domingo, 15 de octubre de 2017

eL PReMio.


A entrar al auditorio veo que es pequeño pero coqueto. Yo he de bajar hasta abajo. Enfiló la escalera no sin dificultad, me voy apoyando en la pared para no caer. Ésta escalera tiene una dificultad añadida, al estar tapizada con moqueta de color negro, no se aprecian muy bien los escalones. Pero despacio consigo llegar a mi asiento junto a los demás premiados. 

Esperamos pacientes a que lleguen las autoridades y comience el acto. Estamos sentados en la fila numero 3, nuestros familiares y acompañantes ocupan las filas superiores. 

Se respira un ambiente festivo, todo el mundo se encuentra distendido y sonriente. Hacemos pequeños comentarios con el de al lado, pero como no nos conocemos, nuestras conversaciones no llegan mucho más allá de una simple presentación y de explicarnos cual es nuestro trabajo.

De repente, miro a mi derecha y me encuentro con mi amigo Javier, me levanto casi de un saldo y le doy un abrazo tan fuerte como puedo y no sé cuántos besos. Se ha escapado del trabajo para ir a verme cinco minutos. Hablamos deprisa y nos miramos sin parar de reír. Qué subidón de alegría y de emoción!!

Mientras tanto, a nuestro alrededor todo es bullicio, por una puerta lateral sacan los premios para colocarlos sobre una mesa y las azafatas van colocando a los premiados y a sus acompañantes según vamos llegando. Se nos ha convocado a todos con tiempo suficiente para que cuando comience el acto todos estemos ya sentados. Al final se produce un pequeño revuelo cuando llegan las autoridades, se sientan en la primera fila y comienza el acto.

Realmente no se definir muy bien cómo me siento, por un lado estoy tranquila y por otro voy observando el escenario, apreciando los pequeños obstáculos que he de sortear. Tengo un pequeño tramo de escalones por bajar y observo que el escenario tiene dos escalones más, el segundo es el doble de alto que un escaló normal. Miro hacia mi derecha y veo a un escolta del presidente Page, decido que a él le pediré ayuda para bajar la escalera y subir así al escenario.

En este mundo de consumo, en el que se consumen artículos que duran dos días, la artesanía tiene poca cabida. Tan sólo nos dedicamos ello, un grupo de nostálgicos que nos negamos a ver desaparecer nuestro oficio, porque nos gusta, o en otros casos, porque tal vez con anterioridad, lo realizaron sus padres. 

Por eso y por mucho motivos más, que reconozcan el esfuerzo que supone intentar vivir del trabajo que produces con tus manos, es un lujo.

Comienza el acto y poco a poco van subiendo los premiados al escenario donde todas las autoridades nos esperan.

Cuando me senté estaba realmente tranquila, pero ahora que va pasando el tiempo y se va acercando mi turno, me voy poniendo más nerviosa. Nunca pensé que pudieran darme un premio tan importante y me ha pillado por sorpresa.

Ahora me toca a mí. Me levanto y al salir a la escalera echo mano del escolta, le pregunto que si puede acompañarme, muy amablemente así lo hace. Todos me felicitan y me dan la enhorabuena, el presidente me dice que sea la consejera de economía la que me de la placa, porque me llamo como su hija y le hace ilusión. Por lo tanto, ella es la que me entrega la placa, mientras que el presidente he hace entrega del diploma. Entre broma y broma recojo mis premios toda orgullosa. Al terminar, como pesan bastante las dos cosas, el presidente de los artesanos me acompaña a mi asiento y me lleva la caja y el cuadro.

Un acto bonito, en el que además de reconocimiento, recibo ayuda y solidaridad sin solicitarla.

Muchas gracias a todos. No puedo explicar el placer que siento.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.

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