido suerte  en  la vida menos ella.

Antes le prestaba atención y la escuchaba, pero ahora ya no lo hago, me limito a mirarla con tristeza.

No puedo ni quiero quejas a mi lado.

En éstos últimos meses muchas cosas han cambiado. Ya no le presto atención, porque sé que no se puede ayudar a quién no quiere ser ayudado.

Es cierto, que mucas veces no tenemos la vida que nos gustaría tener, pero cada uno tenemos que recorrer nuestro camino. Es un error fijarse demasiado en la vida de los demás y restar importancia a la nuestra, porque entonces surgen los celos, las envidias y el malestar personal.

Y aunque aparentemente los demás no tengan problemas y lleven una vida perfecta, en el fondo no es así. A todos nos suceden cosas buenas y cosas malas.

                                                 


Lo importante cada día es trabajar para conseguir apreciar todo lo bueno que tenemos. Hemos de aprender  a desaprender todo lo que hemos aprendido, la queja, los lamentos, las comparaciones con los demás y los "yo no puedo". 

Siempre se ha dicho que "querer es poder" y es completamente cierto. Yo soy prueba de ello.

La vida es sólo nuestra y cada uno ha de decidir cómo quiere vivirla, procurando tomar las decisiones adecuadas para no lamentarse constantemente. Y si uno se equivoca, siempre tiene tiempo de rectificar. 

Los Lamentos y la Felicidad son dos cosas incompatibles.

Nadie puede ser feliz mirando hacia afuera, si no mantiene limpio su interior. La luz y el color los tenemos dentro. 

Haced limpieza y a sed felices.


                                                                    Paula Cruz Gutiérrez.

domingo, 21 de mayo de 2017

MI CENTINELA.



Hace  tiempo  que  vivo con un centinela que vigila todos mis movimientos. Un centinela privado al que yo trato de ignorar. Permanece callado, cual soldado, esperando siempre el momento más oportuno para actuar.

Si por él fuera gobernaría mi vida, pero sabe que yo no estoy dispuesta a ello. Por lo tanto, actúa en contadas ocasiones, cuando bajo la guardia o a través de los comentarios negativos de otras personas. Entonces me atosiga, susurándome palabras de desaliento. 

Es persistente y no se rinde con facilidad. Viene despacio y me habla con su voz pausada en ese momento, yo intento no escucharle. Si lo hiciera, creo que mi vida se convertiría en un infierno, porque se apoderaría de mis pensamientos, de mis días y de mis noches. 

Entonces desaparecerían todos mis sueños, aquellos por los que trabajo todos los días, desde que me levanto hasta que me acuesto.

Mi intención es la de vivir libre, sin ataduras ni complejos. Vivir la vida con lo bueno y lo malo, con mis dudas y mis indecisiones. 

Tengo claro que uno nunca puede ser feliz si vive con temor. 

Ceder al MIEDO es perder el control. Por eso, cuando se asoma, rápidamente lo alejo, pensando que todo está perfecto.

Intentad que nunca se apodere de vosotros. 



                                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

lunes, 24 de abril de 2017

Desde aquí arriba…

                                                 

Desde aquí arriba, la mirada se pierde en el horizonte. Puedo ver cómo la naturaleza fluye a mi alrededor, cómo el sol se refleja sobre la superficie salada de la laguna, desprendiendo miles de destellos plateados. Todo es quietud, la naturaleza no sabe de prisas.

Desde aquí arriba, puedo vislumbrar mi vida. Pasado, presente y futuro, éste ayer incierto y hoy mucho más cierto.

Puedo observar mi cuerpo, antes joven y terso. Otrora maduro. Ver todas aquellas huellas que el paso del tiempo ha ido dejando y que conforman mi historia.

Puedo sentir cómo por mis venas corre la quimio, junto con la fiebre, las nauseas, los dolores y los desesperos.

Ahí abajo puedo ver cómo transcurre la vida. Cómo mis hijos juegan felices, sonrientes, completamente ajenos al desasosiego que me inunda. 

Sus risas se confunden con el murmullo del viento, con los cantos de las  aves que sobrevuelan la laguna. Junto con ellos la brisa arrastra hasta aquí, aromas de tierra y pinos. El olor del campo.


Desde aquí arriba la vida se me antoja corta, dura e intensa. Se me presenta de múltiples colores, olores y sabores por descubrir. 

Momentos cortos o largos que conforman nuestra cotidianeidad. Recuerdos que nos alimentan por dentro y nutren nuestra memoria. Instantes que nos traen felicidad y nos ayudan a tomar impulso para conformar nuestros días.

Desde aquí arriba he descubierto un lugar privilegiado, donde el tiempo y el espacio se funden, nada condiciona ya mi posición, estoy tranquila. He aprendido a mantenerme firme y viva.

La enfermedad me colocó aquí arriba y desde aquí continuaré observando.

Desde aquí arriba, la vida se me antoja puro amor, para dar y tomar.

Porque todos somos merecedores de ello.

Como final, os confieso que escribo desde abajo, porque aún, no puedo subir las escaleras.

Un beso.

jueves, 6 de abril de 2017

Mi preciado tesoro.


Al principio del proceso decidí afrontarlo sola,  sin entrar en contacto con otros enfermos. Mi cabeza ya era un caos y no quería añadir más incertidumbre con relatos de otros. Pero los más allegados no lo entendían y continuamente venían a contarme historias de otros enfermos, tenía que decirles que esas historias no me interesaban y que no me apetecía escucharlas.

Decidí darme un poco tiempo para asimilar la situación y buscar información. Considero primordial respetar el proceso interior de cada uno, todos somos diferentes y cada uno tenemos un ritmo. Yo encontré el mío. Quién sabe si más lento o más rápido que el de otras personas, pero es el mío.

Después de todo lo pasado, ya no me importa relacionarme con otras personas que hayan pasado la misma enfermedad que yo. Ahora me gusta y me alegra poder ayudar con los textos del blog. Son muchas las personas que me escriben felicitándome y dándome las gracias.

Desde que era pequeña he tenido una sensibilidad especial, que se fue acentuando con los años y que ha crecido de manera desmedida en los últimos meses. La enfermedad me ha hecho ver la vida de otra manera, de otra forma más pausada y restando importancia para todo aquello que no la tiene.

Y al mismo tiempo valorando muchas cosas a las que antes no les prestaba atención.

Sé que os estaréis preguntando qué significa ese paipai cutre de la fotografía, pues os lo contaré.

Después de realizarme la primera operación en el mes de agosto pasado, en la que me quitaron un ovario con el tumor, me provocaron la menopausia. Como resultado, me han quedado unos sofocos continuos que se repiten durante todo el día.

Estando ingresada en la uci alguien del personal me fabricó el paipai para que pudiera mitigar un poco el calor repentino que me entraba con los sofocos. Me fabricaron uno con el cartón doble, pero como había perdido toda la masa muscular, me pesaba mucho y no podía utilizarlo. Entonces me hicieron el que podéis ver en la foto.

Durante toda nuestra vida tendemos a acumular cosas y más cosas sin saber muy bien para qué, porque la mayoría de ellas no las utilizamos. Para mí durante un mes éste objeto aparentemente tan simple y feo fue mi propiedad más preciada. Fue lo único material que necesité. 

Todo lo demás me sobró.


                                                                                                                                                                                      Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 4 de abril de 2017

¿Y con los niños qué hacemos?

Con la llegada de la enfermedad se nos planteó el dilema de cuando y cómo decírselo a nuestros hijos, aún son pequeños y era difícil que lo comprendieran.
                                                                                                                                                                     
¿Y con los niños qué hacemos?

Cuando me diagnosticaron la enfermedad lo primero que pensé fue en nuestros hijos.

Hay muchas familias en las que hay niños pequeños, en éstos casos uno se plantea cual es la mejor manera de afrontar la situación.

Se tratase de una enfermedad menor, que fuese a durar poco tiempo, es obvio que podemos evitar explicárselo a los niños. Pero cuando se trata de una enfermedad grave y duradera es mejor decírselo. Aunque la solución más fácil sea ocultarlo, no es lo más recomendable porque los niños tarde o temprano se enterarán  y tal vez las conclusiones que saquen no sean las más adecuadas.

En nuestro caso, tenemos un niño de 5 años y una niña de 3. Desde el  momento en el que empecé a ir al médico para realizarme las primeras pruebas, les dijimos que íbamos al médico porque mamá tenía “pupa” en la tripa.  Cuando me operaron, el niño fue a verme al hospital y después  han ido viendo la cicatriz mientras se curaba y mi hija se empeñaba en enseñársela a las visitas. También les expliqué que debido a las medicinas que los médicos me estaban administrando, probablemente se me caería el pelo. Lo han tomado con tanta naturalidad, que presumen que su mamá esté calva.

Dentro de unos días vuelvo a entrar en el quirófano y ya les he explicado que estaremos su papá y yo unos días en el hospital para que me terminen de curar la tripa.

Como son pequeños a veces me preguntan porqué tardan tanto los médicos en curarme, yo les contesto que es un proceso lento, pero que no se preocupen que pronto me recuperaré.

Salud para todos.

sábado, 1 de abril de 2017

Humanizando la UCI.

                                    
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Día 24 de Diciembre de 2016, Hospital La Zarzuela, Madrid.

Mientras medio mundo se preparaba para celebrar la Nochebuena, yo me encontraba en el quirófano debatiéndome entre la vida y la muerte. De allí salí en malas condiciones, sin capacidad pulmonar y sedada. Del quirófano pasé a la UCI y donde permanecí un mes. Las dos primeras semanas bajo sedación, a causa de mi baja capacidad pulmonar.

Debido a la gravedad de mi estado varios  trabajadores del servicio de la UCI, pensaron que yo debía estar acompañada por algún familiar el mayor tiempo posible. Hasta ese momento las familias sólo podían acudir en los horarios cerrados de visita. No les resultó fácil convencer al resto del equipo, pero al final, consiguieron que yo pudiera estar acompañada más tiempo de lo habitual. Fue una excepción y un privilegio para mí, que a veces, nos hacía sentir incómodos con el resto de enfermos. Al fin y al cabo, todos debíamos tener las mismas atenciones.

Durante un mes desde mi cama, tuve tiempo de observar el trabajo que llevaban a cabo cada uno de los miembros del equipo, ya fueran médicos, enfermeros, auxiliares, celadores o señoras de la limpieza. Todos de una manera o de otra trataban de hacernos el día a día más llevadero posible.

Es cierto, que no todos los miembros estaban de acuerdo con que yo tuviera visita tantas horas, pero al final yo les agradecí inmensamente que lo permitieran porque para mí fue muy importante. Aunque si he de ser sincera, había momentos en los que me sentía incómoda, porque veía que otros enfermos lo necesitaban tanto como yo. Me llegaban al alma los lamentos de las señoras mayores con demencia senil llamando a sus maridos y cómo éstos, tan viejecillos como ellas, llegaban tristes a las horas de visita. Era para mí, como una pequeña tortura.

Mis pulmones al final consiguieron funcionar solos y  pasé a una habitación individual donde continué recuperándome.

Pero en la planta de abajo la idea de implantar mi modelo cuajó y el personal siguió luchando por implantarlo.

Pues bien, a partir de ahora la UCI permanecerá abierta todo el día para todos los enfermos y sus familias.

Un gran triunfo de este super grupo de personas que consideran que cuidar y atender a un enfermo es mucho más que administrar medicinas.

Gracias a ellos  serán muchas las familias agradecidas.


Y yo habré tenido el privilegio de haber sido la primera.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Un día especial.



                                            


Hoy por fin ha salido el sol.

Llevo unos días queriendo escribir, pero el jueves pasado tuve sesión de quimio y desde entonces mi mente está adormilada. Casi incapaz de hilar dos pensamientos.

Esta vez antes del tratamiento me hicieron una analítica completa para ver cómo voy evolucionando. En cuanto la vio el doctor me felicitó porque había recuperado gran parte de los niveles que antes tenía más bajos. Quedaron por saber los marcadores tumorales porque tardan varios días en ser analizados.

Pues bien, hoy he hablado con el doctor y me ha dicho que están en niveles normales, lo que significa que la medicación funciona y que estoy mucho más cerca de llegar a la meta.

No sé cómo se habrán sentido otros enfermos al escuchar la noticia, pero yo me he sentido rara, como el día en el que me dijeron que tenía cáncer. Como desorientada, porque no en vano, llevo casi 10 meses enferma. Sé que aún me queda mucho camino por recorrer, pero al menos, veo que todo el trabajo que estoy realizando para sanarme está dando sus frutos. Por supuesto, que estoy contenta, pero es una situación rara, formada por sentimientos contradictorios que impiden disfrutar completamente de la victoria.

Han sido unos meses de catarsis personal, de búsqueda de mi yo interno, de experimentar, de aprender, de intentar dilucidar qué quiero ser y hacer a partir de ahora. Aunque he de reconocer que no he llegado a grandes conclusiones, salvo que esta etapa no la considero como como una etapa de mala suerte, más bien todo lo contrario. He descubierto que uno puede padecer una enfermedad grave y ser feliz.

Estoy aprendiendo a mirar las cosas de otro modo, más pausado e interno. Dejando que el tiempo actúe y deje cada cosa en su lugar. Pero al mismo tiempo, sin parar de mirar y buscar aquello que realmente quiero.

Hoy por fin parece que ha llegado la primavera y con ella se desplega todo un mundo de posibilidades, de cosas por hacer y de aventuras por vivir. Aunque sigan siendo en compañía de revisiones y de pastillitas de colores. Seguiremos a delante, con nuestros médicos, con los enfermeros, con las familias, con los amigos, y con todas aquellas personas que nos quieren y animan.

¡Feliz primavera y que el sol nos ilumine a todos!


Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así.