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martes, 30 de octubre de 2018

SoBRe La HieRBa.

Este texto lo escribí este verano, hoy lo comparto con vosotros.



Es la hora de la siesta, el calor aprieta y la morriña nos acecha. Los niños dormitan sobre unas toallas.

Tumbada sobre la hierba en el borde del río, intento concentrarme en la humedad que sube por mi espalda, en el rumor del agua y en el trinar de los pájaros.

Observo cómo pasan las nubes; con mis manos toco las hojas alargadas y ásperas del césped, junto con las hojitas planas y redondeadas del trébol. Cada hoja con una forma, con su tamaño y su propia textura.

Sobre nosotros, el cielo parece acercarse por momentos, el color azul está jaspeado de tonos blancos, parece un puzle compuesto por pequeñas nubes que lo surcan.

Puedo ver como vuelan las golondrinas, en su ir y venir comiendo insectos. Más arriba en una corriente de aire, nos sobrevuelan una grupo de buitres, planeando en giros casi imposibles.

Necesitábamos salir de la rutina diaria. Ha sido lo mejor decisión que podíamos tomar, aunque confieso que mi energía últimamente ha disminuido de manera considerable.

Estamos haciendo turismo de manera tranquila. La serranía de Cuenca es un lugar para visitar despacio.

De guía turístico llevamos a mi marido, se conoce bien la zona y disfruta enseñándonosla. Este viaje es una excusa para reencontrarse con gente a la que hacía años que no venía. Ya que antes de conocernos, trabajó aquí durante cuatro años.

Cierro los ojos y me dejo llevar por el rumor del agua.




                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.


jueves, 10 de mayo de 2018

Encefalograma Plano.


El ser humano se empeña en vivir bajo lo que yo llamo el síndrome del encefalograma plano. 

Tiene la creencia de que si su vida se mantiene sin altibajos será feliz.

Pero ésta idea de supervivencia que llevamos impresa en el adn, es totalmente errónea, no hay mejor manera de ser infeliz que llevar una vida llena de rutina.

Es cierto que la vida a veces, se pasa con nosotros y nos trae pruebas que son difíciles de superar, pero eso es lo que al mismo tiempo nos mantiene vivos y nos ayuda a crecer. No creo que a nadie le guste tener problemas o contraer enfermedades graves, pero el enfrentarse y pensar cómo salir del atolladero nos  indica que estamos vivos y que estamos aquí para aprovechar cada momento.


No hay nada más triste que levantarse por la mañana y saber que tu día de hoy será exactamente como el de ayer. Tener los días calcados es la mayor fuente de insatisfacción.

Sin embargo, si aprovechamos las experiencias y las enseñanzas que nos traen, seremos capaces de estar a gusto con nosotros mismos y por ende, con los demás. Mejor tener un encefalograma que suba y que baje, que uno que no se mueva. Esos 

Cuando uno vive satisfecho y disfruta de las pequeñas cosas que tiene a su alrededor, no necesita irse a ningún centro comercial a comer comida basura ni a gastarse el dinero que no tiene en comprar cosas que igual luego ni utiliza. Sin embargo, si uno tiene paz interior, será feliz leyendo un libro, escuchando música o paseando. 

Los buenos placeres no tienen porqué ser caros.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


martes, 20 de marzo de 2018

Libre Como el Viento.




TODOS LOS SERES HUMANOS NACEMOS LIBRES.

Esta es una ley que todos deberíamos recordar.

Unos seremos hombres o mujeres, unos tendremos más educación que otros, más estudios o más dinero. Unos habremos recorrido más mundo y otros menos, unos tendremos la mentalidad más dispuesta para aprender cosas nuevas, otros serán mucho más reacios. Pero lo importante es que todos somos iguales.

Nadie nunca debería creer que tiene el derecho de someter a los demás, de decirle a otra persona lo que tiene que hacer o de prohibirle ver a las personas que desee ver.

Pero desgraciadamente hay personas que a veces confunden el amor con la posesión, los celos con amar o la posición económica con ser superiores a otros.

Cuando alguien tiene el propósito de doblegarte, de dejarte aun lado aislándote de los demás, de prohibirte hacer las cosas que te gustan o simplemente de impedirte desarrollarte como ser humano, lo mejor es que te alejes.

Con los años he aprendido que para que haya un maltratador, es imprescindible que haya una persona que se deje maltratar. Es primordial que cuando veamos que alguien nos quiere manipular nos neguemos a aceptarlo. Siempre nos lo pintarán muy bien, nos dirán que nos quieren y que no pueden vivir sin nosotros, pero éso es cualquier cosa menos amor. 

Cuando alguien te insulta o te dice que no sirves para nada por el hecho de ser mujer, simplemente está reflejando su yo interno. Si esa persona se siente inferior, para sentirse mejor, intentará por todos los medios atacar a otra persona para así sentirse más fuerte. Cuando en realidad, lo único que refleja es su propia cobardía a enfrentarse a la situación o a otra persona, que tal vez a él le esté haciendo lo mismo.

Si alguien en un momento dado, empieza a sentirse atacado, que no lo deje pasar. El tiempo no cura nada, al contrario, lo empeora todo. Y aunque al principio todo comience despacio, con el tiempo se agrava. Al final, te ves encerrado en una espiral de la que no puedes salir, sólo porque el primer día no supiste decir basta. No te dejes chantajear, que el miedo no te impida tener la vida que desees. En tu interior escondida está toda esa fuerza que necesitas para escapar, sólo necesitas encontrarla y volar.

Por ello, es importante proteger a las víctimas, pero es aún más importante mentalizarnos de que todos somos iguales. Que hay límites en la libertad de las personas en los que nadie tiene derecho a pasar. 

Y si la persona que tienes a tu lado no te gusta como es, en vez de querer cambiarla intenta comprenderla y déjala marchar. 

Que el miedo no gobierne tu vida porque nadie es el propietario de nadie.

El amor es simplemente, LIBERTAD.

                                                            
                                                                         Paula Cruz Gutierrez.


sábado, 13 de enero de 2018

el BLoG.




Ya sabéis que comencé con la escritura como terapia, para ir soltando todo aquello que de un modo o de otro me atormentaba con ésta enfermedad. Ya hace más de un año que comencé ésta aventura y aunque ahora escribo con menos frecuencia que antes, sigue siendo para mí, una prioridad. 

Aún así, desde el primer momento me ha sorprendido gratamente vuestra respuesta, porque no pensé que mis desvaríos pudieran interesar y ayudar a tantas personas.

Cuando veo que he tenido visitas desde la India, Rusia, Corea o Hong Kong, me parece mentira. Entiendo que me lean personas de Europa o América Latina, porque al fin y al cabo tenemos un idioma en común o una cultura más o menos cercana. Pero cuando hay personas que me leen desde culturas tan diferentes a la nuestra no deja de parecerme curioso y confieso que me hace sonreír.

Es otro motivo más para estar contenta, para dar gracias por todas las cosas buenas que me han ocurrido éste último año y que paradogicamente han venido a causa del cáncer.

Una enfermedad que aunque en un principio parece una maldición, después puede llegar a convertirse en un aliado más de vida. 

Mi querida amiga Isabel, dice que éste ha sido uno de sus mejores años, que ha hecho muchas cosas que trabajando no hubiese podido hacer y que ha estado rodeada en todo momento de gente que la ha querido y la ha mimado. Suscribo sus palabras.

La gente que siempre ha estado cerca ha continuado estándolo y además, he podido constatar que hay otro gran número de personas que me aprecian y me animan. Mil gracias a todos.

                                           
                                                                                                              Paula Cruz Gutiérrez.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Feliz 2018.



Ahora sí que sí, queda poco tiempo para que acabe el 2017 y comencemos a recorrer el camino del 2018.

Creo que todos compartimos la sensación de dejar atrás parte de nuestra vida. Porque aunque un año se nos antoje corto, son muchas las vivencias que caben en él.


Dejamos atrás, buenos y malos momentos, unos ratos que nos han hecho reflexionar y otros que han pasado inadvertidos. En todo caso, han sido lecciones de vida que cada uno tomará como quiera.


Deseo daros las gracias, por acompañarme durante éste último año en el que la vida tanto me ha cambiado. Han sido 365 días de aprendizaje forzoso y estoy muy contenta de los logros que he conseguido.


Gracias por vuestra compañía, por vuestro apoyo. Sin todos los que me habéis acompañando nada hubiese sido lo mismo.


Gracias a la escritura y con ella al blog, porque no hubiese podido encontrar mejor terapia.


Os deseo de todo corazón, que el próximo año os traiga todo aquello que anhelais y si la vida os manda alguna mala pasada, que tengáis fuerza y sabiduría para aceptarla.


Feliz 2018 a todos y que la fuerza nos acompañe.


Un millón de besos.

                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.

domingo, 17 de diciembre de 2017

La peque crece.


Hace unos días nuestra hija cumplió cinco años.

Parece mentira que hayan pasado cuatro años desde aquella mañana fría de invierno cuando fuimos a recogerla. Tuve que llamar por teléfono para decirles que era probable que llegásemos tarde porque nevaba mucho e íbamos despacio detrás de una máquina quitanieves.

Al final, conseguimos llegar a la hora acordada.

Cuando llegamos, allí estaba ella con sus dos moñitos y su cara traviesa. Fuimos durante tres días consecutivos para que nos conociera y por fin pudimos traerla a casa.

Ayer tuvo su primer examen de taekwondo, estaba radiante y nerviosa con su traje nuevo. Fuimos a verla mientras se examinaba y al terminar a pesar de ser de las más pequeñas, partió la tabla de un golpe seco. 

Ya no tiene los dos moñitos, pero sí la misma cara y los mismos hechos desde el día que llegó. Es inquieta por naturaleza, inteligencia pura, cabezota y cariñosa. Cuando la conocimos no soportaba que nadie la abrazase ni le diese un beso, ahora es ella la que viene a dárnoslos.

Nuestros hijos como es normal van creciendo y yo estoy contenta de ir viéndolo.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.




martes, 5 de diciembre de 2017

EL PeRRo.


Desde muy pequeña me gustan los animales. Por alguna razón que desconozco siempre he sido abogada de causas difíciles y he tenido la necesidad de ayudar a animales desvalidos. Esto me llevó a adoptar perros, pájaros, peces o gatos. Hemos tenido mil y un animales. Ha habido épocas en las que nuestra casa parecía un zoológico y si no tenemos más es por falta de espacio. Me encantaría tener gallinas para no tener que comprar huevos.

Últimamente no sé muy bien porqué, siento la necesidad de coger otro perro. Ya tenemos uno de tamaño mediano-grande que lleva con nosotros ocho años. Pero ahora, se me ha metido en la cabeza traer otro de tamaño mini. He ido mirando en diferentes protectoras y me han gustado varios, pero al final, no me decidido a llamar a preguntar por ninguno. Porque por otro lado, pienso que ya tenemos un perro y que otro sólo nos dará más trabajo. Pero ésta auto excusa no termina de convencerme.

Dependiendo del día pienso una cosa u otra y al final no consigo ponerme de acuerdo conmigo misma. Lo que me genera cierta ansiedad por no ser capaz de decidirme.

Total, que así van pasando los días y yo sigo con mi rurun en la cabeza. Escuchando a una vocecilla que me dice que adelante y luego escuchando a otra que me dice que ni se me ocurra.

Al final, un día vi un perrillo en una protectora que me gustó, les envié un email para preguntarles por él, pero nunca contestaron.

Después vi otro en una protectora cerca de casa y volví a intentarlo. Esta vez si me respondieron y la persona que me contestó me envió una foto de otro perro que según ella se adaptaba mejor a nuestras necesidades. !Juro y perjuro que yo no pido un perro con glamour¡ Pero al verlo, no supe si reírme o llorar ¿Cómo demonios podía ser tan feo?. !!Socorro, si era cómo una rata electrocutada.¡¡.Que el universo me perdone por fijarme únicamente en el exterior y no en la belleza interior, pero es que no puedo. Seguro, que con una mano de champú y unos rulos queda niquelado, pero es taaaaaan feo.

En fin, que ahora se me han quitado las ganas.

                                                                                                                                                                                     Paula Cruz Gutiérrez.

lunes, 4 de diciembre de 2017

FeLiZ CuMPLeaÑoS.



Esta semana mi marido ha cumplido los años.

Este año lo hemos celebrado los cuatro juntos en casa. En años anteriores hemos comido acompañados, pero éste año nos apetecía celebrarlo con nuestros hijos.

Después de la escuela comimos tranquilos en casa y colocamos cuatro velas en unos pasteles que habíamos comprado. Nos los comimos contentos cantando el cumpleaños feliz, mientras brindábamos con sidra sin alcohol.

Mirando cómo los niños y mi marido cantaban y sonreían yo intentaba hacer alguna fotografía para inmortalizar el momento. Y en ése preciso momento, retrocedí  un año atrás. Como si una nave espacial me llevase a otro momento ya vivido, lleno de emoción, de esperanza y de incertidumbre. Cuando sí que celebramos los cumpleaños acompañados por más gente, mientras yo superaba los efectos secundarios de la quimioterapia y esperábamos a que llegara el día de entrar de nuevo al quirófano. Ajenos e ignorantes, sin ser conscientes de la que se nos avecinaba.

De repente sentí como si nuestra cocina fuese una cápsula del tiempo, en la que habitábamos los cuatro. Me invadió un inmenso sentimiento de estar en el lugar y en el momento adecuado, de estar en mi sitio. De no desear ir a ningún otro lugar fuera de aquellas cuatro paredes. Y entonces, mientras observaba a mi familia, surgió en mi interior un profundo sentimiento de agradecimiento. Por ver que mi marido no estaba viudo, que mis hijos seguían teniendo madre y que yo seguía aquí, a su lado. Terriblemente afortunada porque seguimos siendo una familia de cuatro miembros. Feliz porque a ratos puedo cuidar de ellos y otras veces son ellos, los que deben cuidar de mí.

Es indudable que si no hubiera sido así, que si yo hubiera muerto, ellos habrían celebrado de igual modo el cumpleaños, pero no creo que hubiese sido igual. 

Ahora después de todo lo acontecido durante éste año, celebramos cada día que seguimos adelante, celebramos mi recuperación, los cumpleaños y cualquier otra cosa que nos apetece. Celebramos la vida misma, con un plato de judías pintas y una copa de sidra. Puede que sean celebraciones discretas, sin grandes jolgorios ni mucha gente, ni con grandes menús, pero lo importante es que lo hacemos los cuatro juntos.

Y confieso que ahora que llegan las navidades me apetece celebrarlas de la misma manera. Perdernos los cuatro en algún lugar. No necesito nada más que un "fuerte abrazo en familia", como lo llaman mis hijos, cuando nos abrazamos los cuatro a la vez y nos apretamos fuerte fuerte.



                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


miércoles, 29 de noviembre de 2017

uN CuRSo De eSCRiTuRa.






A partir de hoy comienza una nueva etapa. Hasta ahora mi método de escritura no era otro que ir contando lo que me iba ocurriendo de la manera más amena posible. 

Hoy me he inscrito en un curso on line de escritura creativa para aprender a escribir bien.

Lo cierto es que soy muchos los que me habéis dicho que porqué no escribo un libro con todos los textos. Y la verdad es que  me gustaría mucho hacerlo, pero no conozco a ningún editor que quiera publicarmelos. Se que está la opción de la autoedición, pero no me convence. No quiero costear yo la edición del libro y luego tener que llevarme los volúmenes a casa para su venta. Deseo encontrar un editor que me lo publique y se encargue posteriormente de su distribución.

Con éste curso espero aprender muchas cosas útiles para seguir escribiendo, aprender a escribir textos con calidad y que les gusten a los lectores, aunque ya sé que lo que escribo os gusta. Estoy convencida de que si uno quiere hacer alguna tarea bien, antes ha de prepararse y estudiar para ello.

Siempre me ha gustado escribir y en éste último año en el que la escritura se ha convertido en mi terapia, creo que ha llegado la hora de aprender más sobre el tema y hacerlo mejor.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Mi MaMá TieNe CáNCeR.









Afrontar las cosas con la mayor normalidad posible es primordial.

No sobreproteger a nuestros hijos es necesario para que se conviertan en personas mentalmente sanas.

Esto último no implica que debamos dejar que se partan la cabeza, pero sí es cierto, que no pasa nada si se dan un golpe y los dejamos que se levanten solos. Tienen que aprender a caer y a levantarse sin que nosotros estemos allí en el papel de "salvadores".

Considero que si de pequeños nos les dejamos correr riesgos, asumirán que no correrlos es lo correcto y de mayores se comportarán de la misma forma.

Por suerte o por desgracia, según como lo interprete cada lector, una enfermedad grave en uno de los progenitores, obliga a los niños a madurar más deprisa. Comienzan a ver desde pequeños situaciones que tal vez no verían hasta que fueran mucho más mayores. 

Si a mi hijo alguien le pregunta qué le ocurre a su mamá, el responderá: pues mi mamá tiene cáncer. Contestará a la pregunta con la misma normalidad que quien contesta que su mamá tiene un catarro. Desde el principio de mi enfermedad, les hemos ido explicando lo que me ocurría, intentando en todo momento explicárselo con un vocabulario fácil que pudieran comprender.

Afortunadamente, mi hijo dentro de su inocencia, no asocia la palabra cáncer con muerte. Porque en éste caso yo no he fallecido.

La semana pasado tuve dos días muy malos, me sentía agotada. Mi cuerpo debía estar haciendo algún trabajo interior y destinaba toda su energía a curarse por dentro. De tal manera, que a mí físicamente no me quedaba energía.

El martes después de comer me eché la siesta para ver si descansaba. Cuando llegó mi hijo a despertarme me dí cuenta de que no podía moverme. Por más que lo intentaba, no podía mover las piernas ni los brazos de lo cansaba que estaba. Entonces, opté por decirle que le dijera a papá que no podía moverme y que llamara a la grúa. De ésta forma, él se fue contento a llamar deprisa a su padre. Yo podía haber optado por lamentarme porque no podía moverme y hacer un drama de todo aquello delante de él, sin embargo no quise. Cuando llegó mi marido me levantaron de la cama entre los dos entre risas y para él fue una cosa de lo más normal. Sin dramatismos ni victimismos.

Aunque los niños no han llegado a saber el alcance real de mi enfermedad, han sido conscientes en todo momento de que la cosas habían cambiado mucho. De que mamá necesitaba ayuda para poder hacer muchas cosas. Hay una enorme diferencia de ver a mamá siempre activa y de verla ahora durante tantos meses tumbada en el sofá. Ellos aunque sean pequeños saben que estoy enferma y me ofrecen su ayuda en todo momento.

Para mí eso es una grandisima satisfacción porque demuestra una cosa: todo lo que me quieren.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 31 de octubre de 2017

LuCHo PoR...


Hoy escribo éste texto, al hilo de una conversación mantenida ayer. 


En ella me preguntaban contra qué luchaba yo, queriendo decir qué tipo de tumor había tenido.

Yo rápidamente me apresuré a contestar que no luchaba contra nada. Ese es mi lema desde del primer momento, NO LUCHAR CONTRA NADA NI CONTRA NADIE.

Me llaman valiente, pero yo no lo soy porque no me enfrento a nada. Valientes son los soldados que van a la guerra o el personal que hacen frente a un incendio o a otra catástrofe. 

Yo me limito a luchar por y para, no contra.

Yo lucho por vivir, siempre a mi ritmo. Lucho por guardar experiencias y por cumplir sueños, porque es una manera de que mi alma sea feliz. Lucho cada día por ver crecer a mis hijos y por pasar el mayor tiempo posible con mi familia y mis seres queridos. Tiempo de calidad a su lado. Lucho, porque el día de mañana me recuerden con cariño. Lucho por ayudar a todas aquellas personas que me lo pidan, porque es bueno compartir y dar un poco de tu tiempo a los demás. Lucho, por vivir tal y como yo deseo, sin hacer daño a nadie, pero siguiendo los dictámenes de mi corazón y sin importarme lo que puedan hacer o decir el resto. Lucho, por seguir aprendiendo cosas nuevas, porque un cerebro que estudia y aprende nunca envejece. Lucho por atesorar sonrisas y besos.

Lucho, para que el día en que la muerte venga a buscarme, pueda irme satisfecha y tranquila, sabiendo que he hecho todo aquello que deseaba hacer.

Como veis aunque esté en mi sofá, no me estoy parada. Desde aquí visualizo todo aquello que quiero conseguir.

A día de hoy, me imagino a mi tumor como un ente externo a mí,  se aleja despacio, con un hatillo en un hombro y diciéndome adiós, mientras yo me despido de él enviándole un beso.

Desde el primer día en el que conocí su existencia, le he ido pidiendo que se marchara. Se lo he pedido siempre con calma y con cariño y él poco a poco ha ido retrocediendo, hasta desaparecer.
El próximo lunes tengo TAC de control y sé que éso mismo reflejará, que mi tumor ha desaparecido. Mi convinción en ello, es absoluta, no tengo ni una sola duda.

Yo ya me posicioné.
Ahora es tu turno, decide porqué luchas tú.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Un BeBé SieMPRe TRae FeLiCiDaD.



El lunes una amiga nos dio una buena noticia, está embarazada de su tercer hijo.

Con los ojos brillantes y una sonrisa de oreja a oreja, era imposible no felicitarla y darle dos besos por su embarazo.


Muchas felicidades porque éste bebé que está en camino os traerá muchas alegrías.


La verdad es que un embarazo deseado siempre es una buena noticia. Aunque la conciliación familiar y laboral desgraciadamente, aún sea una quimera.


Nosotros tenemos dos hijos, un niño biológico y una niña adoptada. Al niño lo conocemos desde el primer día y a la niña desde los trece meses cuando llegó. De los dos me siento igual de orgullosa, pero con la niña me pasa algo que lógicamente no me ocurre con el niño. Hay veces que me quedo ensimismada mirándola, viendo cómo va creciendo y se va transformando. En esos momentos me acuerdo de su madre biológica y siento pena. Una pena infinita porque por circunstancias de la vida, se va ha perder ver crecer a su hija y no deja de ser paradójico que su desgracia, sea nuestra felicidad. 

Pero lo importante es que a pesar de los baches y ahora mi enfermedad somos una familia feliz. Hemos conseguido crear un hogar para nuestros hijos.

Y así espero que también sean vuestras felices y que sepáis sortear los obstáculos de la mejor manera posible.

Un saludo amigos.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.

jueves, 14 de septiembre de 2017

13 MeSeS.



Desde que estoy enferma pocas cosas puedo hacer yo sola, en la mayoría de los casos necesito ayuda o supervisión.

A la falta de fuerza generalizada en todo el cuerpo y los dolores en las articulaciones se une el problema de las lagunas mentales que de vez en cuando aparecen.

Estas lagunas se ponen de manifiesto en las situaciones más dispares y a la vez cotidianas, como ir a pagar la compra y no saber qué billetes debo entregar. Otras veces aparecen cuando mantengo una conversación con alguien y de repente, se lo que quiero expresar pero no sé decirlo. También me ocurre a la hora de escribir, muchas veces no se cómo se escribe la palabra que quiero poner y le tengo que preguntar a mi marido que me diga cómo se escribe.

Es una sensación muy extraña, ésta de tener que depender de otra persona para poder llevar una vida "normal". El "quiero" pero no "puedo". Esta situación hay días que se hace difícil de sobrellevar, máxime cuando has sido una persona tan activa como yo.

Que mi marido se ocupe de realizar casi todas las labores que habitualmente hacía yo, no deja de ser necesario y frustrante a la vez, porque indica claramente, que yo no estoy en condiciones de poder realizar muchas cosas, como vestirme o asearme sola.

El me pregunta y desde mi cuartel instalado en el sofá, yo le voy indicando qué hacer o cómo cocinar.

Así con éste ritmo, van pasando los meses y ya han transcurrido 13.


                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

domingo, 3 de septiembre de 2017

El aPeGo.


Una costumbre muy arraigada en el ser humano es la de guardar cosas por apego. En unas ocasiones porque nos rememoran situaciones felices del pasado y en otras, porque pertenecieron a familiares ya desaparecidos. 

La cuestión del apego es difícil, no todo el mundo está dispuesto a soltar cosas o historias de su vida tal como así. Hay personas realmente reticentes a deshacerse de ciertas cosas o relaciones, que ya no necesiten o que les hagan daño. 

Hay que soltar y dejar irse a todo aquello que ya no nos aporte nada positivo, de ésa manera haremos hueco a cosas nuevas que estén por llegar.

El apego nos atenaza por dentro y hace que el miedo se apodere de nosotros. Nos paraliza con sus "peros" evitando que corramos aquellos riesgos que nos llevarían a tener una vida mejor, saliendo de nuestra zona de confort y haciendo todo aquello que realmente nos gustaría hacer, aunque ésto incluya correr el riesgo de fracasar en el intento de conseguirlo. Tan sólo con considerar que el fracaso es otra manera de aprender, ya habremos progresado.

Yo reconozco que he sido una de esas personas, guardaba historias, cosas y rencores que solo me producían dolor. Pero he aprendido a soltar. Algunas de las cosas que tenía muy arraigadas ya las he dejado marchar y estoy dispuesta y atenta para recibir todo lo bueno que el universo me quiera enviar.

!Qué importante es mantener limpio nuestro interior¡


                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.


jueves, 31 de agosto de 2017

LoS NiñoS

Tal vez los niños tan sólo fueran la excusa que necesitaban para continuar. Aquellas pequeñas personitas llenas de energía, que ocupaban sus días y que a ratos eran capaces de volverlos locos con su incesante actividad.

Tras sus miradas ella podía apreciar el miedo y la incertidumbre frente aquella situación desconocida para todos, pero además, incomprensible para ellos. ¿Cómo explicarles que toda su vida podía cambiar radicalmente a partir de esos momentos?. Era imposible que sus pequeñas mentes entendieran la importancia de la situación. Pero aún así, ella armada de paciencia intentaba a través de pequeñas historias contarles qué ocurría. 

Alegres por naturaleza, los niños jugaban a su alrededor y de vez en cuando se les ocurría alguna pregunta que hacer al respecto. Ella respondía acorde con el vocabulario infantil, para que resultara entendible para ellos. Pero ésto no quería decir, que llegaran a comprenderlo realmente y que dejaran de preocuparse por ver a mamá siempre en el sofá. Afortunadamente, era época escolar y entre ir a la escuela y a las actividades extraescolares, los niños pasaban la mayor parte del día fuera de casa.

Esta rutina se fue instalando en sus vidas, se aceptó como algo normal dentro de la rutina familiar, como si el que mamá estuviese enferma fuese lo más natural del mundo.

Ahora quedaba ir poco a poco recuperando las salidas y las actividades que habían quedado postergadas. Intentar dejar de lado los malos momentos y mirar al futuro con cierta alegría.

Ilusión por un futuro renovado, juntos, sin dejar atrás ninguna pieza del puzzle.

                                                                                                           Paula Cruz Gutiérrez.



jueves, 24 de agosto de 2017

dOCE hORAS.



Tras una noche calurosa amanece fresquito en Madrid. Me despierto temprano y bajo las persianas. 

Hoy tengo otra prueba más de esas muchas que me están haciendo éste año. Pruebas y más pruebas que antes de tener  cáncer no sabía ni que existían. Imagino que me ocurre lo mismo que a otros muchos enfermos. Vamos conociendo nombres a cual más raros, que antes nunca habíamos oído nombrar. 

Con paciencia vamos pasando por los diferentes mostradores, enseñando un volante tras otro y esperando recibir instrucciones. Estas algunas veces tardías, como las de hoy. Nos hemos venido los cuatro al hospital para hacerme la prueba que me tocaba hoy, porque no teníamos con quién dejar a los niños. Mi marido se ha quedado jugando con ellos y yo, me he ido al mostrador correspondiente. 

Una vez dentro de la sala y tras inyectarme el contraste me dicen que debo permanecer doce horas alejada de mujeres embarazadas y de niños menores de siete años. Entonces pienso en voz alta: ¿Y qué hago con los míos, me los como con patatas?, a lo que el enfermero me responde que si me acerco puedo contagiarles la radiación. Y me dice que igual que si los llevo a la sierra de Madrid y los dejo atados toda la noche a una de las piedras radiactivas que hay.

Cómo? No puedo evitar mirarlo con cara de poker. Acaso tengo cara de tonta?. Madre mía!!!!

Menos mal que los niños aunque son pequeños son conscientes de la situación y se adaptan a lo que sea necesario. 

Va transcurriendo el día, van pasando las horas.

¡Son las once de la noche, ya podéis venir a darle un fuerte achuchón a mamá!. 

Por fin acabaron las doce horas!.


                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.

domingo, 20 de agosto de 2017

¿eMPaTiZaMoS?.


Para que la cosa situación sea llevadera, detrás de un gran enfermo siempre ha de haber un gran cuidador. Y al igual que el cuidador intenta en todo momento ponerse en la piel del enfermo para saber cómo se siente o qué necesita éste, creo que el enfermo a menudo ensimismado en sus propios pensamientos no empatiza lo suficiente con la persona que tiene al lado y que le atiende día y noche.

Por mucho que lo intente, para el cuidador debe ser increíblemente difícil por no decir imposible, ponerse en el lugar del enfermo. Aunque pase las veinticuatro horas del día a su lado y conozca cada uno de sus síntomas y dolores. 

Desafortunadamente, estamos acostumbrados a prestar la mayor parte de nuestro tiempo e interés en saber cómo se encuentra el enfermo y raramente nos preguntamos cual es el estado del cuidador. Esa persona que vive en la sombra la enfermedad de su compañero o compañera y que además de atenderla, tiene que superar sus miedos y problemas. Siempre atento, siempre intentando transmitir tranquilidad para que el enfermo no se preocupe, aunque en el fondo esté realmente muerto de miedo.

El cuidador es también el que debe lidiar con las visitas y con las preguntas inoportunas que ciertas personas realizan. 

Hay cuidadores que tienen suerte de tener personas a su lado que se preocupan por su bienestar, pero también los hay que se encuentran a solas con el enfermo, cargando sobre sus hombros todo el peso de la enfermedad. En éstos casos, es importante que el cuidador no base todo su día a día únicamente en el cuidado del enfermo, sino que ha de buscarse otro tipo de actividades que le hagan distraerse.
Porque si no es así, al final, terminan cayendo enfermos ellos también. Máxime, cuando la enfermedad es grave y el tiempo de convalecencia se alarga en el tiempo. 

Si al final el enfermo se recupera, habrá sido una batalla ganada a medias. Pero si por el contrario el enfermo fallece, la sensación que le quedará al cuidador será la de no haber podido hacer lo suficiente para cambiar el final de la historia. Es muy fácil entonces que los remordimientos se apoderen de él, aunque no tenga motivos para ello.

El camino del cáncer es un camino difícil y nadie debería recorrerlo solo. Es necesario tener una persona de apoyo y referencia para los momentos malos. Y si el enfermo y el cuidador consiguen unirse, la unión será un tandem perfecto. Que ayudará a ambos por igual.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.

sábado, 12 de agosto de 2017

vIVIR a Mi mANERA.



Un 12 de Agosto la vida me hizo un requiebro. Recibí una noticia dura y difícil de digerir. Aquella mañana una doctora de ojos marrones y sonrisa sincera, me dijo que tenía un cáncer de ovario en estado muy avanzado. Con mucha calma, nos fue explicando mil cosas, que nosotros no alanzábamos a escuchar. Nos quedamos atascados haciendo el intento de aceptar la noticia.

He intentando digerirla vinimos todo el camino de vuelta a casa, 150 km. en silencio. Cada uno ensimismado en sus pensamientos y atrapado en sus propias emociones.

Y cuando conseguí hilar dos pensamientos, pensé qué sería de mis hijos si yo no estaba, y decidí que eso no podía ocurrir.

No hubo más remedio que sumergirnos en el maremagnun de pruebas, operaciones y tratamientos que los médicos consideraron oportunos. Y con todo ello continuamos a día de hoy.

Desde aquel día de agosto, la vida me ha ido indicando el camino a seguir, unos días con más claridad y otros con menos. Pero lo importante es que he estado ahí, atenta a las señales de humo que me llegaban. Y cada mañana me dejo llevar por el día, haciendo lo que el cuerpo me permite o lo que me apetece en ese momento. Hay muchas cosas que antes me gustaban y que ahora ya no me interesan y por el contrario, he descubierto otras muchas cosas a las que antes no les prestaba atención y ahora me gustan.

Aquél requiebro me ha enseñado y traído nuevas oportunidades de vivir.

A veces pasamos por la vida de puntillas, como queriendo no hacer ruido. Eso es un gran error porque cuanto más ruido hagamos más vivos estaremos. Vivir sin más ataduras de las estrictamente necesarias. Ver dónde estamos, mirar hacia dónde queremos ir y dejar atrás aquello que nos atrasa. Escuchando siempre las señales que la vida nos envía, que además pueden venir en el momento y de la manera más inesperada.

Lo importante es vivir. No lo olvidéis nunca.


                                                                                                              Paula Cruz Gutiérrez.


                                                                                            

domingo, 6 de agosto de 2017

eSToY aQuí, JuSTo aL LaDo...

Esta semana mi amiga Pilar publicó en su blog "Carreteras secundarias" este texto de mi marido. Gracias a ambos.



Hace un tiempo la pareja de Paula, a quien ya conocéis en este blog, escribió un texto como comentario a una entrada. Aunque mucha gente ya lo habrá leído, no me resisto a ponerlo en primera fila, en el escenario también, para que destaque desde el patio de butacas. Porque son los pacientes los protagonistas pero, muy al lado, comparten vida con los grandes cuidadores. Gracias Julián Díaz-ufano.
DESDE EL OTRO LADO

Buenos días desde ese "otro lado" de la enfermedad.

La verdad es que no es ningún sacrificio estar ahí al lado; todo lo contrario, es una NECESIDAD...

Somos muchos los cuidadores que nos sentimos reflejados en este lado; y seguro que una inmensa mayoría sabemos a quienes tenemos que agradecer el que también, en cierto momento, se hayan ocupado de nosotros.

Es necesario tener un apoyo, un hombro, un pañuelo a mano porque si no, te vas abrazando a lo primero que pillas. Yo por ejemplo en algún momento me tuve que abrazar a un árbol (no sé dónde escuché que así encontrabas algo de paz, y así fue).

No sé si a algún@ otr@ cuidador@ le habrá sucedido lo de encontrar consejos como:"tienes que descansar"… y desde aquí abogo por el descanso y la buena alimentación (aunque sean 5/6 horas de sueño y un sándwich de la máquina), pero también es necesario el buen sabor de los besos de tus hij@s y sus abrazos, que para mí y para Paula, en todo el proceso están siendo un pilar básico para decirnos: "TENEMOS QUE CONTINUAR", no vale rendirse...

Gracias a la Vida por las oportunidades que nos pone a lo largo del camino para superarnos y crecer desde dentro.

Gracias a todas las personas de buen corazón, que sin saber nada de tu situación te ofrecen todo su apoyo.

Gracias a los que desinteresadamente te cogen de la mano y te sacan a pasear o a comer.

Gracias a mis hijos, que sin saberlo ni quererlo, están siendo el pilar donde apoyar la palanca de la recuperación de Paula.


Gracias a ti que lees esto, porque compartiéndolo estoy seguro que algo de luz entrará en alguna habitación oscura de por ahí.

SEGUIREMOS JUNTOS, UN SOLO CORAZÓN...

jueves, 6 de julio de 2017

Y si pudieras elegir ¿quien te gustaría ser?




Me he tomado mi tiempo pensando ésta reflexión, para poder llegar a la respuesta más correcta.

Animáos a reflexionar conmigo y descubramos entre todos, aquello que verdaderamente nos gustaría ser. Y lo que es más importante, intentemos convertirnos en ello.

A mí sin duda alguna, me gustaría seguir siendo Yo.

No me gustaría nada levantarme un día habiéndome convertido en un ser mundano, de los que "siempre hacen lo correcto", o hacen lo que "hacen los demás". Una persona con poco criterio.

Rebelde por naturaleza, no nací para someterme a nadie y todo aquel que lo intentó fracasó estrepitosamente.

Soy incapaz de conformarme con lo que la vida me da, sin luchar ni intentar cambiarlo. Indudablemente, es más cómodo quedarte quieto, esperando a ver qué te trae la vida, pero también es infinitamente más aburrido.

Pero voy a ir un poco más lejos...Y dejando volar mi imaginación... Me gustaría ser...

Me gustaría convertirme en un ser liviano y transparente, infinito y diminuto a la vez. Un ser divino, que me lleve a descubrir el universo.

Un ser alado con grandes alas blancas para poder volar de un lugar a otro sin parar. Con el que pudiera visitar  y estar en diferentes lugares al mismo tiempo. Tal vez así, podría hacer todas las cosas que deseo hacer y que por falta de tiempo con una sola vida no haré.

Esas enormes alas, las usaría también para cobijar a mi familia y a mis amigos. A mis hijos, ofreciéndoles todo el amor que pudieran necesitar y enseñándoles a ser personas íntegras, capaces de encontrar su propia felicidad. 

Me gustaría seguir siendo yo misma, pero en "versión mejorada".
Fiel a mis principios, como he intentado ser siempre.

Y vosotros, ¿ya habéis decidido quién os gustaría ser?.





                                                                                                         Paula  Cruz Gutiérrez.