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sábado, 17 de marzo de 2018

Un Ciclo Nuevo.



De nuevo me toca ciclo, cada vez pasan más deprisa los veintiún días.

Avanzamos despacio por la M-30. Las cuatro gotas de lluvia que caen arriba, se traducen en atasco aquí abajo.

Llegamos bien al hospital para hacerme la analítica. Después toca el café capuchino de rigor. 

La consulta con el doctor transcurre con normalidad y me da una alegría, en mayo terminamos con el tratamiento actual y ya quedo libre. Los buenos resultados del último TAC así nos lo permiten, no queda rastro de enfermedad.

Por otro lado, me pide ayuda para mejorar el Servicio de Oncología. Soy paciente que vive fuera de Madrid y le interesa conocer mi opinión sobre qué mejoras podrían implantarse sobre todo de carácter telemático.

Subo a la planta de arriba y mientras que el enfermero viene a ponerme la medicación, empiezo a comerme el bocadillo de jamón que traigo para comérmelo antes del tratamiento, porque parece que así me sienta mejor.

Le pido un papel a la auxiliar y me dispongo a pensar qué cosas podrían mejorarse. Aunque a decir verdad, yo no puedo quejarme del trato recibido, más bien, todo lo contrario. El equipo se caracteriza por ser un grupo de personas humanizado, que intenta en todo momento suavizarnos los malos tragos. Tal vez se podrían implantar consultas o dudas por videoconferencia, sigo pensando....

                           
                                                                     Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 30 de enero de 2018

La eXPoSiCióN.



Sentada en el banco de la sala de exposiciones, contemplo absorta las fotografías que cuelgan de las paredes.

Ajena a lo que acontece a mí alrededor, me mantengo abstraída en contemplar los detalles.Y me transporto al interior de cada uno de los paisajes que se ven representados. Soy capaz de volar entre los pájaros o de mirar a través de la niebla espesa que refleja la vida cotidiana de sus habitantes, ya sean humanos o animales.

El placer de contemplar una obra de arte es difícil de explicar. Tan solo puedo decir que aquí sentada, mi alma se relaja, mi consciente se olvida de los problemas y el inconsciente vuela alto, alcanzando todas aquellas nubes, playas y paisajes que mi visita es capaz de apreciar.

Una quietud inmensa se apodera de mí mientras voy observando despacio cada una de las fotografías. En todas ellas se repite el mismo ritual, primero la contemplo y después me imagino en su interior, entonces paso a formar parte de la obra. Me veo paseando por una playa desierta, después contemplo el horizonte asomándome a cada una de las ventanas de una torre en ruinas. De repente, me he convertido en una ola, ahora soy un pájaro que surca el cielo. Lo importante es ser y estar en aquellos lugares que nos aportan bienestar.

Desde hace tiempo sobre nuestra televisión cuelga una de estas fotografías, un grupo de ovejas blancas entre las que sobresale la cabeza de una oveja negra. Desde el primer momento en que la vi, me vi reflejada en ella y por más veces que la miro no me canso de verla. Es como ratificar mi personalidad. Siempre es necesario que haya algo u alguien diferente para notar el cambio. Sin esas ovejas negras la vida sería de lo más anodina.

                                                    
La capacidad de extraer lo extraordinario de cualquier acto cotidiano está destinado únicamente a los genios. Eso es lo que le ocurre a Javiér Carrión Muñoz.

Javiér un millón de gracias por este rato de infinito placer.

Vamos a por otros treinta años de amistad.

                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.

viernes, 26 de enero de 2018

El CaRRuSeL.


Más allá del yo no puedo, del yo no sé, hay un camino de esperanza. 

Un camino tal vez en ocasiones poco transitado por nosotros mismo, porque a veces nos da miedo asomarnos al abismo y ver abajo la espuma blanca, producida por las olas al chocar contra los acantilados. Entonces es cuando pensamos que no seremos capaces de llegar abajo.

Pero si resulta que arriba el peligro que se avecina es mucho mayor y amenaza con destruirnos, tendremos que tomar la decisión de  buscar una salida o de dejarnos morir.

Justo ahí es cuando aparecen esas fuerzas desconocidas, que ignorábamos que habitaban en nuestro interior y que al salir arrasan con todo lo conocido, nos empujan a escudriñar el borde del acantilado y buscar el mejor camino para bajar. Puede que sea un camino difícil, a priori imposible de recorrer, pero al ser nuestra única opción, se convierte en nuestra mejor opción

Bajo ésta premisa comenzamos a bajar, a hacer todas aquellas cosas que nunca creímos ser capaces de hacer. A tener una fuerza de voluntad desmesurada, dónde los retos nos retan y los imposibles no existen

Es cuando nos proponemos llevar a cabo las mayores locuras a ojos de los demás y nos damos cuenta de que somos invencibles salvo por las limitaciones que nosotros mismos nos imponemos.

La vida pasa de ser una historia anodina a convertirse en un carrusel de adrenalina que te arrastra arriba y abajo, abajo y arriba. 

Que te demuestra que los imposibles no existen salvo en nuestra imaginación.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.

viernes, 19 de enero de 2018

Un pH alcalino.


Javier y yo nos hemos conocido a través del blog, él vive en Argentina y yo en España pero la tecnología y el cáncer nos han unido. Me pidió que le contara qué había hecho yo con la alimentación y he escrito éste texto para explicarlo por encima.



Cuando yo tenía que restaurar un documento que estaba muy deteriorado, una de las primeras cosas que medía era su pH, si éste era bajo, quería decir que su pH era ácido, lo que implicaba una importante causa de deterioro. Para poder corregirlo y dejarlo cercano a 5 que es un pH neutro y asegura su durabilidad, debía someterlo a un tratamiento químico. 

Os pongo este ejemplo para que entendáis mejor lo que quiero explicaros a continuación.

En la década de los años treinta del siglo pasado, un científico obtuvo el Premio Novel por descubrir la causa del cáncer, que no era otra que la acidosis del organismo. Cuando un organismo se vuelve ácido debido a la alimentación, las células se quedan sin oxígeno, por ello algunas mueren y otras mutan para poder sobrevivir. Estas últimas son las que crean las enfermedades, entre ellas el cáncer. Y diréis entonces, ¿cómo podemos solucionarlo?.

La solución pasa por cambiar nuestros hábitos alimenticios y comer alimentos que tengan un pH alcalino superior a 8, que es lo contrario al ácido.

Son alimentos ácidos las carnes rojas, las grasas y los embutidos, las harinas refinadas y todos aquellos alimentos que hayan sido cocinados. 

Son alimentos alcalinos las frutas y verduras que nos comamos crudas y el zumo de limón.

No quiere decir que debamos hacernos vegetarianos si no lo deseamos, pero sí es un buen plan ser cuatro días a la semana vegetarianos y tres omnívoros.

Un menú equilibrado es comernos una buena ensalada, un plato cocinado y una fruta.

Una de las primeras cosas que hice cuando me diagnosticaron el cáncer fue cambiar ciertos alimentos por otros más saludables.

Nunca he sido muy carnívora, pero dejé de comer todo tipo de carnes rojas porque son muy ácidas, únicamente comía carnes blancas y si podían ser de origen ecológico mejor, porque las aves que venden actualmente contienen hormonas de crecimiento y a una persona sana no les afectan, pero a una persona enferma de cáncer es animar a las células a que crezcan más.

Dejé de comer harinas procesadas. Me compré una panificadora y hacemos el pan en casa con harina de trigo ecológica, le añadimos semillas o pasas para que esté más rico. Los panes industriales que venden ya en todas las tiendas, son altamente ácidos, además algunos de ellos han sido analizados y llevan hasta 30 componentes, cuando el pan lo único que lleva son cuatro: agua, harina, levadura y sal. Si no queréis hacer vuestro propio pan, al menos buscad uno que veáis que puede ser más sano, el pan que fabrica el panadero de vuestro pueblo siempre será más sano que el que venden congelado y recalentado.

Comencé también a tomarme cada mañana una cucharadita rasa de bicarbonato, está malísimo, pero es muy bueno para alcalinizar.

Las células cancerígenas se alimentan de azúcar, por lo que yo dejé de tomarla. Pasé a utilizar edulcorantes naturales, los sintéticos como la sacarina provienen del petróleo, con lo que todavía son peores. El problema del azúcar no es la poca cantidad que nos echamos al café, sino la gran cantidad de ella que contienen los alimentos que compramos y consumimos, como la comida precocinada, los tomates fritos, la bollería etc. Lo mejor es comer comida casera libre de azúcares. 

Otro dato a tener en cuenta es la cantidad de cocción de la pasta o de los arroces, cuanto más cocidos estén más glucosa contienen, por lo que alimentamos más a nuestras células tumorales.

Las bebidas refrescantes e isotónicas y los zumos envasados contienen gran cantidad de azúcar y es mejor evitarlos. El té verde es anticancerígeno, podéis sustituir el café por té. Yo después de la quimio como tenía que beber mucho líquido me mezclaba agua con infusiones para cambiarle el sabor. Como había días en los que el cuerpo no me permitía comer, opté por la opción de comer frutos secos.

Para controlarme la anemia, durante mi estancia en el hospital me trasfundieron más de diez bolsas de sangre, aún así cuando salí, llegué a casa con una fuerte anemia. Los médicos me recetaron unos comprimidos de hiero que debía tomarme, pero éstos comprimidos el cuerpo no los asimila bien y el hierro no llega adecuadamente. Entonces decidí comprarme un elixir del herbolario que contenía un hierro de fácil absorción junto con varias vitaminas. He tenido que beberme muchas botellas pero he conseguido eliminar la anemia y las vitaminas me han dado cierta energía cuando la necesitaba.

En mi dieta incluí semillas de chía y de sésamo que contienen omega-3. Comencé a cocinar con quinoa, las lentejas con quinoa tienen las mismas proteínas que si les echamos chorizo o jamón.

Otro importante anticancerígeno es la cúrcuma, yo me tomaba una cápsula al día y además he sustituido del colorante en las comidas por un poco de cúrcuma que al ser amarilla le da color. Tienen un sabor característico y a mucha gente no le gusta, pero en pequeña cantidad en las comidas da color y no sabor.

También he tomado todos los días graviola  y otras cápsulas de setas, para aumentar las defensas y conseguir llegar bien a todas las sesiones de quimio.

Conviene evitar los lácteos producidos con leche de vaca porque bajan las defensas. Podemos tomar alguna bebida de soja, avena u otras similares y comer quesos y yogures de oveja y cabra que están muy ricos.

Algo muy importante que me ha ayudado a aliviar un poco lo síntomas de la quimioterapia ha sido la acupuntura, durante varios meses estuve con ella y me ayudo bastante.

Estas son algunas de las cosas que he ido haciendo para ir invitando al cáncer a marcharse. Suelo decir que son como pequeñas zancadillas que le dificultan el camino a él y me lo allanan a mí.

Es probable que penséis que muchas de las cosas que digo no están demostradas, yo únicamente cuento lo que a mí me ha servido para vencer la enfermedad junto con la ayuda de los médicos.


                                                                     Paula Cruz Gutiérrez.






domingo, 17 de diciembre de 2017

La peque crece.


Hace unos días nuestra hija cumplió cinco años.

Parece mentira que hayan pasado cuatro años desde aquella mañana fría de invierno cuando fuimos a recogerla. Tuve que llamar por teléfono para decirles que era probable que llegásemos tarde porque nevaba mucho e íbamos despacio detrás de una máquina quitanieves.

Al final, conseguimos llegar a la hora acordada.

Cuando llegamos, allí estaba ella con sus dos moñitos y su cara traviesa. Fuimos durante tres días consecutivos para que nos conociera y por fin pudimos traerla a casa.

Ayer tuvo su primer examen de taekwondo, estaba radiante y nerviosa con su traje nuevo. Fuimos a verla mientras se examinaba y al terminar a pesar de ser de las más pequeñas, partió la tabla de un golpe seco. 

Ya no tiene los dos moñitos, pero sí la misma cara y los mismos hechos desde el día que llegó. Es inquieta por naturaleza, inteligencia pura, cabezota y cariñosa. Cuando la conocimos no soportaba que nadie la abrazase ni le diese un beso, ahora es ella la que viene a dárnoslos.

Nuestros hijos como es normal van creciendo y yo estoy contenta de ir viéndolo.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.




viernes, 10 de noviembre de 2017

El devenir de los días.


El devenir de los días transcurre de forma diferente para todos. Cada uno de nosotros al comenzar la mañana tiene unos quehaceres. Con el transcurso del día los proyectos se van realizando, mezclándose a su vez, con las cosas que aparecen de manera imprevista.

A la hora de levantarnos todos tenemos ciertas ilusiones pensando cómo nos gustaría que transcurriera la jornada que va a comenzar. Y ese transcurrir de las cosas, dependerá mucho de cómo encaramos el día, del "pié con el que nos levantemos".

Afrontar el nuevo día con agrado y de manera positiva, es primordial para que las cosas nos salgan  medianamente bien. Ya sé que la vida no es perfecta, que hay días en los que nos cuesta mucho levantarnos o que los dolores se apoderan de nuestros huesos, pero no hay que perder el rumbo. Tenemos que saber que nuestro destino está cerca, que hemos de conducir nuestro velero de tal manera que lleguemos al otro lado vivos y satisfechos.

Creo que no debe haber nada peor que la sensación de saber que no has hecho todo lo que estaba en tu mano para resolver un problema. 

Que surjan problemas por el camino es normal, pero rendirse o darse por vencido no es factible.

Cada uno tenemos unas posibilidades, unos conocimientos y unas aptitudes, cada uno nos adaptamos a ellos e intentamos mejorarlos en lo que podemos.

Aceptar una situación es el primer paso para conseguir la victoria. Resignarse es sinónimo de rendición y no hacer nada, es a su vez, sinónimo de fracaso. Un fracaso absoluto que nos daña el alma.


                                                                     Paula Cruz Gutiérrez.



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jueves, 14 de septiembre de 2017

13 MeSeS.



Desde que estoy enferma pocas cosas puedo hacer yo sola, en la mayoría de los casos necesito ayuda o supervisión.

A la falta de fuerza generalizada en todo el cuerpo y los dolores en las articulaciones se une el problema de las lagunas mentales que de vez en cuando aparecen.

Estas lagunas se ponen de manifiesto en las situaciones más dispares y a la vez cotidianas, como ir a pagar la compra y no saber qué billetes debo entregar. Otras veces aparecen cuando mantengo una conversación con alguien y de repente, se lo que quiero expresar pero no sé decirlo. También me ocurre a la hora de escribir, muchas veces no se cómo se escribe la palabra que quiero poner y le tengo que preguntar a mi marido que me diga cómo se escribe.

Es una sensación muy extraña, ésta de tener que depender de otra persona para poder llevar una vida "normal". El "quiero" pero no "puedo". Esta situación hay días que se hace difícil de sobrellevar, máxime cuando has sido una persona tan activa como yo.

Que mi marido se ocupe de realizar casi todas las labores que habitualmente hacía yo, no deja de ser necesario y frustrante a la vez, porque indica claramente, que yo no estoy en condiciones de poder realizar muchas cosas, como vestirme o asearme sola.

El me pregunta y desde mi cuartel instalado en el sofá, yo le voy indicando qué hacer o cómo cocinar.

Así con éste ritmo, van pasando los meses y ya han transcurrido 13.


                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

NuNCa Me RiNDo




Cuando me desperté en la UCI del coma inducido, me contaron que había sufrido una fuerte peritonitis que me había dejado sin capacidad pulmonar y por eso estaba conectada al respirador. También me contaron que había estado dos días con paro multiorgánico y que a mi familia le habían dicho que era imposible que sobreviviera. Yo lo único que acerté a decir fue que " los médicos no sabían quién era yo". Ahora que ya estaba despierta no pensaba irme a ningún otro sitio que no fuera mi casa.


En algún momento de mi historia, alguien tatuó a fuego en mí la frase "no rendirse". No sé cuando ni como sucedió y no había sido consciente de ello, hasta que el cáncer apareció.

Aquí fue cuando la frase con todo su contenido me fue "revelada" y se convirtió en mi bandera hasta el momento.

Tengo una familiar que atribuye mi curación a la intervención divina de una monja que necesitaba hacer un milagro para su consagración. Yo no dudo de que ésta señora haya aportado su gota de agua, pero considero que el milagro es mio. Yo he ido rellenando ese mar gota a gota, con mi esfuerzo y con la ayuda de la gente que ha rezado por mí, que ha puesto velas, que me ha hecho reiki desde cualquier parte del mundo y que ha pedido al universo que yo sobreviviera.

Aquí estoy, puede que unos días tenga más ánimo o menos, que las fuerzas me acompañen o no. Que los dolores me dejen hacer más o menos cosas, pero NUNCA ME RINDOContinúo mi camino, permanezco al pié del cañón, siempre dando gracias por lo que tengo y por lo que está por llegar.

Gracias por el éxito del blog, por todas aquellas personas que me escriben y me leen. Gracias a las personas que conozco y a todas aquellas que me siguen y me escriben desde la distancia como América Latina, Estados Unidos, Europa y Asia. Mil millones de gracias a todos.

Desde este rinconcito del mundo que es mi hogar os mando todo mi amor.

Os deseo que siempre a pesar de las circunstancias, sepáis superaros y ser felices.



                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

jueves, 31 de agosto de 2017

Una paleta de Color.


En éstos últimos meses he encontrado un amigo inseparable en mi sofá. Hemos pasado juntos muchas horas. De hecho, suelo decir que cuando lo cambiemos me tendrán que llevar a mí con él, porque ya formo parte de su estructura.

Después de la gran tormenta, el cielo comienza a aclararse y yo también. Todos los días son necesarios, tanto los buenos como los malos y debemos darnos permiso para tener de todos, aunque sea difícil pasarlos.

¿Quién dijo que la vida era fácil?.

Es importante aprender a lidiar con nuestros sentimientos y nuestras sensaciones. Entenderlas para poder poner remedio cuando sea necesario. Tener malos días es normal, lo que tenemos que intentar es que esos días no nos arrastren y duren más de lo necesario. Ver la vida en negro puede ser positivo para apreciar el resto de colores del arco iris.

Es divertido buscar una paleta de color acorde con nuestra personalidad, cada uno ha de elegir la suya, compuesta por todos aquellos colores que más le gusten. Esa paleta será como los muebles de nuestra casa interior y cuando no nos sirva o deje de gustarnos siempre podemos cambiar el colorido, igual que cambiamos la decoración de nuestra casa. A veces, tan sólo con cambiar las cortinas ya damos otro aire a la habitación.

Siempre nos van a surgir problemas pero lo importante es cómo los afrontemos.

 Es hora de renovar mis cortinas.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.

miércoles, 30 de agosto de 2017

uN Día GRiS.



Quiero que el día gris que me cubre hoy pase pronto, cual tormenta de verano.

Que este desasosiego y esta tristeza que me invaden, se las lleve una fuerte ráfaga de viento y los arrastre lejos de mí.

Que la luz del sol con su tibieza me inunden de nuevo y vuelva la alegría. Se que esto es pasajero, pero mientras pasa me revuelvo en el lodo, como si el barro con sus tonos marrones y ocres fuesen los únicos que pudiera captar mi retina.

Sudo y sudo sin parar para a continuación quedarme helada, un sudor frío que me atraviesa y me congela el corazón. Sofocos continuos que me obligan a secarme y cambiarme de ropa continuamente.

Mi ánimo fluctúa a ritmo de los efectos del tratamiento.

He de cruzar el abismo, caminando por un puente largo, estrecho y desvencijado. Mis pasos son cortos y temblorosos. Evito mirar hacia abajo, porque si caigo al vacío llegaré al fondo del  abísmo. A una inmensa grieta sinuosa y oscura donde sólo habita la locura.

Intento en todo momento miar al frente. Al otro lado veo un frondoso árbol, que despliega sus verdes ramas hacia mí y me invita a seguir.

Yo lo intento, camino por el puente mientras que un ave negra que es mi pesimismo, me ataca e intenta derribarme.

!Déjame, no te quiero a mi lado¡, le grito nerviosa, mientras ella vuelve una y otra vez. 

Mi rostro está cubierto de lágrimas, pequeñas perlas que caen y se pierden en la enorme grieta.

Quiero llegar al otro lado, deseo abandonar el precipicio.

Que alguien me ayude porque sola no creo poder lograrlo.


                                                                      Paula Cruz Gutiérrez.



miércoles, 23 de agosto de 2017

sIN uN pELO dE tONTA.




¿Como explicar la sensación que siento al acariciarme la cabeza y tocarme el cabello?

Hasta ahora, al tocarme acariciaba la piel suave del cuero cabelludo sin más. Hace unos meses que se me volvió a caer el pelo cuando retomamos los ciclos de quimioterapia. Desde entonces he estado sin cabello, cubriéndome la cabeza con pañuelos de colores o con diademas de fieltro que me he ido cosiendo y con otras de ganchillo que me regaló mi amiga Rosa. Al final, he conseguido reunir una pequeña colección.

Y aunque la ausencia de cabello en la cabeza me molestaba, he llevado peor el hecho de no tener cejas ni pestañas. Las cejas se fueron cayendo poco a poco a la par que el cabello y tener un rostro sin cejas que enmarque los ojos queda realmente feo. Me compré unos lápices para pintármelas pero el efecto no es exactamente el mismo.

Por otro lado, no me había dado cuenta de que se me habían caído las pestañas de nuevo hasta que el día de la graduación de mi hijo, me las fui a pintar y vi que no había quedado ni un solo pelo. 

La vez anterior que me salió el cabello en el mes de marzo, me salió rizado. Y me gustaba mucho tener la cabeza cubierta por tanto rizo, además de dio una ventolera y me teñí de color azul. Con lo cual, mi cabeza era completamente diferente.

Ahora que me sale de nuevo, está saliendo liso, como el mio. Espero que ya sea el definitivo, porque con el tratamiento nuevo que me están administrando no tendría porqué caerse.

Este es otro proceso por el que tenemos que pasar obligatóriamente. Sabemos que es así, pero cuando ocurre por regla general nos afecta bastante anímicamente. Es una señal clara de nuestra enfermedad y nos delata frente a los demás. Y frente a ello cada enfermo lo afronta a su manera, utilizando peluca o pañuelos.

Pero como todo en la vida, es cuestión de cómo nos lo tomemos. Aunque al principio sea difícil, es cuestión de pensar que es una situación transitoria, que cuando terminemos con los fuertes tratamientos de quimio el pelo volverá a su lugar. 

¿Además a quién no le apetece estar una temporada sin tener que depilarse?

                                                                  

                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.



martes, 8 de agosto de 2017

rELLENANDO lA pLAYA



Mi estancia en la UCI dejó mi playa vacía y sin arena. Mi cuerpo quedó varado con grandes dificultades motoras. Aunque han pasado ya seis meses desde mi salida del hospital, continúo con ellas. 

Además de que perdí toda la masa muscular por estar tanto tiempo inmovilizada, se han ido sumando los efectos secundarios de los tratamientos oncológicos, que no han favorecido mucho mi recuperación. 

A día de hoy sigo sin tener demasiada fuerza en piernas, brazos y manos, camino con dificultad y me canso rápidamente. 

Me cuesta mucho trabajo sentarme y levantarme y si por casualidad me pongo de rodillas, no puedo levantarme sin ayuda. Esta flojedad en las piernas también me impide conducir.

En las manos además de la fuerza, perdí toda la precisión, algo fundamental para realizar mi trabajo. He tenido que aprender a comer de nuevo, primero con una cucharita de postre y después con una cuchara sopera. Me costaba mucho trabajo utilizar el tenedor y el cuchillo, que aún no manejo bien. No puedo cortar nada que sea un poco duro, como la corteza de melón y tampoco puedo pelar la fruta o una patata, porque me resulta imposible asir el cuchillo y hacer fuerza al mismo tiempo para cortar.

Frente a este panorama tan alentador yo no me doy por vencida. Cada día intento ir rellenando algún hueco, unos días con piedrecitas y otros con arena. 

Por eso, aunque no puedo subir ni bajar las escaleras intento evitar subir por el ascensor si voy a un primer piso.

Con las manos ocurre lo mismo, intento hacer todo aquello que veo que puede ayudarme. Se me olvidó escribir y estoy volviendo a aprender, aunque aún lo hago mal, y con el ordenador intento teclear bien aunque me falte fuerza en los dedos para pulsar las teclas. La escritura para mi se ha convertido tanto en una terapia física como psicológica. 

He comenzado a hacer pequeñas cosas con fieltro, objetos como diadémas (para adornar mi cabeza sin pelo) o ratoncillos para que mis hijos metan los dientes cuando venga el Ratoncito Pérez.

Son trabajos sencillos que no necesitan gran precisión ni puntadas finas. Pero que me sirven para ir recuperando poco a poco las manos, porque veo muy difícil volver a recuperar todo lo que he perdido a medio plazo. 

A la espera de que mi recuperación llegue algún día, yo voy poniendo mis granitos de arena, a ver si consigo rellenar la playa entera.


                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.

domingo, 2 de julio de 2017

Reflexiones.



Decir que me siento afortunada y feliz por toda la gente que tengo a mi alrededor, es quedarme corta. Una multitud de personas que están dispuestas a ayudarnos en todo momento, a mí y lo que es más importante, a ayudarnos con los niños. Nos ofrecen su ayuda para cuidarlos mientras nosotros no podemos, y nosotros estamos agradecidos porque los atienden como si fueran suyos.

!Qué importante es eso para mí!

Que alguien me diga que es un honor ser amiga mía, es algo muy cierto, pero un honor para mí, por tener a personas tan especiales  a mi lado. Un inmenso honor que el Universo me ha otorgado y que agradezco enormemente. 

Tanto tiempo inactiva, me obliga a reflexionar sobre la vida misma y sus circunstancias.

Reflexionar sobre la importancia de no estar solo, pero al mismo tiempo, lo importante que es estar rodeado de gente que realmente merezca la pena.

Reflexionar sobre el valor de la solidaridad entre nosotros, en este mundo donde parece reinar todo lo material. 

Sobre el valor de las cosas pequeñas como el placer de acariciar el cuerpo calentito de mis hijos, mientras sonríen y me dicen: no pares mamá.

Reflexionar mientras disfruto contemplando la naturaleza, las nubes, los pájaros volar o un simple escarabajo que descubren mis hijos entre la hierba.


Hemos estado una semana en Madrid, tranquilos, descansando. Una semana llena de besos, abrazos y de palabras de cariño sinceras, de personas que sé que me quieren tanto como yo a ellas. Porque no importa la distancia a la que estamos normalmente, lo importante es lo que sentimos y lo que disfrutamos cuando estamos juntos.

Gracias a las personas de aquí, de allá o de mucho más lejos.
Os quiero a todos por igual.



                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

domingo, 18 de junio de 2017

Ser una Guerrera.



"El universo te ha concedido la dicha de ser una guerrera".

Este comentario me lo dijo una persona el día de mi cumpleaños al hilo del texto que publiqué. Sencillamente me encantó.

Hay veces en las que la vida nos somete a una encerrona, nos arrastra al interior de un laberinto del que no sabemos qué dirección debemos tomar para poder salir. Es entonces cuando debemos armarnos de valor para encontrar el camino más adecuado. 

En esos momentos de confusión el valor es difícil de encontrar, se esconde en lo más recóndito de nuestro interior para que no lo encontremos con facilidad, porque en esos momentos, el miedo se vuelve el sentimiento más poderoso.

Pero pasado un tiempo y realizadas las reflexiones adecuadas, es el momento de ir en su busca y entrar en acción. Todos los comienzos son difíciles, pero poco a poco si tenemos perseverancia iremos ordenando nuestros pensamientos y decidiendo qué haremos a continuación. Teniendo cuidado de no distraernos ni con el aroma de las plantas que conforman el laberinto, ni con nuestra soledad.

Iremos avanzando, hasta que llegue el momento en el que nos convirtamos en nuestros propios héroes o heroínas. Capitanes de nuestro destino, dignos, caminando sin vacilar hasta conseguir nuestro objetivo. Cada uno debe marcarse el suyo. Uno que sepa que es posible alcanzar. No sirve de nada ponerse objetivos que son imposibles de realizar.

Habrá mañanas que al despertar tan sólo nos sintamos como pequeños ratoncillos que desean quedarse acurrucados, así sin más, cansados de caminar y sin fuerzas para enfrentarnos a un nuevo día. Pero después, ese pequeño animalito indefenso, ha de convertirse en una grandiosa ave fénix que nos lleve de la mano, a nosotros y a los que tenemos al lado.

Mi ave fénix particular cada día tiene más y más fuerza. Porque se que no estoy sóla, he descubierto que tengo mucha gente a mi alrededor que me quiere y me apoya. 

Mi agradecimiento lo intento plasmar en cada uno de mis textos.

Cuando comencé a escribir simplemente deseaba liberarme de las emociones que me provocaba la enfermedad, de soltarlas para que desapareciera la incertidumbre, el no sé qué ocurrirá o me tocará pasar ahora. Despejar mi mente para que pudiera seguir pensando y trazando un plan.  

Estoy muy contenta y orgullosa, porque nunca imaginé que con mis palabras podría ayudar a tanta gente. 

Espero seguir contándoos muchas historias más.

Que vuestra ave fénix se a un animal real, no mitológico.




                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

jueves, 8 de junio de 2017

El Mejor Regalo de Cumpleaños.

Estoy sentada en mi despacho particular, viendo cómo el viento mece las ramas de los rosales. Un despacho ideal si no fuera por lo cansinas que están las moscas.

Aquí sentada me da por pensar cómo hubiese sido éste último año sin el cáncer. La respuesta a ésta pregunta es muy sencilla: hubiera sido completamente diferente.




Hoy es mi cumpleaños.


Ya me voy acercando al medio siglo, aunque tal vez debería plantearme el empezar a cumplir años de nuevo. Al fin y al cabo, éso precisamente es lo que he hecho. Revivir.  

Visto lo visto con todo lo que me ha sucedido éste último año, que esté aquí contándooslo es el mejor reglo que puedo recibir.

Los médicos dudaban mucho de que pudiera salir a delante, pero gracias a que mi cuerpo es muy cabezota y mi mente aún más, hoy continuo por éstos lares. Sospecho, que aún siguen sin saber cómo he podido superar tanto. Pero lo importante es que por un motivo u otro estoy aquí. 

Durante éste año he tenido que aprender a marchas forzadas todo cuanto necesitaba para superar la enfermedad. 

Aprender a trabajar la inteligencia emocional, ha sido la mejor lección aprendida y la que más útil me ha sido. Ella es la que verdaderamente me ha ayudado a salir a flote, aunque tenga malos días, éstos los tenemos todos estemos sanos o no.

Algunos me preguntaréis ¿qué es eso de la inteligencia emocional? Pues no es más ni menos que la capacidad de darnos cuenta de que prestamos atención a nuestros pensamientos negativos, centrándonos en los problemas y perdiendo de vista nuestros objetivos. Con éste tipo de inteligencia podemos cambiar nuestros pensamientos negativos por otros positivos y recuperar así nuestro estado de ánimo. Con buen estado de ánimo siempre será más fácil alcanzar esos objetivos que nos hemos marcado.
Y mi  objetivo estaba claro desde el principio.

Creo firmemente que lo que pensamos  es aquello que después nos sucede. Si pensamos en positivo a cambio recibiremos cosas buenas.

Yo no he dejado de pensar ni un sólo día que mi cáncer ya se había curado y así continúo.
Además cuento con el privilegio añadido de poder escribir y de que cientos de personas me lean.
Vamos a pintar el universo de colores e intentar iluminar el interior de todos aquellos que sufre.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.




lunes, 5 de junio de 2017

Un día en Blanco y Negro




Hoy es como un día en Blanco y Negro. Estoy aburrida, no sé muy bien qué me ocurre.

Mi cuerpo anda bajo mínimos de energía y los dolores en las articulaciones no me dejan caminar con soltura. Estoy cansada y medio adormilada. El día de hoy pasará a mi historia sin pena ni gloria.

Pronto hará un año desde que me puse enferma, un año que ha pasado rápido, pero que a la vez se está haciendo eterno.

Acostumbrada a no parar, no termino de acostumbrarme a no poder hacer nada. Todos los días transcurren más o menos igual. Siempre a la espera de ver si mañana será un poquito mejor.

Aunque soy consciente de que he adelantado mucho en poco tiempo, pero cuando uno está enfermo siempre quiere una recuperación rápida. Pero lo realmente importante, es que pese a todo, sigo viva.

En principio me queda otro año con otro tratamiento. Nueva medicación, con nuevos efectos secundarios que espero sean menores que los de la quimio.

En cuanto al trabajo, ni tan siquiera se si me recuperaré lo suficiente para seguir trabajando.Todo cuanto se hacer, lo hago con mis manos y si ellas no se recuperan no podré continuar restaurando obras. Trabajo al que me he dedicado los últimos veinte años. 

Confío en mejorar poco a poco y en que en un futuro no muy lejano, pueda llevar una vida lo más "normal" dentro de lo posible. Soy consciente de que me quedarán gran cantidad de secuelas, pero vamos a intentar que éstas sean las menos posibles.

Que descanséis. Mañana tenemos otra oportunidad de seguir viviendo.


                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Visualicemos Globos y más Globos





En medio del atasco de la M-30, recién salida de la sesión de siete horas y media de quimio, me encuentro que no sé si vivo o si muero. Decido relajarme para controlar las náuseas que siento.

Cierro los ojos y respiro, llevo toda mi atención a mi corazón y comienzo.

Visualizo un globo azul y lo lleno con todas las náuseas y las molestias que me produce la químio. Con mucho amor lo suelto y miro cómo asciende.

Tomo otro globo azul y lo lleno con todos los malos sabores que me produce la quimio. Con todo mi amor lo mando al cielo.

En otro globo meto todos los dolores de las articulaciones y de mi cuerpo. Lo envío con un beso al firmamento.

Esta vez, inflo un globo de color verde el color de la sanación. Ahí meto toda la radiación junto con todos los desechos que la quimio produce. Muy despacio lo suelto y lo envío arriba, muy arriba a buscar y acompañar a los que ascendieron primero.

Por último, inflo un globo enorme, de color rojo, con forma de corazón y lo lleno con todo el amor que puedo. Lo envío a buscar a sus compañeros, para que se introduzcan dentro de él y se repartan todo ese amor.

Poco a poco vuelvo a la realidad y sigo el viaje de vuelta a casa, esperando que mis visualizaciones surtan efecto.

Todos podemos imaginarnos aquello que deseamos conseguir.

Un beso.

                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.