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domingo, 26 de mayo de 2019

Imaginaos.

      Hace muchos años un sabio dijo que los locos son los más cuerdos. Porque gracias a esos locos el mundo se mueve, evoluciona y cambia para mejorar. Artistas y científicos locos y visionarios incomprendidos a veces.



Soy incapaz de imaginar un mundo sin luz, sin color, sin letras o sin música.


¿Un mundo sin Música, Artes Plásticas o Literatura?

Imaginaos un mundo que te impida vibrar al escuchar las notas de una canción. Esa canción que todos tenemos y que es capaz de trasladarnos a la infancia o a cualquier otro momento feliz. Que nos hace mover el cuerpo de manera inconsciente siguiendo su compás. Que nos invita a soñar y nos evade de pensamientos poco agradables.

Sin lugar a dudas, la música se inventó para superar silencios incómodos y al mismo tiempo, para evitar vivir en un mundo lleno de ruino, sin sonidos armónicos que nos alegran el oído y nos suben el ánimo.

Imaginaos un mundo sin color, siempre en blanco y negro, sin cuadros, fotografías o esculturas que nos alegren la vista y nos transmitan alegría. ¡Qué fácil es quedarse ensimismado admirando una obra de arte que nos gusta! En ese momento parece que se detiene el tiempo.

Imaginaos si no pudiéramos leer un buen libro, disfrutar con su historia, con sus protagonistas. Introducirnos dentro de su trama y convertirnos en otros personajes por un tiempo. Utilizar nuestra imaginación para trasladarnos a otros mundos reales o ficticios, donde poder imaginarnos siendo caballeros, dragones o villanos.

Imaginaos si no existieran el cine ni el teatro y nuestra vida fuera siempre igual, anodina, lineal. Donde no hubiera espacios para ir a disfrutar viendo el trabajo de otras personas, donde reírnos, donde llorar, donde evadirnos.

Mejor, dejad de imaginaros todas estas cosas horribles y comenzad a disfrutar de todas ellas, porque eso implica  estar vivos y disfrutar de la vida. 


                                                                    Paula CRuz Gutiérrez.

lunes, 5 de noviembre de 2018

¿Quién dijo que Afrodita no existe?



Me he inscrito en un curso de Creación Literaria en mi centro cultural.

Cada semana el profesor nos encarga un texto con un tema determinado. La semana pasada nos pidió que cogiéramos un Mito antiguo y lo trasladáramos al día de hoy.

Tras leer varios opté por reinterpretar el mito de Afrodita, la diosa griega del amor, la belleza y la sexualidad. 

Mientras unos intentamos buscarnos hacia dentro, otras personas viven únicamente de "cara a la galería".

Este es mi trabajo para clase. Espero que os guste.

                                         

Mi belleza es infinita. Es lo único que importa.

No sé muy bien quién estableció aquello de que al envejecer hemos de perder nuestra belleza exterior. ¿Tal vez fue la biología? Verdaderamente no me importa, lo que cuenta es que yo, a mi edad, aparento muchos años menos.

Perpetuar mi físico es mi único motivo en la vida. Sentirme bella, exultante, radiante a cualquier hora del día, da lo mismo si es por la mañana temprano o de madrugada.

Pero todo esto no se consigue fácilmente, he tenido que hacer muchos sacrificios para estar en éste lugar. Sacrificios diarios que he ido perpetuando a lo largo de los años, cada vez más intensos, a medida que la biología iba empeñándose en luchar contra mí. Y a pesar de todo, he conseguido mi meta, un camino que seguiré recorriendo pese a quien pese.

¡Cómo disfruto mirándome al espejo! ¡Cómo disfruto cuando me dicen: por ti no pasan los años! Esas palabras son miel para mis oídos.

Sé que la gente me tiene envidia. En especial otras mujeres, ellas atrapadas en sus matrimonios anodinos, piensan que soy un tanto “ligera” por ir siempre acompañada por apuestos hombres mucho más jóvenes que yo. ¡Qué se le va a hacer! Me divierto muchísimo, acudo a fiestas y ellos se muestran orgullosos colgados de mi brazo. Sí, ellos van acompañándome a mí, nunca yo a ellos. Esta es una de mis premisas cuando los contrato, incluso algunos me acompañan de manera gratuita, porque saben que les doy caché. Además, si me he sometido a un rejuvenecimiento vaginal, es para disfrutarlo. Al cuerno con las opiniones de otros.

Mañana acudiré de nuevo a la consulta del doctor para probar un tratamiento nuevo. Me han dicho que el resultado es espectacular. Tengo una pequeña arruga junto al ojo derecho que he de eliminar.
Médicos, gimnasio, ropa exclusiva, maquillajes, cualquier cosa es apropiada si me sirve para ocultar mi edad.

Mi opinión es que el mundo debería ser sólo para la gente bella, los desaliñados tendrían que caer fulminados y desaparecer del planeta.
El culto al cuerpo es mi única ocupación y cuando me vaya, me iré perfecta. En mi seguro de decesos he incluido un tratamiento de tanatoestética. Perfecta. Estaré perfecta.


                                                                                                                                                                                    Paula Cruz Gutiérrez.

jueves, 26 de julio de 2018

LoLi y su compañero.


 
Si ya de por sí es difícil asimilar que tienes cáncer, más aún si con cuarenta y cuatro años y tres hijos que dependen de ti, te dicen que te quedan entre dos semanas y dos meses de vida. Imaginaos la situación.

Loli quería hablar con alguien que hubiese estado en su misma situación. Vino a casa y estuvimos hablando tranquilas durante más de una hora. Yo le hablé de mi caso y ella vio que no siempre se cumplen las estadísticas de los médicos.

Cuando se marchó iba con una sonrisa y estaba mucho más tranquila y esperanzada.

Para mi, fue un placer poder ayudarla ese rato.

El texto que os pongo a continuación me lo envío al día siguiente de que habláramos.

                        Paula Cruz Gutiérrez.


QUERIDO COMPAÑERO.

    Desde que llegaste a mi vida me has hecho pasar mucho miedo, si, pero me has enseñado a luchar con más fuerza.

     Estoy aprendiendo a vivir contigo, hoy formas parte de mi y no voy a luchar contra ti, lucharemos juntos para curarme.

    Querido compañero, desde que llegaste estoy disfrutando de mi familia como jamás lo hice, compartiendo cada momento con más intensisidad, viviendo más momentos juntos y con más sonrisas. 

       Desde que llegaste a mi vida, se quien merece la pena, siempre, a veces y quien nunca, quien son los amigos de verdad, y darme cuenta de quien realmente me quiere.

      Gracias a ti he conocido a personas magníficas, mujeres fuertes y luchadoras que seguramente sin ti no hubieses llegado a mi vida jamás hubiese conocido.

      Querido compañero, tendremos días mejores y días peores, de momento no me puedo quejar. Me estas dejando levantarme todos los días y para mi, eso es muchísimo. Cuando estas bien no valoras lo bonito que es, tan sólo el poderte levantar, gracias a ti estoy aprendiendo a darle valor a cosas que antes para mi eran insignificantes.

     Querido compañero, hemos perdido el pelo, pero ahora no necesito ni champú ni ir a la peluquería, ni cera, ni cuchilla, ni láser.  Puedo salir corriendo a la calle sin temor de estar despeinada, que me despeine el viento, ni olvidarme el peine, ya no digo "huy vaya pelos", y tan sólo así con mi gorra o mi pañuelo me he acostumbrado a verme, por mis cejas no te preocupes, me las pinto y mis pestañas crecerán. Si mis ojos están tristes, no te preocupes, tapo mis ojos y le pinto a mi cara una sonrisa.

    Querido compañero, no te acostumbres a quedarte, pero mientras estés, aquí estaré contigo, cuando llegue el momento de irte, lloraremos juntos tu despedida y siempre me quedaré y te daré las gracias por haberme hecho más fuerte, y empezaremos a ser felices mis hijos y yo, incluso llegado el momento te diré, querido compañero, gracias por venir, no te olvido y hasta siempre.


                                                                             Loli Parra.

jueves, 10 de mayo de 2018

Encefalograma Plano.


El ser humano se empeña en vivir bajo lo que yo llamo el síndrome del encefalograma plano. 

Tiene la creencia de que si su vida se mantiene sin altibajos será feliz.

Pero ésta idea de supervivencia que llevamos impresa en el adn, es totalmente errónea, no hay mejor manera de ser infeliz que llevar una vida llena de rutina.

Es cierto que la vida a veces, se pasa con nosotros y nos trae pruebas que son difíciles de superar, pero eso es lo que al mismo tiempo nos mantiene vivos y nos ayuda a crecer. No creo que a nadie le guste tener problemas o contraer enfermedades graves, pero el enfrentarse y pensar cómo salir del atolladero nos  indica que estamos vivos y que estamos aquí para aprovechar cada momento.


No hay nada más triste que levantarse por la mañana y saber que tu día de hoy será exactamente como el de ayer. Tener los días calcados es la mayor fuente de insatisfacción.

Sin embargo, si aprovechamos las experiencias y las enseñanzas que nos traen, seremos capaces de estar a gusto con nosotros mismos y por ende, con los demás. Mejor tener un encefalograma que suba y que baje, que uno que no se mueva. Esos 

Cuando uno vive satisfecho y disfruta de las pequeñas cosas que tiene a su alrededor, no necesita irse a ningún centro comercial a comer comida basura ni a gastarse el dinero que no tiene en comprar cosas que igual luego ni utiliza. Sin embargo, si uno tiene paz interior, será feliz leyendo un libro, escuchando música o paseando. 

Los buenos placeres no tienen porqué ser caros.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


lunes, 22 de enero de 2018

Mi mente está dormida.


Mi mente sucumbió al invierno. 

Los tratamientos de quimioterapia y la fuerte medicación, fueron los hielos que la adormecieron.

La que antes era una mente brillante ahora se muestra cansada y ralentizada. Como esperando que al desaparecer las nieblas del invierno desaparezcan sus propias neblinas.

Mi boca quiere hablar, pero mi mente se niega a mandarle las palabras adecuadas.

Miro la cuchara, he pronunciado miles de veces su nombre, pero ahora de repente ni lo recuerdo ni sé cómo se pronuncia.

Lo dejo pasar.

Antes de darme cuenta me vuelve a ocurrir y vuelta a empezar.  

Deseo mantener una conversación coherente, sin vacíos ni olvidos, pero la mente y las palabras me  vuelen a fallar.

La medicación me ha afectado tanto que soy incapaz de pensar con claridad, vivo en un estado de hibernación permanente.

Cuando voy a comprar pago con tarjeta, porque me da vergüenza que vean que no sé manejar el dinero. Mi marido es el encargado de las citas y de la medicación porque yo no controlarlo.

Como la cepa espera que en primavera lloren sus sarmientos, para empezar a brotar. Así espero yo con ansiedad que los nuevos rayos de sol me devuelvan los colores y las palabras perdidas.

Es curioso que todo ésto me ocurra cuando deseo hablar, pero que no cuando escribo.

Quiero darle las gracias a Adán Israel por dejarme poner su fotografía.


                                                                                                                            Paula Cruz Gutiérrez.






domingo, 12 de noviembre de 2017

La MeNTe.



Cada vez estoy más convencida de dos cosas: que el poder de nuestra mente es ilimitado y que desgraciadamente el ser humano vive empanado, porque tan sólo utiliza una ínfima parte de ese gran poder.

Debería ser una asignatura obligatoria el que nos enseñaran a utilizar nuestro potencial mental, que junto con él, nos explicaran cómo aprender a pensar en positivo, en vez de enseñarnos a quejarnos y a ir de víctimas por la vida.

En éste último año, he sido consciente de que todo aquello que creamos en nuestra mente, se convierte en nuestra realidad. Que si agradecemos las cosas buenas que tenemos, nos vienen más cosas buenas por las que estar agradecidos. Por el contrario, si tan sólo vemos las cosas malas que nos rodean, la vida nos envía más de lo mismo para poder seguir quejándonos. Como se suele decir, es la pescadilla que se muerde la cola.

No hay personas fuertes y personas menos fuerte, tan sólo, personas que deciden aprender y personas que prefieren vivir estancadas. En el momento en el que decides tomar las riendas de tu vida para mejorarla, te llegan oportunidades para poder hacerlo. Nadie dijo que éste gran esfuerzo fuera fácil ni rápido. Como todo trabajo se necesita constancia y ánimo para hacerlo un poco mejor cada día, pero si eres consciente del premio que te espera al final, el camino se hace mucho más llevadero.

Desde el primer momento en que caí enferma abogué por mi recuperación, trabajé por ello con esmero y al final el premio ha sido recuperarme. Lo importante no es lo que los demás opinen, sino el resultado final. 

No pongo en duda que los tratamientos médicos sean eficaces, nada más lejos de la realidad, pero sí abogo porque el enfoque psicológico que tenemos influye en los resultados finales.

Creo que poco a poco deberíamos ir utilizando y sacando provecho de ese gran potencial que tenemos llamado Mente. Quizás por ello, somos los únicos animales en el planeta que tienen esa gran capacidad. Que olvidemos la "comodidad y la seguridad" que nos brinda el victimismo y comencemos a utilizar de manera útil nuestros pensamientos.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 31 de octubre de 2017

LuCHo PoR...


Hoy escribo éste texto, al hilo de una conversación mantenida ayer. 


En ella me preguntaban contra qué luchaba yo, queriendo decir qué tipo de tumor había tenido.

Yo rápidamente me apresuré a contestar que no luchaba contra nada. Ese es mi lema desde del primer momento, NO LUCHAR CONTRA NADA NI CONTRA NADIE.

Me llaman valiente, pero yo no lo soy porque no me enfrento a nada. Valientes son los soldados que van a la guerra o el personal que hacen frente a un incendio o a otra catástrofe. 

Yo me limito a luchar por y para, no contra.

Yo lucho por vivir, siempre a mi ritmo. Lucho por guardar experiencias y por cumplir sueños, porque es una manera de que mi alma sea feliz. Lucho cada día por ver crecer a mis hijos y por pasar el mayor tiempo posible con mi familia y mis seres queridos. Tiempo de calidad a su lado. Lucho, porque el día de mañana me recuerden con cariño. Lucho por ayudar a todas aquellas personas que me lo pidan, porque es bueno compartir y dar un poco de tu tiempo a los demás. Lucho, por vivir tal y como yo deseo, sin hacer daño a nadie, pero siguiendo los dictámenes de mi corazón y sin importarme lo que puedan hacer o decir el resto. Lucho, por seguir aprendiendo cosas nuevas, porque un cerebro que estudia y aprende nunca envejece. Lucho por atesorar sonrisas y besos.

Lucho, para que el día en que la muerte venga a buscarme, pueda irme satisfecha y tranquila, sabiendo que he hecho todo aquello que deseaba hacer.

Como veis aunque esté en mi sofá, no me estoy parada. Desde aquí visualizo todo aquello que quiero conseguir.

A día de hoy, me imagino a mi tumor como un ente externo a mí,  se aleja despacio, con un hatillo en un hombro y diciéndome adiós, mientras yo me despido de él enviándole un beso.

Desde el primer día en el que conocí su existencia, le he ido pidiendo que se marchara. Se lo he pedido siempre con calma y con cariño y él poco a poco ha ido retrocediendo, hasta desaparecer.
El próximo lunes tengo TAC de control y sé que éso mismo reflejará, que mi tumor ha desaparecido. Mi convinción en ello, es absoluta, no tengo ni una sola duda.

Yo ya me posicioné.
Ahora es tu turno, decide porqué luchas tú.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

jueves, 31 de agosto de 2017

LoS NiñoS

Tal vez los niños tan sólo fueran la excusa que necesitaban para continuar. Aquellas pequeñas personitas llenas de energía, que ocupaban sus días y que a ratos eran capaces de volverlos locos con su incesante actividad.

Tras sus miradas ella podía apreciar el miedo y la incertidumbre frente aquella situación desconocida para todos, pero además, incomprensible para ellos. ¿Cómo explicarles que toda su vida podía cambiar radicalmente a partir de esos momentos?. Era imposible que sus pequeñas mentes entendieran la importancia de la situación. Pero aún así, ella armada de paciencia intentaba a través de pequeñas historias contarles qué ocurría. 

Alegres por naturaleza, los niños jugaban a su alrededor y de vez en cuando se les ocurría alguna pregunta que hacer al respecto. Ella respondía acorde con el vocabulario infantil, para que resultara entendible para ellos. Pero ésto no quería decir, que llegaran a comprenderlo realmente y que dejaran de preocuparse por ver a mamá siempre en el sofá. Afortunadamente, era época escolar y entre ir a la escuela y a las actividades extraescolares, los niños pasaban la mayor parte del día fuera de casa.

Esta rutina se fue instalando en sus vidas, se aceptó como algo normal dentro de la rutina familiar, como si el que mamá estuviese enferma fuese lo más natural del mundo.

Ahora quedaba ir poco a poco recuperando las salidas y las actividades que habían quedado postergadas. Intentar dejar de lado los malos momentos y mirar al futuro con cierta alegría.

Ilusión por un futuro renovado, juntos, sin dejar atrás ninguna pieza del puzzle.

                                                                                                           Paula Cruz Gutiérrez.



sábado, 12 de agosto de 2017

vIVIR a Mi mANERA.



Un 12 de Agosto la vida me hizo un requiebro. Recibí una noticia dura y difícil de digerir. Aquella mañana una doctora de ojos marrones y sonrisa sincera, me dijo que tenía un cáncer de ovario en estado muy avanzado. Con mucha calma, nos fue explicando mil cosas, que nosotros no alanzábamos a escuchar. Nos quedamos atascados haciendo el intento de aceptar la noticia.

He intentando digerirla vinimos todo el camino de vuelta a casa, 150 km. en silencio. Cada uno ensimismado en sus pensamientos y atrapado en sus propias emociones.

Y cuando conseguí hilar dos pensamientos, pensé qué sería de mis hijos si yo no estaba, y decidí que eso no podía ocurrir.

No hubo más remedio que sumergirnos en el maremagnun de pruebas, operaciones y tratamientos que los médicos consideraron oportunos. Y con todo ello continuamos a día de hoy.

Desde aquel día de agosto, la vida me ha ido indicando el camino a seguir, unos días con más claridad y otros con menos. Pero lo importante es que he estado ahí, atenta a las señales de humo que me llegaban. Y cada mañana me dejo llevar por el día, haciendo lo que el cuerpo me permite o lo que me apetece en ese momento. Hay muchas cosas que antes me gustaban y que ahora ya no me interesan y por el contrario, he descubierto otras muchas cosas a las que antes no les prestaba atención y ahora me gustan.

Aquél requiebro me ha enseñado y traído nuevas oportunidades de vivir.

A veces pasamos por la vida de puntillas, como queriendo no hacer ruido. Eso es un gran error porque cuanto más ruido hagamos más vivos estaremos. Vivir sin más ataduras de las estrictamente necesarias. Ver dónde estamos, mirar hacia dónde queremos ir y dejar atrás aquello que nos atrasa. Escuchando siempre las señales que la vida nos envía, que además pueden venir en el momento y de la manera más inesperada.

Lo importante es vivir. No lo olvidéis nunca.


                                                                                                              Paula Cruz Gutiérrez.


                                                                                            

jueves, 1 de junio de 2017

La Ventana.




Cada uno de nosotros tenemos una ventana donde mirar. Si los vidrios están limpios podremos ver el paisaje, pero por el contrario, si los vidrios están sucios nuestra mirada no llegará muy lejos.

De ésto se deduce que es importante proceder a su limpieza con cierta regularidad. 

El símil de la ventana lo podemos aplicar a nuestra mente, hacer limpieza de vez en cuando de nuestros pensamientos negativos es útil y muy necesario.

Yo procuro mantener limpios mis vidrios día a día, lo que me permite ver más o menos despejado el paisaje exterior.

A través de mi ventana se aprecia un paisaje  lleno de naturaleza y color, pero está parcialmente oscurecido por una persona que hay en el centro.

Esta persona siempre está triste. Amargada a ratos por lo que no tiene y otros por lo que nunca ha tenido.

Su vida es una queja constante. No se da cuenta de que cuanto más se queje  y más piense en la vida que pudo llevar y no llevó, más se deprimirá. Repite constantemente como una letanía, que todos han tenido suerte  en  la vida menos ella.

Antes le prestaba atención y la escuchaba, pero ahora ya no lo hago, me limito a mirarla con tristeza.

No puedo ni quiero quejas a mi lado.

En éstos últimos meses muchas cosas han cambiado. Ya no le presto atención, porque sé que no se puede ayudar a quién no quiere ser ayudado.

Es cierto, que mucas veces no tenemos la vida que nos gustaría tener, pero cada uno tenemos que recorrer nuestro camino. Es un error fijarse demasiado en la vida de los demás y restar importancia a la nuestra, porque entonces surgen los celos, las envidias y el malestar personal.

Y aunque aparentemente los demás no tengan problemas y lleven una vida perfecta, en el fondo no es así. A todos nos suceden cosas buenas y cosas malas.

                                                 


Lo importante cada día es trabajar para conseguir apreciar todo lo bueno que tenemos. Hemos de aprender  a desaprender todo lo que hemos aprendido, la queja, los lamentos, las comparaciones con los demás y los "yo no puedo". 

Siempre se ha dicho que "querer es poder" y es completamente cierto. Yo soy prueba de ello.

La vida es sólo nuestra y cada uno ha de decidir cómo quiere vivirla, procurando tomar las decisiones adecuadas para no lamentarse constantemente. Y si uno se equivoca, siempre tiene tiempo de rectificar. 

Los Lamentos y la Felicidad son dos cosas incompatibles.

Nadie puede ser feliz mirando hacia afuera, si no mantiene limpio su interior. La luz y el color los tenemos dentro. 

Haced limpieza y a sed felices.


                                                                    Paula Cruz Gutiérrez.

viernes, 28 de abril de 2017

La Rosa de los Vientos.

    

 


    Estoy sentada a la sombra del molino.

   Mi mente fantasea pensando qué hubiese ocurrido si yo hubiera nacido en otro lugar. El Balcón de la Mancha lo llaman, porque desde aquí se puede contemplar gran parte de la extensa llanura manchega.

   Mis raíces nunca fueron demasiado profundas y un día en el que aparecieron grandes vientos para mover las aspas yo volé con ellos. No fui muy lejos, lo suficiente para que mis ansias de libertad encontraran acomodo.

    El viento me llevó de un lugar a otro y yo me dejé arrastrar. Mi alma nómada descubrió otras gentes, otras culturas y otros muchos paisajes. Los viajes, las personas que conocí fueron dejando su huella, pequeños granitos de arena con los que rellenar mis bolsillos. Algunos resultaron ser simples piedras sin pulir que me vi obligada a dejar en el camino, sin embargo, otras personas emergieron como pequeñas piedras preciosas que se acoplaron a mí a la perfección. Esas piedras brillantes aún iluminan mi presente.

   Durante mis años fuera resistí tormentas, tiempos en calma y pequeñas brisas que me acariciaron el rostro.

   Aquellos grandes vientos volvieron de nuevo para traerme de vuelta, me resistí, pero de nada me sirvió. Eran vientos huracanados y me arrastraron con fuerza.

   Volví a aterrizar en el mismo lugar, pero nada tenía que ver ya con la persona que un día voló. Había saboreado la libertad y volver al redil familiar se me antojaba imposible.

   Aquí la vida me deparó más sorpresas, porque el que es viajero e inquieto, es incapaz de permanecer cinco minutos quieto. Los vientos siempre dominaron mi vida para bien o para mal y siguen haciéndolo. Cuando me trajeron la última tormenta me vi obligada a capearla, intentando mantener la calma para que mi barco no naufragara. Ahora que remite el temporal seguiré mi marcha, inquieta por naturaleza y la vida me seguirá trayendo nuevos vientos con los que jugar.

   Hoy estoy aquí, mañana, mañana ya veremos...

 Intentaré estar atenta, para que cuando los grandes vientos vuelvan me pillen preparada para volar de nuevo.




                                                                    Paula Cruz Gutiérrez.

lunes, 24 de abril de 2017

Desde aquí arriba…

                                                 

Desde aquí arriba, la mirada se pierde en el horizonte. Puedo ver cómo la naturaleza fluye a mi alrededor, cómo el sol se refleja sobre la superficie salada de la laguna, desprendiendo miles de destellos plateados. Todo es quietud, la naturaleza no sabe de prisas.

Desde aquí arriba, puedo vislumbrar mi vida. Pasado, presente y futuro, éste ayer incierto y hoy mucho más cierto.

Puedo observar mi cuerpo, antes joven y terso. Otrora maduro. Ver todas aquellas huellas que el paso del tiempo ha ido dejando y que conforman mi historia.

Puedo sentir cómo por mis venas corre la quimio, junto con la fiebre, las nauseas, los dolores y los desesperos.

Ahí abajo puedo ver cómo transcurre la vida. Cómo mis hijos juegan felices, sonrientes, completamente ajenos al desasosiego que me inunda. 

Sus risas se confunden con el murmullo del viento, con los cantos de las  aves que sobrevuelan la laguna. Junto con ellos la brisa arrastra hasta aquí, aromas de tierra y pinos. El olor del campo.


Desde aquí arriba la vida se me antoja corta, dura e intensa. Se me presenta de múltiples colores, olores y sabores por descubrir. 

Momentos cortos o largos que conforman nuestra cotidianeidad. Recuerdos que nos alimentan por dentro y nutren nuestra memoria. Instantes que nos traen felicidad y nos ayudan a tomar impulso para conformar nuestros días.

Desde aquí arriba he descubierto un lugar privilegiado, donde el tiempo y el espacio se funden, nada condiciona ya mi posición, estoy tranquila. He aprendido a mantenerme firme y viva.

La enfermedad me colocó aquí arriba y desde aquí continuaré observando.

Desde aquí arriba, la vida se me antoja puro amor, para dar y tomar.

Porque todos somos merecedores de ello.

Como final, os confieso que escribo desde abajo, porque aún, no puedo subir las escaleras.

Un beso.

domingo, 12 de marzo de 2017

RE-Vivir!




Con éste texto comienzo ésta nueva andadura, mi propio blog. 

Los primeros textos los he ido publicando en el blog de una amiga. Es médico y un día después de mantener una conversación telefónica, me dijo que debería contar a los demás cómo estaba llevando la enfermedad. Así fue como comencé de nuevo a escribir. 

Vivir! ésto no se acaba todavía.

Un intruso decidió instalarse en mi ovario, lo hizo de manera cobarde, en silencio y nadie sabe cuándo sucedió. Vivió agazapado, parasitándome poco a poco, invadiendo toda mi cavidad abdominal. Tan sólo dio la cara cuando la gravedad ya era demasiada. Su estadío, el 4.

Al conocer la noticia me quedé en estado de shock. Y aún me mantuve así una temporada entre que me sometían a cirugía y llegaban los resultados finales. Cuando éstos llegaron hubo que tomar una decisión. En realidad fueron varias. La primera fue decidir que iba a salir adelante, que no pensaba morir.  La segunda, la de buscar toda la información y los recursos necesarios para llevar a cabo la primera idea.

En los momentos en los que el ánimo flojeaba me imaginaba la cara de mis hijos sin mí y volvía a recuperar las fuerzas.

Es complicado, pero hay que intentar tomar las decisiones adecuadas al principio, aunque lógicamente habrá que seguir tomándolas durante todo el proceso.

Yo decidí cerrar el camino a la rabia o al enfado pensando el porqué me había tocado a mí. Consideré que estas preguntas sin respuestas sólo me llevarían a meterme en una dinámica de desánimo que no me ayudaría a superar la enfermedad.

Por el contrario, decidí enfrentarme a la situación sin rencor, sin luchar contra él, porque pensé que quisiera o no, el cáncer era una parte de mí, y si luchaba contra él, lucharía contra mí misma. Por otro lado, creo que cuando luchas contra algo lo legitimizas y le das poder, yo no deseaba esto. En todo momento he querido ser yo la dueña de la situación. Nada de lucha, pero por supuesto, haciendo todo lo posible para que desaparezca, pero siempre con amor, sin darle tregua ni fuerza. La fuerte soy yo no él.

Y con ésta filosofía van pasando los meses y contra pronóstico, voy avanzando y él retrocediendo, mucho más rápido de lo esperado.





                                                                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.