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sábado, 20 de junio de 2020

Tu FueRZa iNTeRioR.



En un país no muy lejano del mundo civilizado, nació Catalina. Fue la segunda de tres hermanos, que junto a sus padres componían una familia de esas que se llaman tradicionales.

En casa las normas estaban claras, se obedecía a pies juntillas lo que dictaba su madre, como buena dictadora, déspota y cruel que era. Las cosas que podían hacer los niños y las que podían llevar a cabo las niñas, estaban bien separadas por una barrera ran infranqueable como invisible. 

Nuestra niña nació algo distinta, no le gustaban el color rosa, ni los pompones ni las muñecas, pero sí el fútbol. Todo esto le ocasionó desde muy pequeña problemas con sus progenitores, que no le permitían salirse ni un ápice del guión. 

Un día cuando llegó la adolescencia y su cuerpo comenzó a desarrollarse la mente de nuestra protagonista entró en barrena. No admitía ese cuerpo femenino, pero tampoco podía escapar de él. Lo mejor era aceptar que era suyo y que gracias al rechazo que le producía había sido capaz de tomar aquella solución.

Decidió volver a decirle a sus padres lo que ya sabían, pero que no querían admitir: detrás de aquel cuerpo femenino se ocultaba una mente masculina que empuja para salir.

La reacción paterna fue mucho peor de la esperada, los castigos y los insultos llegaron por doquier para intentar doblegar aquel deseo antinatural. Tuvo que ceder y la puerta se cerró de nuevo. Sin ayuda ni apoyo pensó que lo mejor sería desaparecer.

Fue entonces cuando la vida le puso de frente a gente desconocida que le hizo sacar de su interior la fuerza que desconocía tener.

Aunque las cosas no salieron como estaban previstas, todo había cambiado. Ahora sabía que tenía una ventana abierta, mucha gente que sí le apoyaba fuera de casa y que sabía que volverían a ayudarle cuando llegase la ocasión adecuada. Ahora, la fuerza se había instalado en su interior y eso nadie podría arrebatárselo. Quedaba esperar a que esa oportunidad llegara.

Pasó a de ser víctima a ser el maestro de sus propios maestros.

Y a su corta edad, dió a todos una importante lección de inteligencia, valentía y honestidad.

Moraleja: nunca dejes de ser tú ni renuncies a tus sueños, aunque algunos días parezcan inalcanzables.

Posdata: mi deseo de hoy es poder conocerlo y darle un abrazo infinito.


                                  Paula CRuZ Gutierrez. 

jueves, 14 de mayo de 2020

Ánimo.



A veces creemos erróneamente que  nosotros "podemos con todo". Pero aunque tengamos la predisposición adecuada, es muy difícil conseguirlo.

Pero si nos apoyamos en alguien, o incluso en varias personas a la vez, el camino suele ser más llevadero.

En estos días la vida de varios amigos  y familiares se ha convertido en una especie de tarta en la que cada una de las porciones es un problema a cual más importante. Porciones bañadas por el virus y adornadas por las guindas del confinamiento.

Estos días en los que no podemos visitarnos y hemos de relacionarnos sólo mediante el teléfono, las cosas se complican y en algunos casos incrementan la incertidumbre.

Todos estamos viviendo una situación  hasta ahora desconocida y difícil de gestionar. Es ahora, cuando nos vemos obligados a utilizar todos nuestros recursos psicológicos para no sucumbir. Y si creemos no tenerlos, buscar a alguien que nos rescate. Estos días hay psicólogos que prestan ayudar de forma desinteresada.

Es importante darse el permiso de estar triste, enfadado, desanimado, cada uno debe gestionar sus tiempos y sus dueños, sin permitir eso sí, que se enquisten y nos impidan avanzar.

Os envió todo mi ánimo.


                                  Paula CRuZ Gutiérrez.






domingo, 15 de marzo de 2020

En La PieL De uN aMiGo. Covib-19.



Me resulta fácil ponerme en la piel de un enfermo que se encuentra en una habitación de hospital, incluso de uno que esté ingresado en la UCI. Pero ponerme en el lugar de alguien que está "ingresado" con otras cinco personas en lo que antes era un almacén, se escapa a mi potente imaginación. Tan poco alcanzó a concebir lo que se debe sentir al ver al personal sanitario llorar, porque están saturados y no dan para más.  Ese personal que se supone que está ahí para ayudarnos a sanar. 

Pues esto, y mucho más, es lo que está ocurriendo estos días en el hospital público de Torrejón de Ardoz. 

Allí un amigo muy querido, se encuentra haciendo frente con incertidumbre al covib-19. Él junto a sus cinco compañeros de habitación, esperan que haya una habitación libre en las plantas de arriba, para poder ser ingresados oficialmente en el hospital y salir del limbo en el que se encuentran. 

Y yo me pregunto: ¿qué va a ocurrir cuando todas esas personas caigan exhaustas?. Porque como todo ser humano, tienen un límite. Y el día que llegue, los hospitales quedarán llenos de enfermos, pero vacíos de médicos, enfermeras, celadores, personal de mantenimiento y limpieza, de administración, de conductores, etc. 

Ánimo a todos. 

Y a mi amigo, tan sólo decirle que estamos aquí, enviándole nuestra mejor energía para que vuelva a casa, que sin duda, será pronto. 

UnBesoEnorme. 


                                  Paula CRuZ Gutiérrez. 

sábado, 7 de septiembre de 2019

DaNieL y DaNieLa.



La historia que hoy nos ocupa es la de Daniel y Daniela.

Ambos nacieron cronológicamente muy cerca, en la misma ciudad pero en familias distintas.

Daniela fue una niña esperada, desde el primer momento se convirtió en los ojitos de su padre. Ambos progenitores amaban a su hija, la apoyaba e intentaron siempre que inculcarle que debía preocuparse no sólo por ella, sino también por los demás.

La joven tuvo una infancia feliz. Acabó como pudo sus estudios de secundaria y al terminar tomó una decisión. Habló con sus padres y estos sabedores de que su hija no había nacido para ir a la universalidad, aceptaron la proposición: estudiaría un módulo de Secretariado para incorporarse a trabajar después. Y así empezó una nueva etapa. Siempre agradecida por los padres que le habían tocado en suerte.

Muy al contrario, Daniel no fue un niño esperado. El cuarto de cuatro hermanos varones, su madre lo parió a desgana. Otra vez se quedaba con el capricho de tener una hija.

Con unos padres de mentalidad cerrada y férrea, el niño fue creciendo solo, era soñador e inquieto y no le gustaba jugar con sus hermanos mayores. Nunca recibió un beso de sus padres , ni unas palabras de ánimo y si más de una bofetada por no cumplir las normas. Aquella terquedad y la lucha fratricida que mantuvo durante años con sus padres, hicieron que se forjarse en él un carácter inconformista y combativo.

Al alcanzar la madurez, decidió que debía liberarse de todo aquel dolor acumulado y tras un un gran trabajo interior, consiguió perdonar. No lo hizo por sus padres, ellos le daban igual, fue un acto de egoísmo hacia sí mismo, porque necesitaba encontrar cierta paz interior. Aunque tenía claro nunca se le olvidaría todo lo ocurrido.

Tras pasar el tiempo y trabajar mucho con su niño interior, en el fondo de su corazón surgió cierto agradecimiento, porque gracias a todo lo que le había ocurrido, se había convertido en la persona fuerte que era hoy.

Conclusión, no siempre las cosas ni las personas son como deseamos, pero siempre nos son útiles.  



                                                                        Paula CRuz Gutiérrez.

domingo, 4 de agosto de 2019

Y VoLVeR, VoLVeR a La QuiMio oTRa Vez...


Las vacaciones acabaron pronto, había que volver para recibir el siguiente ciclo de quimioterapia. Este verano se plantea así, ciclo cada quince días y entre uno y otro, los días que el cuerpo me lo permita ir haciendo alguna actividad.

El lunes fuimos al hospital como estaba programado, me hice una ecografía, subí a que me colocaran la aguja en el porta cath para la analítica y el ciclo y pasé a consulta. Una vez dentro, la doctora me dijo que tenía las defensas bajas y que no podía darme el ciclo, que debíamos esperar una semana a ver si me recuperada. Ya me habían avisado de que este nuevo fármaco de la quimio atacaba a la médula espinal, por eso había que administrar los ciclos cada cuatro semanas, no cada tres como es habitual. Como otro de los fármacos no podía esperar tanto tiempo para administrarse me lo tenían que dar cada dos. Así pues, tengo un ciclo corto cada dos semanas y otro largo cada cuatro. O lo que es lo mismo, tengo que acudir a quimio cada quince días.

Este corto espacio de tiempo entre un tratamiento y otro, impide a mi organismo recuperarse de los diferentes ciclos tan seguidos. Voy solapando efectos secundarios de unos y de otros sin solucionar librarme de ninguno. Intento consolarme pensando que el tumor va desapareciendo de nuevo y que tan sólo son unos meses, después empezaré de nuevo a recuperarme. Pero los días son largos y los dolores también, la medicación se va acumulando, mis órganos se quejan y yo también.

Habrá que resistir lo mejor que podamos hasta alcanzar la meta, pensando que ya llevamos medio camino recorrido.



                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.


miércoles, 20 de febrero de 2019

REConstruyendo edificios.


-- Pero cómo no vas a estar cansada! --me dice mi amiga Pilar -- Hazte la cuenta de que has ido a la guerra, que tu cuerpo ha sido arrasado y ahora está intentando recomponerse.

Estas palabras inspiraron este texto en clave de metáfora:



Durante muchos años trabajé en un estudio de arquitectura. Diseñaba edificios altos, donde las personas vivían sus anodinas vidas y se construían con materiales débiles, así que solían resquebrajarse y se desplomaban con facilidad.

Por dentro estaban profusamente decorados, mezclando unos estilos decorativos con otros, con la finalidad de alcanzar la belleza de los espacios. Lo importante era que sus propietarios se sintieran orgullosos de ellos. Eran edificios creados con espacios pequeños que invitaban a vivir en el exterior. Simples ciudades dormitorio.

En este estudio el ritmo de trabajo era rápido, siempre con prisas,  porque había que diseñar planos, buscar o eligir materiales. Nuestra labor era construir ilusiones.

Un fuerte descalabro me llevó a los infiernos, allí permanecí durante un tiempo, intentando sobrevivir. Tuve la posibilidad de  enfrentarme cara a cara con el miedo, con la enfermedad y con la superación. Cuando todo el proceso terminó y vi que seguía viva, me di cuenta de que ya no me interesaba trabajar allí y decidí cambiar de estudio.

En el que ahora desempeño mi trabajo, llevamos un ritmo mucho más lento, vivimos al día. Los edificios que ahora creo son más sólidos y las alturas han dado paso a la planta baja. Los materiales han sido sustituidos por otros resistentes a los seísmos, esos terremotos que a veces nos arrasan y nos obligan a volver a edificar de nuevo.

En cuanto a la decoración, también he introducido cambios, ahora esas casas buscan la comodidad, en ellas reina el minimalismo. Busco que sus dueños se sientan felices y deseen volver a casa. Diseño espacios amplios y abiertos con grandes ventanas, que inundan de luz el interior y que sirven para ahuyentar los fantasmas.

Mi ritmo ahora es infinitamente más lento, pero he aprendido a caminar sin mirar hacia atrás, cada día amanece con su tran tran particular, al que me acomodo.

Hace tiempo aprendí también a mirar hacia dentro, buscando en mi interior los ladrillos que ahora construyen mis tabiques interiores. A simple vista, pueden parecer ladrillos más simples, pero en realidad, son más fuertes y sólidos. 




                                                                    Paula CRuz Gutiérrez.

sábado, 19 de enero de 2019

Un día de Invierno.

Hace una tarde espectacular, sentada sobre un banco de piedra dejo al sol que me acaricie el rostro. A pesar de ser un día de invierno, no hace frío, incluso me he quitado el abrigo.

Aquí en el parque al cobijo de los arbustos, hace calor.

Hoy he venido de voluntaria, llegué a media mañana, y dentro de mis posibilidades, he ayudando en lo que me han pedido. Tras comer y mientras los residentes han ido a dormir la siesta he decidido volver a casa. No sin antes mantener una conversación muy agradable con una voluntaria.

Cuando me diagnosticaron el cáncer comencé un viaje intenso hacia el interior, que cada día me va llevando por senderos desconocidos. Primero me sirvió para aceptar y superar la enfermedad y así sanarme. Y ahora me lleva a buscar nuevos caminos.

Ese mirar hacia dentro para escuchar mi voz interior es lo que hoy me ha traído hasta aquí. Desde hace días tenía una voz que me repetía que tenía que venir a éste lugar. Tras hacerme la sorda otros cuantos días, he decidido venir. Era eso, o empezar a pensar que me estaba volviendo loca porque un aliem se había apoderado de mi cerebro. Aunque mi aportación de hoy haya sido pequeña, yo me voy cansada pero tranquila. 

El universo tiene sus razones para enviarnos pruebas cada día, si bien es cierto que algunas son más fáciles de superar y en otras ocasiones, lo que nos ocurre es que en ese momento nosotros no sabemos entender su significado.

Aquí estoy yo, sentada al sol, intentando entender esas señales que me mandan en clave y que aún no sé descifrar.

Y continúo agradeciendo a la vida las oportunidades que me brinda. Aunque hoy no comprenda muchas cosas sé que voy por buen camino.



                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.


miércoles, 14 de noviembre de 2018

aTRéVeTe a DiSFRuTaRLoS.



Sentada en la oscuridad sobre un banco de madera, escucho los sonidos de la noche. He decidido salir para disfrutar a solas del paisaje. 

Frente a mi, se despliega toda una paleta de colores. Allí donde mire puedo apreciar innumerables tonos ocres, amarillos, verdes o rojizos que en medio de la oscuridad de la noche, se solapan entre sí. Colores cálidos que nos regala el otoño y que nos alegran la vista y nos reconfortan el corazón.

El viento que llega hasta éste recóndito lugar rebota sobre las copas de los árboles tras chocar contra la montaña. Así, se mecen en una especie de coreografía programada, produciendo con sus hojas y ramas un sonido calmado, que me recuerda al siseo de una serpiente, sólo que más largo y continuado. Me relajo y me dejo llevar por el sonido de la naturaleza. Hasta mí llegan también, los tintineos de los cencerros de las vacas que pastan sueltas entre los robles. 

Una ligera lluvia lo humedece todo y aunque estoy bajo el porche la humedad refresca mi rostro. He llegado hasta aquí desde muy lejos,  el viento y los árboles me susurran al oído que éste es mi sitio, que pertenezco a este lugar. Escucho tranquila mis pensamientos, sabiendo que no hay nada que los contamine, mi mente está tranquila y me dejo llevar por esa voz interior que me habla con tanto cariño. No hay nada que temer, aquí nada puede hacerme daño. 

Al inspirar el aire frío entra por mi nariz, noto cómo baja hasta mis pulmones, para después volver a salir, cálido y cargado de todo aquello que no deseo. Por un momento, siento como que mi respiración se acompasa al ritmo marcado por el viento.

Aunque el ambiente es fresco, un calor repentino inunda mi interior llenándome de ánimo y energía positiva. Doy por echo que es el efecto sedante de la naturaleza y me dejo llevar.

Después de un rato a solas, decido entrar en la casa. Un hogar para personas enfermas y voluntarios que comparten sus vidas. Muchas de ellas llegaron a hasta aquí para morir y a cambio, encontraron que la vida les daba otra oportunidad. Personas valientes que nunca se rindieron y que demuestran día a día la importancia de tener fe en uno mismo y en los demás. Hemos venido a colaborar con ellos. No sé si nuestra aportación será mucha o poca, pero lo que si es cierto, es que ellos y sus historias dejarán una profunda huella en nosotros. Y también sé que pronto volveremos.

La vida tiene numerosos regalos, atrévete a disfrutarlos.

                 

                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 2 de octubre de 2018

Tener Fé.

                            Imagen relacionada

Cuando oímos hablar de Fe, siempre lo percibimos bajo connotaciones religiosas. Nuestra cultura judeo-cristiana nos ha inculcado que tener fe es confiar ciegamente en Dios.

Pero la palabra FE es mucho más amplia y engloba muchas más cosas que la adoración a un dios u otro.

Está bien creer en un ser superior pero según mi punto de vista, cada ser humano debería tener una fe ciega primero en sí mismo. En que serás capaz de llevar a cabo todo aquello que te propongas, da igual si a ojos de los demás es algo normal o algo completamente extraordinario.

Creer en uno mismo es la puerta de entrada para ser feliz, no porque sea la panacea, sino porque estar contento con uno mismo y ser coherentes nos ayuda a tener una mayor claridad mental para seguir haciendo las cosas que nos gustan y con las que disfrutamos.

Esto nos facilitará la resolución de los problemas desde otra perspectiva, buscando posibles soluciones. Algo que nos hace crecer como seres humanos.

Aprendamos a querernos a nosotros mismos y a creer en nuestro poder interior. Así seremos libres para creer si así lo deseamos en un poder superior. Pero sabiendo siempre que nunca debemos buscar fuera, porque ese poder ya está en nuestro interior.

La teoría del Holograma nos dice que "El todo contiene a la parte y la parte contiene al todo".


                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.




martes, 17 de julio de 2018

Música Por Favor...

Erase una vez una noche de verano a primeros del mes de julio. Madrid ardía como pollo en barbacoa. La ciudad y sus gentes intentaban sofocar el calor lo mejor posible.

Mientras tanto, en el otro extremo de la ciudad algo se prepara.

Por fin ha llegado la hora de salir de casa. Nos subimos al coche camino de nuestro destino.

En quince minutos hemos llegado a ese otro extremo, en la puerta nos colocan la pulsera, !por fin estamos dentro!.

El escenario está preparado y la gente se amontona frente a él. Accedemos a la tribuna de discapacitados, me siento y desde allí, observo un mar de cabezas, todas de colores y tamaños diferentes. 

La música de fondo se para, la gente se vuelve loca y comienza a gritar, silbar y a aplaudir. El sudor se mezcla con la emoción, todo explota cuando el cantante hace su aparición sobre el escenario. La música comienza a sonar, las luces estallan en mil colores y las almas comienzan a vibrar.

Miles de personas vitorean, aplauden; porque saben que la próxima hora y media será muy especial.

Desde la atalaya en la que nos encontramos, mi silla se convierte en un lugar privilegiado. Desde allí puedo contemplarlo todo.

Y una vez más, me siento afortunada porque la vida es una consecución de sueños y hoy, en ésta noche estrellada estoy cumpliendo otro de los míos.

Cuando la música invade tus venas (aunque estén quemadas por la quimio), llega a tu ADN y cada una de tus células vibra al unísono. Simplemente es inevitable no abandonarse al compás. 

Me dejo llevar, siento, vivo, canto, aplaudo.

De repente, ya no soy yo. Un torrente de energía y placer me inunda y allí sentada, con los ojos cerrados soy capaz de transportarme hasta el escenario, sobrevolando a toda aquella multitud con los brazos en alto.

El tiempo se detiene, tan solo existe la música que entra y sale, vuelve a salir y vuelta a comenzar.

¿Que si existe la felicidad?

Yo creo que sí, sólo que nunca nos enseñaron que está formada por una cadena de momentos sublimes, no es un estado perpetuo.


De pequeño me enseñaron
a querer ser mayor,
de mayor voy a aprender
a ser pequeño...

Enrique Bunbury.


                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.


sábado, 9 de junio de 2018

Un Futuro Incierto.




Uno cree que tiene su vida controlada, que día a día  y año tras año ha ido creándose una realidad  que puede gustarle o no, pero que es la suya. Creada como resultado de sus actos pasados.

Uno está ahí cómodamente sentado en su sillón, cuando de repente, alguien desconocido viene y le dice que tiene cáncer. En ese instante das un salto e intentas no caer al comprobar que el sillón ha desaparecido.

De repente, ya no existe el sillón, como tampoco existen tus vidas, ni la anterior ni futura. Un agujero negro te engulle y te ves obligado a remar fuertemente hacia arriba para impedir que te trague definitivamente. Con el paso de los días, consigues ir subiendo despacio, observando que hay pequeños agujeritos por los que entran diminutos rayos de luz. Fijas tu mirada y te aferras a ellos, pensando que más arriba, los agujeros y los rayos serán mayores; y podrás escapar por alguno de ellos.

Pero ese camino ascendente está plagado de obstáculos que te impiden avanzar tan rápido como tú desearías. Tropiezas una y otra vez, pero al final consigues salir a flote.

Es entonces cuando te das cuenta de que tu vida ya nunca será la misma. La superficie a la que has llegado es totalmente diferente de la que dejaste abajo. Es resbaladiza, lo que te impide asirte a ella con fuerza y hasta mantener el equilibrio. Tu euforia por haber conseguido llegar arriba y haber escapado de ese horrible agujero, pronto disminuye.

Al llegar no sólo compruebas que ha cambiado esa superficie, sino que el que ha cambiado profundamente eres Tú.

Ya no importan los planes que tuvieras antes de estar enfermo, ahora toca replantearse la vida por completo. Establecer nuevas prioridades, nuevos objetivos y nuevos retos. Toca aprender a vivir con las secuelas, con sus limitaciones y hacer de ellas una parte más de tu día a día, intentando que no te sobrepasen. Procurando que tus "zonas rugosas" no impidan sentir la suavidad y brillo del resto.

Ante tí, se abre un futuro incierto al que hay que mirar con esperanza, compasión y agradecimiento.



                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

domingo, 11 de marzo de 2018

Un Sol Perezoso.


Hoy me he despertado temprano, a pesar, de que anoche me costó mucho dormirme. Mi cabeza amanece igual de aturdida y dolorida que ayer. De nada me sirvió tomarme varias pastillas para intentar mitigar el dolor.
El sol esta mañana anda perezoso, con un tono amarillento raro; parece no querer despertar de su cama de nubes. Nubes que por cierto, ayer descargaron sobre nosotros toda el agua y el granizo que llevaban acumulados y que convirtieron las calles en ríos. 

Ayer fue un buen día de encuentros y reencuentros, de charlas amenas y de conversaciones tranquilas. Los niños disfrutaron jugando con sus amigos, y nosotros, charlando con los mayores.

En el auditorio se celebró el día internacional de la mujer y este año, decidieron hacer un pequeño homenaje a las ciento veinte mujeres empresarias de Mota. Con un pequeño montaje fotográfico fuimos desfilando una a una y después nos dieron una flor. Una preciosa gerbera, una de mis flores favoritas.

Es cierto que hay días que transcurren de forma abrupta, dejando huella a su paso. Pero también los hay que transcurren de forma tranquila, dándonos una tregua y dejándonos tomar aire para seguir respirando. Ayer fue uno de éstos días. 

A pesar de las inclemencias del tiempo, fue un día cálido, amoroso y especial. 

Muchas gracias a todas esas personas que estáis a mi alrededor, puede que no estéis siempre físicamente cerca de mí. Pero sé que estáis presentes, con vuestra amistad, vuestro apoyo y vuestro cariño.

Por fin parece que el sol se decide a salir y si el viento decidiese llevarse mi dolor de cabeza, el día comenzaría de una manera espectacular.

Feliz domingo a todos.


                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.





sábado, 10 de febrero de 2018

Atrévete.


Esta vez he copiado algunas palabras de un texto que me ha gustado mucho, del blog de Elida Peñalver. Dicen así:

Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, a aprender más, a hacer más y a ser mejores... entonces eres un líder.

Este mundo necesita más líderes y menos personas que nos limiten y paralicen. Necesitamos gente que nos ayude a soñar, en casa, en el trabajo, con los amigos, en la calle. 

Este mundo necesita más jefes, más padres, más madres, más amigos, más vecinos,... que impulsen a los que caminan a su lado a soñar, a aprender, a hacer cosas nuevas y a dar su mejor versión.

Pero tened cuidado y desconfiad de todos aquellos que hablan y hablan y no predican con el ejemplo. Esos no son líderes sino charlatanes.

Para ser un buen líder tienes que hacerlo tú primero. Así que atreverse a soñar, a aprender, a hacer cosas diferentes, hay que atreverse a perder el miedo, al qué dirán, a yo no sé o yo no puedo hacer eso. Claro que podemos si dejamos de lado todo aquello que nos ata y nos impide avanzar.

Piensa por un momento que se cumple el mayor de tus sueños, que es por ejemplo, viajar a Africa para hacer un safari. Imagínate cómo te sentirías si estuvieras sentado en un todoterreno viendo de cerca a los leones y a los elefantes. ¿No te parece que tu corazón estaría radiante de felicidad? ¿Entonces, porqué no luchar por conseguir ese sueño si sabes que te haría realmente feliz?.

Nuestra cultura está basada en los miedos, miedo a que el niño se caiga, miedo a que piensen que soy un poco raro, miedo, miedo. Y con el miedo transcurre la vida y no conseguimos tener nada de todo aquello que realmente deseamos. Aquello con lo que soñamos despiertos una y tantas veces.

Nuestro amigo el miedo se busca aliados para tener más poder de convicción, entonces pensamos que nosotros no somos capaces de conseguir aquello, que nunca tendremos dinero, que nunca nos curaremos, que no somos lo suficientemente listos ni guapos y un sinfín de excusas más. Que lo único que hacen es paralizarnos y dejarnos anclados en el mismo lugar. Pobre de aquél que el día de su muerte se lamente de todo lo que no se atrevió a hacer. No me imagino nada más triste.

Pero  nosotros aún estamos a tiempo de cambiar, de ir introduciendo pequeños o grandes cambios en nuestra vida que nos permitan avanzar y ser felices. El mundo está lleno de oportunidades para quien salga a buscarlas.

!!!Amigos vámonos que aquí no hacemos nada!!!


                                                                Paula Cruz Gutiérrez.


viernes, 26 de enero de 2018

El CaRRuSeL.


Más allá del yo no puedo, del yo no sé, hay un camino de esperanza. 

Un camino tal vez en ocasiones poco transitado por nosotros mismo, porque a veces nos da miedo asomarnos al abismo y ver abajo la espuma blanca, producida por las olas al chocar contra los acantilados. Entonces es cuando pensamos que no seremos capaces de llegar abajo.

Pero si resulta que arriba el peligro que se avecina es mucho mayor y amenaza con destruirnos, tendremos que tomar la decisión de  buscar una salida o de dejarnos morir.

Justo ahí es cuando aparecen esas fuerzas desconocidas, que ignorábamos que habitaban en nuestro interior y que al salir arrasan con todo lo conocido, nos empujan a escudriñar el borde del acantilado y buscar el mejor camino para bajar. Puede que sea un camino difícil, a priori imposible de recorrer, pero al ser nuestra única opción, se convierte en nuestra mejor opción

Bajo ésta premisa comenzamos a bajar, a hacer todas aquellas cosas que nunca creímos ser capaces de hacer. A tener una fuerza de voluntad desmesurada, dónde los retos nos retan y los imposibles no existen

Es cuando nos proponemos llevar a cabo las mayores locuras a ojos de los demás y nos damos cuenta de que somos invencibles salvo por las limitaciones que nosotros mismos nos imponemos.

La vida pasa de ser una historia anodina a convertirse en un carrusel de adrenalina que te arrastra arriba y abajo, abajo y arriba. 

Que te demuestra que los imposibles no existen salvo en nuestra imaginación.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.

lunes, 4 de diciembre de 2017

FeLiZ CuMPLeaÑoS.



Esta semana mi marido ha cumplido los años.

Este año lo hemos celebrado los cuatro juntos en casa. En años anteriores hemos comido acompañados, pero éste año nos apetecía celebrarlo con nuestros hijos.

Después de la escuela comimos tranquilos en casa y colocamos cuatro velas en unos pasteles que habíamos comprado. Nos los comimos contentos cantando el cumpleaños feliz, mientras brindábamos con sidra sin alcohol.

Mirando cómo los niños y mi marido cantaban y sonreían yo intentaba hacer alguna fotografía para inmortalizar el momento. Y en ése preciso momento, retrocedí  un año atrás. Como si una nave espacial me llevase a otro momento ya vivido, lleno de emoción, de esperanza y de incertidumbre. Cuando sí que celebramos los cumpleaños acompañados por más gente, mientras yo superaba los efectos secundarios de la quimioterapia y esperábamos a que llegara el día de entrar de nuevo al quirófano. Ajenos e ignorantes, sin ser conscientes de la que se nos avecinaba.

De repente sentí como si nuestra cocina fuese una cápsula del tiempo, en la que habitábamos los cuatro. Me invadió un inmenso sentimiento de estar en el lugar y en el momento adecuado, de estar en mi sitio. De no desear ir a ningún otro lugar fuera de aquellas cuatro paredes. Y entonces, mientras observaba a mi familia, surgió en mi interior un profundo sentimiento de agradecimiento. Por ver que mi marido no estaba viudo, que mis hijos seguían teniendo madre y que yo seguía aquí, a su lado. Terriblemente afortunada porque seguimos siendo una familia de cuatro miembros. Feliz porque a ratos puedo cuidar de ellos y otras veces son ellos, los que deben cuidar de mí.

Es indudable que si no hubiera sido así, que si yo hubiera muerto, ellos habrían celebrado de igual modo el cumpleaños, pero no creo que hubiese sido igual. 

Ahora después de todo lo acontecido durante éste año, celebramos cada día que seguimos adelante, celebramos mi recuperación, los cumpleaños y cualquier otra cosa que nos apetece. Celebramos la vida misma, con un plato de judías pintas y una copa de sidra. Puede que sean celebraciones discretas, sin grandes jolgorios ni mucha gente, ni con grandes menús, pero lo importante es que lo hacemos los cuatro juntos.

Y confieso que ahora que llegan las navidades me apetece celebrarlas de la misma manera. Perdernos los cuatro en algún lugar. No necesito nada más que un "fuerte abrazo en familia", como lo llaman mis hijos, cuando nos abrazamos los cuatro a la vez y nos apretamos fuerte fuerte.



                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


domingo, 26 de noviembre de 2017

Qué eS Lo MáS iMPoRTaNTe?




Alguien dijo una vez: "Intenta que lo más importante en tu vida, sea lo más importante".

Tras leerlo podemos pensar: pues vaya tontería. Pero si nos ponemos a pensar su verdadero significado, veremos que la frase aunque sencilla, tiene mucha más profundidad. 

Porque en ésta vida de locos que llevamos, en la que no nos sentamos ni nos relajamos nunca, en muchas ocasiones perdemos el norte. Perdemos la noción del tiempo y del espacio y olvidamos lo que realmente es importante para cada uno de nosotros.

Olvidamos dedicar tiempo de calidad a aquellas personas que nos importan y queremos. Pasar más tiempo con ellos y hacer cosas agradables, disfrutar de la compañía de nuestra familia y amigos, hacer comidas especiales sin necesidad de tener que celebrar nada, salvo que estamos vivos. Podemos salir a dar un paseo en su compañía o ir al cine. No hace falta hacer grandes cosas, lo esencial es hacerlas juntos.


En otras ocasiones, posponemos la realización de nuestros sueños y de todas aquellas cosas que nos gustan y distraen. Mientras pasan los años y por unas cosas o por otras nunca llegamos a realizarlas. Perdemos nuestro tiempo haciendo otras muchas cosas que no nos gustan por complacer a los demás.

Dejamos para después ese viaje que nos gustaría hacer con nuestra pareja, viaje que en muchas ocasiones nunca llegamos a realizar.

Entonces nos preguntamos: ¿Cómo he llegado hasta aquí?¿Cuando tomé la decisión equivocada para que todo me saliera mal?. En la vida no hay decisiones buenas ni malas, porque lo importante es aprender algo de ellas.

Si fuéramos conscientes de que nuestros familiares y amigos morirán al igual que nosotros mismos, no perderíamos el tiempo en tonterías. Aprovecharíamos el tiempo al máximo.

En la mayoría de los casos, no reaccionamos frente a ésta verdad hasta que nos ocurre algo verdaderamente grave. Algo que nos obliga a abrir los ojos y mirar de otra manera. Algo como una enfermedad grave o el fallecimiento de un ser cercano.

Qué bueno sería olvidar éste ritmo de locos que llamamos vida y aprender a vivirla de verdad.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


         




miércoles, 8 de noviembre de 2017

Un TAC, el Cáncer y Yo.


Hoy he conocido el resultado del TAC. En él, el radiólo indica que no hay nada destacable, que las manchas que se veían en el TAC anterior han desaparecido, ésto indica que mi cáncer y la metástasis ya se han ido.

Debería estar eufórica pero lo tenía tan asumido que no me ha sorprendido. Aunque he de confesar que he llorado al conocer la noticia, ha sido como quitarme una gran losa de encima.

Fui a hacérmelo tranquila, de buen humor y dando gracias porque todo estaba perfecto. He visualizado muchas veces ese TAC tan importante y fui sabiendo que todo saldría bien. 

Así pues, mi hígado, mis riñones, mis intestinos, mi vejiga, mi bazo, mi estómago, las paredes de mi cavidad abdominal, mi pulmón y mi pericardio están libres de la enfermedad.

Gracias al trabajo del personal médico y al trabajo ingente que he realizado y realizo con mi cabeza lo hemos conseguido. Durante éste último año, he "reseteado" mi mente por completo y ha sido mi salvación. 

Puede que tengamos problemas o que estemos pasando por una mala racha, pero si buscamos lo bueno nos será más fácil avanzar.

Ha sido un año muy difícil y complicado, pero de ésta experiencia sólo me quedo con todo lo bueno que he aprendido y con toda la gente buena que he conocido.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 7 de noviembre de 2017

ESoS DoLoReS Que Me MaTaN.





Desde hace varios días, mi cuerpo arrastra un cansancio que no es normal (o tal vez sí). Mis ojos son incapaces de abrirse cuando suena el despertador por la mañana y he de levantarme para despertar a los niños. Así pasa, éstos dos últimos días han llegado de los últimos al colegio.

Pero ese cansancio que arrastro se acentuó mucho más ayer. Un cansancio demoledor que me impedía abrir los ojos y que me obligaba a caminar arrastrando los pies. No se si será cosa sólo de mi organismo o influirá algo el que por fin haya cambiado el tiempo. Pero lo cierto es que me duelen todos los huesos y cada una de mis articulaciones.

Mi baja energía se hace más notoria en compañía de mis hijos, porque mi energía al lado de la suya es nula. Su corta edad hace que sean incombustibles.

Hoy al levantarme, me he dado cuenta de que no podía caminar. No puedo flexionar la rodilla izquierda, el dolor es tan fuerte que me entran ganas de llorar. Me he tomado un calmante fuerte, pero aún así el dolor persiste y me he pasado la mayor parte del día en el sofá, incapaz de poder moverme. Mi día de hoy ha pasado con más pena que gloria.

Ha llegado la noche y lo único que espero es levantarme mañana mejor. Que éste dolor se vaya tan de improvisto como ha venido.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.




martes, 31 de octubre de 2017

LuCHo PoR...


Hoy escribo éste texto, al hilo de una conversación mantenida ayer. 


En ella me preguntaban contra qué luchaba yo, queriendo decir qué tipo de tumor había tenido.

Yo rápidamente me apresuré a contestar que no luchaba contra nada. Ese es mi lema desde del primer momento, NO LUCHAR CONTRA NADA NI CONTRA NADIE.

Me llaman valiente, pero yo no lo soy porque no me enfrento a nada. Valientes son los soldados que van a la guerra o el personal que hacen frente a un incendio o a otra catástrofe. 

Yo me limito a luchar por y para, no contra.

Yo lucho por vivir, siempre a mi ritmo. Lucho por guardar experiencias y por cumplir sueños, porque es una manera de que mi alma sea feliz. Lucho cada día por ver crecer a mis hijos y por pasar el mayor tiempo posible con mi familia y mis seres queridos. Tiempo de calidad a su lado. Lucho, porque el día de mañana me recuerden con cariño. Lucho por ayudar a todas aquellas personas que me lo pidan, porque es bueno compartir y dar un poco de tu tiempo a los demás. Lucho, por vivir tal y como yo deseo, sin hacer daño a nadie, pero siguiendo los dictámenes de mi corazón y sin importarme lo que puedan hacer o decir el resto. Lucho, por seguir aprendiendo cosas nuevas, porque un cerebro que estudia y aprende nunca envejece. Lucho por atesorar sonrisas y besos.

Lucho, para que el día en que la muerte venga a buscarme, pueda irme satisfecha y tranquila, sabiendo que he hecho todo aquello que deseaba hacer.

Como veis aunque esté en mi sofá, no me estoy parada. Desde aquí visualizo todo aquello que quiero conseguir.

A día de hoy, me imagino a mi tumor como un ente externo a mí,  se aleja despacio, con un hatillo en un hombro y diciéndome adiós, mientras yo me despido de él enviándole un beso.

Desde el primer día en el que conocí su existencia, le he ido pidiendo que se marchara. Se lo he pedido siempre con calma y con cariño y él poco a poco ha ido retrocediendo, hasta desaparecer.
El próximo lunes tengo TAC de control y sé que éso mismo reflejará, que mi tumor ha desaparecido. Mi convinción en ello, es absoluta, no tengo ni una sola duda.

Yo ya me posicioné.
Ahora es tu turno, decide porqué luchas tú.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.