domingo, 10 de septiembre de 2017

El mAr y Yo.


El libro descansa sobre la mesa. A su lado lo hacen el cuaderno y el lápiz. Los tres esperan en silencio que llegue su turno.

El Libro me nuestra sus historias , están escondidas entre las páginas, acurrucadas, esperando que yo las descubra y las deje salir. Aunque todas sean diferentes son todas igual de emocionantes.

El Cuaderno espera tranquilo, sabe que cuando yo esté dispuesta a contarle mis historias lo haré sin dudar. Historias que se entrelazan unas con otras y que nos hacen soñar. Historias oídas en algún lugar o imaginadas de madrugada cuando la almohada no nos ayuda a dormitar.

Historias de cientos de mundos que nos quedan por descubrir, miles de experiencias por vivir y otros tantos sueños por cumplir. 

Hay cosas fáciles de conseguir, otras más complicadas y otras que llamamos imposibles, pero que tan sólo son un poco más difíciles de lo normal. 

Mi cosa más difícil es tener una casa frente al mar. 

Tener un lugar dónde pueda sentarme en la terraza a escuchar el rumor de las olas  y el griterío de las gaviotas al pasar. Un espacio donde poder refugiarme a contemplar el mar y desde el que poder confundir la línea azul del agua con la linea del horizonte.

Un lugar donde poder descansar tumbada y que la brisa me acaricie el rostro mientras intento aquietar mi mente. Sin pensar, tan sólo respirar y que la brisa me transporte a dónde me quiera llevar. Dejar que mi imaginación vuele y yo viajar con ella.

Poder salir a caminar descalza por la arena, jugando a pisar las huellas que las gaviotas dejaron al pasar. Que mis grandes pies quedan clavados junto a sus diminutas y puntiagudas patitas, el humano frente al animal.

Sentir cómo mi piel se eriza cuando el viento arrastra millones de granitos de arena y me acarician con su sutil aguijoneo. El fuerte viento atrae las pequeñas partículas hasta mí, las sube y las baja a su antojo, dejando un rastro aterciopelado de pequeñas olas de arena cuando pasan acariciando la superficie de la playa. Un mar de agua junto a un mar de arena.

Un mar exterior frente a mi mar interior, dos mundos distintos, pero paralelos y coetáneos a la vez. 

Yo sigo pidiendo lo que deseo, porque he descubierto que el universo me escucha. Le pido cosas importantes para mí y para la gente que tengo a mi alrededor.

Soñemos que nuestros sueños se cumplen.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.
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