jueves, 17 de diciembre de 2020

La Estrella de Navidad.

 




Aquella noche, como venía ocurriendo desde hace millones de años, la estrella más bonita del firmamento hizo su aparición. Era ciertamente inaudito, que una estrella de tamaño tan reducido pudiese brillar con tanta intensidad y esplendor. La llamaban la Reina del Universo y su luz irradiaba al planeta Tierra cada noche.

Desde tiempos inmemoriales había servido de lucero a viajeros y exploradores.

Oscar vivía en una residencia y compartía habitación con su hermana dos años más joven que él. Cuando la niña se dormía, él le gustaba mirar por la ventana aquella pequeña estrella de luz blanca como la nieve. Imaginaba cómo sería viajar hasta ella y que la vida allí era mucho más feliz que en su planeta.

Una noche  mientras observaba al astro, le preguntó:

-- Estrellita mágica, tú que todo lo ves desde allí arriba, ¿me ves a mí también?

De repente una enorme bola de luz se le acercó inundando su habitación con destellos multicolores y le dijo:

-- Claro Oscar, por supuesto que te veo. ¿Qué te ocurre? ¿Por qué estas triste?

-- ¿Oh estrellita! ¿Tú crees que esta Navidad se cumplirá mi deseo?

-- El universo sabe lo que deseas y está trabajando en ello, seguro que en un futuro no muy lejano se cumplirán tus anhelos.

-- Pero estrella, ¡llevo mucho tiempo pidiendo lo mismo y nunca llega!

Así fue como el cuerpo celeste y el niño se hicieron amigos y cada día al caer la noche hablaban y se contaban sus secretos.

Al niño le gustaba hablar con ella porque le aportaba tranquilidad, y los temores que le acechaban desaparecían. A ella le permitía sentirse útil, dándole consuelo y pequeños consejos a su joven amigo.

Ella le enseño a él a tener paciencia y él le enseñó a ella a sonreír.

Llegó el mes de diciembre y pasó volando, al finalizar el mes, el niño decidió bautizarla con el nombre de Estrella de la Navidad, a ella le encantó.

Un año más, Oscar volvió a pedir a los Reyes Magos que le concedieran su deseo. Y se entristeció mucho cuando al amanecer de aquél día, descubrió  que no se había cumplido.

Triste y abatido lo encontró su monitor cuando fue a buscarlos para acompañarlos al salón. Allí les esperaban una pareja de mediana edad, la señora se acercó a ellos y con voz quebrada les dijeron:

--Buenos días niños, a partir de hoy nos gustaría ser vuestros papás si vosotros aceptáis.

Oscar se pudo eufórico. ¡Por fin su deseo se había cumplido!


                                                                    Paula CRuZ Gutiérrez.


1 comentario:

Teacher dijo...

Gracias, es precioso.