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lunes, 5 de febrero de 2018

El nuestro no es un duelo cualquiera...



El nuestro no es un duelo cualquiera porque en él intervienen muchos factores.

Se habla mucho sobre el cáncer, sobre la alta incidencia en la población, sobre la tasa de supervivencia o la de mortandad. De que es la enfermedad que más crece en número de casos y de que en pocos años rara será la familia en la que uno de sus miembros no haya padecido un cáncer.

Pero poco se habla de cómo transcurre la vida de un enfermo de cáncer, de a qué se enfrenta diariamente y que cosas va dejando atrás. 

La vida nos cambia, en unos casos más que en otros, pero todos sufrimos cambios.

Hay casos en los que el enfermo no sólo tiene que enfrentarse a su enfermedad sino también a los problemas en el trabajo, incluso hay enfermos que son despedidos por no poder realizar las tareas que llevaban a cabo con anterioridad. Como resultado se enfrentan a la dura enfermedad y han de sumar los problemas económicos.

Los fuertes tratamientos a los que nos sometemos no sólo vienen acompañados de vómitos, dolores de estómago, cambios en la presión arterial y aumento del colesterol o la pérdida del cabello. Además de todo ésto, producen fuertes dolores de cabeza, dañan las encías y la dentadura, hasta el punto de que hay enfermos que se quedan sin dientes ni muelas. O pierden vista a causa de la medicación.

Si el tumor estaba en la garganta hay que extirpar las cuerdas vocales, entonces se pierde la voz. Condenando para siempre al silencio más absoluto al enfermo.

La mente se nos nubla, habiendo períodos de tiempo en los que no discurrimos con normalidad. Los estados de ánimo fluctúan y el psicólogo se convierte en un compañero habitual de ruta.

Por otro lado, sufrimos fuertes dolores físicos, sobretodo en las articulaciones. En otras ocasiones debido a las intervenciones quirúrgicas que sufrimos nos quedan secuelas físicas de por vida. Unas más llevaderas que otras, a veces con largos tratamientos de rehabilitación que no surten efecto.

Algunas mujeres se ven obligadas a renunciar a ser madres porque la medicación les daña los óvulos o los órganos reproductores.

En otros casos es necesario renunciar a conducir, a viajar o a caminar con normalidad. Un simple paseo se convierte en una quimera.

Así podríamos seguir enumerando decenas de efectos secundarios a los que nos enfrentamos. Porque pase lo que nos pase, todo lo que nos ocurre entra dentro de los "parámetros normales" que dictan los prospectos de la medicación.

Yo en éste último año desde que salí del hospital he adelantado en muchas cosas, pero hay otras muchas que se han ido quedando por el camino y ya no las volveré a recuperar. Puede que psicológicamente sea mucho más fuerte, pero físicamente soy mucho más débil.

Durante nuestra vida llevamos a cabo muchos duelos, porque perdemos a un ser querido, porque perdemos un trabajo o una relación. 

Por eso, aunque sigamos vivos, debemos hacer nuestro duelo particular que será diferente en cada persona. Un duelo para dejar atrás la vida que perdimos y que ya no vamos a recuperar, para hacer frente a la vida que tendremos a partir de ahora. Sin duda, según mi criterio éste es uno de los duelos más difíciles de llevar.

Afortunadamente, aunque el camino esté lleno de piedras seguimos caminando.



                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.




viernes, 22 de diciembre de 2017

SuPeRNeNaS.


El domingo nos reunimos para comer cerca de sesenta mujeres  y un hombre afectados de cáncer. Eramos una parte del colectivo que compone las "Supernenas".

Un rato muy agradable compartido con un montón de personas en la misma situación. Todas hemos vivido la misma experiencia, aunque cada una la haya afrontado a su manera. Una misma experiencia y mil formas diferentes de afrontarla.

Juntas hemos celebrado que seguimos vivas y que la vida continúa. Unas iban con pelo, otras sin él, unas curadas y otras en el camino de lograrlo. Pero todas compartiendo la misma esperanza de dejar atrás ésta enfermedad llamada cáncer.

Ha sido un rato para conocernos mejor, saludarnos, besarnos y para reír. En el fondo no somos otra cosa que una gran familia de iguales, personas que te comprenden y te escuchan cuando lo necesitas.

Me hubiese gustado poder haber participado más, bailar y interaccionar con vosotras, pero aún tengo muy poca energía. De hecho, aunque estuve todo el tiempo sentada llegué agotada a casa.

Muchas gracias por vuestro apoyo, ya sabéis que contáis con el mío.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

jueves, 31 de agosto de 2017

LoS NiñoS

Tal vez los niños tan sólo fueran la excusa que necesitaban para continuar. Aquellas pequeñas personitas llenas de energía, que ocupaban sus días y que a ratos eran capaces de volverlos locos con su incesante actividad.

Tras sus miradas ella podía apreciar el miedo y la incertidumbre frente aquella situación desconocida para todos, pero además, incomprensible para ellos. ¿Cómo explicarles que toda su vida podía cambiar radicalmente a partir de esos momentos?. Era imposible que sus pequeñas mentes entendieran la importancia de la situación. Pero aún así, ella armada de paciencia intentaba a través de pequeñas historias contarles qué ocurría. 

Alegres por naturaleza, los niños jugaban a su alrededor y de vez en cuando se les ocurría alguna pregunta que hacer al respecto. Ella respondía acorde con el vocabulario infantil, para que resultara entendible para ellos. Pero ésto no quería decir, que llegaran a comprenderlo realmente y que dejaran de preocuparse por ver a mamá siempre en el sofá. Afortunadamente, era época escolar y entre ir a la escuela y a las actividades extraescolares, los niños pasaban la mayor parte del día fuera de casa.

Esta rutina se fue instalando en sus vidas, se aceptó como algo normal dentro de la rutina familiar, como si el que mamá estuviese enferma fuese lo más natural del mundo.

Ahora quedaba ir poco a poco recuperando las salidas y las actividades que habían quedado postergadas. Intentar dejar de lado los malos momentos y mirar al futuro con cierta alegría.

Ilusión por un futuro renovado, juntos, sin dejar atrás ninguna pieza del puzzle.

                                                                                                           Paula Cruz Gutiérrez.



miércoles, 23 de agosto de 2017

sIN uN pELO dE tONTA.




¿Como explicar la sensación que siento al acariciarme la cabeza y tocarme el cabello?

Hasta ahora, al tocarme acariciaba la piel suave del cuero cabelludo sin más. Hace unos meses que se me volvió a caer el pelo cuando retomamos los ciclos de quimioterapia. Desde entonces he estado sin cabello, cubriéndome la cabeza con pañuelos de colores o con diademas de fieltro que me he ido cosiendo y con otras de ganchillo que me regaló mi amiga Rosa. Al final, he conseguido reunir una pequeña colección.

Y aunque la ausencia de cabello en la cabeza me molestaba, he llevado peor el hecho de no tener cejas ni pestañas. Las cejas se fueron cayendo poco a poco a la par que el cabello y tener un rostro sin cejas que enmarque los ojos queda realmente feo. Me compré unos lápices para pintármelas pero el efecto no es exactamente el mismo.

Por otro lado, no me había dado cuenta de que se me habían caído las pestañas de nuevo hasta que el día de la graduación de mi hijo, me las fui a pintar y vi que no había quedado ni un solo pelo. 

La vez anterior que me salió el cabello en el mes de marzo, me salió rizado. Y me gustaba mucho tener la cabeza cubierta por tanto rizo, además de dio una ventolera y me teñí de color azul. Con lo cual, mi cabeza era completamente diferente.

Ahora que me sale de nuevo, está saliendo liso, como el mio. Espero que ya sea el definitivo, porque con el tratamiento nuevo que me están administrando no tendría porqué caerse.

Este es otro proceso por el que tenemos que pasar obligatóriamente. Sabemos que es así, pero cuando ocurre por regla general nos afecta bastante anímicamente. Es una señal clara de nuestra enfermedad y nos delata frente a los demás. Y frente a ello cada enfermo lo afronta a su manera, utilizando peluca o pañuelos.

Pero como todo en la vida, es cuestión de cómo nos lo tomemos. Aunque al principio sea difícil, es cuestión de pensar que es una situación transitoria, que cuando terminemos con los fuertes tratamientos de quimio el pelo volverá a su lugar. 

¿Además a quién no le apetece estar una temporada sin tener que depilarse?

                                                                  

                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.



lunes, 20 de marzo de 2017

No todos los días son iguales.

 Esta entrada la publiqué en el mes de diciembre sin saber que lo peor estaba por llegar. 




                   No todos los días son iguales.


No vayáis a pensar que estos meses han sido fáciles. He tenido días de todo tipo, unos buenos, otros malos y otros muy difíciles. Tanto física como anímicamente. He intentado mantenerme positiva, pero no todos los días lo he conseguido. Aunque no deseemos tener días malos, también son necesarios y debemos permitírnoslos.

Nuestra energía suele estar más baja de lo habitual, debido a la enfermedad, a la quimioterapia y a la cirugía. Habrá días que no podamos levantarnos, pero hay que pensar que el cuerpo es sabio y que la poca energía que tiene la emplea en sanarnos, no en permitirnos caminar.

Es duro enfrentarnos a los efectos secundarios de la quimioterapia. En mi caso después del tratamiento paso una semana complicada, aunque con ayuda de la acupuntura he conseguido paliar un poco los esos efectos. Pero hubo algunos días en los que creí no poder aguantar tanto dolor.

Otro de los peores días, fue cuando comenzó a caérseme el pelo. Ya sé que es lo habitual, pero ese momento en el que noté que comenzaba a caerse a mechones fue brutal. Lloré y lloré.

El cambio de dieta también supuso otro punto de inflexión, porque al cuerpo siempre le apetece comer aquello que no puede. He intentado ser constante, pero aun así, alguna vez me concedo un extra. Tampoco es cuestión de autoflajelarse.

Como veis el ánimo hay días en los que está a ras de suelo, pero eso no debe impedirnos llevar a cabo nuestro propósito de sanación. Todo el mundo tiene días malos, incluidos nosotros.

Además, otro factor a tener en cuenta, es que si nosotros estamos relativamente animados, todo nuestro entorno también lo estará. Esto es algo muy importante a tener en cuenta.

Un saludo.