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jueves, 8 de agosto de 2019

Hay VeCeS.




Hay veces que los sueños se gastan de tanto usarlos.  Se parten en mil fragmentos que se lleva el viento para no recomponerse jamás. Sueños rotos que quedan huérfanos sin destino ni destinatario.

Hay veces, que es mejor parar, dejar de nadar en contra o a favor de la corriente y dejarse llevar. Aunque el agua nos lleve a aguas mucho más profundas y no sepamos nadar.

Hay veces, en las que uno es fuerte hasta que deja de serlo, el cansancio y el dolor, tan sólo dan pasado a las dudas, al silencio y al llanto. Admiro a esos enfermos que aceptan su destino y deciden no darse ningún tratamiento. Convirtiéndose de esta forma en los únicos dueños de su destino.

Hay veces en las que mis hijos me preguntan porqué no puedo estar sana como las otras mamás. Porqué siempre estoy enferma y cansada. Yo no sé que responderles, porque su mirada infantil no alcanza a comprender mi situación. Muchas veces me pregunto que si no soy capaz de cuidar de mí misma,  ¿cómo voy a cuidar de ellos? Se me antoja absurdo e injusto y me parece que les estoy robando parte de su infancia. Pero lo que sí está claro es que el cáncer nos afecta a todos.

Estos días hay veces, en las que he llegado a la conclusión de que no vale la pena tanto sacrificio,  para que el año que viene vuelva a aparecer otro tumor inesperado y todo comience de nuevo. 

A veces, es mejor admitir que si el cáncer ha vuelto es porque puede haber otro destino diferente al que nosotros nos empeñamos en imprimir. Y es importante no olvidarlo.



                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.

sábado, 9 de junio de 2018

Un Futuro Incierto.




Uno cree que tiene su vida controlada, que día a día  y año tras año ha ido creándose una realidad  que puede gustarle o no, pero que es la suya. Creada como resultado de sus actos pasados.

Uno está ahí cómodamente sentado en su sillón, cuando de repente, alguien desconocido viene y le dice que tiene cáncer. En ese instante das un salto e intentas no caer al comprobar que el sillón ha desaparecido.

De repente, ya no existe el sillón, como tampoco existen tus vidas, ni la anterior ni futura. Un agujero negro te engulle y te ves obligado a remar fuertemente hacia arriba para impedir que te trague definitivamente. Con el paso de los días, consigues ir subiendo despacio, observando que hay pequeños agujeritos por los que entran diminutos rayos de luz. Fijas tu mirada y te aferras a ellos, pensando que más arriba, los agujeros y los rayos serán mayores; y podrás escapar por alguno de ellos.

Pero ese camino ascendente está plagado de obstáculos que te impiden avanzar tan rápido como tú desearías. Tropiezas una y otra vez, pero al final consigues salir a flote.

Es entonces cuando te das cuenta de que tu vida ya nunca será la misma. La superficie a la que has llegado es totalmente diferente de la que dejaste abajo. Es resbaladiza, lo que te impide asirte a ella con fuerza y hasta mantener el equilibrio. Tu euforia por haber conseguido llegar arriba y haber escapado de ese horrible agujero, pronto disminuye.

Al llegar no sólo compruebas que ha cambiado esa superficie, sino que el que ha cambiado profundamente eres Tú.

Ya no importan los planes que tuvieras antes de estar enfermo, ahora toca replantearse la vida por completo. Establecer nuevas prioridades, nuevos objetivos y nuevos retos. Toca aprender a vivir con las secuelas, con sus limitaciones y hacer de ellas una parte más de tu día a día, intentando que no te sobrepasen. Procurando que tus "zonas rugosas" no impidan sentir la suavidad y brillo del resto.

Ante tí, se abre un futuro incierto al que hay que mirar con esperanza, compasión y agradecimiento.



                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 19 de diciembre de 2017

DoS Diecinueve de Diciembre.


    "Cristo muerto sostenido por un ángel".                                                                                                              Desde hace casi treinta años éste es uno de mis cuadros preferidos, en éste momento de mi vida cobra pleno significado.                                                                                        Antonello de Messina en 1475 representó claramente cómo me he sentido durante todo éste último año.                                                           Porque mi Angel de la Guarda ha estado ahí acompañándome en todo momento.                                         

Un diecinueve de diciembre del año pasado ingresé en el quirófano, se suponía que sería la operación definitiva y yo tenía la esperanza de estar pocos días ingresada. Pero todo se complicó, acabé con mis huesos en la uci y los pocos días se convirtieron en muchos, demasiados. 

Ha pasado un año entre aquel diecinueve de diciembre y hoy. Un año duro, lleno de retos y de desafíos, de malos y buenos momentos, de tristezas y de alegrías. Un año en el que ha primado tanto el color negro como el blanco y en el que he intentando poner un poco de color para iluminar los días.

Ha sido un año difícil para la familia, cada uno a su nivel ha sufrido los estragos de ésta enfermedad que tanto me ha quitado y a la vez  me ha dado tanto.

Los días se han ido sucediendo, de manera eterna en unas ocasiones y de forma amable otros. Todos han ido dejando un recuerdo en mi memoria. Doce meses que me han traído desosiego y esperanza, llantos y risas, desánimos y ánimos. Un año que parecía no terminar y que a la vez se me ha pasado en un suspiro. ¿Y ahora cómo debo seguir y qué he de hacer con todo lo aprendido?. 

Hay días en los que dudo que mi intelecto esté cuerdo, me surgen dudas sobre si mi mente permanece lúcida o tal vez me encuentro en una suerte de desvarío mental que me lleva a sufrir alucinaciones. Pero por otro lado, pienso que nunca estuve tan cuerda como lo estoy ahora, que he aprovechado cada momento de éste último año para aprender cosas nuevas. Ideas que se han implantado en mi cerebro a fuego, un fuego que por momentos iba de manera lenta y otro hervía a borbotones.

He aprendido que es mejor no pensar en esos días en los que la mente amanece aletargada y el raciocinio se nubla por completo.

Esos días en los que el sueño y el cansancio se apoderan de ti y te da la impresión de que un enorme monstruo verde te han tragado. Un monstruo pegajoso que amenaza con dejarte atrapado en su estómago para siempre.

HOY 365 días después aquí estoy, un año más vieja, cien años más sabia y un millón de años más cuerda.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.



viernes, 3 de noviembre de 2017

Si NeCeSiTaS aPoYo BuSCaLo.



Se que todas las personas que tenemos a nuestro alrededor hacen un gran esfuerzo por entendernos. Pero es difícil saber lo que le ocurre al otro, si no estás en su misma situación. 

Por eso, es tan importante reunirnos con otras personas que tienen el mismo problema o enfermedad que nosotros. Si bien es cierto, que cada persona es un mundo y cada tratamiento otro, al final, los patrones entre nosotros son muy parecidos. Esto nos permite opinar sobre los síntomas de otros enfermos o que los otros opinen abiertamente sobre los nuestros. 

Entre nosotros es más fácil apoyarnos y darnos ánimos, al fin y al cabo, casi todos los enfermos de cáncer pasamos por los mismos tratamientos. En unos casos la quimioterapia es más fuerte o en otros lo es la radio. Pero aunque el número de sesiones oscile a favor de unos o de otros, los efectos secundarios son muy parecidos en todos los casos.

Hay días en los que el sol amanece nublado y nosotros con él. Esos días, lo mejor es buscar apoyo dentro de un grupo de enfermos que nos entienda y nos den los ánimos que necesitamos. Ellos mejor que nadie nos apoyarán para poder seguir nuestro duro camino.

Ese camino que amanece soleado muchos días y completamente nublado otros. Un camino complicado, que recorremos a grandes zancadas unos días, mientras que otros tan sólo alcanzamos a dar pequeños pasos.  

Siempre hay personas cerca dispuestas a ayudarnos, busquemos su apoyo cuando lo necesitemos, porque juntos es más fácil llegar un poco más lejos.

Yo pertenezco a dos colectivos, en ellos me apoyo unas veces  y animo a mis compañeros otras.


                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.

jueves, 21 de septiembre de 2017

No Mal Interpretemos Mis Palabras.

No deseo que haya personas que malinterpreten mis textos, y lleguen a la conclusión de que con ellos doy una definición un tanto bucólica de mi enfermedad. Nada más lejos de la realidad.

Es cierto que mis textos no son textos al uso, de alguien que está pasando por un proceso cancerígeno y no sabe cuál será el desenlace final.

Pero también es cierto, que yo he querido plasmar sobre el papel mi manera de ver y de afrontar el cáncer. Por mí y por si mis palabras pueden ayudar a otras personas.

Normalmente suelo escribir los días que me encuentro mejor, porque los días en los que no me encuentro bien, no tengo ganas de hacer nada. Estos días suelo dejarlos pasar a la espera de que lleguen otros en los que me encuentre mejor. Aunque pasen despacio, pasan. Y amanece otro día y aunque en principio prometa ser igual que el anterior, al final cambia a mejor. Porque recibo una llamada o un mensaje que me anima.

Por eso, no quiero que nadie caiga en el error de pensar, que pasar por una enfermedad grave es fácil, ni divertido. Porque esa idea dista mucho de ser real.

Lo único que intento con mis textos es animarme a mí misma y de paso, animar a todas aquellas personas que lo necesiten.


                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.

jueves, 14 de septiembre de 2017

13 MeSeS.



Desde que estoy enferma pocas cosas puedo hacer yo sola, en la mayoría de los casos necesito ayuda o supervisión.

A la falta de fuerza generalizada en todo el cuerpo y los dolores en las articulaciones se une el problema de las lagunas mentales que de vez en cuando aparecen.

Estas lagunas se ponen de manifiesto en las situaciones más dispares y a la vez cotidianas, como ir a pagar la compra y no saber qué billetes debo entregar. Otras veces aparecen cuando mantengo una conversación con alguien y de repente, se lo que quiero expresar pero no sé decirlo. También me ocurre a la hora de escribir, muchas veces no se cómo se escribe la palabra que quiero poner y le tengo que preguntar a mi marido que me diga cómo se escribe.

Es una sensación muy extraña, ésta de tener que depender de otra persona para poder llevar una vida "normal". El "quiero" pero no "puedo". Esta situación hay días que se hace difícil de sobrellevar, máxime cuando has sido una persona tan activa como yo.

Que mi marido se ocupe de realizar casi todas las labores que habitualmente hacía yo, no deja de ser necesario y frustrante a la vez, porque indica claramente, que yo no estoy en condiciones de poder realizar muchas cosas, como vestirme o asearme sola.

El me pregunta y desde mi cuartel instalado en el sofá, yo le voy indicando qué hacer o cómo cocinar.

Así con éste ritmo, van pasando los meses y ya han transcurrido 13.


                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Volar y volar.




Volar y volar apoyándonos en las ramas que nos ofrecen cobijo.

Todos tenemos personas que nos apoyan, aunque con la primera persona que deberíamos contar es con nosotros mismos. Nadie está realmente sólo a no ser que quiera estarlo.

Estas personas se convierten en nuestras ramas de apoyo. Algunas veces están cerca y podemos verlas con frecuencia. Mientras que otras están más lejos y tan sólo podemos hablar con ellos por teléfono. Pero todas las ramas y todos los árboles, cumplen por igual su función de apoyarnos y darnos ánimo.

Da igual que el número de ramas sea grande o pequeño, lo importante no es la cantidad, sino la calidad. 

Ellos, aunque no lo sepan, suelen tener la madera igual o más dura que la nuestra. Porque así, pueden sobrellevar mejor nuestras embestidas cuando tenemos días malos e intentar animarnos si decaemos. 


La suya no es una tarea fácil. 

Cuando uno tiene una enfermedad que se alarga en el tiempo, es importante tener personas a tu lado que se ocupen de ti, que te acompañen a recorrer el sinuoso camino que nos ha tocado. Porque hay días que pasan deprisa, mientras que otros se hacen eternos e incluso los hay que son camaleónicos y nos ofrecen las dos posibilidades, comenzando de una manera y acabando de otra totalmente distinta.

Por otro lado no todos los enfermos somos iguales,  mientras unos intentan hacer más llevadera la enfermedad y la de sus ramas de apoyo, otros le hacen la vida imposible al árbol entero, a todos los que tienen a su alrededor. Hay que ser consciente de que nuestro estado de humor va a condicionar el de toda la familia. ¿Y no es más agradable vivir en un bosque que en un páramo?. Si nos trasladamos a vivir al páramo o un desierto, tan sólo conseguiremos disminuir nuestra calidad de vida. 


Esto, no quiere decir que no nos permitamos tener días malos. Esos días podremos permanecer acurrucados en nuestro nido. Pero cuando pasen, hemos de remontar y volar lo más alto posible.

Volar y volar es lo único que podemos hacer cada día. 

Espero que vosotros también tengáis vuestras ramitas especiales.

Dedicado a mi grupo de Oncofelices.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.



sábado, 13 de mayo de 2017

Un caracol.

Este texto se lo dedico a dos amigas, Rosa y Pilar.
Por sus respectivos cumpleaños. Un beso hasta Huesca.



Ultimamente estoy muy cansada, aunque en honor a la verdad, debería decir que estoy agotada. Mi cuerpo ha decidido no llevarme a ningún lugar. El último ciclo de quimio me ha cobrado un mayor peaje que los anteriores.

Mis fuerzas y mis defensas se han ido de vacaciones, si bien es cierto, que no sé si juntas o por separado. Si he de ser sincera, creo que se han apuntado a algún programa de intercambio vacacional, porque en su lugar, han llegado unos sofocos del tamaño de huracanes que me arrasan sin piedad. Las noches las paso entre sudores fríos y calientes, secándome con la toalla y cambiándome de camiseta cuando me quedo helada para no acatarrarme.  

Hoy al salir a pasear, me he encontrado a un amigo al que le han colocado una prótesis de cadera, caminaba con las dos muletas mucho más deprisa que yo sin ninguna, porque mi velocidad de crucero, es velocidad caracol.

He de reconocer que voy haciendo pequeños progresos. Mi cuerpo va poco a poco recuperando la musculatura que perdió, aunque aún me quede mucho tiempo para recuperarla del todo y poder llevar una vida normal. Ya ni siquiera digo trabajar, porque las manos me tiemblan sin parar.

Como con el ciclo anterior ya se me cayó bastante pelo, pensé que ya no se me caería más, craso error por mi parte pensar eso, la semana pasada comenzó a caerse en grandes cantidades y pensé que a ese paso no me iba a quedar ningún pelo, ni de lista ni de tonta. Y así estamos. como veréis todo muy divertido y ameno.

A veces es necesario tirar de ironía para hacer más llevaderos los momentos difíciles.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.



domingo, 9 de abril de 2017

Hay días tan rugosos como la piel de una col.

Este texto lo escribí en marzo.


Hay días tan rugosos

 como la piel de una col.

Hoy estoy pasando mala tarde.

Hemos salido de viaje aunque para mí  supone un gran esfuerzo físico.

Pero necesitábamos desconectar de la rutina casa-hospital. Esa rutina en la que nos hemos sumergidos los últimos meses.

El cansancio físico me ha llevado al cansancio psicológico y me he desanimado, me duele la cabeza y tengo unas décimas de fiebre a causa de la quimio.

Hace tres días me teñí el cabello porque ya me había crecido. Fuimos al supermercado a comprar y vi un tinte color turquesa que me gustó y decidí comprarlo.

Por la tarde me lo teñí y como gran parte de él son canas me quedó de color azul clarito, al día siguiente me lo volví a teñir para conseguir un tono más oscuro.

Pero hoy tres días después, el cabello ha comenzado a caerse de nuevo, dieciséis días después de la última sesión de quimioterapia. 

Hoy es uno de esos días en los que no me apetece nada, mañana ya veremos…



  Un saludo.                              

                                        

                                                 
                                                 

                               
                          Paula Cruz Gutiérrez.                    
         
      

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