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martes, 22 de junio de 2021

CUESTIÓNATE LA VIDA.



Hace mucho que no me enfrento a una hoja en blanco. En los últimos meses no he sido capaz de que las palabras vinieran a mí y mucho menos de tener la habilidad de plasmarlas en el papel. Las palabras y las frases, son como entes con vida propia, que un buen día deciden acompañarte o por el contrario, alejarse de ti. Pero cercanas o esquivas siempre nos acompañan.

Nací curiosa, buscando, aprendiendo y siempre intentando mejorar. El crecimiento personal y mi propio autoconocimiento han sido temas que me han atraído y en los que he profundizado más a raíz de la enfermedad. Sin duda alguna, esos conocimientos adquiridos me  son de gran ayuda en el día a día, aunque la paradoja resida, en que cuanto más aprendo más consciente soy de todo lo que me queda por aprender.

Es cierto que hay veces en los que la vida me puede, entonces desciendo a los infiernos y me cuesta mantener el tipo. Pero pasado un tiempo prudencial, consigo reunir las fuerzas suficientes para poder comenzar a ascender de nuevo por las paredes del pozo. Todos tenemos días buenos y otros menos buenos.

Es entonces, cuando vuelvo a cuestionarme las cosas y a buscar respuestas para todos mis interrogantes. En ocasiones las encuentro, en otras no, a veces incluso, encuentro respuestas inesperadas que me desconciertan. Pero no es motivo para dejar de hacerme preguntas.

Mi alma eligió recorrer un camino sinuoso, de búsqueda constante fuera y dentro de mí. A mi modo de entender, ésta es la única forma de seguir aprendiendo y seguir en la búsqueda de mi verdadero yo. Ese yo que todos tenemos escondido, un yo puro, sin ego, sin las limitaciones que nos ponemos o que nos imponen a diario. Un ser divino abundante y amoroso que cuida de nosotros mismos y nos ayuda a cuidar a los demás.

Buscad a vuestro verdadero yo, está escondido en algún rinconcito de vuestro interior. Plantearos qué es lo que deseáis hacer de verdad, qué sueños teníais de niños, cuales habéis cumplido y cuales se perdieron por el camino. Ser adulto y responsable no implica renunciar a todo lo que somos y queremos. No pospongáis para mañana el comenzar a ser felices, porque tan solo existe el aquí y ahora.

Vale la alegría encontrarlo.



                                                                        Paula CRuZ Gutierrez.


 

lunes, 4 de enero de 2021

ViViR.




Comenzamos año nuevo, y con él renovamos las ilustraciones  con la esperanza de que nuestras vidas mejoren. 

Estos días inevitablemente, vuelven a mí los mismos recuerdos, los de aquellos días en los que mi vida dio un vuelvo inesperado. 

Por estas fechas hace cuatro años me encontraba en un limbo desconocido, sedada y enganchada a un respirador. Me durmieron un 24 de diciembre y desperté un 6 de enero, sin saber dónde estaba ni qué había ocurrido. Mucho menos imaginaba la que se me avecinaba. 

Desde entonces ha habido muchos avances y otros tantos retrocesos. Aprendí a escribir y leer de nuevo, a caminar, a hablar, porque después de cuarenta y cinco días paradas, mis cuerdas vocales se habían oxidado. Comencé a hacer ganchillo y a coser muñecos de fieltro para mejorar la psicomotricidad de mis manos. Y tardé un año en volver a utilizar un cuchillo. Aún recuerdo la tarde en la que conseguí darle la vuelta a  una tortilla de patatas, salté de alegría porque no podía creermelo. 

Mientras por el camino, perdí memoria, fuerza física, mi preciada habilidad con las manos, mi trabajo, muchos de los conocimientos de años de estudio y muchísimos días. 

El cáncer no se quedó conforme y volvió dos veces, entonces tuve que volver de nuevo a la casilla de salida. A día de hoy convivo con él, esperando que se aburra y decida irse para siempre. 

Han sido muchos los viajes, los médicos, los tratamientos y los malos ratos. A cambio de todo esto encontré verdaderos amigos y mucho mucho cariño. 

Hubo momentos de agotamiento en los que tiré la toalla, pero con ayuda, conseguí sacar fuerzas de donde no había para continuar. Aún me sorprende cuanto puede aguantar el cuerpo humano. Mi cuerpo en este caso. 

Pienso que cada día es como un año nuevo, porque no sabemos lo que nos depara la vida, hacer planes a largo plazo, se ha vuelto un ejercicio poco útil.  

Superar todo lo bueno y lo malo es lo que tiene estar vivo. 


                                                                         Paula CRuZ Gutiérrez. 

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Su Mejor Regalo.


Se levantó alegre, porque por fin, sabía el regalo que le pediría a Papá Noel. 

Llevaba unos días pensando y no conseguía llegar a ninguna conclusión. Buscaba algo especial, porque ya estaba cansada de que todos los años le trajera regalos materiales. No necesitaba nada en especial, al contrario, en casa tenía acumuladas demasiadas cosas innecesarias. 

¡Este año le pediría un frasquito de polvos mágicos de la aurora boreal! 

Esas auroras que embellecen las noches de invierno en Laponia. Deseaba los mismos polvitos que Santa Claus le echaba a su trineo, para que pudiera volar y poder repartir en una sola noche todos los regalos. 

Se imaginaba depositando una pequeña cantidad de aquel polvo iridiscente sobre su mano, cómo la luz del sol se reflejaba en él y brillaba con infinitos colores brillantes, irradiando su luz por toda la estancia. Y después, tenía pensado soplarlos al viento desde su venta, esperaba que volando, volando se repartieran por toda la ciudad y llevaran consigo felicidad y alegría a todos sus habitantes. 

Una vez tuviera en su poder aquel frasquito maravilloso, lo guardaría como un tesoro en un pequeño bolsillo dentro de su bolso preferido. Irían con ella allí dónde ella fuera y así, poder ir repartiéndolos sobre la mayor cantidad posible de personas y de hogares. 

Feliz Año Nuevo a todos y que la autora boreal ilumine vuestras vidas y la de vuestros seres queridos. 


                                

                                      Paula CRuZ Gutiérrez. 

lunes, 28 de diciembre de 2020

Los Culpables.

 Sabíamos que el asunto era complicado, pero no imaginábamos cuanto. A priori podríamos sospechar que hubiera un culpable ¿pero dos?
Hace casi dos meses me hicieron un estudio genético, el doctor me dijo que intentaría conseguir la mayor cantidad de información posible. Así ha sido. 

El estudio ha revelado que tengo dos mutaciones en dos cromosomas. Estas mutaciones son las responsables de que mi organismo sea incapaz de hacer frente a las células tumorales. En especial son las responsables del cáncer de mama, de ovario y de próstata, lo que no quita, que podamos desarrollar cualquier tipo de cáncer.

Pero no queda ahí la cosa, porque además, es una cuestión hereditaria. Mis ancestros me lo transmitieron con todo su amor y yo he tenido la "gran fortuna" de heredarlas y que además, el cáncer se me haya desarrollado de pleno. 

Indagando, indagando he rastreado la enfermedad hasta una bisabuela paterna, la que fuera madre de mi abuelo Luis. El apellido Jiménez es el transmisor.

¿Y qué solución hay?. Ninguna.

Una persona puede heredar las mutaciones y se por tanto portadora, pero no desarrollar la enfermedad, pero sí transmitirla a sus descendientes y que sean ellos los que enfermen. Si tienes un progenitor con estos genes "defectuosos" las posibilidades de heredarlos son del cincuenta por ciento. Una vez en tu ADN, tienes el mismo porcentaje de desarrollar un cáncer. 

Una mujer que es portadora de esta mutación, tiene siete veces más posibilidades de padecer un cáncer, que otra que no es portadora.

La semana pasada el doctor, un señor amabilísimo y muy educado, me ha ido contando de manera pormenorizada todos los detalles del estudio y de sus resultados.

Lo único positivo de esta historia, es que la nueva medicación que me están administrando ahora, funciona mucho mejor si existen las dichosas mutaciones. 

Antes de salir de la consulta el doctor me ha dado las gracias por mi ánimo. Me ha comentado que con mi actitud le he aportado un poco de ánimo, cosa que habitualmente no le ocurre en la consulta. Me ha dicho que llevaba una mañana de locos. Hay días en los que sin buscarlo, nos convertimos en la luz de alguien, otros días sucede precisamente al contrario. Le he dado las gracias junto con una sonrisa y mis mejores deseos para el año próximo. Se ha emocionado y solo le ha faltado darme dos besos. 

Me vuelvo a casa feliz, porque siempre hay gente buena que te ayuda cuando más lo necesitas. 


                                                                     Paula CRuZ Gutiérrez. 

lunes, 21 de septiembre de 2020

VoLVeMoS a La CaRReTeRa.




Me había propuesto  no escribir sobre la enfermedad, porque me parecía que ya me estaba poniendo pesada, y en ningún momento he querido serlo. Mis textos iban destinados a mi autoayuda por un lado, y por otro, a animar a quien lo pudiera necesitar . 

Pero hoy estoy de vuelta, al igual que mi amigo el cáncer. Esta mañana me han comunicado por tercera vez que vuelvo a tener varias manchas sospechosas. Cambia el continente, pero no el contenido. 

¿Porqué? Pues nadie lo sabe. Lo que está claro es que tendré que seguir de por vida con la medicación, a la espera de que los repuntes que vayan apareciendo sean fáciles de controlar.

Nuestra vida es así, vamos subidos en una montaña rusa y tan pronto estamos arriba, como corremos cuesta abajo y sin frenos. Hemos de acostumbrarnos a que el vértigo sea nuestro compañero de camino.

Y os preguntareis cómo se mantiene la paz interior en este momento, y la verdad es que no sé qué decir. Pero lo cierto es que estoy tranquila, aunque tenga la sensación de caer al vacío. Espero tener abajo una red que me sujete.  No voy a mentir, a raros me pongo nerviosa, pero seguidamente vuelvo a tranquilizarme porque sé que preocuparse no sirve de nada.

No me queda otra que aceptar y confiar.

Aunque haya sido un verano atípico, para nosotros ha sido un buen verano, lo hemos disfrutado plenamente. Y volvíamos a la carga con pequeños planes. Ahora la enfermedad me obliga a volver a aplazarlos, aunque ellos sean los que mantienen a diario mi cabeza ocupada. 

Sigo estando en las mejores manos y sé, que mis médicos no me dejarán caer el precipicio. De nuevo buscan el tratamiento que me pueda ir mejor y que me ayude a ganar tiempo.

Vuelvo a la carretera esperando que el viaje me permita contemplar el paisaje. 


                                                                        Paula CRuZ Gutiérrez. 






miércoles, 12 de agosto de 2020

CoNTiNuaR.

 



Parece que el verano ha decidido dejar de lado el tórrido calor con el que nos fustigaba los días pasados, para darnos una tregua. 

El viento nos azota estos días como si alguien hubiese abierto una puerta y se hubiesen escapado todos los demonios que permanecían escondidos a la vuelta de la esquina. Hemos pasado del calor extremo, al desasosiego del viento azotando nuestras cabezas. Un viento que nos golpea tan fuerte como nuestros propios pensamientos. 

Los días van pasando mientras permanecemos expectantes en este verano atípico que nos ha tocado vivir. Para todos últimamente, es como si el mundo se hubiera tornado un lugar menos seguro, un lugar indeciso e inestable, cargado de cierta incertidumbre, que nos afecta de diferentes formas a unos y a otros. Siempre dependiendo de nuestra manera de ver las cosas. 

Es muy loable sentir cierto respeto frente a tanta inseguridad, pero no debemos permitir que el miedo se apodere de nosotros y nos atenace el cuerpo y el alma. Todos y cada uno, necesitamos un período de tiempo para aclimatarnos a los cambios, si bien es cierto, que últimamente hemos tenido muchos de esos cambios en poco tiempo. Pero aún así, todos seremos capaces de sobreponernos a esta situación y de poder continuar mirando siempre hacia delante. 

No dejéis que vuestra mente divague y se pierda en pensamientos negativos, en algún momento habremos de salir y continuar con nuestra vida, aunque no sea desde el mismo punto donde la dejamos cuando todo esto comenzó. 

Ser una persona optimista es un trabajo a tiempo completo, que es necesario aprender y practicar, máxime cuando lo único que nos rodea es desánimo y malas noticias. Ser optimista supone ir  contra corriente y no es fácil, pero si es nuestra elección de vida conseguiremos nuestro propósito. 

Recordad que todos los callejones tienen al menos una salida, aunque a veces parezca estar ocultar. 



                                                                         Paula CRuZ Gutiérrez. 


jueves, 9 de julio de 2020

ToMaR DeCiSioNeS.




El valor de tomar una decisión consecuente contigo mismo. Sopesando los pros y los contras y viendo qué tiene más valor. 

En muchas ocasiones hemos de tomar decisiones difíciles, nuestro corazón dice una cosa, nuestra mente otra y si además consultamos con los más cercanos, obtendremos otras opiniones distintas. Difícil encrucijada. 

Pero si uno es sincero y se pregunta qué es lo que desea en realidad, obtendremos una respuesta clara, aunque no sea la más racional o la correcta a los ojos ajenos. 

El corazón y nuestro intelecto superior nunca mienten, otra cosa es que habitualmente les prestemos atención y les hagamos caso. 

Esta semana, me ha tocado a mí, tomar una de esas decisiones y lo he tenido claro. 

En este último año me he sometido a una químico muy fuerte, he superado una operación y una fuerte infección y seguido con los ciclos de mantenimiento. 

Pero últimamente mi cuerpo y mi mente me decían que pese a las recomendaciones médicas, debía parar y darle a mi organismo la posibilidad de comenzar a desintoxicarse y así lo he decidido. 

Acabo de salir de la consulta de mi oncólogo y ha aceptado mi proposición. Seguiré con mis revisiones pero por el momento no habrá más ciclos. 

Mientras escribo escuchando las cigarras de fondo, me doy cuenta del gran peso que me he quitado de encima. 

Estoy feliz por el comienzo de esta nueva etapa. 


                                  Paula CRuZ Gutiérrez. 

jueves, 18 de junio de 2020

eSCRiBiR.

El acto de escribir siempre conlleva otro acto: el de concentración y de introspección interior. No siempre uno escribe lo que tenía pensado, porque hay veces en las que la pluma y la mente se confabulan y las palabras toman su propio camino. 

Expresar y trasladar al papel lo que uno desea en ocasiones se torna complicado, mientras que en otras las palabras brotan por doquier.

Anoche escuché en una serie como un doctor le decía a su paciente, que tenía mucha suerte porque le habían detectado un cáncer de estómago en fase inicial. En ese momento pensé con ironía y tristeza, que sí que es una fortuna que te digan que tienes cáncer. ¿Qué pedazo de insensato ha escrito ese guión? ¡Qué se lo diagnostiquen a él y después veremos si escribe lo mismo y no cambia la historia!

Hoy estoy de nuevo en el hospital, a primera hora he tenido el TAC de control, antes he pasado por oncología para que me pincharon el viper (la aguja para el contraste es mucho más gruesa). Después he acudido a la consulta de Neurología. Los cuatro tratamiento que me han prescrito para el dolor de cabeza no han funcionado y los efectos secundarios han sido devastadores, incluyendo fatiga, amnesia y ciática.

La doctora ha decidido infiltrarme anestesia en el cráneo, me ha pinchado doce veces. ¿Cuantas burradas debemos aguantar?

Intento hacer un cálculo a groso modo, de cuantos pinchazos llevo desde que la diversión del cáncer empezó y no soy capaz de calcularlos. ¿Tal vez doscientos? Se me hacen pocos. Y no siento todo lo que llevo, sino lo que aún me queda.

En la cafetería he coincidido con la doctora que me diagnóstico el tumor y aunque estaba muerta de sueño porque salía de guardia, hemos tenido una conversación muy animada. Según ella mi historia es igual de bonita como de dura. El cariño siempre nos suma a todos.

Ahora tengo el ciclo de quimio y extasiada de tanta diversión volveré a casa.

Y vuelta a empezar. Los enfermos oncológicos somos como un hámster dando vueltas en la rueda. Seguimos vivos aunque estemos muy mareados y a pesar de todo sin perder el humor.



                                  Paula CRuZ Gutierrez. 






miércoles, 10 de junio de 2020

CuMPLeaÑoS.



El 8 del mes de Junio de hace cincuenta y dos años aterricé en este mundillo nuestro. Dicen que cuando tu fecha de nacimiento es capicúa la vida te sonríe, aún no sé si será cierto, 

continúo haciendo las averiguaciones pertinentes al respecto.

Hoy será un día diferente, al hilo de la situación en la vivimos los últimos meses.

Para mí es un día especial porque mis hijos están emocionados, intentando guardar el secreto del regalo que me han comprado junto a su padre. Llevan una semana de nervios, intentando evitar que la lengua les traicione. Hemos comprado una tarta y tomaremos sidra sin alcohol para celebrarlo.

Pienso en mi edad y en mi imagen, entonces, recuerdo las de mi madre y mi abuela a mi misma edad. Imágenes completamente distintas, en su época una mujer con cincuenta años era ya una persona mayor, por su ropa y por sus pensamientos. Hoy afortunadamente, podemos agradecer que esto haya cambiado y con esta edad, aún nos consideramos jóvenes y con muchas cosas inconclusas aún por hacer.

Desde muy temprano me están llegando felicitaciones, muchas gracias a todos por ellas y por recorrer conmigo este camino llamado vida.

Ya sabéis que los senderos a veces están llenos de piedras, unas grandes y otras más pequeñas. Que a veces las fuerzas nos fallan y cuando parece que ya no podremos continuar, vuelven a nosotros de nuevo. 

Muchas gracias de corazón por todas esas visitas que hacéis al blog, yo tan sólo pretendo distraeros un ratito de vuestras obligaciones. Y cada día me sorprendo más, ya son ciento cincuenta y dos mil visitas contabilizadas, algo impensable para mí. Aquí seguiré mientras las palabras me acompañen.

La obligación de tener que aprender de nuevo a leer y a escribir se ha convertido en una devoción. Espero seguir aprendiendo cada día más y poder llegar a escribir textos coherentes.

Muchas gracias de nuevo y un beso para todos.


                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.

martes, 2 de junio de 2020

Adolfo.

    Hoy os deseo que paséis un buen rato con una lectura diferente.

Faltaba poco para la llegada del alba cuando la alarma comenzó a emitir sonidos. Él estiró su brazo fuera del calor de las sabanas y detuvo aquella música pausada que usaba como despertador. 

Sobre la banqueta de su dormitorio, descansaban las prendas de ropa que pulcramente, había colocado allí la noche anterior. Ropa gastada, pero muy cómoda para ir al campo. 

Intentó no darle opción a la pereza, no fuera a ser que lo atrapara, por lo que saltó de la cama medio dormido. Aún en pijama, desayunó café solo acompañado de una tostada medio quemada y un tanto triste; asearse y vestirse lo dejaba siempre para el final. 

Salió de casa en el preciso instante en el que se avistaban en el horizonte los primeros rayos de sol, encaminándose en su coche hacia el monte. Exactamente en dirección opuesta a la luz, como queriendo huir del día que estaba por llegar. 

Cada domingo desde hacía diez años seguía el mismo ritual. A su espalda cargaba una mochila con algo de ropa, agua y un poco de comida. En su mano, el viejo bastón de madera de castaño que le acompañaba siempre.  Fiel compañero de paseos y caminatas, de pensamientos y pesadumbres. 

Aquella mañana decidió tomar un camino diferente, uno que tras el río giraba hacia el norte.

Según indicaban las agujas de su viejo reloj, llevaba algo más de una hora caminando, cuando decidió parar para beber y comerse uno de los dos bocadillos que tenía. Se sentó sobre una enorme piedra de granito porque comenzaba a hacer calor, y sobre ella, un viejo roble desplegaba su sombra. Comió despacio, en silencio, observando el paisaje. Fue entonces cuando la copa de un árbol más puntiaguda que las demás le llamó la atención. Terminó rápido su comida y se puso en marcha de nuevo, decidido a encontrar aquel ciprés que contrastaba con el resto de los árboles vecinos. ¿Habría llegado solo hasta allí, o lo habría llevado alguien? Sin saber porqué, le intrigaba aquella cuestión.

Varios días atrás, había caído una gran tormenta, por lo que aún se podían apreciar charcos pequeños que brillaban al reflejar la luz solar. Si te fijabas bien, podías observar a su alrededor huellas de corzos, lobos e incluso pájaros que sin duda alguna se habían acercado a beber el agua de lluvia.

Continuó caminando durante lo que le parecido una eternidad, pensando en aquel árbol escurridizo que a veces perdía de vista, para encontrarlo de nuevo poco después.

Cada vez ascendía más y el terreno se iba haciendo más abrupto. Sus piernas estaba ya cansadas y su respiración acelerada, cuando levantó la vista y lo vio, frente a él. Allí estaba el ciprés, luciendo todo su esplendor y junto a él, curiosamente, se encontraba un rosal repleto de rosas rojas. Aquello, no hizo otra cosa que aumentar su curiosidad. Se acercó despacio y pudo ver, que tras el rosal que trepaba por la roca, había un orificio a modo de hueco. Daba la impresión de ser la entrada a una cavidad natural.

Buscó a tientas la linterna dentro de su mochila y apartando un poco las ramas traspasó aquél pequeño hueco. El interior estaba oscuro y aparentemente era solo el comienzo de una galería muy larga. Continuó caminando hacia dentro, intrigado. En un pequeño descuido, tropezó con una piedra y la linterna salió disparada hacia delante, quedó sobre el suelo iluminando lo que parecía una gran bóveda. Adolfo se quedó tan impresionado que durante unos minutos fue incapaz de levantarse del suelo.

Abrumado por lo que veía recuperó su linterna y comenzó a observar las paredes. Sin lugar a dudas, él no era el primer visitantes de aquel lugar, ya le habían precedido muchos otros, que habían ido dejando su impronta en aquellas paredes rocosas. El tiempo se detuvo y cuando Adolfo decidió salir ya no pudo, afuera la noche lo cubría todo, y una fuerte tormenta azotaba el monte agitando los árboles como si fueran fantasmas endemoniados.

Decidió que lo mejor que podía hacer era volver al interior y quedarse allí para siempre.



                                                                     Paula CRuZ Gutiérrez.



jueves, 14 de mayo de 2020

Ánimo.



A veces creemos erróneamente que  nosotros "podemos con todo". Pero aunque tengamos la predisposición adecuada, es muy difícil conseguirlo.

Pero si nos apoyamos en alguien, o incluso en varias personas a la vez, el camino suele ser más llevadero.

En estos días la vida de varios amigos  y familiares se ha convertido en una especie de tarta en la que cada una de las porciones es un problema a cual más importante. Porciones bañadas por el virus y adornadas por las guindas del confinamiento.

Estos días en los que no podemos visitarnos y hemos de relacionarnos sólo mediante el teléfono, las cosas se complican y en algunos casos incrementan la incertidumbre.

Todos estamos viviendo una situación  hasta ahora desconocida y difícil de gestionar. Es ahora, cuando nos vemos obligados a utilizar todos nuestros recursos psicológicos para no sucumbir. Y si creemos no tenerlos, buscar a alguien que nos rescate. Estos días hay psicólogos que prestan ayudar de forma desinteresada.

Es importante darse el permiso de estar triste, enfadado, desanimado, cada uno debe gestionar sus tiempos y sus dueños, sin permitir eso sí, que se enquisten y nos impidan avanzar.

Os envió todo mi ánimo.


                                  Paula CRuZ Gutiérrez.






domingo, 5 de abril de 2020

PaToLoGíaS PReVias.


Anoche al meterme en la cama el sueño apareció escurridizo. Como no me dormía me dio por pensar en el virus ese del que últimamente habla todo el mundo. Parece que no es una cuestión baladí, además, al listado de fallecidos, siempre lo acompañan con la misma coletilla: con patologías previas. Y yo me pregunto qué significarán esas palabras.

Me pongo a pensar si yo tengo alguna posibilidad de entrar en este grupo de riesgo. Mentalmente y en silencio, voy repasando las enfermedades que he tenido a lo largo de mi vida.

Cuando tenía cinco o seis años, me operaron de anginas, pero creo que eso no cuenta. Hace tres años, tuve una insuficiencia respiratoria que me obligó a estar un mes enganchada a un respirador, pero pienso que eso tampoco es importante. También he tenido en dos ocasiones cáncer con metástasis en ambos casos, ya superados. Pero creo que esto tampoco va a ser una patología previa. Al final me canso de tanto pensar, porque no llego a ninguna conclusión.

Pero justo antes de dormirme, me acuerdo de que hace muchos años me hice un esguince en el tobillo izquierdo, y entonces decido que lo mejor será quedarme en casa. No vaya a ser que el esguince sí sea considerado como una patología previa. 😂😂😂.

A veces es bueno reírse de uno mismo.


                                 
                                                                     Paula CRuZ Gutiérrez. 

martes, 31 de marzo de 2020

La LLeGaDa De DaViD.


Este virus traicionero está haciendo que muchas personas fallezcan antes de tiempo, pero también vemos cómo gente querida va sanando.

Y dentro de tanta desolación la vida continúa, como su propio nombre indica, porque si no fuese así, no se llamaría vida. 

Hace una semana, vino al mundo un bebé precioso. Al que sus padres sabiamente, dicho sea de paso, han puesto por nombre David. 

El ha decidido venir antes de tiempo, como sabiendo que si llegaba más tarde, habría mayor caos en el hospital y ni a su mamá ni a él, les podrían atender como se merecían. 

Un bebé valiente, enfrentándose a su propio Goliat. un bebé que el día de mañana podrá contar a sus amigos que nació en plena pandemia mundial.

Un bebé que tan solo con su presencia ha conseguido derrotar al gigante. 

Porque nuestra existencia es así, está llena de momento tristes, pero también de otros maravillosos. Nuestra mejor opción, es aprender a nadar entre ellos y evitar que sus olas nos arrastren. 

Como la vida está llena de sabiduría, siempre nos da un poco de quietud. 


                                                                                                                                                                                      Paula CRuZ Gutiérrez. 

sábado, 11 de enero de 2020

ReCueRDoS De INFaNCia.




Mi memoria se compone de infinitos recuerdos. Una gran cantidad de ellos hilados con amor y delicadamente guardados, para que el tiempo no los desvanezca. Mientras que otros muchos  fueron olvidados de manera voluntaria, a sabiendas,  y guardados bajo siete candados no sea que osen aflorar a la superficie.

Cuando salgo al campo y veo los cardillos, inexorablemente vuelvo a mi infancia, a casa de mis abuelos maternos en El Pedernoso. Vuelvo a tener a mi lado a mi abuelo, cuchillo en mano, mientras caminamos por la linde del camino buscando los cardillos más tiernos. Largas caminatas de ida y vuelta a casa con un saco lleno, donde nos espera mi abuela, para con toda su experiencia pelarlos, mientras yo intento imitarla sin conseguir evitar pincharme con sus pinchos. Ella con paciencia infinita, me explica cómo hacerlo, siempre del centro hasta el exterior de la hoja.

El menú del día estaba claro: patatas con cardillos. 

Otros días íbamos a la laguna de La Navazuela a pescar lucios, al pinar de mi abuela a recoger  piñas, a buscar setas, a que las vacas nos lamieran las manos con aquellas lenguas que parecían lijas, incluso a disparar perdigones a un bote. 

Y los días que no salíamos, la abuela nos ocupaba regando sus geranios y en la cocina, haciendo magdalenas, galletas, caballitos de San Antón o tortillas de Jueves Lardero. Recuerdo ir a la vaquería con una garrafa de cinco litros a por leche para poder desayunar todos.

Alimentábamos a las gallinas y veíamos nacer y crecer a los conejos. Recuerdo un día en el que mi abuelo mató una gallina y salió descabezada por la puerta del patio a la calle. Todos los días eran una aventura.

Han pasado cuarenta y muchos años, pero ciertos recuerdos siguen tan vivos como antes. Creo que eso nos pasa a todos. Muchas veces recordamos lo que nos sucedió antaño mucho mejor que lo que nos ocurrió antes de ayer. 

Todos tenemos recuerdos que al revivirlos nos hacen felices. Es bueno hacerlo, porque nos iluminan el rostro y el corazón, además, nos ayudan a sobrellevar ciertos momentos que no son del todo agradables.


                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.




viernes, 25 de octubre de 2019

PRoXiMa PaRaDa.




A raíz de los resultados obtenidos en las últimas pruebas, mi tren tiene una nueva parada, lo que los médicos llaman Rescate Quirúrgico. Que no es otra cosa, que volver a pasar por el quirófano.

La metástasis ha desaparecido y de los diferentes tumores que había de distintos tamaños, que afectaban a varios órganos, tan sólo quedan dos pequeñas manchas que hay que eliminar. Como los ciclos de quimioterapia han sido fuertes y yo estoy bastante debilucha, la mejor opción para eliminarlos es la vía quirúrgica. Y de paso si se puede, arreglarme la gran hernia que me produjeron las intervenciones anteriores. 

Mentiría si dijera que me apetece volver a ponerme en manos de los cirujanos, máxime, después de la hecatombe anterior. Pero entiendo que es un paso que he de afrontar. Aunque físicamente no me encuentre en el mejor momento. Así pues, el próximo lunes 28 de octubre, tengo parada y fonda con pensión completa de nuevo en el quirófano y después en la UCI. 

Por mi propio bien y el de las personas que me rodean, intento tomármelo con humor. Cuando la cirujano me explicó que había que hacerlo lo antes posible, entraron en acción mis dotes brujiles, y supe que sería el 28. Ese día era el cumpleaños de mi padre. Así pues, cuando me llamó para informarme de la fecha elegida, no puede hacer otra cosa que sonreír.

Voy a preparar la maleta, echaré unos camisones, la bolsa de aseso y mi mejor versión, a ver si esta vez, todo sale según lo establecido.

Esta melodía me llena de energía y como dice su letra, todo saldrá bien y tarde o temprano, yo conseguiré mi sueño de vivir junto a la montaña.

Continuará...


                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.







viernes, 18 de octubre de 2019

SoRPReSaS Te Da La ViDa.






Ayer al despertar pensé que seria otro día como el anterior, que me dolería todo el cuerpo debido a un catarro que nadie sabe de dónde a venido, y que se debe a que mis defensas están muy bajas y cazan al vuelo todo aquello que no deben cazar.

Como otros muchos días, tenía cita en el hospital a si que allí me fui. Al ir buscando mi consulta por el pasillo, vi de reojo una figura vestida de negro, con la cabeza gacha, mirando ensimismado su ordenador. Dí un paso hacia delante para continuar mi camino, pero entonces me percaté de que el perfil y el flequillo de aquel sacerdote, me era muy conocido. Inmediatamente sonreí y pensé que no podía ser él. Retrocedí un paso y de broma le dije, --Buenos días padre, ¿cómo está usted? El cura en cuestión, se volvió hacia mí y con una amplia sonrisa me dio dos enormes besos.


El día que había amanecido anodino, se convirtió de éste modo en un día especial, lleno de luz y de color, al aparecer de manera improvisada uno de mis más antiguos amigos. Veinticinco años después sigue conservando un sentido del humor voraz, que no deja títere con cabeza, incluyendo a él mismo. Nunca he conocido a nadie que se ría tanto de su propia persona.

Pasamos la mañana juntos, entre broma y broma esperando que nos llamaran para pasar a nuestras respectivas consultas. Una vez terminadas nuestras tareas hospitalarias, nos fuimos agarrados del  brazo a tomar un café. Nos reímos muchísimo contándonos nuestras múltiples dolencias, me enseñó algunos de sus últimos dibujos y nos intercambiamos una receta de lentejas. Es imposible estar con él y permanecer serio o negativo, y a pesar de ocupar un alto cargo dentro de la Iglesia, sigue siendo tan sencillo y cercano como cuando nos conocimos comenzando los estudios.

Le conté que próximamente volverán a operarme, y me dijo me iban que me iban a dejar "divina de la muerte", mucho más de lo que la estaba.

Por eso, nunca deis por sentado, que el día de hoy no puede sorprenderos, porque probablemente os equivoquéis.

Felices y numerosas equivocaciones.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


sábado, 7 de septiembre de 2019

DaNieL y DaNieLa.



La historia que hoy nos ocupa es la de Daniel y Daniela.

Ambos nacieron cronológicamente muy cerca, en la misma ciudad pero en familias distintas.

Daniela fue una niña esperada, desde el primer momento se convirtió en los ojitos de su padre. Ambos progenitores amaban a su hija, la apoyaba e intentaron siempre que inculcarle que debía preocuparse no sólo por ella, sino también por los demás.

La joven tuvo una infancia feliz. Acabó como pudo sus estudios de secundaria y al terminar tomó una decisión. Habló con sus padres y estos sabedores de que su hija no había nacido para ir a la universalidad, aceptaron la proposición: estudiaría un módulo de Secretariado para incorporarse a trabajar después. Y así empezó una nueva etapa. Siempre agradecida por los padres que le habían tocado en suerte.

Muy al contrario, Daniel no fue un niño esperado. El cuarto de cuatro hermanos varones, su madre lo parió a desgana. Otra vez se quedaba con el capricho de tener una hija.

Con unos padres de mentalidad cerrada y férrea, el niño fue creciendo solo, era soñador e inquieto y no le gustaba jugar con sus hermanos mayores. Nunca recibió un beso de sus padres , ni unas palabras de ánimo y si más de una bofetada por no cumplir las normas. Aquella terquedad y la lucha fratricida que mantuvo durante años con sus padres, hicieron que se forjarse en él un carácter inconformista y combativo.

Al alcanzar la madurez, decidió que debía liberarse de todo aquel dolor acumulado y tras un un gran trabajo interior, consiguió perdonar. No lo hizo por sus padres, ellos le daban igual, fue un acto de egoísmo hacia sí mismo, porque necesitaba encontrar cierta paz interior. Aunque tenía claro nunca se le olvidaría todo lo ocurrido.

Tras pasar el tiempo y trabajar mucho con su niño interior, en el fondo de su corazón surgió cierto agradecimiento, porque gracias a todo lo que le había ocurrido, se había convertido en la persona fuerte que era hoy.

Conclusión, no siempre las cosas ni las personas son como deseamos, pero siempre nos son útiles.  



                                                                        Paula CRuz Gutiérrez.

jueves, 8 de agosto de 2019

Hay VeCeS.




Hay veces que los sueños se gastan de tanto usarlos.  Se parten en mil fragmentos que se lleva el viento para no recomponerse jamás. Sueños rotos que quedan huérfanos sin destino ni destinatario.

Hay veces, que es mejor parar, dejar de nadar en contra o a favor de la corriente y dejarse llevar. Aunque el agua nos lleve a aguas mucho más profundas y no sepamos nadar.

Hay veces, en las que uno es fuerte hasta que deja de serlo, el cansancio y el dolor, tan sólo dan pasado a las dudas, al silencio y al llanto. Admiro a esos enfermos que aceptan su destino y deciden no darse ningún tratamiento. Convirtiéndose de esta forma en los únicos dueños de su destino.

Hay veces en las que mis hijos me preguntan porqué no puedo estar sana como las otras mamás. Porqué siempre estoy enferma y cansada. Yo no sé que responderles, porque su mirada infantil no alcanza a comprender mi situación. Muchas veces me pregunto que si no soy capaz de cuidar de mí misma,  ¿cómo voy a cuidar de ellos? Se me antoja absurdo e injusto y me parece que les estoy robando parte de su infancia. Pero lo que sí está claro es que el cáncer nos afecta a todos.

Estos días hay veces, en las que he llegado a la conclusión de que no vale la pena tanto sacrificio,  para que el año que viene vuelva a aparecer otro tumor inesperado y todo comience de nuevo. 

A veces, es mejor admitir que si el cáncer ha vuelto es porque puede haber otro destino diferente al que nosotros nos empeñamos en imprimir. Y es importante no olvidarlo.



                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.

domingo, 4 de agosto de 2019

Y VoLVeR, VoLVeR a La QuiMio oTRa Vez...


Las vacaciones acabaron pronto, había que volver para recibir el siguiente ciclo de quimioterapia. Este verano se plantea así, ciclo cada quince días y entre uno y otro, los días que el cuerpo me lo permita ir haciendo alguna actividad.

El lunes fuimos al hospital como estaba programado, me hice una ecografía, subí a que me colocaran la aguja en el porta cath para la analítica y el ciclo y pasé a consulta. Una vez dentro, la doctora me dijo que tenía las defensas bajas y que no podía darme el ciclo, que debíamos esperar una semana a ver si me recuperada. Ya me habían avisado de que este nuevo fármaco de la quimio atacaba a la médula espinal, por eso había que administrar los ciclos cada cuatro semanas, no cada tres como es habitual. Como otro de los fármacos no podía esperar tanto tiempo para administrarse me lo tenían que dar cada dos. Así pues, tengo un ciclo corto cada dos semanas y otro largo cada cuatro. O lo que es lo mismo, tengo que acudir a quimio cada quince días.

Este corto espacio de tiempo entre un tratamiento y otro, impide a mi organismo recuperarse de los diferentes ciclos tan seguidos. Voy solapando efectos secundarios de unos y de otros sin solucionar librarme de ninguno. Intento consolarme pensando que el tumor va desapareciendo de nuevo y que tan sólo son unos meses, después empezaré de nuevo a recuperarme. Pero los días son largos y los dolores también, la medicación se va acumulando, mis órganos se quejan y yo también.

Habrá que resistir lo mejor que podamos hasta alcanzar la meta, pensando que ya llevamos medio camino recorrido.



                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.