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sábado, 12 de febrero de 2022

En el teatro de la vida...

...Todo está escrito, pero hemos venido a jugar.


Esto no es un juego, 

es tan real como la vida misma,

pero siempre me ha gustado recordar mis tiempos jóvenes.


Aquellos cuando nos invitaron los profesores

a realizar alguna obra de teatro, con mayor o menor dificultad.

Cuando menos te lo esperabas,

 te tocaba incluso ser el protagonista, o casi.


Pues bien, de aquellos lodos me ha quedado un buen sabor de boca,

para permitirme hablar hoy lo que os paso a compartir.


No sé si a ti, buen amig@, me permito tutearte,

te habrá pasado algo parecido,

pero si no te has dado cuenta, te pido que le eches un vistazo,

y no dejes tan rápido la lectura,

con la excusa de que a ti, lo del teatro, no te va.


En el reparto de papeles de la obra en cuestión

siempre es bueno esa primera tensión

ante el reparto de papeles,

de cuál es el papel que me ha tocado

para esta obra, en este lugar y a esta hora.


Y a cada uno nos toca uno diferente,

no sirve decir que me gustaría ser... 

o qué se yo.


Pero es que incluso en un momento dado

nos puede tocar ser público,

y estar tranquilamente en nuestro asiento

viendo pasar las distintas escenas.


O incluso ser teloneros, palmeros,

aquellos que ponen una melodía,

aquel que se sabe todos los papeles,

¿como era?, ah sí, el apuntador,

los que llevan las luces

y dónde tenemos que poner el foco y las luces.


O incluso también nos puede haber tocado

llevar la batuta y dirigir el cotarro.


Seguro que los que saben más de teatro que yo

me pueden apuntar algún que otro papel

más o menos alejado de la realidad.

 

E incluso si nuestra obra es de las sencillas de cole,

seguro que no necesita mucho atrezzo,

pero si jugamos en las grandes ligas,

todo se complica un poco.


Y necesitaremos desde carpinteros, diseñadores,

e incluso, en nuestra gira, deberemos llevar

algún que otro personal técnico sanitario.


Vamos a todo trapo, como dirían mis hijos.


Y cómo no, siempre detrás del escenario,

hay un gran equipo, que creo que he nombrado arriba,

pero vamos, ¡que cortan unos trajes estupendos!


Pues bien, después de describiros la escena,

he de decir que me gustaría

que grandes y pequeños

veamos esta descripción

como la de nuestra propia vida.


Y es que así somos,

hemos venido con un pan bajo el brazo,

y con un libreto en la mochila.


Y aunque las pautas están marcadas en el papel,

nos toca darle entonación, ponerle sentimiento,

vamos ponerle un poco de chispa a esta insípida obra,

si es que hemos decidido vivirla así.


Pero voy un poco más allá,

para todos aquellos aguafiestas,

 que nos recuerdan que ya no tenemos nada que hacer,

que todo está escrito.


Pues bien, si que llevan razón,

hay algo escrito,

y es el final,

eso es todo lo que está escrito.


Puesto que,

aunque muchos nos quieran hacer ver

que esto ya está más que trillado,

a mí me gustaría compartir una sensación,

que no sé si te pasará también a ti, querid@.


El que mi guion está en blanco,

porque yo soy el que voy marcando negro sobre blanco

cómo quiero actuar en esta vida.


El guion viene diseñado desde los despachos

y desde la imaginación del que se dedicó a escribirlo,

y escribe lo que se imaginó que sería lo mejor para nosotros.


Pero nosotros somos muy libres de elegir cómo interpretar ese papel.


Pero es que además en el teatro de la vida

nadie nos ha dicho que también se puede cambiar de papel,

y aunque el guion sigue siendo el mismo,

si uno elige ser el protagonista,

o en un momento dado sentarse en el banquillo

también se puede.


 Las únicas letras de todos los guiones

que si que no se pueden borrar

son las de THE END,


y los subsiguientes aplausos

que todos esperamos recibir

cuando todo esto termine.


No me gustaría terminar

sin animar a todos un poquito, a cambiar de lugar,

 a dejar de ser lo que hasta ahora hemos venido siendo,

o más bien, a tomarnos un respiro

con aquel papel que tanto nos agobia en este momento.


Sentarnos a distancia del escenario,

o vernos desde el palco,

pues también los hay,

y nos lo merecemos,

y mirar la película de nuestra vida,

como eso… como lo que es,

un tremendo Circo,

donde hemos venido a jugar,

aunque a veces nos toque estar en el banquillo.

Por cierto, no vale echar balones fuera.


GRACIAS POR COMPARTIR

 @julianreligion


lunes, 21 de septiembre de 2020

VoLVeMoS a La CaRReTeRa.




Me había propuesto  no escribir sobre la enfermedad, porque me parecía que ya me estaba poniendo pesada, y en ningún momento he querido serlo. Mis textos iban destinados a mi autoayuda por un lado, y por otro, a animar a quien lo pudiera necesitar . 

Pero hoy estoy de vuelta, al igual que mi amigo el cáncer. Esta mañana me han comunicado por tercera vez que vuelvo a tener varias manchas sospechosas. Cambia el continente, pero no el contenido. 

¿Porqué? Pues nadie lo sabe. Lo que está claro es que tendré que seguir de por vida con la medicación, a la espera de que los repuntes que vayan apareciendo sean fáciles de controlar.

Nuestra vida es así, vamos subidos en una montaña rusa y tan pronto estamos arriba, como corremos cuesta abajo y sin frenos. Hemos de acostumbrarnos a que el vértigo sea nuestro compañero de camino.

Y os preguntareis cómo se mantiene la paz interior en este momento, y la verdad es que no sé qué decir. Pero lo cierto es que estoy tranquila, aunque tenga la sensación de caer al vacío. Espero tener abajo una red que me sujete.  No voy a mentir, a raros me pongo nerviosa, pero seguidamente vuelvo a tranquilizarme porque sé que preocuparse no sirve de nada.

No me queda otra que aceptar y confiar.

Aunque haya sido un verano atípico, para nosotros ha sido un buen verano, lo hemos disfrutado plenamente. Y volvíamos a la carga con pequeños planes. Ahora la enfermedad me obliga a volver a aplazarlos, aunque ellos sean los que mantienen a diario mi cabeza ocupada. 

Sigo estando en las mejores manos y sé, que mis médicos no me dejarán caer el precipicio. De nuevo buscan el tratamiento que me pueda ir mejor y que me ayude a ganar tiempo.

Vuelvo a la carretera esperando que el viaje me permita contemplar el paisaje. 


                                                                        Paula CRuZ Gutiérrez. 






miércoles, 12 de agosto de 2020

CoNTiNuaR.

 



Parece que el verano ha decidido dejar de lado el tórrido calor con el que nos fustigaba los días pasados, para darnos una tregua. 

El viento nos azota estos días como si alguien hubiese abierto una puerta y se hubiesen escapado todos los demonios que permanecían escondidos a la vuelta de la esquina. Hemos pasado del calor extremo, al desasosiego del viento azotando nuestras cabezas. Un viento que nos golpea tan fuerte como nuestros propios pensamientos. 

Los días van pasando mientras permanecemos expectantes en este verano atípico que nos ha tocado vivir. Para todos últimamente, es como si el mundo se hubiera tornado un lugar menos seguro, un lugar indeciso e inestable, cargado de cierta incertidumbre, que nos afecta de diferentes formas a unos y a otros. Siempre dependiendo de nuestra manera de ver las cosas. 

Es muy loable sentir cierto respeto frente a tanta inseguridad, pero no debemos permitir que el miedo se apodere de nosotros y nos atenace el cuerpo y el alma. Todos y cada uno, necesitamos un período de tiempo para aclimatarnos a los cambios, si bien es cierto, que últimamente hemos tenido muchos de esos cambios en poco tiempo. Pero aún así, todos seremos capaces de sobreponernos a esta situación y de poder continuar mirando siempre hacia delante. 

No dejéis que vuestra mente divague y se pierda en pensamientos negativos, en algún momento habremos de salir y continuar con nuestra vida, aunque no sea desde el mismo punto donde la dejamos cuando todo esto comenzó. 

Ser una persona optimista es un trabajo a tiempo completo, que es necesario aprender y practicar, máxime cuando lo único que nos rodea es desánimo y malas noticias. Ser optimista supone ir  contra corriente y no es fácil, pero si es nuestra elección de vida conseguiremos nuestro propósito. 

Recordad que todos los callejones tienen al menos una salida, aunque a veces parezca estar ocultar. 



                                                                         Paula CRuZ Gutiérrez. 


viernes, 3 de julio de 2020

CaDa MaÑaNa.


Cada mañana la vida nos ofrece un nuevo día para seguir aprendiendo a vivir.

Para aprender a conocernos mejor a nosotros mismos y a las personas que tenemos cerca, en casa o al otro lado del teléfono.

Para aprender  a sobrellevar los problemas de la mejor manera posible, de buen talante e intentando extraer lo bueno de la situación, porque las adversidades eso, oportunidades de aprender las lecciones que necesitamos y que de otra forma no aprenderíamos. Es más fácil vivir sin altercados, pero indudablemente, una vida plana, fácil, no nos prepara salvo para vivir como víctimas. No para sacar de nosotros lo mejor en cada momento. 

Y algunos si tuviésemos ese tipo de  vida anodina, nos aburriríamos sobremanera, porque a veces, no sé si los líos viene a mí porque los busco yo, o porque me buscan ellos. Pero lo cierto es que cuando salgo de uno, ya tengo otro llamando a la puerta.

Las casualidades no existen, pero sí las causalidades, por lo que cuando tengo un problema lo primero que me pregunto es el motivo de su llegada y cual es la lección que trae.

Darle demasiadas vueltas a las cosas, lo único que nos garantiza es un buen dolor de cabeza, porque muchas veces por mucho que pensemos y repensemos no alcanzamos a encontrar la solución adecuada.

Feliz resolución de problemas. 


                                                                      Paula CRuZ Gutiérrez.

miércoles, 10 de junio de 2020

CuMPLeaÑoS.



El 8 del mes de Junio de hace cincuenta y dos años aterricé en este mundillo nuestro. Dicen que cuando tu fecha de nacimiento es capicúa la vida te sonríe, aún no sé si será cierto, 

continúo haciendo las averiguaciones pertinentes al respecto.

Hoy será un día diferente, al hilo de la situación en la vivimos los últimos meses.

Para mí es un día especial porque mis hijos están emocionados, intentando guardar el secreto del regalo que me han comprado junto a su padre. Llevan una semana de nervios, intentando evitar que la lengua les traicione. Hemos comprado una tarta y tomaremos sidra sin alcohol para celebrarlo.

Pienso en mi edad y en mi imagen, entonces, recuerdo las de mi madre y mi abuela a mi misma edad. Imágenes completamente distintas, en su época una mujer con cincuenta años era ya una persona mayor, por su ropa y por sus pensamientos. Hoy afortunadamente, podemos agradecer que esto haya cambiado y con esta edad, aún nos consideramos jóvenes y con muchas cosas inconclusas aún por hacer.

Desde muy temprano me están llegando felicitaciones, muchas gracias a todos por ellas y por recorrer conmigo este camino llamado vida.

Ya sabéis que los senderos a veces están llenos de piedras, unas grandes y otras más pequeñas. Que a veces las fuerzas nos fallan y cuando parece que ya no podremos continuar, vuelven a nosotros de nuevo. 

Muchas gracias de corazón por todas esas visitas que hacéis al blog, yo tan sólo pretendo distraeros un ratito de vuestras obligaciones. Y cada día me sorprendo más, ya son ciento cincuenta y dos mil visitas contabilizadas, algo impensable para mí. Aquí seguiré mientras las palabras me acompañen.

La obligación de tener que aprender de nuevo a leer y a escribir se ha convertido en una devoción. Espero seguir aprendiendo cada día más y poder llegar a escribir textos coherentes.

Muchas gracias de nuevo y un beso para todos.


                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.

sábado, 28 de diciembre de 2019

eL aÑo Que Se Va.




La luz del sol entra a raudales por los ventanales del corredor. Sentada en el sillón, mi única compañia es el árbol de navidad.

Fijo mi vista tras los enormes vidrios y me entretengo observando el patio, que aún sigue vestido con su traje de otoño-invierno. Este año con la enfermedad, no ha dado tiempo de podar los rosales, ni de eliminar las hierbas marchitas. La parra muestra sus ramas desnudas y casi fantasmales, sus sarmientos parecen bracitos enclenques que intentan llegar al cielo. Y para contrarrestarlos a todos, los dos frutales han decidido inchar sus yemas, como si en vez de diciembre estuviéramos en abril.

Así acaba este año, con los cuerpos arrebatados y las mentes poco claras, con la esperanza de que el año que próximamente comienza será mucho mejor para todos nosotros.

Aunque ha sido un año muy duro, lo cierto es que ya ha pasado. Ahora toca reponer y actualizar nuestra lista de sueños y volver al ataque. Eso sí, sin olvidarnos de dar las gracias al año que se marcha por permitirnos llegar vivos al siguiente y poder continuar nuestro camino.

Feliz y Próspero Año Nuevo a todos.


                                  Paula CRuZ Gutiérrez.

domingo, 3 de noviembre de 2019

SiN Tí.

Este año hemos sufrido tres pérdidas importantes, dos amigos y más recientemente, mi suegra.

Este texto, es para todos aquellos que se fueron antes de tiempo. Vuestros y nuestros. Por una causa o por otra. 


Imposible contar las veces que tu recuerdo me visita. Una canción, una comida, una flor o una coche como el tuyo, me acercan a ti todos los días. Es entonces cuando una sonrisa inunda mi rostro, viene a mi memoria la tuya, y la mía se engrandece aún más. Hace tiempo que comprendí que nunca te irás muy lejos porque habitas en mi interior. En ese rinconcito de mi corazón del que te hiciste dueño hace muchos años.

Sin duda, la tierra no es lo mismo sin tí, está mucho más vacía, pero los que aún estamos vivos, hemos de continuar el camino hasta que volvamos a encontrarnos.

Ya no puedo abrazarte, pero le envío mis abrazos al viento para que te los lleve allí dónde estés. Segura de que mi luz y mi amor te llegan.

Y mientras, aquí abajo los vivos dedicamos nuestros días a vivir, esperando que la tierra nos sea leve.


                                                                        Paula CRuz Gutiérrez.

miércoles, 17 de julio de 2019

eL ReiNo CaíDo.


Esta es la historia de un reino muy cercano, dónde gobernaba un emperador tirano. Sometía a sus súbditos con sus temibles marcadores tumorales. Un buen día, esos marcadores decidieron irse de fiesta. Subieron y subieron más allá del cielo y allí los médicos los encontraron jugando entre las nubes. Aquella subida tan alarmante indicaba claramente que el emperador había conquistado aquél imperio. Durante un período de tiempo fue el único rey, haciendo y deshaciendo a su antojo. Pero un buen día su reinado acabó y no tuvo más remedio que exiliarse.

El emperador que se sabía fuerte y era muy avaricioso, intentó en silencio recuperar su reino perdido y así comenzó a crecer de nuevo. Pero esta segunda vez, aunque envío a sus soldados, los marcadores rápidamente delataron su presencia y no pudieron subir ni una triste montaña. Antes de ser descubiertos, escaparon deprisa, agazapados entre las ramas de los árboles y las piedras del camino, rodeando valles y caminando en la oscuridad. Pero una simple analítica los detectó, y ahí comenzó su retroceso.

El temible emperador ya no pudo seguir adelante, se quedó sin ninguna posibilidad de conquistar de nuevo aquel reino. Al ser descubierto, nos pusimos manos a la obra y entre todos construimos una gran pared, tan alta como pudimos para truncar sus planes. Así seguimos, colocando ladrillos y amasando cemento. El cáncer se siente acorralado, sabe que no tiene otra opción que desaparecer de nuevo, sabe que en este cuerpo nunca podrá reinar. Pero como es poderoso y concienzudo, sigue intentando crecer y me pone trabas en el camino, en represalia de las que yo le pongo a él. Y de este modo, lo nuestro se ha convertido en un te doy y te quito, en un deseo que te vayas y en un yo quiero quedarme.

Ahora, hay que esperar al resultado del TAC para ver quién sale más guapo, si él o yo. Aunque no tengo ninguna duda de que él saldrá mucho más desfavorecido.

Aquí la reina soy yo.


                                                                                                    Paula CRuZ Gutiérrez.

miércoles, 12 de junio de 2019

AcEptAcIOn.






Últimamente me han preguntado en  varias ocasiones cómo se afronta una recidiva y la verdad, es que no sé muy bien qué contestar. Porque aunque soy plenamente consciente de lo que me ocurre, a veces, me parece contemplar la situación de lejos. Como si fuera el espectador de una pésima película y pudiera escapar de ella con apagar la televisión. Supongo que la mente utiliza sus propios recursos para hacer más llevadera cada situación. Y que estos no son ni buenos ni malos mientras nos sean válidos.

En mi caso al recibir la noticia ha surgido la sorpresa, la incredulidad, la negación y después la aceptación, aunque al principio haya sido a regañadientes. Pero aceptación al fin y al cabo.

Aceptación para admitir su vuelta y sus consecuencias. Después de un año limpia nadie se lo esperaba, ni el cuadro médico ni yo. Pero lo cierto es que ha venido y hay que hacerle frente.

Aceptación para someterme de nuevo a la quimioterapia y a sus efectos. Igual de nocivos como conocidos. Porque el que tenga conocimiento de todo a lo que me enfrento no alivia los síntomas.

Aceptación y valor para reconocer que la vida me para de nuevo. Que ahora que comenzaba a recuperarme de los tratamientos anteriores he de volver a empezar y aparcar de nuevo los planes de futuro. 

Aceptación y confianza en que si fui capaz de reponerme la vez anterior, ahora que la afectación es menor, también lo conseguiré.

Aceptación de que vendrán días malos y que aún así, el número de días buenos es mayor. Conozco el proceso y sé que en los próximos meses tal vez haya muchos días malos producidos por la medicación, pero también podré disfrutar de otros muchos días soleados.

Aceptación para recorrer los caminos torcidos que tiene la vida y disfrutar cuando nos encontramos un tramo recto y llano. No todos son renglones torcidos, aunque algunos días nos lo parezca. 

Aceptación para conseguir esa paz interior tan necesaria y poder ser feliz a pesar del cáncer. Sin esa tranquilidad interior nunca seré capaz de disfrutar ni de hacer frente a la enfermedad. Es algo primordial en todo proceso.

ACEPTACIÓN. Palabra clave en muchos momentos de nuestra vida, da igual cuál sea nuestra situación.


                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.

viernes, 31 de mayo de 2019

PRoNoSTiCo ViDa.




Patricia está sentada en la sala un tanto intranquila, mientras espera que su nombre salga anunciado en la pantalla. La mira con desconfianza, como queriendo ver su nombre escrito, pero a la vez, con ganas de salir corriendo sin saber muy bien hacia dónde ir. Es un quiero pero no puedo, una incertidumbre que le oprime el pecho.

Cerca de las diez de la mañana el ordenador decide que ha llegado su turno. Se levanta despacio, dubitativa y se dirige hacia la sala 2.

Una vez en la puerta agarra con fuerza el pomo y lo gira con firmeza. Tras ella, aparece el doctor sentado en su mesa,  la mira con una sonrisa y le invita a sentarse. Ella entra despacio y se sienta en la silla frente al doctor. Si su bolso pudiera hablar, le diría que dejase de axfixiarlo.

El especialista la saluda e inmediatamente comienza a relatarle los resultados de todas  las pruebas, todo lo que le ocurre. Le diagnostica la enfermedad que padece, que es grave y continúa contándole todo cuando le espera a partir de ese momento. Ella va intentando procesar todo aquel río de información, pero eso sí, de una manera mucho más lenta de la que el doctor le va hablando. Hace rato que perdió el hilo ensimismada en sus propios miedos. Por eso, al acabar la entrevista tan sólo ha conseguido enterarse de la mitad de la conversación.

De vuelta a casa, va procesando poco a poco el torrente de información que acaba de recibir. Conduce con el ceño fruncido y una fuerte losa sobre los hombros.

Difícil no sentirse víctima del Diagnóstico, pero más difícil aún no sucumbir al Pronóstico. Porque si es complicado aceptar que uno tiene una enfermedad grave, más lo es, digerir que te queda poco tiempo de vida. Siempre claro está, bajo la atenta mirada de las estadísticas médicas. 

Pero Patricia decide que aunque no le guste tener esa grave enfermedad que el diagnóstico le indica, no está dispuesta a sucumbir a ese pronóstico nefasto y cercano. Entiende que los facultativos tienen que apoyarse en sus datos estadísticos, pero que no es necesario que todos los enfermos los cumplan a rajatabla.

Y así, se pone manos a la obra para desafiar a todos, incluida ella misma.


                                                                     Paula CRuZ Gutiérrez.









domingo, 26 de mayo de 2019

Imaginaos.

      Hace muchos años un sabio dijo que los locos son los más cuerdos. Porque gracias a esos locos el mundo se mueve, evoluciona y cambia para mejorar. Artistas y científicos locos y visionarios incomprendidos a veces.



Soy incapaz de imaginar un mundo sin luz, sin color, sin letras o sin música.


¿Un mundo sin Música, Artes Plásticas o Literatura?

Imaginaos un mundo que te impida vibrar al escuchar las notas de una canción. Esa canción que todos tenemos y que es capaz de trasladarnos a la infancia o a cualquier otro momento feliz. Que nos hace mover el cuerpo de manera inconsciente siguiendo su compás. Que nos invita a soñar y nos evade de pensamientos poco agradables.

Sin lugar a dudas, la música se inventó para superar silencios incómodos y al mismo tiempo, para evitar vivir en un mundo lleno de ruino, sin sonidos armónicos que nos alegran el oído y nos suben el ánimo.

Imaginaos un mundo sin color, siempre en blanco y negro, sin cuadros, fotografías o esculturas que nos alegren la vista y nos transmitan alegría. ¡Qué fácil es quedarse ensimismado admirando una obra de arte que nos gusta! En ese momento parece que se detiene el tiempo.

Imaginaos si no pudiéramos leer un buen libro, disfrutar con su historia, con sus protagonistas. Introducirnos dentro de su trama y convertirnos en otros personajes por un tiempo. Utilizar nuestra imaginación para trasladarnos a otros mundos reales o ficticios, donde poder imaginarnos siendo caballeros, dragones o villanos.

Imaginaos si no existieran el cine ni el teatro y nuestra vida fuera siempre igual, anodina, lineal. Donde no hubiera espacios para ir a disfrutar viendo el trabajo de otras personas, donde reírnos, donde llorar, donde evadirnos.

Mejor, dejad de imaginaros todas estas cosas horribles y comenzad a disfrutar de todas ellas, porque eso implica  estar vivos y disfrutar de la vida. 


                                                                    Paula CRuz Gutiérrez.

jueves, 14 de febrero de 2019

TaN SoLo aCoMPáÑaMe.


Acompáñame en silencio, dame la mano, lloremos juntos o riámonos si es necesario. Cuéntame cuentos, historias que me lleven lejos.

Dame un beso, acaríciame el alma con un abrazo. Unicamente necesito sentir tu apoyo. 

Espera a que yo hable y si no me apetece contarte nada, respeta mi silencio. Cuando esté preparado lo haré y te contaré historia de risa y de miedo.

Tal vez no me apetezca verte, todos necesitamos tiempo para aceptar nuestra situación, si es así respeta mi decisión. Recuérdame siempre como era, medio loco o medio cuerdo.

Y cuando nos veamos, evita decirme que sea fuerte, que tenga ánimo, que he de luchar o que voy a tener suerte. Estas palabras me hieren profundamente. Nadie mejor que yo sabe lo que tengo que hacer, otra cosa es que pueda o sepa hacerlo. 

Aunque lo intentes nunca sabrás cuál es mi situación, qué siente mi cuerpo, cuáles son mis miedos, ni qué atormenta mi corazón. Para saberlo has de estar en mi lugar. No me digas que te imaginas cuanto sufro.

Piensa antes de hablar lo que vas a contarme, no parlotees tan sólo por romper el silencio. A veces, el silencio dice mucho más que las palabras.



                                                                                                               Paula Cruz Gutiérrez.

sábado, 19 de enero de 2019

Un día de Invierno.

Hace una tarde espectacular, sentada sobre un banco de piedra dejo al sol que me acaricie el rostro. A pesar de ser un día de invierno, no hace frío, incluso me he quitado el abrigo.

Aquí en el parque al cobijo de los arbustos, hace calor.

Hoy he venido de voluntaria, llegué a media mañana, y dentro de mis posibilidades, he ayudando en lo que me han pedido. Tras comer y mientras los residentes han ido a dormir la siesta he decidido volver a casa. No sin antes mantener una conversación muy agradable con una voluntaria.

Cuando me diagnosticaron el cáncer comencé un viaje intenso hacia el interior, que cada día me va llevando por senderos desconocidos. Primero me sirvió para aceptar y superar la enfermedad y así sanarme. Y ahora me lleva a buscar nuevos caminos.

Ese mirar hacia dentro para escuchar mi voz interior es lo que hoy me ha traído hasta aquí. Desde hace días tenía una voz que me repetía que tenía que venir a éste lugar. Tras hacerme la sorda otros cuantos días, he decidido venir. Era eso, o empezar a pensar que me estaba volviendo loca porque un aliem se había apoderado de mi cerebro. Aunque mi aportación de hoy haya sido pequeña, yo me voy cansada pero tranquila. 

El universo tiene sus razones para enviarnos pruebas cada día, si bien es cierto que algunas son más fáciles de superar y en otras ocasiones, lo que nos ocurre es que en ese momento nosotros no sabemos entender su significado.

Aquí estoy yo, sentada al sol, intentando entender esas señales que me mandan en clave y que aún no sé descifrar.

Y continúo agradeciendo a la vida las oportunidades que me brinda. Aunque hoy no comprenda muchas cosas sé que voy por buen camino.



                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.


viernes, 26 de octubre de 2018

HaBLeMoS.

Ayer acudí de nuevo al hospital. Hace tiempo que dejé de ir a hablar con la psicooncóloga porque con la que había, no me entendía demasiado bien. Cuando pierdo la confianza en alguien me cuesta mucho recuperarla y la mayoría de las veces no lo hago. Han sido muchas las personas que han pasado por mi vida y no siempre he acabado bien con todas. Si bien es cierto, que a día de hoy aunque me hicieran mucho daño, no las quiero, pero tampoco les deseo nada malo. De todo se aprende y cada uno ha de seguir su camino. 

Durante éstos dos últimos años mi ocupación principal ha sido curarme. Ahora que el cáncer ha desaparecido he de seguir recuperándome de las fuertes secuelas que me ha dejado y al mismo tiempo pensar en qué reciclarme. 

Obviamente mi estado físico no me permite hacer demasiadas filigranas, de momento me he inscrito en el centro cultural a clases de yoga y a un taller de escritura literaria. 

Pero necesitaba hablar con alguien para que me ayude a expulsar a todos esos fantasmas que me acechan y me intranquilizan. Indudablemente lo peor ya pasó y como suele decirse lo mejor está por llegar, por eso deseo tener la mente lo suficientemente clara para poder escuchar las señales del camino.

Comienzo un nuevo ciclo, en otra ciudad y buscando otras motivaciones que me llenen y me hagan feliz. En mi ánimo está buscar la forma de ayudar a otros enfermos, no sé si adultos o niños. Esta es una de las decisiones que he de tomar, porque sin duda el discurso será muy diferente.

Y sé que lo importante no es el lugar dónde te encuentres, sino cómo afrontes todo aquello que te toque vivir.

Aquietad vuestro interior y sed felices.


                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 23 de octubre de 2018

VueSTRo MáSTiL.

No dejas de emocionarme. Hablas del mástil que te sujetaba. ¿Has pensado en la gente a la que tú apuntalabas, aún en los peores momentos de la enfermedad?. A mí la primera...
                                                   Conchi. (Mi ángel de la UCI).



Es cierto que ese mástil mio, estaba sujeto por muchas personas que con su ánimo me ayudaban. Pero no es menos cierto, que ese mismo mástil también era suyo porque les servia de apoyo personal. 

Esas enseñanzas que la enfermedad me iba transmitiendo día a día, yo las iba plasmando en mis textos. Mis palabras han viajado por todo el mundo y a cambio, he ido recibiendo mensajes de apoyo y agradecimiento.

Lo que cada uno haya ido aprendiendo o no a lo largo de éstos dos años, tan solo lo sabéis vosotros. Yo me he limitado a transmitir lo que mi cuerpo sentía y mi mente pensaba.

Me hace muy feliz que todo lo acontecido nos haya servido para replantearnos nuestras creencias y así hacernos crecer como personas. Para saber que somos algo más que nuestros pensamientos, que podemos llegar a conseguir todo aquello que nos propongamos si somos positivos, que si lo deseamos, podemos ser felices aún en los peores momentos. Recuerdo los días de la enfermedad como los más felices en los últimos años, aunque tuviera que lidiar con un cáncer terminal y el dolor me derrotara muchos de los días.

Gracias por estar ahí, por acompañarme en éste tortuoso camino por el que la vida me ha enviado. 

                                                                        
                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.


domingo, 7 de octubre de 2018

Quién soy yo.


Existe una teoría que nos explica que cuando un cuerpo está enfermo, necesita empeorar su estado general  para poder sanarse.

Esto parece ser que fue lo que me ocurrió a mí. Mi cuerpo optó por colapsarse por completo, para volver a reiniciarse desde cero después. Todo mi organismo se paró a la espera de nuevas órdenes, todo, salvo mi mente y mi corazón que siguieron funcionando.

Durante el tiempo que permanecí inconsciente, puede ver cómo trabajaban los miembros de la UCI. Incluso reconocí varias de sus caras al despertar, cuando yo no los había visto nunca.

La cuestión que os planteo es la siguiente: si yo estaba inconsciente y tumbada boca arriba en la cama, ¿cómo es posible que pudiera ver al personal y no solo el techo?, ¿no sería algo imposible?.

Sin embargo, yo tuve siempre una visión frontal, los veía de frente, cómo trabajaban, entraban o salían de la sala.

Recordaba todo ésto, pero no había caído en éste detalle, hasta que en agosto hablando con una persona me preguntó: ¿Y desde qué punto los veías?.

Ahí me di cuenta de que una persona que está tumbada y sedada es impensable que pueda ver lo que ocurre a su alrededor. La única explicación plausible a esta cuestión, es que para poder verlos de frente, parte del tiempo debía estar fuera de mi cuerpo.

En ese momento fue cuando uní todas las piezas del puzzle. Me percaté de que yo soy yo, un alma o un ser que habita éste cuerpo. Pero no soy el cuerpo.

Pensaréis que estoy loca, pero yo lo tengo muy claro.



                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.