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viernes, 29 de mayo de 2020

eL BoSQue DeL TieMPo.




Hoy hemos viajado al bosque que componen los edificios de Madrid porque me tocaba recibir de nuevo, el tratamiento oncológico, los veintiún días se pasan volando, estemos libres o confinados. 

Siempre suelo darle un abrazo o dos besos a mi oncólogo, pero ahora esa costumbre la hemos tenido que cambiar por una sonrisa medio escondida detrás de la mascarilla y que sube hasta el rabillo del ojo. Solemos bromear entre nosotros, si ve que algún día llego más decaída me pincha, diciéndome que no estoy ya ni para echarme al contenedor de reciclaje. Pero esta mañana ha sido mi turno, y le he dicho bromeando, que de perfil comenzaba a parecerse a mí, que la tripa le iba creciendo. Se ha reído, y me ha contestado que su mujer opinaba lo mismo que yo. 


Después de cinco operaciones en la misma zona, la pared interna de toda mi zona abdominal ha disminuido mucho su grosor, debilitando también su musculatura y al no poder sujetar adecuadamente mis órganos internos, tengo una barriga considerable. Son gajes del oficio de estar viva, mejor tener barriga que no tener nada, como supuestamente iba a ocurrir. 


Pero bueno, ya sabemos que la lógica y las estadísticas, conmigo tienen poco trabajo.

Después de la consulta he subido a la zona de boxes para recibir mi tratamiento. 


Sentada en mi sillón, mientras la enfermera colocaba la medicación en la bomba, escucho en el pasillo cómo otro enfermo le pregunta a otra enfermera cuanto tiempo de tratamiento tendrá hoy, a lo que ella le responde que han calculado que unas tres horas y media aproximadamente. El le responde sorprendido: ah, ¿sólo? Qué bien. 


Entonces sonrío y me acuerdo de cuando yo estaba en su lugar, paseando entre los troncos de las horas que componían mis días, y me doy cuenta de lo relativo que es el tiempo, que lo que a unos les parece un simple paseo, para otros es  toda una eternidad. Porque claro, habiendo pasado ocho horas sentada en un sillón recibiendo el chute de "agua bendita", esas tres horas y media nos parecen una nimiedad.


Y sonrío también porque los enfermos oncológicos, nos conformamos con que nos disminuyan nuestros tratamientos de quimioterapia, y aunque sólo sean cinco minutos, para nosotros eso es todo un triunfo. Así, algunos paseos se nos hagan más cortos que otros.


Cuando uno es enfermo crónico hay muchos pequeños triunfos que celebrar, porque el camino es muy largo y sinuoso.

Feliz día a todos. 



                                                                      Paula CRuZ Gutiérrez. 

martes, 31 de marzo de 2020

La LLeGaDa De DaViD.


Este virus traicionero está haciendo que muchas personas fallezcan antes de tiempo, pero también vemos cómo gente querida va sanando.

Y dentro de tanta desolación la vida continúa, como su propio nombre indica, porque si no fuese así, no se llamaría vida. 

Hace una semana, vino al mundo un bebé precioso. Al que sus padres sabiamente, dicho sea de paso, han puesto por nombre David. 

El ha decidido venir antes de tiempo, como sabiendo que si llegaba más tarde, habría mayor caos en el hospital y ni a su mamá ni a él, les podrían atender como se merecían. 

Un bebé valiente, enfrentándose a su propio Goliat. un bebé que el día de mañana podrá contar a sus amigos que nació en plena pandemia mundial.

Un bebé que tan solo con su presencia ha conseguido derrotar al gigante. 

Porque nuestra existencia es así, está llena de momento tristes, pero también de otros maravillosos. Nuestra mejor opción, es aprender a nadar entre ellos y evitar que sus olas nos arrastren. 

Como la vida está llena de sabiduría, siempre nos da un poco de quietud. 


                                                                                                                                                                                      Paula CRuZ Gutiérrez. 

sábado, 11 de enero de 2020

ReCueRDoS De INFaNCia.




Mi memoria se compone de infinitos recuerdos. Una gran cantidad de ellos hilados con amor y delicadamente guardados, para que el tiempo no los desvanezca. Mientras que otros muchos  fueron olvidados de manera voluntaria, a sabiendas,  y guardados bajo siete candados no sea que osen aflorar a la superficie.

Cuando salgo al campo y veo los cardillos, inexorablemente vuelvo a mi infancia, a casa de mis abuelos maternos en El Pedernoso. Vuelvo a tener a mi lado a mi abuelo, cuchillo en mano, mientras caminamos por la linde del camino buscando los cardillos más tiernos. Largas caminatas de ida y vuelta a casa con un saco lleno, donde nos espera mi abuela, para con toda su experiencia pelarlos, mientras yo intento imitarla sin conseguir evitar pincharme con sus pinchos. Ella con paciencia infinita, me explica cómo hacerlo, siempre del centro hasta el exterior de la hoja.

El menú del día estaba claro: patatas con cardillos. 

Otros días íbamos a la laguna de La Navazuela a pescar lucios, al pinar de mi abuela a recoger  piñas, a buscar setas, a que las vacas nos lamieran las manos con aquellas lenguas que parecían lijas, incluso a disparar perdigones a un bote. 

Y los días que no salíamos, la abuela nos ocupaba regando sus geranios y en la cocina, haciendo magdalenas, galletas, caballitos de San Antón o tortillas de Jueves Lardero. Recuerdo ir a la vaquería con una garrafa de cinco litros a por leche para poder desayunar todos.

Alimentábamos a las gallinas y veíamos nacer y crecer a los conejos. Recuerdo un día en el que mi abuelo mató una gallina y salió descabezada por la puerta del patio a la calle. Todos los días eran una aventura.

Han pasado cuarenta y muchos años, pero ciertos recuerdos siguen tan vivos como antes. Creo que eso nos pasa a todos. Muchas veces recordamos lo que nos sucedió antaño mucho mejor que lo que nos ocurrió antes de ayer. 

Todos tenemos recuerdos que al revivirlos nos hacen felices. Es bueno hacerlo, porque nos iluminan el rostro y el corazón, además, nos ayudan a sobrellevar ciertos momentos que no son del todo agradables.


                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.




sábado, 28 de diciembre de 2019

eL aÑo Que Se Va.




La luz del sol entra a raudales por los ventanales del corredor. Sentada en el sillón, mi única compañia es el árbol de navidad.

Fijo mi vista tras los enormes vidrios y me entretengo observando el patio, que aún sigue vestido con su traje de otoño-invierno. Este año con la enfermedad, no ha dado tiempo de podar los rosales, ni de eliminar las hierbas marchitas. La parra muestra sus ramas desnudas y casi fantasmales, sus sarmientos parecen bracitos enclenques que intentan llegar al cielo. Y para contrarrestarlos a todos, los dos frutales han decidido inchar sus yemas, como si en vez de diciembre estuviéramos en abril.

Así acaba este año, con los cuerpos arrebatados y las mentes poco claras, con la esperanza de que el año que próximamente comienza será mucho mejor para todos nosotros.

Aunque ha sido un año muy duro, lo cierto es que ya ha pasado. Ahora toca reponer y actualizar nuestra lista de sueños y volver al ataque. Eso sí, sin olvidarnos de dar las gracias al año que se marcha por permitirnos llegar vivos al siguiente y poder continuar nuestro camino.

Feliz y Próspero Año Nuevo a todos.


                                  Paula CRuZ Gutiérrez.

martes, 12 de noviembre de 2019

El Dinosaurio.

Una mañana del mes de abril, un enorme Diplodocus llamado cáncer vino a buscarme por segunda vez. 


Estaba yo despispada, entretenida en otros asuntos, por eso, cuando llegó para mi sorpresa, anunció su presencia con un fuerte golpe. Allí mismo todo tembló. 

Yo lo miré entonces con recelo, miedo y estupefacción. Pero él lejos de marcharse sabiéndose fuerte, volvió a golpearme, esta vez, más duro. Traía compañia no venía solo, si no con otros dinosaurio de menor tamaño. 

Siendo ya consciente de su presencia, intenté correr deprisa para evitar que me aplastaran sus fuertes patas, pero no funcionó. Traté sin conseguirlo también de esconderme bajo su enorme barriga, pero al final siempre conseguía golpearme con su duro cráneo. 

Así resistí un embiste detrás de otro, hasta que ya no pude más y decidí pararme. Me acurruqué sin energía ni fuerzas para continuar. Cuando el dinosaurio volvió de nuevo, me encontró muy quieta y aunque intentó moverme con otro golpe, no lo consiguió. 

Desorientado y confuso por mi comportamiento decidió marcharse. 

Así fué cómo conseguí librarme de él, con la esperanza de que con el tiempo y mucha calma, las fuerzas vuelvan a acompañarme de nuevo y no tenga que volver a enfrentarme a ningún dinosaurio más. 


                                  Paula CRuZ Gutiérrez. 


viernes, 25 de octubre de 2019

PRoXiMa PaRaDa.




A raíz de los resultados obtenidos en las últimas pruebas, mi tren tiene una nueva parada, lo que los médicos llaman Rescate Quirúrgico. Que no es otra cosa, que volver a pasar por el quirófano.

La metástasis ha desaparecido y de los diferentes tumores que había de distintos tamaños, que afectaban a varios órganos, tan sólo quedan dos pequeñas manchas que hay que eliminar. Como los ciclos de quimioterapia han sido fuertes y yo estoy bastante debilucha, la mejor opción para eliminarlos es la vía quirúrgica. Y de paso si se puede, arreglarme la gran hernia que me produjeron las intervenciones anteriores. 

Mentiría si dijera que me apetece volver a ponerme en manos de los cirujanos, máxime, después de la hecatombe anterior. Pero entiendo que es un paso que he de afrontar. Aunque físicamente no me encuentre en el mejor momento. Así pues, el próximo lunes 28 de octubre, tengo parada y fonda con pensión completa de nuevo en el quirófano y después en la UCI. 

Por mi propio bien y el de las personas que me rodean, intento tomármelo con humor. Cuando la cirujano me explicó que había que hacerlo lo antes posible, entraron en acción mis dotes brujiles, y supe que sería el 28. Ese día era el cumpleaños de mi padre. Así pues, cuando me llamó para informarme de la fecha elegida, no puede hacer otra cosa que sonreír.

Voy a preparar la maleta, echaré unos camisones, la bolsa de aseso y mi mejor versión, a ver si esta vez, todo sale según lo establecido.

Esta melodía me llena de energía y como dice su letra, todo saldrá bien y tarde o temprano, yo conseguiré mi sueño de vivir junto a la montaña.

Continuará...


                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.







jueves, 8 de agosto de 2019

Hay VeCeS.




Hay veces que los sueños se gastan de tanto usarlos.  Se parten en mil fragmentos que se lleva el viento para no recomponerse jamás. Sueños rotos que quedan huérfanos sin destino ni destinatario.

Hay veces, que es mejor parar, dejar de nadar en contra o a favor de la corriente y dejarse llevar. Aunque el agua nos lleve a aguas mucho más profundas y no sepamos nadar.

Hay veces, en las que uno es fuerte hasta que deja de serlo, el cansancio y el dolor, tan sólo dan pasado a las dudas, al silencio y al llanto. Admiro a esos enfermos que aceptan su destino y deciden no darse ningún tratamiento. Convirtiéndose de esta forma en los únicos dueños de su destino.

Hay veces en las que mis hijos me preguntan porqué no puedo estar sana como las otras mamás. Porqué siempre estoy enferma y cansada. Yo no sé que responderles, porque su mirada infantil no alcanza a comprender mi situación. Muchas veces me pregunto que si no soy capaz de cuidar de mí misma,  ¿cómo voy a cuidar de ellos? Se me antoja absurdo e injusto y me parece que les estoy robando parte de su infancia. Pero lo que sí está claro es que el cáncer nos afecta a todos.

Estos días hay veces, en las que he llegado a la conclusión de que no vale la pena tanto sacrificio,  para que el año que viene vuelva a aparecer otro tumor inesperado y todo comience de nuevo. 

A veces, es mejor admitir que si el cáncer ha vuelto es porque puede haber otro destino diferente al que nosotros nos empeñamos en imprimir. Y es importante no olvidarlo.



                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.

miércoles, 17 de julio de 2019

eL ReiNo CaíDo.


Esta es la historia de un reino muy cercano, dónde gobernaba un emperador tirano. Sometía a sus súbditos con sus temibles marcadores tumorales. Un buen día, esos marcadores decidieron irse de fiesta. Subieron y subieron más allá del cielo y allí los médicos los encontraron jugando entre las nubes. Aquella subida tan alarmante indicaba claramente que el emperador había conquistado aquél imperio. Durante un período de tiempo fue el único rey, haciendo y deshaciendo a su antojo. Pero un buen día su reinado acabó y no tuvo más remedio que exiliarse.

El emperador que se sabía fuerte y era muy avaricioso, intentó en silencio recuperar su reino perdido y así comenzó a crecer de nuevo. Pero esta segunda vez, aunque envío a sus soldados, los marcadores rápidamente delataron su presencia y no pudieron subir ni una triste montaña. Antes de ser descubiertos, escaparon deprisa, agazapados entre las ramas de los árboles y las piedras del camino, rodeando valles y caminando en la oscuridad. Pero una simple analítica los detectó, y ahí comenzó su retroceso.

El temible emperador ya no pudo seguir adelante, se quedó sin ninguna posibilidad de conquistar de nuevo aquel reino. Al ser descubierto, nos pusimos manos a la obra y entre todos construimos una gran pared, tan alta como pudimos para truncar sus planes. Así seguimos, colocando ladrillos y amasando cemento. El cáncer se siente acorralado, sabe que no tiene otra opción que desaparecer de nuevo, sabe que en este cuerpo nunca podrá reinar. Pero como es poderoso y concienzudo, sigue intentando crecer y me pone trabas en el camino, en represalia de las que yo le pongo a él. Y de este modo, lo nuestro se ha convertido en un te doy y te quito, en un deseo que te vayas y en un yo quiero quedarme.

Ahora, hay que esperar al resultado del TAC para ver quién sale más guapo, si él o yo. Aunque no tengo ninguna duda de que él saldrá mucho más desfavorecido.

Aquí la reina soy yo.


                                                                                                    Paula CRuZ Gutiérrez.

El PRiMeR SeMeSTRe .

Siempre hay historias por contar, reales o ficticias, verdaderas o falsas pero que nos sirven de distracción.

Historias sanas que nos ayudan o menos sanas que dejan al descubierto nuestros anhelos. Pero siempre creadas a partir de la misma base: una consecución de letras e ideas que desembocan en un texto.


Hoy mi reflexión gira sobre la idea de que el primer semestre del año llega a su fin y mientras estoy en la cocina, voy haciendo balance.

Me encuentro preparando una empanada para la cena escuchando  música. Esperamos a dos amigas que vienen a cenar, cada una traerá algo para picar y sin duda, pasaremos un rato agradable.

Y mientras barnizo la empanada con el huevo batido pienso en lo afortunada que soy, por la familia y los amigos que tengo. Es cierto que vuelvo a tener cáncer, pero eso no me impide ver el resto de mis "activos" y creo que la balanza se decanta hacia el lado de todas las cosas buenas que me rodean.

También es cierto que no ha sido un semestre fácil, comenzó con el deceso de dos amigos muy queridos, continuó con el diagnostico del nuevo tumor y siguió con los nuevos tratamientos de quimioterapia.

Pero entre tanto, organizamos una fiesta preciosa, llena de cariño y de agradecimiento a la vida y a todas las personas que nos rodean. Celebramos nuestra boda y el bautizo de nuestros hijos rodeados de familia y amigos. Esto nos dio la fuerza suficiente para comenzar de nuevo con los tratamientos venideros. Ya sabéis que mi lema es "luchar por la vida" y en ello me hallo. Y así van transcurriendo mis días, unos malos sufriendo los efectos secundarios producidos por los fármacos y otros días más llevaderos que me permiten hacer pequeñas cosas. 

Y aunque la vida me frene de nuevo yo voy buscando la energía positiva que me permita sobrevolar los días con sus diferentes desencuentros.

Ahora toca comenzar semestre nuevo, con la firme esperanza de que sea mucho mejor que el que se marcha.


                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.



domingo, 23 de junio de 2019

cArrEtErAs InfInItAs.




Son las seis de la madrugada de un martes cualquiera. El desorden en la cama es sólo comparable al desasosiego que acongoja a su morador. El problema no ha comenzado hoy, sino hace varios meses cuando recibió la fatídica noticia.

Pedro ha sufrido un fuerte descalabro que ha desbaratado sus planes. Su vida perfecta se ha esfumado, todo pende de un hilo. El que presumía de ordenado, habita ahora en el caos. 

Su vida tranquila y segura, ha sido sustituida por algo imperfecto y totalmente inseguro.

Se siente incapaz de hacer frente a esta concadenación de descalabros totalmente inoportunos.

Sentado en la silla de víctima, imagina tramas corruptas que sólo le afectan a él.  Llora, blasfema y se enrabieta un día tras otro, compadeciéndose de sí mismo y convenciéndose de que es la única víctima de aquella situación rocambolesca. No entiende lo ocurrido y no deja de preguntarse porqué le sucede todo aquello, quizás el karma tenga algún motivo oculto para vengarse de él. No caben contrariedades ni otras opiniones que no sea la suya propia, por eso, se rodea de gente que siempre le da la razón y escucha sus quejas continuadas.

Pero hoy ha coincidido con un amigo que le ha desmontado sus argumentos, algo que no le ha gustado. Por eso, lleva toda la noche dando vueltas en la cama, sin conciliar el sueño.

Su amigo le ha roto los esquemas al decirle que porqué no cambiaba su punto de vista sobre la situación. ¡Pues porque sencillamente, no hay otro!. ¡Con lo cómodo que se siente él interpretando su papel de víctima, siendo el protagonista de todas las miradas! 

No, aquella petición además de disparatada le parece absurda.

El que a ojos de sus allegados es una persona inteligente, independiente y seguro de sí mismo, su amigo le ha hecho ver que está demostrado ser todo lo contrario, un ser indeciso, infeliz y quejicoso.

¿Y si tal vez pudiera considerar la posibilidad de ponerse en marcha e intentar solucionar todo aquel embrollo? ¿No estaría complicándolo todo?

Justo unos minutos antes de que el sueño lo venciera, se le ocurrió la aún remota idea de que tal vez, sólo tal vez, la vida le estuviera mostrando una carretera secundaria por la que escapar. Una segunda oportunidad con un lienzo en blanco para de nuevo poderlo colorear.

El sueño le lleva por carreteras infinitas hasta ahora inescrutadas, pequeños seres oníricos de cuerpos extraños, le acompañan en este viaje, mientras le hablan en un idioma desconocido que sin embargo, entiende correctamente.

Y en medio de uno de esos caminos, se vuelve a ver cómo el hombre apuesto, inteligente y valiente que en realidad es y que hacía tiempo que había olvidado. Esto le aporta la fuerza necesaria para continuar.

Uno de esos seres de cabeza diminuta, le explica que cuando algo se acaba que tan solo es el final de una etapa y que todo termina porque nos espera algo mucho mejor que lo que teníamos hasta ahora. Que es aconsejable pasar página porque si no, nuestro sufrimiento y el de los demás, se alarga de manera innecesaria.

Que él era el único capaz de otorgarse la posibilidad de ser feliz, que los demás carecen de poder sobre nosotros si no nos dejamos influenciar. Esta idea, le proporciona un chute de positivismo y esperanza y decide que no merece la pena vivir en la prisión de las dudas, los rencores y del odio.

Que siempre hay que pensar y trabajar para que mañana sea mejor que hoy.

Y así, mientras sus nuevos amigos se despiden, él se despierta empoderado y decidido a salir cuanto antes de aquella situación.


                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.


miércoles, 12 de junio de 2019

AcEptAcIOn.






Últimamente me han preguntado en  varias ocasiones cómo se afronta una recidiva y la verdad, es que no sé muy bien qué contestar. Porque aunque soy plenamente consciente de lo que me ocurre, a veces, me parece contemplar la situación de lejos. Como si fuera el espectador de una pésima película y pudiera escapar de ella con apagar la televisión. Supongo que la mente utiliza sus propios recursos para hacer más llevadera cada situación. Y que estos no son ni buenos ni malos mientras nos sean válidos.

En mi caso al recibir la noticia ha surgido la sorpresa, la incredulidad, la negación y después la aceptación, aunque al principio haya sido a regañadientes. Pero aceptación al fin y al cabo.

Aceptación para admitir su vuelta y sus consecuencias. Después de un año limpia nadie se lo esperaba, ni el cuadro médico ni yo. Pero lo cierto es que ha venido y hay que hacerle frente.

Aceptación para someterme de nuevo a la quimioterapia y a sus efectos. Igual de nocivos como conocidos. Porque el que tenga conocimiento de todo a lo que me enfrento no alivia los síntomas.

Aceptación y valor para reconocer que la vida me para de nuevo. Que ahora que comenzaba a recuperarme de los tratamientos anteriores he de volver a empezar y aparcar de nuevo los planes de futuro. 

Aceptación y confianza en que si fui capaz de reponerme la vez anterior, ahora que la afectación es menor, también lo conseguiré.

Aceptación de que vendrán días malos y que aún así, el número de días buenos es mayor. Conozco el proceso y sé que en los próximos meses tal vez haya muchos días malos producidos por la medicación, pero también podré disfrutar de otros muchos días soleados.

Aceptación para recorrer los caminos torcidos que tiene la vida y disfrutar cuando nos encontramos un tramo recto y llano. No todos son renglones torcidos, aunque algunos días nos lo parezca. 

Aceptación para conseguir esa paz interior tan necesaria y poder ser feliz a pesar del cáncer. Sin esa tranquilidad interior nunca seré capaz de disfrutar ni de hacer frente a la enfermedad. Es algo primordial en todo proceso.

ACEPTACIÓN. Palabra clave en muchos momentos de nuestra vida, da igual cuál sea nuestra situación.


                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.

viernes, 31 de mayo de 2019

PRoNoSTiCo ViDa.




Patricia está sentada en la sala un tanto intranquila, mientras espera que su nombre salga anunciado en la pantalla. La mira con desconfianza, como queriendo ver su nombre escrito, pero a la vez, con ganas de salir corriendo sin saber muy bien hacia dónde ir. Es un quiero pero no puedo, una incertidumbre que le oprime el pecho.

Cerca de las diez de la mañana el ordenador decide que ha llegado su turno. Se levanta despacio, dubitativa y se dirige hacia la sala 2.

Una vez en la puerta agarra con fuerza el pomo y lo gira con firmeza. Tras ella, aparece el doctor sentado en su mesa,  la mira con una sonrisa y le invita a sentarse. Ella entra despacio y se sienta en la silla frente al doctor. Si su bolso pudiera hablar, le diría que dejase de axfixiarlo.

El especialista la saluda e inmediatamente comienza a relatarle los resultados de todas  las pruebas, todo lo que le ocurre. Le diagnostica la enfermedad que padece, que es grave y continúa contándole todo cuando le espera a partir de ese momento. Ella va intentando procesar todo aquel río de información, pero eso sí, de una manera mucho más lenta de la que el doctor le va hablando. Hace rato que perdió el hilo ensimismada en sus propios miedos. Por eso, al acabar la entrevista tan sólo ha conseguido enterarse de la mitad de la conversación.

De vuelta a casa, va procesando poco a poco el torrente de información que acaba de recibir. Conduce con el ceño fruncido y una fuerte losa sobre los hombros.

Difícil no sentirse víctima del Diagnóstico, pero más difícil aún no sucumbir al Pronóstico. Porque si es complicado aceptar que uno tiene una enfermedad grave, más lo es, digerir que te queda poco tiempo de vida. Siempre claro está, bajo la atenta mirada de las estadísticas médicas. 

Pero Patricia decide que aunque no le guste tener esa grave enfermedad que el diagnóstico le indica, no está dispuesta a sucumbir a ese pronóstico nefasto y cercano. Entiende que los facultativos tienen que apoyarse en sus datos estadísticos, pero que no es necesario que todos los enfermos los cumplan a rajatabla.

Y así, se pone manos a la obra para desafiar a todos, incluida ella misma.


                                                                     Paula CRuZ Gutiérrez.









domingo, 26 de mayo de 2019

Imaginaos.

      Hace muchos años un sabio dijo que los locos son los más cuerdos. Porque gracias a esos locos el mundo se mueve, evoluciona y cambia para mejorar. Artistas y científicos locos y visionarios incomprendidos a veces.



Soy incapaz de imaginar un mundo sin luz, sin color, sin letras o sin música.


¿Un mundo sin Música, Artes Plásticas o Literatura?

Imaginaos un mundo que te impida vibrar al escuchar las notas de una canción. Esa canción que todos tenemos y que es capaz de trasladarnos a la infancia o a cualquier otro momento feliz. Que nos hace mover el cuerpo de manera inconsciente siguiendo su compás. Que nos invita a soñar y nos evade de pensamientos poco agradables.

Sin lugar a dudas, la música se inventó para superar silencios incómodos y al mismo tiempo, para evitar vivir en un mundo lleno de ruino, sin sonidos armónicos que nos alegran el oído y nos suben el ánimo.

Imaginaos un mundo sin color, siempre en blanco y negro, sin cuadros, fotografías o esculturas que nos alegren la vista y nos transmitan alegría. ¡Qué fácil es quedarse ensimismado admirando una obra de arte que nos gusta! En ese momento parece que se detiene el tiempo.

Imaginaos si no pudiéramos leer un buen libro, disfrutar con su historia, con sus protagonistas. Introducirnos dentro de su trama y convertirnos en otros personajes por un tiempo. Utilizar nuestra imaginación para trasladarnos a otros mundos reales o ficticios, donde poder imaginarnos siendo caballeros, dragones o villanos.

Imaginaos si no existieran el cine ni el teatro y nuestra vida fuera siempre igual, anodina, lineal. Donde no hubiera espacios para ir a disfrutar viendo el trabajo de otras personas, donde reírnos, donde llorar, donde evadirnos.

Mejor, dejad de imaginaros todas estas cosas horribles y comenzad a disfrutar de todas ellas, porque eso implica  estar vivos y disfrutar de la vida. 


                                                                    Paula CRuz Gutiérrez.

domingo, 19 de mayo de 2019

Ser o no Ser FUERTE.





El ser humano tiende por defecto a etiquetar a sus semejantes, como si el acto de colgar sus congéneres fuese el deporte general apto para todos los públicos.

En este deporte existen varias categorías, asignadas por el siempre dedo observador del prójimo. Así encontraremos el individuo Fuerte, al Débil, al carismático.

A tenor del mismo criterio, las competiciones las ganarán siempre los individuos más fuertes, porque son según ellos los más luchadores.

Pero qué implica esa etiqueta de fuerza? Todo el mundo es consciente de lo que significa? Es fácil etiquetar y difícil cumplir las expectativa, porque todos los días no nos sentimos tan fuertes ni tan luchadores.

Ser fuerte implica batallar contra nuestros propios demonios y evitar en la medida de lo posible que nos gobiernen.

Para ser fuerte hay que tener uno motivo, igual que para levantarse cada mañana.  Un motivo individual y personal que cada uno ha de buscar. En mi caso os diré que mi principal motivo soy yo misma, que deseo seguir viviendo para continuar aprendiendo y cumpliendo  mis sueños. Y después en segundo lugar, se encuentra mi familia, tengo la intención de pasar el mayor tiempo posible con la gente que quiero. 

Ese motivo individual e intransferible es el motor de nuestra existencia, de dónde bebemos la energía necesaria para hacer frente a la vida.


                               Paula CRuZ Gutiérrez.

lunes, 6 de mayo de 2019

La Orquídea.




Hace dos meses mi amigo falleció a causa de un tumor cerebral, hecho que me constriño y afectó profundamente. Durante veinticinco años había tenido una floristería preciosa, que tuvo que traspasar el año pasado, a causa de su enfermedad.

El me conocía bien y sabía que una de mis flores preferidas es la orquídea, por eso cuando nos casamos por lo civil Julián y yo, se presentó en casa con una caja llena de unas espectaculares orquídeas que había encargado ex profeso para la ocasión. Con ellas nos decoró toda la casa.

Dos años antes, en unas vacaciones en Portugal, mientras paseábamos por las calles de Ovidos, una mariposa enorme y preciosa se posó en su mano, parecía encontrarse tan a gusto allí, que permaneció tanto tiempo como para permitirme sacar la cámara de fotos y fotografiarlos a los dos tranquilamente. Hoy esa fotografía continúa colgada en nuestro salón.

Nunca le hablé de que habíamos pensado volver a casarnos y de la fiesta que estábamos organizando, ni siquiera de mi deseo de que él fuera mi padrino, porque ya no se encontraba bien. Falleció sin saber que me casaba de nuevo.

Un día antes de la boda, una amiga de mi madre me trajo como regalo una orquídea con dos ramas enormes de flores blancas. Venía acompañada por una mariposa amarilla.


Hasta aquí todo podría parecer normal. Recogí la orquídea de casa de mi madre y la llevé a la nuestra, allí la dejé sobre la mesa del corredor frente al gran ventanal. No fue hasta un rato después, cuando volví a pasar por delante de ella, cuando vi el nombre de la floristería que figuraba en la etiqueta. Enmudecí, me llevé la mano a la boca y comencé a llorar desconsoladamente. Había descubierto quién me la enviaba en realidad. Es fácil que haya cientos de floristerías en Madrid, pero aquella orquídea con su mariposa habían sido compradas en la floristería de mi amigo.


Entonces comprendí que Isi había utilizado a Conchita como emisaria para hacerme llegar su mensaje. Este no era otro que tranquilizarme y decirme que estaba a mi lado y que siempre lo estaría, aunque físicamente no pudiera estar junto a mí.

Ahora que ha vuelto el cáncer y que mañana comienzo con la quimio de nuevo, su presencia me consuela y me da la fuerza  necesaria para continuar.

No importa que ya no pueda ver su rostro ni escuchar su voz, porque en mi corazón sigo sintiendo todo su amor.



                                                                      Paula CRuz Gutiérrez. 


domingo, 10 de marzo de 2019

Volar tras el Ave Fénix.



Tras los acontecimientos acaecidos en estas dos últimas semanas, es hora de levantar el vuelo de nuevo.

Puede que por el momento mis pies no consigan levantarse mucho del suelo, pero lo importante es empezar a volar aunque sea en vuelo rasante.

La vida es así, a cada tropiezo le sigue un levantamiento. Porque si no ocurre de este modo, nos quedamos anclados al pasado y al dolor. Algo que nos impide vivir en mayúsculas, disfrutamos de las cosas buenas que la vida nos ofrece todos los días.

Es muy cierto que nos ocurren cosas dolorosas, pero todo forma parte de nuestro aprendizaje, para conocernos mejor a nosotros mismos y a los demás.

Es hora de levantarse y seguir VIVIENDO y resucitar de nuevo cual Ave Fénix.

El mito del ave Fénix podemos compararlo con la capacidad que tenemos los seres humanos de tener resiliencia.

Carl Gustav Jung en su libro “Símbolos de transformación" nos cuenta que el ser humano y dicha ave mitológica tienen grandes similitudes. Esa criatura de fuego, es capaz de elevarse desde las cenizas de su propia destrucción, simbolizando el poder de la resiliencia. Esa capacidad que todos tenemos de renovarnos en seres mucho más fuertes.

Por su parte, Viktor Frankl, neuropsiquiatra y fundador de la logoterapia, sobrevivió a la tortura de los campos de concentración nacis.  El  explicó en sus libros que una experiencia traumática siempre es negativa, pero lo que suceda a partir de ella depende de nosotros. En nuestra mano está levantarnos de nuevo, a partir de nuestras propias cenizas y conseguir un triunfo o derrumbarnos…


Esa capacidad por renacer, por recobrar las fuerzas, a partir de nuestras miserias y de nuestros trozos rotos pasa primero por superar la fase oscura. Tras pasar por un momento traumático todos morimos un poco, con la oscuridad se va también una parte de nosotros mismos.

Porque el hombre que se levanta siempre será más fuerte que el que nunca cayó.


                                           Paula CRuZ Gutiérrez.

jueves, 14 de febrero de 2019

TaN SoLo aCoMPáÑaMe.


Acompáñame en silencio, dame la mano, lloremos juntos o riámonos si es necesario. Cuéntame cuentos, historias que me lleven lejos.

Dame un beso, acaríciame el alma con un abrazo. Unicamente necesito sentir tu apoyo. 

Espera a que yo hable y si no me apetece contarte nada, respeta mi silencio. Cuando esté preparado lo haré y te contaré historia de risa y de miedo.

Tal vez no me apetezca verte, todos necesitamos tiempo para aceptar nuestra situación, si es así respeta mi decisión. Recuérdame siempre como era, medio loco o medio cuerdo.

Y cuando nos veamos, evita decirme que sea fuerte, que tenga ánimo, que he de luchar o que voy a tener suerte. Estas palabras me hieren profundamente. Nadie mejor que yo sabe lo que tengo que hacer, otra cosa es que pueda o sepa hacerlo. 

Aunque lo intentes nunca sabrás cuál es mi situación, qué siente mi cuerpo, cuáles son mis miedos, ni qué atormenta mi corazón. Para saberlo has de estar en mi lugar. No me digas que te imaginas cuanto sufro.

Piensa antes de hablar lo que vas a contarme, no parlotees tan sólo por romper el silencio. A veces, el silencio dice mucho más que las palabras.



                                                                                                               Paula Cruz Gutiérrez.