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miércoles, 12 de agosto de 2020

CoNTiNuaR.

 



Parece que el verano ha decidido dejar de lado el tórrido calor con el que nos fustigaba los días pasados, para darnos una tregua. 

El viento nos azota estos días como si alguien hubiese abierto una puerta y se hubiesen escapado todos los demonios que permanecían escondidos a la vuelta de la esquina. Hemos pasado del calor extremo, al desasosiego del viento azotando nuestras cabezas. Un viento que nos golpea tan fuerte como nuestros propios pensamientos. 

Los días van pasando mientras permanecemos expectantes en este verano atípico que nos ha tocado vivir. Para todos últimamente, es como si el mundo se hubiera tornado un lugar menos seguro, un lugar indeciso e inestable, cargado de cierta incertidumbre, que nos afecta de diferentes formas a unos y a otros. Siempre dependiendo de nuestra manera de ver las cosas. 

Es muy loable sentir cierto respeto frente a tanta inseguridad, pero no debemos permitir que el miedo se apodere de nosotros y nos atenace el cuerpo y el alma. Todos y cada uno, necesitamos un período de tiempo para aclimatarnos a los cambios, si bien es cierto, que últimamente hemos tenido muchos de esos cambios en poco tiempo. Pero aún así, todos seremos capaces de sobreponernos a esta situación y de poder continuar mirando siempre hacia delante. 

No dejéis que vuestra mente divague y se pierda en pensamientos negativos, en algún momento habremos de salir y continuar con nuestra vida, aunque no sea desde el mismo punto donde la dejamos cuando todo esto comenzó. 

Ser una persona optimista es un trabajo a tiempo completo, que es necesario aprender y practicar, máxime cuando lo único que nos rodea es desánimo y malas noticias. Ser optimista supone ir  contra corriente y no es fácil, pero si es nuestra elección de vida conseguiremos nuestro propósito. 

Recordad que todos los callejones tienen al menos una salida, aunque a veces parezca estar ocultar. 



                                                                         Paula CRuZ Gutiérrez. 


martes, 2 de junio de 2020

Adolfo.

    Hoy os deseo que paséis un buen rato con una lectura diferente.

Faltaba poco para la llegada del alba cuando la alarma comenzó a emitir sonidos. Él estiró su brazo fuera del calor de las sabanas y detuvo aquella música pausada que usaba como despertador. 

Sobre la banqueta de su dormitorio, descansaban las prendas de ropa que pulcramente, había colocado allí la noche anterior. Ropa gastada, pero muy cómoda para ir al campo. 

Intentó no darle opción a la pereza, no fuera a ser que lo atrapara, por lo que saltó de la cama medio dormido. Aún en pijama, desayunó café solo acompañado de una tostada medio quemada y un tanto triste; asearse y vestirse lo dejaba siempre para el final. 

Salió de casa en el preciso instante en el que se avistaban en el horizonte los primeros rayos de sol, encaminándose en su coche hacia el monte. Exactamente en dirección opuesta a la luz, como queriendo huir del día que estaba por llegar. 

Cada domingo desde hacía diez años seguía el mismo ritual. A su espalda cargaba una mochila con algo de ropa, agua y un poco de comida. En su mano, el viejo bastón de madera de castaño que le acompañaba siempre.  Fiel compañero de paseos y caminatas, de pensamientos y pesadumbres. 

Aquella mañana decidió tomar un camino diferente, uno que tras el río giraba hacia el norte.

Según indicaban las agujas de su viejo reloj, llevaba algo más de una hora caminando, cuando decidió parar para beber y comerse uno de los dos bocadillos que tenía. Se sentó sobre una enorme piedra de granito porque comenzaba a hacer calor, y sobre ella, un viejo roble desplegaba su sombra. Comió despacio, en silencio, observando el paisaje. Fue entonces cuando la copa de un árbol más puntiaguda que las demás le llamó la atención. Terminó rápido su comida y se puso en marcha de nuevo, decidido a encontrar aquel ciprés que contrastaba con el resto de los árboles vecinos. ¿Habría llegado solo hasta allí, o lo habría llevado alguien? Sin saber porqué, le intrigaba aquella cuestión.

Varios días atrás, había caído una gran tormenta, por lo que aún se podían apreciar charcos pequeños que brillaban al reflejar la luz solar. Si te fijabas bien, podías observar a su alrededor huellas de corzos, lobos e incluso pájaros que sin duda alguna se habían acercado a beber el agua de lluvia.

Continuó caminando durante lo que le parecido una eternidad, pensando en aquel árbol escurridizo que a veces perdía de vista, para encontrarlo de nuevo poco después.

Cada vez ascendía más y el terreno se iba haciendo más abrupto. Sus piernas estaba ya cansadas y su respiración acelerada, cuando levantó la vista y lo vio, frente a él. Allí estaba el ciprés, luciendo todo su esplendor y junto a él, curiosamente, se encontraba un rosal repleto de rosas rojas. Aquello, no hizo otra cosa que aumentar su curiosidad. Se acercó despacio y pudo ver, que tras el rosal que trepaba por la roca, había un orificio a modo de hueco. Daba la impresión de ser la entrada a una cavidad natural.

Buscó a tientas la linterna dentro de su mochila y apartando un poco las ramas traspasó aquél pequeño hueco. El interior estaba oscuro y aparentemente era solo el comienzo de una galería muy larga. Continuó caminando hacia dentro, intrigado. En un pequeño descuido, tropezó con una piedra y la linterna salió disparada hacia delante, quedó sobre el suelo iluminando lo que parecía una gran bóveda. Adolfo se quedó tan impresionado que durante unos minutos fue incapaz de levantarse del suelo.

Abrumado por lo que veía recuperó su linterna y comenzó a observar las paredes. Sin lugar a dudas, él no era el primer visitantes de aquel lugar, ya le habían precedido muchos otros, que habían ido dejando su impronta en aquellas paredes rocosas. El tiempo se detuvo y cuando Adolfo decidió salir ya no pudo, afuera la noche lo cubría todo, y una fuerte tormenta azotaba el monte agitando los árboles como si fueran fantasmas endemoniados.

Decidió que lo mejor que podía hacer era volver al interior y quedarse allí para siempre.



                                                                     Paula CRuZ Gutiérrez.



jueves, 14 de mayo de 2020

Ánimo.



A veces creemos erróneamente que  nosotros "podemos con todo". Pero aunque tengamos la predisposición adecuada, es muy difícil conseguirlo.

Pero si nos apoyamos en alguien, o incluso en varias personas a la vez, el camino suele ser más llevadero.

En estos días la vida de varios amigos  y familiares se ha convertido en una especie de tarta en la que cada una de las porciones es un problema a cual más importante. Porciones bañadas por el virus y adornadas por las guindas del confinamiento.

Estos días en los que no podemos visitarnos y hemos de relacionarnos sólo mediante el teléfono, las cosas se complican y en algunos casos incrementan la incertidumbre.

Todos estamos viviendo una situación  hasta ahora desconocida y difícil de gestionar. Es ahora, cuando nos vemos obligados a utilizar todos nuestros recursos psicológicos para no sucumbir. Y si creemos no tenerlos, buscar a alguien que nos rescate. Estos días hay psicólogos que prestan ayudar de forma desinteresada.

Es importante darse el permiso de estar triste, enfadado, desanimado, cada uno debe gestionar sus tiempos y sus dueños, sin permitir eso sí, que se enquisten y nos impidan avanzar.

Os envió todo mi ánimo.


                                  Paula CRuZ Gutiérrez.






martes, 31 de marzo de 2020

La LLeGaDa De DaViD.


Este virus traicionero está haciendo que muchas personas fallezcan antes de tiempo, pero también vemos cómo gente querida va sanando.

Y dentro de tanta desolación la vida continúa, como su propio nombre indica, porque si no fuese así, no se llamaría vida. 

Hace una semana, vino al mundo un bebé precioso. Al que sus padres sabiamente, dicho sea de paso, han puesto por nombre David. 

El ha decidido venir antes de tiempo, como sabiendo que si llegaba más tarde, habría mayor caos en el hospital y ni a su mamá ni a él, les podrían atender como se merecían. 

Un bebé valiente, enfrentándose a su propio Goliat. un bebé que el día de mañana podrá contar a sus amigos que nació en plena pandemia mundial.

Un bebé que tan solo con su presencia ha conseguido derrotar al gigante. 

Porque nuestra existencia es así, está llena de momento tristes, pero también de otros maravillosos. Nuestra mejor opción, es aprender a nadar entre ellos y evitar que sus olas nos arrastren. 

Como la vida está llena de sabiduría, siempre nos da un poco de quietud. 


                                                                                                                                                                                      Paula CRuZ Gutiérrez. 

viernes, 18 de octubre de 2019

SoRPReSaS Te Da La ViDa.






Ayer al despertar pensé que seria otro día como el anterior, que me dolería todo el cuerpo debido a un catarro que nadie sabe de dónde a venido, y que se debe a que mis defensas están muy bajas y cazan al vuelo todo aquello que no deben cazar.

Como otros muchos días, tenía cita en el hospital a si que allí me fui. Al ir buscando mi consulta por el pasillo, vi de reojo una figura vestida de negro, con la cabeza gacha, mirando ensimismado su ordenador. Dí un paso hacia delante para continuar mi camino, pero entonces me percaté de que el perfil y el flequillo de aquel sacerdote, me era muy conocido. Inmediatamente sonreí y pensé que no podía ser él. Retrocedí un paso y de broma le dije, --Buenos días padre, ¿cómo está usted? El cura en cuestión, se volvió hacia mí y con una amplia sonrisa me dio dos enormes besos.


El día que había amanecido anodino, se convirtió de éste modo en un día especial, lleno de luz y de color, al aparecer de manera improvisada uno de mis más antiguos amigos. Veinticinco años después sigue conservando un sentido del humor voraz, que no deja títere con cabeza, incluyendo a él mismo. Nunca he conocido a nadie que se ría tanto de su propia persona.

Pasamos la mañana juntos, entre broma y broma esperando que nos llamaran para pasar a nuestras respectivas consultas. Una vez terminadas nuestras tareas hospitalarias, nos fuimos agarrados del  brazo a tomar un café. Nos reímos muchísimo contándonos nuestras múltiples dolencias, me enseñó algunos de sus últimos dibujos y nos intercambiamos una receta de lentejas. Es imposible estar con él y permanecer serio o negativo, y a pesar de ocupar un alto cargo dentro de la Iglesia, sigue siendo tan sencillo y cercano como cuando nos conocimos comenzando los estudios.

Le conté que próximamente volverán a operarme, y me dijo me iban que me iban a dejar "divina de la muerte", mucho más de lo que la estaba.

Por eso, nunca deis por sentado, que el día de hoy no puede sorprenderos, porque probablemente os equivoquéis.

Felices y numerosas equivocaciones.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


jueves, 29 de agosto de 2019

aGoSTo.



Apurando los últimos días del mes de agosto voy haciendo repaso. Ha sido un mes muy complicado, por llamarlo de alguna manera.

La última sesión de quimio me causó estragos y me undió física y psicológicamente después. Aunque he de confesar que como el barco ya hacía aguas por varios frentes después de los ciclos anteriores, no resultó difícil undirlo. 

Llegué a la sesión agotada, llevaba casi una semana sin dormir y por lo tanto, sin descansar. En los ratos en los que conseguía conciliar el sueño, mi cerebro me torturaba producción unas fuertes y cruentas pesadillas, en las que bien me mataban a mí o era yo la que se encargaba de asesinar a medio país a machetazos.

La falta de descanso, la anemia, las defensas bajas, las llagas en la boca y la nariz, junto con el fuerte calor y unos enormes dolores de cabeza componentes el cóctel de mis días.

Esta nueva quimioterapia tiene otros efectos secundarios que se van acumulando ciclo tras ciclo, sin darle tiempo a mi médula a reponerse.

En contraposición a todo esto, se encuentra mi físico. A pesar de estar muy inchada y con mal color de cara, sigo conservando buen aspecto. Lo que implica los típicos comentarios de "yo te encuentro bien" junto con el "anímate". 

No se fien, porque aunque el chasis se mantenga en pie, el motor ya está "muy gripado".

Aunque me ha costado, comienzo a remontar. Encarando septiembre y con él las rutinas que tanto echo de menos. Volvemos a casa después del verano para continuar allí con el tratamiento, confiando en que mis defensas hallan conseguido subir y que el próximo ciclo del martes me sea más leve. 

Espero que vosotros también tengáis buena vuelta al cole. 





                                                                                                       Paula CRuz Gutiérrez.

jueves, 8 de agosto de 2019

Hay VeCeS.




Hay veces que los sueños se gastan de tanto usarlos.  Se parten en mil fragmentos que se lleva el viento para no recomponerse jamás. Sueños rotos que quedan huérfanos sin destino ni destinatario.

Hay veces, que es mejor parar, dejar de nadar en contra o a favor de la corriente y dejarse llevar. Aunque el agua nos lleve a aguas mucho más profundas y no sepamos nadar.

Hay veces, en las que uno es fuerte hasta que deja de serlo, el cansancio y el dolor, tan sólo dan pasado a las dudas, al silencio y al llanto. Admiro a esos enfermos que aceptan su destino y deciden no darse ningún tratamiento. Convirtiéndose de esta forma en los únicos dueños de su destino.

Hay veces en las que mis hijos me preguntan porqué no puedo estar sana como las otras mamás. Porqué siempre estoy enferma y cansada. Yo no sé que responderles, porque su mirada infantil no alcanza a comprender mi situación. Muchas veces me pregunto que si no soy capaz de cuidar de mí misma,  ¿cómo voy a cuidar de ellos? Se me antoja absurdo e injusto y me parece que les estoy robando parte de su infancia. Pero lo que sí está claro es que el cáncer nos afecta a todos.

Estos días hay veces, en las que he llegado a la conclusión de que no vale la pena tanto sacrificio,  para que el año que viene vuelva a aparecer otro tumor inesperado y todo comience de nuevo. 

A veces, es mejor admitir que si el cáncer ha vuelto es porque puede haber otro destino diferente al que nosotros nos empeñamos en imprimir. Y es importante no olvidarlo.



                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.

domingo, 4 de agosto de 2019

Y VoLVeR, VoLVeR a La QuiMio oTRa Vez...


Las vacaciones acabaron pronto, había que volver para recibir el siguiente ciclo de quimioterapia. Este verano se plantea así, ciclo cada quince días y entre uno y otro, los días que el cuerpo me lo permita ir haciendo alguna actividad.

El lunes fuimos al hospital como estaba programado, me hice una ecografía, subí a que me colocaran la aguja en el porta cath para la analítica y el ciclo y pasé a consulta. Una vez dentro, la doctora me dijo que tenía las defensas bajas y que no podía darme el ciclo, que debíamos esperar una semana a ver si me recuperada. Ya me habían avisado de que este nuevo fármaco de la quimio atacaba a la médula espinal, por eso había que administrar los ciclos cada cuatro semanas, no cada tres como es habitual. Como otro de los fármacos no podía esperar tanto tiempo para administrarse me lo tenían que dar cada dos. Así pues, tengo un ciclo corto cada dos semanas y otro largo cada cuatro. O lo que es lo mismo, tengo que acudir a quimio cada quince días.

Este corto espacio de tiempo entre un tratamiento y otro, impide a mi organismo recuperarse de los diferentes ciclos tan seguidos. Voy solapando efectos secundarios de unos y de otros sin solucionar librarme de ninguno. Intento consolarme pensando que el tumor va desapareciendo de nuevo y que tan sólo son unos meses, después empezaré de nuevo a recuperarme. Pero los días son largos y los dolores también, la medicación se va acumulando, mis órganos se quejan y yo también.

Habrá que resistir lo mejor que podamos hasta alcanzar la meta, pensando que ya llevamos medio camino recorrido.



                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.


viernes, 19 de julio de 2019

La Música y LaS FieRaS.

La semana pasada estuve muy nerviosa sin saber muy bien el motivo.
En un principio, creía que era porque estaba pendiente del resultado de las pruebas para ver cómo evoluciona el tumor con el tratamiento, pero en el fondo sabía que no era eso.
En este aspecto sigo pensando que todo va bien y de hecho, he recibido buenas noticias: hemos conquistado ya medio reino.
Mi malestar venía por otro lado, pero no era capaz de identificarlo.
Hasta que caí en la cuenta de que lo que en realidad me ocurría es que he aceptado el cáncer, pero no los cambios que produce la quimioterapia en mi cuerpo. Sufro fuertes dolores de cabeza que aún no he conseguido controlar a pesar de que cada vez tengo una medicación más fuerte. El fármaco nuevo me produce pesadillas, por lo que muchas noches no descanso y durante el día estoy tan cansada, que parezco "un alma en pena".
Con esta quimio el cabello y las uñas siguen en su lugar aunque hay días que me duelen. Pero las yemas de los dedos de las manos, se han alisado y arrugado en diferentes zonas. Como resultado, mis huellas dactilares se han deformado.
Por otro lado, mi cuerpo se ha ido hinchando cada vez más, lo que me hace sentirme incómoda por un lado y deforme por otro. Me cuesta horrores ponerme el bañador del año pasado y no puedo ponerme las sandalias que compré a principios de verano, porque van abrochadas al tobillo y como están tan hinchandos no me alcanzan.
En fin, parece que he de seguir aceptando cosas además de superar algunos complejos.
El viernes por la noche mientras cenábamos en un chiringuito había música en directo y creo que era lo que necesitaba.
Un intérprete con su guitarra acústica y con una voz suave pero firme, fue interpretado clásico del pop en inglés. Era un chico joven, pero un maestro de tantos como hay por ahí anónimos. Con su guitarra y su sonrisa nos encandiló a todos. Después de un descanso comenzó con la guitarra española a tocar clásicos.
Escuchando el Concierto de Aranjuez me fui tranquilizando y la melodía me ayudó a reflexionar. Disfruté de la música y de la compañía de mi familia mientras observaba las olas incansables, chocarse una y otra vez contra la orilla.
Volví a caer en la cuenta de que cuando nos convertimos en un mar embravecido e incesante, es mejor parar y cambiar de perspectiva, para poder identificar cual es nuestro problema y así poder encontrar una solución.
Dicen que la música amansa a las fieras y yo tan sólo soy una fiera más.
                                     Paula CRuZ Gutiérrez.

miércoles, 17 de julio de 2019

El PRiMeR SeMeSTRe .

Siempre hay historias por contar, reales o ficticias, verdaderas o falsas pero que nos sirven de distracción.

Historias sanas que nos ayudan o menos sanas que dejan al descubierto nuestros anhelos. Pero siempre creadas a partir de la misma base: una consecución de letras e ideas que desembocan en un texto.


Hoy mi reflexión gira sobre la idea de que el primer semestre del año llega a su fin y mientras estoy en la cocina, voy haciendo balance.

Me encuentro preparando una empanada para la cena escuchando  música. Esperamos a dos amigas que vienen a cenar, cada una traerá algo para picar y sin duda, pasaremos un rato agradable.

Y mientras barnizo la empanada con el huevo batido pienso en lo afortunada que soy, por la familia y los amigos que tengo. Es cierto que vuelvo a tener cáncer, pero eso no me impide ver el resto de mis "activos" y creo que la balanza se decanta hacia el lado de todas las cosas buenas que me rodean.

También es cierto que no ha sido un semestre fácil, comenzó con el deceso de dos amigos muy queridos, continuó con el diagnostico del nuevo tumor y siguió con los nuevos tratamientos de quimioterapia.

Pero entre tanto, organizamos una fiesta preciosa, llena de cariño y de agradecimiento a la vida y a todas las personas que nos rodean. Celebramos nuestra boda y el bautizo de nuestros hijos rodeados de familia y amigos. Esto nos dio la fuerza suficiente para comenzar de nuevo con los tratamientos venideros. Ya sabéis que mi lema es "luchar por la vida" y en ello me hallo. Y así van transcurriendo mis días, unos malos sufriendo los efectos secundarios producidos por los fármacos y otros días más llevaderos que me permiten hacer pequeñas cosas. 

Y aunque la vida me frene de nuevo yo voy buscando la energía positiva que me permita sobrevolar los días con sus diferentes desencuentros.

Ahora toca comenzar semestre nuevo, con la firme esperanza de que sea mucho mejor que el que se marcha.


                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.



viernes, 12 de julio de 2019

Quimiocerebro.


Son innumerables las lindezas que nos ofrece la quimioterapia en forma de efectos secundarios. El día que acudes a la administración del primer ciclo y el personal médico te ofrece el folleto informativo de la medicación, más te vale que te abstengas de leértelo. Dicen que la curiosidad mató al gato y en este caso el que morirás del susto serás tú mismo, cuando leas todo lo que puede ocurrirte. Te mostrarán un informe detallado con tantos efectos secundarios como puedas imaginar que te inquietaran pensado cuáles te afectarán a tí.

Y aunque son muy conocidos los problemas digestivos, la caída del cabello, la falta de apetito, el sabor continúo a metal, hay otros muchos más, como el fuerte dolor en las articulaciones,  las llagas en la boca, el daño provocado en la dentadura o los fuertes dolores de cabeza, por mencionar algunos.

Pero existen otros efectos secundarios menos visibles y menos conocidos que los científicos han bautizado con el nombre de quimiocerebro. Por la sencilla razón, de que afectan de manera silenciosa a nuestro sistema neuronal.

Es habitual que suframos pérdidas de memoria, que de repente se nos olvide cómo se llama cualquier conocido u objeto cotidiano, que tengamos pérdida de concentración, pesadillas o que nuestra mente se ralentice y por momentos seamos incapaces de hilar dos pensamiento coherentes, lo que nos impide muchas veces expresar como nos sentimos tras la administración de los fármacos de quimioterapia.

Estos efectos nos producen problemas físicos como el cansancio o la visión borrosa, pero también psicológicos porque nos cuesta comprender por qué nos ocurren estás cosas.

En mi caso os contaré que he tardado tres años en poder leerme un libro entero, porque no era capaz de concentrarme en la lectura, mi cerebro se perdía con increíble rapidez.

He de reconocer que todos estos efectos me agobiaban mucho. Por eso me refugié en la escritura, para obligarme a pensar de manera ordenada. Y esta terapia me resultó muy útil, aunque tan sólo escribiera texto cortos, porque era mucho más de lo que podía verbalizar.


                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.







viernes, 31 de mayo de 2019

PRoNoSTiCo ViDa.




Patricia está sentada en la sala un tanto intranquila, mientras espera que su nombre salga anunciado en la pantalla. La mira con desconfianza, como queriendo ver su nombre escrito, pero a la vez, con ganas de salir corriendo sin saber muy bien hacia dónde ir. Es un quiero pero no puedo, una incertidumbre que le oprime el pecho.

Cerca de las diez de la mañana el ordenador decide que ha llegado su turno. Se levanta despacio, dubitativa y se dirige hacia la sala 2.

Una vez en la puerta agarra con fuerza el pomo y lo gira con firmeza. Tras ella, aparece el doctor sentado en su mesa,  la mira con una sonrisa y le invita a sentarse. Ella entra despacio y se sienta en la silla frente al doctor. Si su bolso pudiera hablar, le diría que dejase de axfixiarlo.

El especialista la saluda e inmediatamente comienza a relatarle los resultados de todas  las pruebas, todo lo que le ocurre. Le diagnostica la enfermedad que padece, que es grave y continúa contándole todo cuando le espera a partir de ese momento. Ella va intentando procesar todo aquel río de información, pero eso sí, de una manera mucho más lenta de la que el doctor le va hablando. Hace rato que perdió el hilo ensimismada en sus propios miedos. Por eso, al acabar la entrevista tan sólo ha conseguido enterarse de la mitad de la conversación.

De vuelta a casa, va procesando poco a poco el torrente de información que acaba de recibir. Conduce con el ceño fruncido y una fuerte losa sobre los hombros.

Difícil no sentirse víctima del Diagnóstico, pero más difícil aún no sucumbir al Pronóstico. Porque si es complicado aceptar que uno tiene una enfermedad grave, más lo es, digerir que te queda poco tiempo de vida. Siempre claro está, bajo la atenta mirada de las estadísticas médicas. 

Pero Patricia decide que aunque no le guste tener esa grave enfermedad que el diagnóstico le indica, no está dispuesta a sucumbir a ese pronóstico nefasto y cercano. Entiende que los facultativos tienen que apoyarse en sus datos estadísticos, pero que no es necesario que todos los enfermos los cumplan a rajatabla.

Y así, se pone manos a la obra para desafiar a todos, incluida ella misma.


                                                                     Paula CRuZ Gutiérrez.









martes, 28 de mayo de 2019

Un QuiJoTe eN La CiuDaD.


Mientras espero a que el semáforo se ponga verde algo llama mi atención. Al mirar detenidamente a mi derecha me doy cuenta de que es un señor mayor. Viste una gabardina negra con sombrero a juego y se apoya con fuerza sobre un bastón. Por su rostro, me parece adivinar que debe rondar los ochenta y cinco años.

Camina con gran dificultad hasta llegar al paso de peatones. Se ve claramente que tiene paralizado el lado izquierdo, el brazo le cuelga sin fuerza y tiene dificultad para flexionar la pierna, cayendo todo su peso sobre su lado derecho.

Entonces sonrío y le felicito mentalmente por atreverse a salir a la calle a pesar de sus fuertes limitaciones. No sé si habrá salido por voluntad propia o porque no ha tenido más remedio, pero en el fondo, ese pequeño detalle me da igual. Lo importante es que lo ha hecho. Caminar por la ciudad no es una tarea fácil, siempre hay gente con prisas, baldosas levantadas o cacas de perro que esquivar. Y si además eres mayor o tienes una minusvalía la cosa se complica mucho más, es como ir a la guerra. Pero sin duda alguna, a este señor todo eso no le amedentra lo suficiente como para no salir de su casa.

No hay nada que pueda impedir alcanzar nuestros objetivos si realmente lo deseamos. En muchas ocasiones es cierto que tenemos limitaciones físicas que nos dificultan la tarea, pero otras veces no es así. Nuestra mente está programada para boicotearnos y hacernos creer que tenemos unas limitaciones que en realidad no existen y así nos engaña. Porque es mucho más fácil creerse su discurso que contrariarlo. Siempre es más cómodo quedarse quieto en tu área de confort que ponerte a mover ficha sin saber cual será el resultado final. Por eso, nos creamos nosotros mismos nuestros propios limites.

Nuestra voluntad por mejorar es lo que nos da la energía necesaria y nos guía en el camino. Es cierto que ese camino puede estar plagado de rosas o de minas, pero también es cierto, que debemos continuar mirando hacia el futuro y no quedarnos estancados pensando en el pasado que ya no está y que indiscutiblemente no va a volver.

Un futuro mejor nos espera a la vuelta de la esquina, tan sólo es necesario atreverse a cruzar la calle.

domingo, 19 de mayo de 2019

Ser o no Ser FUERTE.





El ser humano tiende por defecto a etiquetar a sus semejantes, como si el acto de colgar sus congéneres fuese el deporte general apto para todos los públicos.

En este deporte existen varias categorías, asignadas por el siempre dedo observador del prójimo. Así encontraremos el individuo Fuerte, al Débil, al carismático.

A tenor del mismo criterio, las competiciones las ganarán siempre los individuos más fuertes, porque son según ellos los más luchadores.

Pero qué implica esa etiqueta de fuerza? Todo el mundo es consciente de lo que significa? Es fácil etiquetar y difícil cumplir las expectativa, porque todos los días no nos sentimos tan fuertes ni tan luchadores.

Ser fuerte implica batallar contra nuestros propios demonios y evitar en la medida de lo posible que nos gobiernen.

Para ser fuerte hay que tener uno motivo, igual que para levantarse cada mañana.  Un motivo individual y personal que cada uno ha de buscar. En mi caso os diré que mi principal motivo soy yo misma, que deseo seguir viviendo para continuar aprendiendo y cumpliendo  mis sueños. Y después en segundo lugar, se encuentra mi familia, tengo la intención de pasar el mayor tiempo posible con la gente que quiero. 

Ese motivo individual e intransferible es el motor de nuestra existencia, de dónde bebemos la energía necesaria para hacer frente a la vida.


                               Paula CRuZ Gutiérrez.

viernes, 10 de mayo de 2019

Hoy.

El sábado día cuatro celebramos una gran fiesta, acompañados por familiares y amigos. Acabamos el día agotados, pero rebosantes de felicidad, llenos de abrazos y de besos.

Este texto lo escribí el martes siguiente, justo antes de comenzar de nuevo con los ciclos de quimioterapia.



Hoy primer es el primer día del nuevo ciclo y de la nueva era. Del los nuevos fármacos de quimioterapia y de hacer frente al  cáncer otra vez.

Hoy comienza todo de nuevo.

Pero también es cierto que es un comienzo distinto, mucho mejor que el anterior. Físicamente me encuentro bien y psicológicamente también, lo que no implica que vengan días malos.

Pero hoy sé que aunque camino por la cuerda floja, piso con firmeza, arropada por toda la gente que me espera abajo, sujetando la red por si me caigo y han de recoger mis pedacitos. Con su apoyo transformado en pegamento, seremos capaces de volver a unir las piezas de mi puzzle. Unas piezas que aveces son tan diminutas que se cuelan por los huecos de la red.

Un puzzle roto y recompuesto en demasiadas ocasiones y que cada vez que se recompone, dista mucho de parecerse a la versión anterior. Pero así es la vida, una concatenación de acontecimientos que hay que ir hilvanando con sumo cuidado, para que el tejido resista nuevos pespuntes y el hilo no lo desgarre. Un zurcir continuo en busca de arreglar los rotos que la vida nos va regalado.

Un camino difícil que hemos de ir transitando con pies de plomo y con alas de ángel.


                                                                     Paula CRuZ Gutiérrez.

domingo, 10 de marzo de 2019

Volar tras el Ave Fénix.



Tras los acontecimientos acaecidos en estas dos últimas semanas, es hora de levantar el vuelo de nuevo.

Puede que por el momento mis pies no consigan levantarse mucho del suelo, pero lo importante es empezar a volar aunque sea en vuelo rasante.

La vida es así, a cada tropiezo le sigue un levantamiento. Porque si no ocurre de este modo, nos quedamos anclados al pasado y al dolor. Algo que nos impide vivir en mayúsculas, disfrutamos de las cosas buenas que la vida nos ofrece todos los días.

Es muy cierto que nos ocurren cosas dolorosas, pero todo forma parte de nuestro aprendizaje, para conocernos mejor a nosotros mismos y a los demás.

Es hora de levantarse y seguir VIVIENDO y resucitar de nuevo cual Ave Fénix.

El mito del ave Fénix podemos compararlo con la capacidad que tenemos los seres humanos de tener resiliencia.

Carl Gustav Jung en su libro “Símbolos de transformación" nos cuenta que el ser humano y dicha ave mitológica tienen grandes similitudes. Esa criatura de fuego, es capaz de elevarse desde las cenizas de su propia destrucción, simbolizando el poder de la resiliencia. Esa capacidad que todos tenemos de renovarnos en seres mucho más fuertes.

Por su parte, Viktor Frankl, neuropsiquiatra y fundador de la logoterapia, sobrevivió a la tortura de los campos de concentración nacis.  El  explicó en sus libros que una experiencia traumática siempre es negativa, pero lo que suceda a partir de ella depende de nosotros. En nuestra mano está levantarnos de nuevo, a partir de nuestras propias cenizas y conseguir un triunfo o derrumbarnos…


Esa capacidad por renacer, por recobrar las fuerzas, a partir de nuestras miserias y de nuestros trozos rotos pasa primero por superar la fase oscura. Tras pasar por un momento traumático todos morimos un poco, con la oscuridad se va también una parte de nosotros mismos.

Porque el hombre que se levanta siempre será más fuerte que el que nunca cayó.


                                           Paula CRuZ Gutiérrez.

miércoles, 20 de febrero de 2019

REConstruyendo edificios.


-- Pero cómo no vas a estar cansada! --me dice mi amiga Pilar -- Hazte la cuenta de que has ido a la guerra, que tu cuerpo ha sido arrasado y ahora está intentando recomponerse.

Estas palabras inspiraron este texto en clave de metáfora:



Durante muchos años trabajé en un estudio de arquitectura. Diseñaba edificios altos, donde las personas vivían sus anodinas vidas y se construían con materiales débiles, así que solían resquebrajarse y se desplomaban con facilidad.

Por dentro estaban profusamente decorados, mezclando unos estilos decorativos con otros, con la finalidad de alcanzar la belleza de los espacios. Lo importante era que sus propietarios se sintieran orgullosos de ellos. Eran edificios creados con espacios pequeños que invitaban a vivir en el exterior. Simples ciudades dormitorio.

En este estudio el ritmo de trabajo era rápido, siempre con prisas,  porque había que diseñar planos, buscar o eligir materiales. Nuestra labor era construir ilusiones.

Un fuerte descalabro me llevó a los infiernos, allí permanecí durante un tiempo, intentando sobrevivir. Tuve la posibilidad de  enfrentarme cara a cara con el miedo, con la enfermedad y con la superación. Cuando todo el proceso terminó y vi que seguía viva, me di cuenta de que ya no me interesaba trabajar allí y decidí cambiar de estudio.

En el que ahora desempeño mi trabajo, llevamos un ritmo mucho más lento, vivimos al día. Los edificios que ahora creo son más sólidos y las alturas han dado paso a la planta baja. Los materiales han sido sustituidos por otros resistentes a los seísmos, esos terremotos que a veces nos arrasan y nos obligan a volver a edificar de nuevo.

En cuanto a la decoración, también he introducido cambios, ahora esas casas buscan la comodidad, en ellas reina el minimalismo. Busco que sus dueños se sientan felices y deseen volver a casa. Diseño espacios amplios y abiertos con grandes ventanas, que inundan de luz el interior y que sirven para ahuyentar los fantasmas.

Mi ritmo ahora es infinitamente más lento, pero he aprendido a caminar sin mirar hacia atrás, cada día amanece con su tran tran particular, al que me acomodo.

Hace tiempo aprendí también a mirar hacia dentro, buscando en mi interior los ladrillos que ahora construyen mis tabiques interiores. A simple vista, pueden parecer ladrillos más simples, pero en realidad, son más fuertes y sólidos. 




                                                                    Paula CRuz Gutiérrez.

martes, 23 de octubre de 2018

VueSTRo MáSTiL.

No dejas de emocionarme. Hablas del mástil que te sujetaba. ¿Has pensado en la gente a la que tú apuntalabas, aún en los peores momentos de la enfermedad?. A mí la primera...
                                                   Conchi. (Mi ángel de la UCI).



Es cierto que ese mástil mio, estaba sujeto por muchas personas que con su ánimo me ayudaban. Pero no es menos cierto, que ese mismo mástil también era suyo porque les servia de apoyo personal. 

Esas enseñanzas que la enfermedad me iba transmitiendo día a día, yo las iba plasmando en mis textos. Mis palabras han viajado por todo el mundo y a cambio, he ido recibiendo mensajes de apoyo y agradecimiento.

Lo que cada uno haya ido aprendiendo o no a lo largo de éstos dos años, tan solo lo sabéis vosotros. Yo me he limitado a transmitir lo que mi cuerpo sentía y mi mente pensaba.

Me hace muy feliz que todo lo acontecido nos haya servido para replantearnos nuestras creencias y así hacernos crecer como personas. Para saber que somos algo más que nuestros pensamientos, que podemos llegar a conseguir todo aquello que nos propongamos si somos positivos, que si lo deseamos, podemos ser felices aún en los peores momentos. Recuerdo los días de la enfermedad como los más felices en los últimos años, aunque tuviera que lidiar con un cáncer terminal y el dolor me derrotara muchos de los días.

Gracias por estar ahí, por acompañarme en éste tortuoso camino por el que la vida me ha enviado. 

                                                                        
                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.


viernes, 19 de octubre de 2018

NueSTRo aPoYo.





Una vela necesita viento para poder hincharse, pero también necesita estar fuertemente amarrada a un buen mástil. De la misma forma que éste, necesita estar anclado en un buen barco para no caerse. 

Ese mástil al que tan fuerte nos aferramos, es siempre a la persona que más cerca tenemos.

Para un enfermo es muy importante tener al lado a una persona en la que apoyarse, aunque a veces esa convivencia no se desarrolle de la manera más sencilla. Son muchos los malos días y los desalientos. Pero también son muchos los buenos momentos,  las superaciones y los retos. 

Gracias a ese apoyo he podido hincharme con los nuevos vientos. En nuestro caso, lo más importante es que nuestro barco ha sabido sortear las fuertes olas del temporal que nos azotó, tormenta que llegó de improviso y que nos obligó a cambiar de rumbo y sortear las fuertes olas que nos inundaban. Hemos conseguido que tanto nuestra familia como nuestros amigos permanezcan a bordo, eso sí, algunos con fuertes mareos. Pero continúan ahí, apoyándonos como el primer día.


Entre los retos de la tormenta, el mar siempre nos trae tablas a las que aferrarnos, tablas conocidas o desconocidas que aparecen de pronto trayendo luz.

Nosotros continuamos llevando a bordo a esos dos pequeños botes que son nuestros hijos, creciendo y amenazando con capitanear el barco cualquier día de éstos.

El tiempo y la mar nos están llevando a un puerto seguro.






                                                                                                 Paula Cruz Gutiérrez.