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domingo, 4 de agosto de 2019

Y VoLVeR, VoLVeR a La QuiMio oTRa Vez...


Las vacaciones acabaron pronto, había que volver para recibir el siguiente ciclo de quimioterapia. Este verano se plantea así, ciclo cada quince días y entre uno y otro, los días que el cuerpo me lo permita ir haciendo alguna actividad.

El lunes fuimos al hospital como estaba programado, me hice una ecografía, subí a que me colocaran la aguja en el porta cath para la analítica y el ciclo y pasé a consulta. Una vez dentro, la doctora me dijo que tenía las defensas bajas y que no podía darme el ciclo, que debíamos esperar una semana a ver si me recuperada. Ya me habían avisado de que este nuevo fármaco de la quimio atacaba a la médula espinal, por eso había que administrar los ciclos cada cuatro semanas, no cada tres como es habitual. Como otro de los fármacos no podía esperar tanto tiempo para administrarse me lo tenían que dar cada dos. Así pues, tengo un ciclo corto cada dos semanas y otro largo cada cuatro. O lo que es lo mismo, tengo que acudir a quimio cada quince días.

Este corto espacio de tiempo entre un tratamiento y otro, impide a mi organismo recuperarse de los diferentes ciclos tan seguidos. Voy solapando efectos secundarios de unos y de otros sin solucionar librarme de ninguno. Intento consolarme pensando que el tumor va desapareciendo de nuevo y que tan sólo son unos meses, después empezaré de nuevo a recuperarme. Pero los días son largos y los dolores también, la medicación se va acumulando, mis órganos se quejan y yo también.

Habrá que resistir lo mejor que podamos hasta alcanzar la meta, pensando que ya llevamos medio camino recorrido.



                                                                       Paula CRuZ Gutiérrez.


martes, 28 de mayo de 2019

Un QuiJoTe eN La CiuDaD.


Mientras espero a que el semáforo se ponga verde algo llama mi atención. Al mirar detenidamente a mi derecha me doy cuenta de que es un señor mayor. Viste una gabardina negra con sombrero a juego y se apoya con fuerza sobre un bastón. Por su rostro, me parece adivinar que debe rondar los ochenta y cinco años.

Camina con gran dificultad hasta llegar al paso de peatones. Se ve claramente que tiene paralizado el lado izquierdo, el brazo le cuelga sin fuerza y tiene dificultad para flexionar la pierna, cayendo todo su peso sobre su lado derecho.

Entonces sonrío y le felicito mentalmente por atreverse a salir a la calle a pesar de sus fuertes limitaciones. No sé si habrá salido por voluntad propia o porque no ha tenido más remedio, pero en el fondo, ese pequeño detalle me da igual. Lo importante es que lo ha hecho. Caminar por la ciudad no es una tarea fácil, siempre hay gente con prisas, baldosas levantadas o cacas de perro que esquivar. Y si además eres mayor o tienes una minusvalía la cosa se complica mucho más, es como ir a la guerra. Pero sin duda alguna, a este señor todo eso no le amedentra lo suficiente como para no salir de su casa.

No hay nada que pueda impedir alcanzar nuestros objetivos si realmente lo deseamos. En muchas ocasiones es cierto que tenemos limitaciones físicas que nos dificultan la tarea, pero otras veces no es así. Nuestra mente está programada para boicotearnos y hacernos creer que tenemos unas limitaciones que en realidad no existen y así nos engaña. Porque es mucho más fácil creerse su discurso que contrariarlo. Siempre es más cómodo quedarse quieto en tu área de confort que ponerte a mover ficha sin saber cual será el resultado final. Por eso, nos creamos nosotros mismos nuestros propios limites.

Nuestra voluntad por mejorar es lo que nos da la energía necesaria y nos guía en el camino. Es cierto que ese camino puede estar plagado de rosas o de minas, pero también es cierto, que debemos continuar mirando hacia el futuro y no quedarnos estancados pensando en el pasado que ya no está y que indiscutiblemente no va a volver.

Un futuro mejor nos espera a la vuelta de la esquina, tan sólo es necesario atreverse a cruzar la calle.

lunes, 4 de junio de 2018

Escucha tu interior.



Hace unos días, tras una sesión de coach con mi querida Pilar Herrero, hice una meditación guiada. Me gustaría dedicarme a partir de ahora a ayudar a los demás y con la meditación intentábamos encontrar el camino más correcto para alcanzar mi objetivo.

Os cuento cómo hacerla. A mí me aclaró varias cosas.

Siéntate en un lugar tranquilo, que tu espalda pueda estar apoyada en la silla y tus pies descansen sobre el suelo.

Cierra los ojos e imagina que viajas a través de un rayo de luz del color que tú desees. Imagina que vas subido en ese rayo de luz y que te hace volar hacia arriba. Imagina cómo dejas abajo tu habitación, tu casa, tu país y la tierra. Continúa subiendo hasta que sales de la tierra para pararte en el espacio. Desde allí observas la tierra y el resto de planetas.

Una vez arriba, miras y descubres otro rayo de luz de otro color que te trae de vuelta a tu casa, pero ¡diez años después!. 

Observa cuanto ha cambiado todo y lo que sientes al ver a tu yo futuro. Observa cómo te sientas con él o ella y habláis de cómo es su vida ahora, en ese momento que para ti es futuro y para él, presente. Escúchalo, siente su cariño hacia ti, consúltale tus dudas, tus temores y escucha cómo él los hace desaparecer poco a poco.

Hay ocasiones en las que uno ha de viajar muy muy hacia dentro, para poder encontrar las respuestas que necesitamos en éstos momentos. Yo lo he hecho y os recomiendo que vosotros también lo hagáis, puede que no os desvele gran cantidad de datos o tal vez si, pero sin duda alguna, lo que vuestro interior os diga, os servirá para encarar mucho mejor vuestro presente y vuestro futuro.

No dejéis que los miedos os impidan hacer todo aquello que deseáis, aprended a ocuparos en primer lugar de vosotros mismos, de vuestras necesidades. Porque si no tenéis las cosas colocadas en vuestro interior, no seréis capaces de dárselas a los demás. Recordad que lo que uno no tiene no lo puede dar. Ya sea amor, cariño, amistad, ayuda...

Sé que éstas cosas las sabemos todos, pero algunas veces, nos viene bien que alguien nos las recuerde.

Obviemos los nubarrones y pongámonos hoy a fraguar nuestro futuro, dejando de lado la gran cantidad de excusas  que nuestra mente nos proporciona, como el famoso: luego lo haré, porque en muchas ocasiones ese luego, nunca llega.

Un beso para todos.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.












miércoles, 14 de marzo de 2018

Un mundo Zen.


Pensaremos que vivimos en un mundo zen, dónde todo y todos estamos relacionados.

Donde todos nos apoyamos y ayudamos en lo que sea necesario, sin dedicamos a criticar a los demás por lo que hacen o dejan de hacer. Todos somos diferentes con puntos de vista igual de diferentes. Normalmente todos hacemos lo que creemos más adecuado en cada momento, o simplemente, lo que sabemos hacer.

Pero parece que aún hay muchas personas que no han descubierto que pensar en positivo y bien de los demás, es una cosa factible y que se puede hacer sin que suponga ningún problema, ni cause trauma alguno.

Hace dos semanas, acudí al tribunal de la discapacidad en Cuenca.
Nunca pensé que yo llegaría a ser una persona discapacitada, con lo independiente que siempre he sido, pero ahora, ya me veis. Me he convertido en una persona dependiente de los demás para hacer cosas habitualmente sencillas.

Pues bien, en dicho tribunal, la médico que me atendió me trató de forma áspera, con poco respeto y ninguna empatía. Como queriendo decir que yo estaba allí porque se me había antojado ir aquella mañana. Como resultado de su consulta tan agradable, ha puesto en el informe que los dolores que padezco son imaginarios y que me recomienda acudir al psiquiatra. 

Yo le digo a esta señora que ya le gustaría a ella tener la cabeza igual de amueblada como la tengo yo y que espero que si algún día se ve en una tesitura similar, la traten mejor de lo que ella me trató a mí.

Se escapa a mi intelecto comprender porqué hay personas tan poco sensibles ni solidarias de cara al público, atendiendo a los que como yo, nos encontramos en una situación más vulnerable y en desventaja.

Tal vez estas personas estén ahí solo para que podamos apreciar mejor a las buenas personas que nos encontramos por el camino.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.


lunes, 5 de febrero de 2018

El nuestro no es un duelo cualquiera...



El nuestro no es un duelo cualquiera porque en él intervienen muchos factores.

Se habla mucho sobre el cáncer, sobre la alta incidencia en la población, sobre la tasa de supervivencia o la de mortandad. De que es la enfermedad que más crece en número de casos y de que en pocos años rara será la familia en la que uno de sus miembros no haya padecido un cáncer.

Pero poco se habla de cómo transcurre la vida de un enfermo de cáncer, de a qué se enfrenta diariamente y que cosas va dejando atrás. 

La vida nos cambia, en unos casos más que en otros, pero todos sufrimos cambios.

Hay casos en los que el enfermo no sólo tiene que enfrentarse a su enfermedad sino también a los problemas en el trabajo, incluso hay enfermos que son despedidos por no poder realizar las tareas que llevaban a cabo con anterioridad. Como resultado se enfrentan a la dura enfermedad y han de sumar los problemas económicos.

Los fuertes tratamientos a los que nos sometemos no sólo vienen acompañados de vómitos, dolores de estómago, cambios en la presión arterial y aumento del colesterol o la pérdida del cabello. Además de todo ésto, producen fuertes dolores de cabeza, dañan las encías y la dentadura, hasta el punto de que hay enfermos que se quedan sin dientes ni muelas. O pierden vista a causa de la medicación.

Si el tumor estaba en la garganta hay que extirpar las cuerdas vocales, entonces se pierde la voz. Condenando para siempre al silencio más absoluto al enfermo.

La mente se nos nubla, habiendo períodos de tiempo en los que no discurrimos con normalidad. Los estados de ánimo fluctúan y el psicólogo se convierte en un compañero habitual de ruta.

Por otro lado, sufrimos fuertes dolores físicos, sobretodo en las articulaciones. En otras ocasiones debido a las intervenciones quirúrgicas que sufrimos nos quedan secuelas físicas de por vida. Unas más llevaderas que otras, a veces con largos tratamientos de rehabilitación que no surten efecto.

Algunas mujeres se ven obligadas a renunciar a ser madres porque la medicación les daña los óvulos o los órganos reproductores.

En otros casos es necesario renunciar a conducir, a viajar o a caminar con normalidad. Un simple paseo se convierte en una quimera.

Así podríamos seguir enumerando decenas de efectos secundarios a los que nos enfrentamos. Porque pase lo que nos pase, todo lo que nos ocurre entra dentro de los "parámetros normales" que dictan los prospectos de la medicación.

Yo en éste último año desde que salí del hospital he adelantado en muchas cosas, pero hay otras muchas que se han ido quedando por el camino y ya no las volveré a recuperar. Puede que psicológicamente sea mucho más fuerte, pero físicamente soy mucho más débil.

Durante nuestra vida llevamos a cabo muchos duelos, porque perdemos a un ser querido, porque perdemos un trabajo o una relación. 

Por eso, aunque sigamos vivos, debemos hacer nuestro duelo particular que será diferente en cada persona. Un duelo para dejar atrás la vida que perdimos y que ya no vamos a recuperar, para hacer frente a la vida que tendremos a partir de ahora. Sin duda, según mi criterio éste es uno de los duelos más difíciles de llevar.

Afortunadamente, aunque el camino esté lleno de piedras seguimos caminando.



                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.




viernes, 10 de noviembre de 2017

El devenir de los días.


El devenir de los días transcurre de forma diferente para todos. Cada uno de nosotros al comenzar la mañana tiene unos quehaceres. Con el transcurso del día los proyectos se van realizando, mezclándose a su vez, con las cosas que aparecen de manera imprevista.

A la hora de levantarnos todos tenemos ciertas ilusiones pensando cómo nos gustaría que transcurriera la jornada que va a comenzar. Y ese transcurrir de las cosas, dependerá mucho de cómo encaramos el día, del "pié con el que nos levantemos".

Afrontar el nuevo día con agrado y de manera positiva, es primordial para que las cosas nos salgan  medianamente bien. Ya sé que la vida no es perfecta, que hay días en los que nos cuesta mucho levantarnos o que los dolores se apoderan de nuestros huesos, pero no hay que perder el rumbo. Tenemos que saber que nuestro destino está cerca, que hemos de conducir nuestro velero de tal manera que lleguemos al otro lado vivos y satisfechos.

Creo que no debe haber nada peor que la sensación de saber que no has hecho todo lo que estaba en tu mano para resolver un problema. 

Que surjan problemas por el camino es normal, pero rendirse o darse por vencido no es factible.

Cada uno tenemos unas posibilidades, unos conocimientos y unas aptitudes, cada uno nos adaptamos a ellos e intentamos mejorarlos en lo que podemos.

Aceptar una situación es el primer paso para conseguir la victoria. Resignarse es sinónimo de rendición y no hacer nada, es a su vez, sinónimo de fracaso. Un fracaso absoluto que nos daña el alma.


                                                                     Paula Cruz Gutiérrez.



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lunes, 9 de octubre de 2017

Un ArtEsAnO.



Durante el año pasado y por dos motivos diferentes, los médicos me dijeron varias veces que me moriría. Yo, con mi paciencia de artesana, fui tejiendo un plan para no morirme ninguna.

Y como ya sabéis lo he conseguido.

Esta semana, el Gobierno de Castilla-La Mancha, me ha concedido la Placa al Mérito Artesano.

Ha sido una sorpresa y un honor, saber que mi trabajo durante éstos años es valorado y apreciado. Un premio que sirve como colofon a éste último año tan difícil que me ha tocado vivir.

Un premio que viene justo ahora, cuando me han concedido la incapacidad laboral, debido a las grandes secuelas que me ha dejado la enfermedad.

¿Pero qué es un artesano?.

Un artesano es una persona que vive de su paciencia y su creatividad. Es una persona con creatividad, que dispone como principal herramienta de trabajo a sus manos. Una persona con paciencia infinita, que sabe respetar los tiempos de espera.

También conlleva un cierto halo de libertad, porque uno trabaja en aquello que le gusta y la mayoría de las veces en solitario, libre de un jefe que le dicte los horarios.

Un artesano es una persona hecha con otra pasta.

Con esa pasta creada con paciencia infinita, sabiendo esperar,  estudiando y creando estrategias para poder hacer frente a la enfermedad de manera positiva, he ido trazando un plan de acción para curarme. Con ésta pasta especial de hilos de muchos colores he ido tejiendo  hilo a hilo, día a día mi vida, este último año y me he creado otra  vida nueva. La que a partir de hoy será la buena. Puede que unos días brille en ella el arco iris, mientras que otros amanezca nublada, pero será la vida que yo he creado y que deseo vivir. 

Con ese espíritu de artesana seguiré construyendo mis días junto a mi familia y a todos vosotros.

Intentad ser también vosotros los artesanos de vuestras vidas, no os dejéis manipular.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.

http://www.vocesdecuenca.com/web/voces-de-cuenca/-/el-gobierno-regional-concede-la-placa-al-merito-artesano-a-paula-cruz-gutierrez-de-mota-del-cuervo






domingo, 18 de junio de 2017

Ser una Guerrera.



"El universo te ha concedido la dicha de ser una guerrera".

Este comentario me lo dijo una persona el día de mi cumpleaños al hilo del texto que publiqué. Sencillamente me encantó.

Hay veces en las que la vida nos somete a una encerrona, nos arrastra al interior de un laberinto del que no sabemos qué dirección debemos tomar para poder salir. Es entonces cuando debemos armarnos de valor para encontrar el camino más adecuado. 

En esos momentos de confusión el valor es difícil de encontrar, se esconde en lo más recóndito de nuestro interior para que no lo encontremos con facilidad, porque en esos momentos, el miedo se vuelve el sentimiento más poderoso.

Pero pasado un tiempo y realizadas las reflexiones adecuadas, es el momento de ir en su busca y entrar en acción. Todos los comienzos son difíciles, pero poco a poco si tenemos perseverancia iremos ordenando nuestros pensamientos y decidiendo qué haremos a continuación. Teniendo cuidado de no distraernos ni con el aroma de las plantas que conforman el laberinto, ni con nuestra soledad.

Iremos avanzando, hasta que llegue el momento en el que nos convirtamos en nuestros propios héroes o heroínas. Capitanes de nuestro destino, dignos, caminando sin vacilar hasta conseguir nuestro objetivo. Cada uno debe marcarse el suyo. Uno que sepa que es posible alcanzar. No sirve de nada ponerse objetivos que son imposibles de realizar.

Habrá mañanas que al despertar tan sólo nos sintamos como pequeños ratoncillos que desean quedarse acurrucados, así sin más, cansados de caminar y sin fuerzas para enfrentarnos a un nuevo día. Pero después, ese pequeño animalito indefenso, ha de convertirse en una grandiosa ave fénix que nos lleve de la mano, a nosotros y a los que tenemos al lado.

Mi ave fénix particular cada día tiene más y más fuerza. Porque se que no estoy sóla, he descubierto que tengo mucha gente a mi alrededor que me quiere y me apoya. 

Mi agradecimiento lo intento plasmar en cada uno de mis textos.

Cuando comencé a escribir simplemente deseaba liberarme de las emociones que me provocaba la enfermedad, de soltarlas para que desapareciera la incertidumbre, el no sé qué ocurrirá o me tocará pasar ahora. Despejar mi mente para que pudiera seguir pensando y trazando un plan.  

Estoy muy contenta y orgullosa, porque nunca imaginé que con mis palabras podría ayudar a tanta gente. 

Espero seguir contándoos muchas historias más.

Que vuestra ave fénix se a un animal real, no mitológico.




                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

lunes, 5 de junio de 2017

Un día en Blanco y Negro




Hoy es como un día en Blanco y Negro. Estoy aburrida, no sé muy bien qué me ocurre.

Mi cuerpo anda bajo mínimos de energía y los dolores en las articulaciones no me dejan caminar con soltura. Estoy cansada y medio adormilada. El día de hoy pasará a mi historia sin pena ni gloria.

Pronto hará un año desde que me puse enferma, un año que ha pasado rápido, pero que a la vez se está haciendo eterno.

Acostumbrada a no parar, no termino de acostumbrarme a no poder hacer nada. Todos los días transcurren más o menos igual. Siempre a la espera de ver si mañana será un poquito mejor.

Aunque soy consciente de que he adelantado mucho en poco tiempo, pero cuando uno está enfermo siempre quiere una recuperación rápida. Pero lo realmente importante, es que pese a todo, sigo viva.

En principio me queda otro año con otro tratamiento. Nueva medicación, con nuevos efectos secundarios que espero sean menores que los de la quimio.

En cuanto al trabajo, ni tan siquiera se si me recuperaré lo suficiente para seguir trabajando.Todo cuanto se hacer, lo hago con mis manos y si ellas no se recuperan no podré continuar restaurando obras. Trabajo al que me he dedicado los últimos veinte años. 

Confío en mejorar poco a poco y en que en un futuro no muy lejano, pueda llevar una vida lo más "normal" dentro de lo posible. Soy consciente de que me quedarán gran cantidad de secuelas, pero vamos a intentar que éstas sean las menos posibles.

Que descanséis. Mañana tenemos otra oportunidad de seguir viviendo.


                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Visualicemos Globos y más Globos





En medio del atasco de la M-30, recién salida de la sesión de siete horas y media de quimio, me encuentro que no sé si vivo o si muero. Decido relajarme para controlar las náuseas que siento.

Cierro los ojos y respiro, llevo toda mi atención a mi corazón y comienzo.

Visualizo un globo azul y lo lleno con todas las náuseas y las molestias que me produce la químio. Con mucho amor lo suelto y miro cómo asciende.

Tomo otro globo azul y lo lleno con todos los malos sabores que me produce la quimio. Con todo mi amor lo mando al cielo.

En otro globo meto todos los dolores de las articulaciones y de mi cuerpo. Lo envío con un beso al firmamento.

Esta vez, inflo un globo de color verde el color de la sanación. Ahí meto toda la radiación junto con todos los desechos que la quimio produce. Muy despacio lo suelto y lo envío arriba, muy arriba a buscar y acompañar a los que ascendieron primero.

Por último, inflo un globo enorme, de color rojo, con forma de corazón y lo lleno con todo el amor que puedo. Lo envío a buscar a sus compañeros, para que se introduzcan dentro de él y se repartan todo ese amor.

Poco a poco vuelvo a la realidad y sigo el viaje de vuelta a casa, esperando que mis visualizaciones surtan efecto.

Todos podemos imaginarnos aquello que deseamos conseguir.

Un beso.

                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.