jueves, 31 de agosto de 2017

LoS NiñoS

Tal vez los niños tan sólo fueran la excusa que necesitaban para continuar. Aquellas pequeñas personitas llenas de energía, que ocupaban sus días y que a ratos eran capaces de volverlos locos con su incesante actividad.

Tras sus miradas ella podía apreciar el miedo y la incertidumbre frente aquella situación desconocida para todos, pero además, incomprensible para ellos. ¿Cómo explicarles que toda su vida podía cambiar radicalmente a partir de esos momentos?. Era imposible que sus pequeñas mentes entendieran la importancia de la situación. Pero aún así, ella armada de paciencia intentaba a través de pequeñas historias contarles qué ocurría. 

Alegres por naturaleza, los niños jugaban a su alrededor y de vez en cuando se les ocurría alguna pregunta que hacer al respecto. Ella respondía acorde con el vocabulario infantil, para que resultara entendible para ellos. Pero ésto no quería decir, que llegaran a comprenderlo realmente y que dejaran de preocuparse por ver a mamá siempre en el sofá. Afortunadamente, era época escolar y entre ir a la escuela y a las actividades extraescolares, los niños pasaban la mayor parte del día fuera de casa.

Esta rutina se fue instalando en sus vidas, se aceptó como algo normal dentro de la rutina familiar, como si el que mamá estuviese enferma fuese lo más natural del mundo.

Ahora quedaba ir poco a poco recuperando las salidas y las actividades que habían quedado postergadas. Intentar dejar de lado los malos momentos y mirar al futuro con cierta alegría.

Ilusión por un futuro renovado, juntos, sin dejar atrás ninguna pieza del puzzle.

                                                                                                           Paula Cruz Gutiérrez.



Una paleta de Color.


En éstos últimos meses he encontrado un amigo inseparable en mi sofá. Hemos pasado juntos muchas horas. De hecho, suelo decir que cuando lo cambiemos me tendrán que llevar a mí con él, porque ya formo parte de su estructura.

Después de la gran tormenta, el cielo comienza a aclararse y yo también. Todos los días son necesarios, tanto los buenos como los malos y debemos darnos permiso para tener de todos, aunque sea difícil pasarlos.

¿Quién dijo que la vida era fácil?.

Es importante aprender a lidiar con nuestros sentimientos y nuestras sensaciones. Entenderlas para poder poner remedio cuando sea necesario. Tener malos días es normal, lo que tenemos que intentar es que esos días no nos arrastren y duren más de lo necesario. Ver la vida en negro puede ser positivo para apreciar el resto de colores del arco iris.

Es divertido buscar una paleta de color acorde con nuestra personalidad, cada uno ha de elegir la suya, compuesta por todos aquellos colores que más le gusten. Esa paleta será como los muebles de nuestra casa interior y cuando no nos sirva o deje de gustarnos siempre podemos cambiar el colorido, igual que cambiamos la decoración de nuestra casa. A veces, tan sólo con cambiar las cortinas ya damos otro aire a la habitación.

Siempre nos van a surgir problemas pero lo importante es cómo los afrontemos.

 Es hora de renovar mis cortinas.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.

miércoles, 30 de agosto de 2017

uN Día GRiS.



Quiero que el día gris que me cubre hoy pase pronto, cual tormenta de verano.

Que este desasosiego y esta tristeza que me invaden, se las lleve una fuerte ráfaga de viento y los arrastre lejos de mí.

Que la luz del sol con su tibieza me inunden de nuevo y vuelva la alegría. Se que esto es pasajero, pero mientras pasa me revuelvo en el lodo, como si el barro con sus tonos marrones y ocres fuesen los únicos que pudiera captar mi retina.

Sudo y sudo sin parar para a continuación quedarme helada, un sudor frío que me atraviesa y me congela el corazón. Sofocos continuos que me obligan a secarme y cambiarme de ropa continuamente.

Mi ánimo fluctúa a ritmo de los efectos del tratamiento.

He de cruzar el abismo, caminando por un puente largo, estrecho y desvencijado. Mis pasos son cortos y temblorosos. Evito mirar hacia abajo, porque si caigo al vacío llegaré al fondo del  abísmo. A una inmensa grieta sinuosa y oscura donde sólo habita la locura.

Intento en todo momento miar al frente. Al otro lado veo un frondoso árbol, que despliega sus verdes ramas hacia mí y me invita a seguir.

Yo lo intento, camino por el puente mientras que un ave negra que es mi pesimismo, me ataca e intenta derribarme.

!Déjame, no te quiero a mi lado¡, le grito nerviosa, mientras ella vuelve una y otra vez. 

Mi rostro está cubierto de lágrimas, pequeñas perlas que caen y se pierden en la enorme grieta.

Quiero llegar al otro lado, deseo abandonar el precipicio.

Que alguien me ayude porque sola no creo poder lograrlo.


                                                                      Paula Cruz Gutiérrez.



lunes, 28 de agosto de 2017

uN GeLiDo INVieRNo.


Sentía como si un largo invierno se hubiera apoderado de su vida. Un invierno que venía acompañado de un viento helado, que dejaba temperaturas gélidas en su interior.

Frío y más frío era lo único que últimamente sentía. Como si su alma se hubiese quedado congelada el día que le dieron la noticia.

Cada noche acurrucada en la cama se prometía a sí misma avanzar, mirar hacia delante, dejar de lado aquella etapa sombría, llena de días y noches eternas dónde lo único que hacía era pensar. Pero su mente estaba tan congelada como el exterior y sus ideas iban y venían sin alcanzar ninguna solución. Eran días difusos, dudosos en el tiempo, que no añadían nada interesante a su vida, mas bien al contrario, porque sólo aportaban desilusión. Días oscuros de miedos y tristezas en los que el llanto era su único acompañante, un compañero inflexible y traicionero que no daba tregua.

Y en aquella liviana intención de progresar, de mirar al futuro, intentaba que aquellos días de invierno se fueran convirtiendo poco a poco en otoñales. Como dando permiso para que los rayos del sol fueran entrando despacio, para así ir iluminando poco a poco sus horas. 

Ella quería ver el sol, que sus días volviesen a ser calurosos y frescos a la vez como eran antes. Cuando la luz inundaba su vida y ella se dejaba llevar por aquella luz fuerte y radiante que la llenaba de energía.

Un pasado reciente, pero que a ella le parecía lejano en el tiempo, como si ahora viviese en otra dimensión y todo aquello perteneciera a un pasado muy, muy lejano.


                                                                  Paula Cruz Gutiérrez.


jueves, 24 de agosto de 2017

dOCE hORAS.



Tras una noche calurosa amanece fresquito en Madrid. Me despierto temprano y bajo las persianas. 

Hoy tengo otra prueba más de esas muchas que me están haciendo éste año. Pruebas y más pruebas que antes de tener  cáncer no sabía ni que existían. Imagino que me ocurre lo mismo que a otros muchos enfermos. Vamos conociendo nombres a cual más raros, que antes nunca habíamos oído nombrar. 

Con paciencia vamos pasando por los diferentes mostradores, enseñando un volante tras otro y esperando recibir instrucciones. Estas algunas veces tardías, como las de hoy. Nos hemos venido los cuatro al hospital para hacerme la prueba que me tocaba hoy, porque no teníamos con quién dejar a los niños. Mi marido se ha quedado jugando con ellos y yo, me he ido al mostrador correspondiente. 

Una vez dentro de la sala y tras inyectarme el contraste me dicen que debo permanecer doce horas alejada de mujeres embarazadas y de niños menores de siete años. Entonces pienso en voz alta: ¿Y qué hago con los míos, me los como con patatas?, a lo que el enfermero me responde que si me acerco puedo contagiarles la radiación. Y me dice que igual que si los llevo a la sierra de Madrid y los dejo atados toda la noche a una de las piedras radiactivas que hay.

Cómo? No puedo evitar mirarlo con cara de poker. Acaso tengo cara de tonta?. Madre mía!!!!

Menos mal que los niños aunque son pequeños son conscientes de la situación y se adaptan a lo que sea necesario. 

Va transcurriendo el día, van pasando las horas.

¡Son las once de la noche, ya podéis venir a darle un fuerte achuchón a mamá!. 

Por fin acabaron las doce horas!.


                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.

miércoles, 23 de agosto de 2017

sIN uN pELO dE tONTA.




¿Como explicar la sensación que siento al acariciarme la cabeza y tocarme el cabello?

Hasta ahora, al tocarme acariciaba la piel suave del cuero cabelludo sin más. Hace unos meses que se me volvió a caer el pelo cuando retomamos los ciclos de quimioterapia. Desde entonces he estado sin cabello, cubriéndome la cabeza con pañuelos de colores o con diademas de fieltro que me he ido cosiendo y con otras de ganchillo que me regaló mi amiga Rosa. Al final, he conseguido reunir una pequeña colección.

Y aunque la ausencia de cabello en la cabeza me molestaba, he llevado peor el hecho de no tener cejas ni pestañas. Las cejas se fueron cayendo poco a poco a la par que el cabello y tener un rostro sin cejas que enmarque los ojos queda realmente feo. Me compré unos lápices para pintármelas pero el efecto no es exactamente el mismo.

Por otro lado, no me había dado cuenta de que se me habían caído las pestañas de nuevo hasta que el día de la graduación de mi hijo, me las fui a pintar y vi que no había quedado ni un solo pelo. 

La vez anterior que me salió el cabello en el mes de marzo, me salió rizado. Y me gustaba mucho tener la cabeza cubierta por tanto rizo, además de dio una ventolera y me teñí de color azul. Con lo cual, mi cabeza era completamente diferente.

Ahora que me sale de nuevo, está saliendo liso, como el mio. Espero que ya sea el definitivo, porque con el tratamiento nuevo que me están administrando no tendría porqué caerse.

Este es otro proceso por el que tenemos que pasar obligatóriamente. Sabemos que es así, pero cuando ocurre por regla general nos afecta bastante anímicamente. Es una señal clara de nuestra enfermedad y nos delata frente a los demás. Y frente a ello cada enfermo lo afronta a su manera, utilizando peluca o pañuelos.

Pero como todo en la vida, es cuestión de cómo nos lo tomemos. Aunque al principio sea difícil, es cuestión de pensar que es una situación transitoria, que cuando terminemos con los fuertes tratamientos de quimio el pelo volverá a su lugar. 

¿Además a quién no le apetece estar una temporada sin tener que depilarse?

                                                                  

                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.



domingo, 20 de agosto de 2017

¿eMPaTiZaMoS?.


Para que la cosa situación sea llevadera, detrás de un gran enfermo siempre ha de haber un gran cuidador. Y al igual que el cuidador intenta en todo momento ponerse en la piel del enfermo para saber cómo se siente o qué necesita éste, creo que el enfermo a menudo ensimismado en sus propios pensamientos no empatiza lo suficiente con la persona que tiene al lado y que le atiende día y noche.

Por mucho que lo intente, para el cuidador debe ser increíblemente difícil por no decir imposible, ponerse en el lugar del enfermo. Aunque pase las veinticuatro horas del día a su lado y conozca cada uno de sus síntomas y dolores. 

Desafortunadamente, estamos acostumbrados a prestar la mayor parte de nuestro tiempo e interés en saber cómo se encuentra el enfermo y raramente nos preguntamos cual es el estado del cuidador. Esa persona que vive en la sombra la enfermedad de su compañero o compañera y que además de atenderla, tiene que superar sus miedos y problemas. Siempre atento, siempre intentando transmitir tranquilidad para que el enfermo no se preocupe, aunque en el fondo esté realmente muerto de miedo.

El cuidador es también el que debe lidiar con las visitas y con las preguntas inoportunas que ciertas personas realizan. 

Hay cuidadores que tienen suerte de tener personas a su lado que se preocupan por su bienestar, pero también los hay que se encuentran a solas con el enfermo, cargando sobre sus hombros todo el peso de la enfermedad. En éstos casos, es importante que el cuidador no base todo su día a día únicamente en el cuidado del enfermo, sino que ha de buscarse otro tipo de actividades que le hagan distraerse.
Porque si no es así, al final, terminan cayendo enfermos ellos también. Máxime, cuando la enfermedad es grave y el tiempo de convalecencia se alarga en el tiempo. 

Si al final el enfermo se recupera, habrá sido una batalla ganada a medias. Pero si por el contrario el enfermo fallece, la sensación que le quedará al cuidador será la de no haber podido hacer lo suficiente para cambiar el final de la historia. Es muy fácil entonces que los remordimientos se apoderen de él, aunque no tenga motivos para ello.

El camino del cáncer es un camino difícil y nadie debería recorrerlo solo. Es necesario tener una persona de apoyo y referencia para los momentos malos. Y si el enfermo y el cuidador consiguen unirse, la unión será un tandem perfecto. Que ayudará a ambos por igual.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.

jueves, 17 de agosto de 2017

Los Buenos Profesionales.






Que mi ginecóloga se emocione con mis palabras y que yo me emocione con las suyas, no es muy común.

Porque creo que habitualmente los médicos están acostumbrados a que los pacientes se quejen en vez de darles las gracias.

Con el cáncer nos ha tocado recorrer un camino largo y difícil. 

Durante este caminar nos encontramos con mucha gente diferente.

Es cierto que unas personas son más cuidadosas que otras y que unos profesionales empatízan más que otros con los enfermos, pero en el trayecto siempre nos encontramos con gente buena que nos ayuda, a sobrellevar este duro trance, con todas sus operaciones y tratamientos.

Hoy quiero abogar porque nos acostumbremos a darles las gracias a todos aquellos profesionales que nos tratan con cariño y respeto. Al fin y al cabo, somos muchos los pacientes que pasamos por sus manos y no todos somos iguales.

Éstas personas nos hacen más llevadero el proceso.

                                                                     Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 15 de agosto de 2017

Gracias a todos los implicados en mi recuperación.


Cuando uno está enfermo y acude al médico para que lo observe y le diga qué le ocurre, siempre espera encontrar a los mejores profesionales para que le atiendan. Desgraciadamente no siempre ocurre así. Hay ocasiones en las que sales del centro médico o del hospital tan perdido como entraste.

Cuando empecé a estar enferma el año pasado me ocurrió a mí. Acudí a mi hospital de referencia y allí el médico que había de guardia me envió de vuelta a casa, diciéndome que no tenía nada, sin hacerme ninguna prueba.

Posteriormente tuve la suerte de poder acudir al hospital de mi seguro médico privado y allí la cosa cambió.

Desde el primer momento en el que llegué, todos los profesionales sanitarios se volcaron en descubrir qué me ocurría. Y a medida que me iban haciendo pruebas y la cosa se complicaba allí estaban ellos, todo amabilidad para ayudarme.

He encontrado el mejor cuadro médico que podía tener. Médicos, enfermeras y enfermeros, celadores, etc, todos ellos han sido y son en todo momento, personas cercanas que me ayudan siempre con una sonrisa. Profesionales que nos han explicado siempre la gravedad de la situaciones y cómo han ido desarrollándose los acontecimientos.

Doy las gracias al equipo de la UCI, porque durante el tiempo que estuve allí, me hicieron más amena la estancia con sus bromas y sus sonrisas. A pesar, de que fueron momentos muy duros, ellos me los hicieron más llevaderos. Cuando te encuentras tan mal, agradeces enormemente que te traten con cariño.

Gracias al equipo de Oncoginecológia por su trabajo y su apoyo. Mi agradecimiento especial para la doctora Belén Lampaya, por su profesionalidad y su dedicación sincera, porque cuando uno trabaja en lo que le gusta lo transmite a los demás. Ella es mi Angel de la Guarda.

Gracias también al equipo de Oncología, desde Isabel en la recepción, pasando por el equipo completo de enfermería y a los doctores. En particular al doctor Pedro Salinas por su ayuda, por recibirme siempre con una sonrisa y dos besos, que parecen aliviar un poco la dura experiencia vivida. Por explicarme las cosas, los tratamientos y pasos a seguir y por darme ánimos.

Mil millones de gracias a todos, porque sin vuestro trabajo hoy yo no podría estar aquí escribiendo éstas palabras.

Gracias de nuevo a todos los profesionales del Hospital Universitario La Zarzuela de Madrid.

Os deseo que siempre seáis felices.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


sábado, 12 de agosto de 2017

vIVIR a Mi mANERA.



Un 12 de Agosto la vida me hizo un requiebro. Recibí una noticia dura y difícil de digerir. Aquella mañana una doctora de ojos marrones y sonrisa sincera, me dijo que tenía un cáncer de ovario en estado muy avanzado. Con mucha calma, nos fue explicando mil cosas, que nosotros no alanzábamos a escuchar. Nos quedamos atascados haciendo el intento de aceptar la noticia.

He intentando digerirla vinimos todo el camino de vuelta a casa, 150 km. en silencio. Cada uno ensimismado en sus pensamientos y atrapado en sus propias emociones.

Y cuando conseguí hilar dos pensamientos, pensé qué sería de mis hijos si yo no estaba, y decidí que eso no podía ocurrir.

No hubo más remedio que sumergirnos en el maremagnun de pruebas, operaciones y tratamientos que los médicos consideraron oportunos. Y con todo ello continuamos a día de hoy.

Desde aquel día de agosto, la vida me ha ido indicando el camino a seguir, unos días con más claridad y otros con menos. Pero lo importante es que he estado ahí, atenta a las señales de humo que me llegaban. Y cada mañana me dejo llevar por el día, haciendo lo que el cuerpo me permite o lo que me apetece en ese momento. Hay muchas cosas que antes me gustaban y que ahora ya no me interesan y por el contrario, he descubierto otras muchas cosas a las que antes no les prestaba atención y ahora me gustan.

Aquél requiebro me ha enseñado y traído nuevas oportunidades de vivir.

A veces pasamos por la vida de puntillas, como queriendo no hacer ruido. Eso es un gran error porque cuanto más ruido hagamos más vivos estaremos. Vivir sin más ataduras de las estrictamente necesarias. Ver dónde estamos, mirar hacia dónde queremos ir y dejar atrás aquello que nos atrasa. Escuchando siempre las señales que la vida nos envía, que además pueden venir en el momento y de la manera más inesperada.

Lo importante es vivir. No lo olvidéis nunca.


                                                                                                              Paula Cruz Gutiérrez.